SETIEMBRE DE 2019: LOS 100 DE VANGUARDIA Y LOS 10 DE SILVIA. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas.

 

En el mes de setiembre del año 1919 salió a circular por primera vez el diario “La Vanguardia Liberal”, que había sido fundado el mes inmediatamente anterior por Alejandro Galvis y Rodolfo Azuero.

Ernesto Valderrama Benítez ubica la fecha en el día 14 de agosto. Se lee en su memorable obra:

“1919

(…)

Agosto 14— El doctor Alejandro Galvis Galvis y don Rodolfo Azuero, veteranos en las lides del periodismo y la literatura, fundan el diario “Vanguardia Liberal”. (Valderrama Benítez, Ernesto. Real de Minas de Bucaramanga. Tercera parte. Sinopsis de la tierra en el siglo XX, p. 389).

 

SILVIA GALVIS

 

Alejandro Galvis ya publicaba un periódico que se llamaba “El Debate” y Rodolfo Azuero publicaba otro que se llamaba “El Liberal”; ninguno de los dos salía todos los días; ambos aparecían apenas una vez por semana. Como solía ocurrir en el periodismo colombiano, los dos semanarios habían sido fundados con claros fines políticos.

Empero, sucedió que a comienzos de 1919 empezó a circular en Bucaramanga un diario; se llamaba “Diario de Santander”, el cual tenía —como también solía ocurrir— una dirección dual: lo dirigían Mario García Peña y Alcibiades Argüello.

Fue entonces cuando Galvis y Azuero comprendieron que se tenían que poner a tono con la nueva realidad o sus dos semanarios desaparecerían.

“El 31 de mayo —escribe Alejandro Galvis— firmamos en la Notaría Primera la escritura de nuestra sociedad “Azuero y Galvis Galvis”, con un precario capital de $100 suscrito por partes iguales entre los dos socios (…). Nos iba a ser difícil introducir un periódico diario con tan escasos recursos, en una pequeña ciudad que apenas contaría con cuarenta mil habitantes y teniendo frente a nosotros una empresa similar fuerte por su respaldo de capital y por la eximia calidad de sus dirigentes, pero emprendimos la lucha sin vacilar”. (Galvis Galvis, Alejandro. Memorias de un político centenarista. Bucaramanga, 1981, p. 43).

 

SILVIA GALVIS

 

El nuevo diario bumangués empezó a ser impreso en la Tipografía Moderna, de propiedad de José María Phillips, y el primer tiraje fue de 100 ejemplares; salió a la luz el 1 de setiembre de 1919.

Al año siguiente, 1920, las cosas iban tan mal, que los fundadores decidieron liquidar la sociedad y cerrar el periódico.

“En el mes de octubre —escribe Galvis— vino el colapso. El periódico no daba para sostenerse y había que suspenderlo. Así me lo comunicó Azuero a Bogotá. (…) Estando ya en Bucaramanga y estudiado a fondo el problema, convinimos con Azuero en liquidar la sociedad, luego de haber reiterado él su irrevocable propósito de retirarse de la empresa”. (Galvis, ob. cit., p. 44).

La liquidación se llevó a cabo, definitivamente, en 1921.

 

SILVIA GALVIS

 

Este mismo año, 1921, nació en Bucaramanga el primer diario conservador; se llamó —al igual que el diario de Barranquilla— El Heraldo.

Dos años después, en 1923, el penalista Manuel Serrano Blanco y el escritor Juan Cristóbal Martínez fundaron el segundo diario conservador de Bucaramanga bajo el nombre de El Deber.

La prensa local, de esta manera, habría de ser una prensa totalmente politizada.

De cuándo desapareció El Heraldo no hemos podido concretar noticia alguna. En cuanto a El Deber, este aún se publicaba, levantando las páginas letra por letra, con tipos cada vez más envejecidos y defectuosos, a mediados de los años 1980, hasta que también desapareció cualquier día de aquella década.

Ya para entonces, sin embargo, el poeta Rafael Ortiz González y el penalista Rodolfo García García habían fundado un nuevo diario conservador, El Frente, nacido en el lejano año 1942, por lo cual la dualidad de un diario liberal y de uno conservador se mantuvo intacta en Bucaramanga.

Incluso en la década inmediatamente anterior, la de los años 70, los bumangueses habían conocido otros dos diarios conservadores y un diario liberal, todos de vida efímera: Diario del Oriente, dirigido por José Manuel Jaimes Espinosa, y Diario de Bucaramanga, dirigido por Feisal Mustafá Barbosa, eran los del partido azul; y El Liberal de Santander, dirigido por Norberto Morales Ballesteros, era —como su nombre lo indica— el del partido rojo.

 

SILVIA GALVIS

 

Sin embargo, ya comenzaba a notarse el surgimiento de figuras con posiciones independientes. Así, en El Frente se empezó a observar la influencia intelectual de la poetisa Carmen de Gómez Mejía, quien a través de la literatura empezó a abrir los espacios a corrientes diversas del pensamiento e, incluso, hizo vincular de lleno a un joven escritor cuya columna de página editorial habría de durar tan poco tiempo como su vida.

Este talentoso columnista se llamaba José Omar Trujillo Duarte. Su columna se titulaba “Luces y sombras”. Tenía tan solo 24 años de edad cuando se suicidó, en Sibaté, un desgraciado día —el miércoles 12 de febrero— del año 1975, cuando yo, apenas dos días antes, había iniciado mi primer semestre de derecho.

A Vanguardia Liberal, por su parte, llegaría, cualquier día de la década de los años 80, una periodista que, sorprendentemente, empezó a cuestionar desde las páginas de ese diario liberal a reconocidos y poderosos dirigentes de aquel partido, así como a dirigentes del Partido Conservador y, en una palabra, a Raimundo y todo el mundo, al punto de que la gente se preguntaba cómo iba a hacer el matutino para sobrevivir si se estaba echando encima a todos los políticos locales y, lo más grave, a quienes —puestos por ellos— ordenaban los más grandes y costosos avisos publicitarios desde los despachos oficiales.

 

 

Después habría de saberse que se había creado dentro del diario el Departamento Investigativo y, entonces, desde este —al que se hallaban vinculados jóvenes periodistas como Eduardo Durán y Pastor Virviescas— se desató una fuerte oleada de denuncias periodísticas que polarizó a los lectores y suscriptores entre quienes apoyaban aquel nuevo estilo de hacer periodismo y quienes lo rechazaban de plano y hasta en forma  desapacible.

En medio de aquel turbión, vestida con una gasolinera de color beige, conocí a Silvia Galvis, que resultó ser la causante de aquel terremoto, y casi de inmediato, por invitación suya, terminé apareciendo en la página editorial con una columna, la cual, para mi inmensa fortuna, resultó de fugaz existencia.

Ya para entonces conocía a Efraim Gómez Jerez, el dinámico cronista judicial, que, con galana pluma, encomiable objetividad y plausible valor civil, habría de publicar extensos informes sobre la dramática situación social que se vivía en las zonas de conflicto. Este magnífico periodista, contrariando la lógica imperante en una sociedad intoxicada por la envidia, me abrió con proverbial generosidad la página que dirigía y fue por ello que los santandereanos comenzaron a saber que, en la lejana e impersonal capital del frío, las brumas y el granizo, un joven abogado de apenas 26 años de edad estaba presentando demandas por hechos que habían sacudido en estas tierras santandereanas el aletargado espíritu conformista que se había apoderado de una región donde otrora se enfrentaba con dignidad la violación de los derechos por parte del poder político, económico y militar del Estado.

 

SILVIA GALVIS

 

En la mañana del 16 de octubre de 1989 yo estaba leyendo la noticia que había aparecido en la página judicial acerca del resultado favorable que había obtenido en un caso que estaba atendiendo como abogado ante el Tribunal Administrativo de Bolívar, en Cartagena, cuando escuché la noticia de que las instalaciones del diario habían sido destruidas por un carro-bomba.

Esa misma noche vi y escuché a Silvia dando declaraciones a la prensa en medio de las ruinas: “No somos una brigada militar, somos periodistas (…); nos han destruido, pero los principios permanecen intactos”, fue lo que dijo.

Y allí, sobre las ruinas de Vanguardia Liberal, la valerosa santandereana se preparó para asumir el cargo de directora.

Los que pensaron —dentro del periódico y fuera de él— que me aprovecharía de esta feliz circunstancia para escalar dentro del diario se pifiaron: yo no me aprovecho de mis amigos y procuro, hasta donde me sea posible, abstenerme de pedirles favores. Lo poco que he logrado en la vida, lo he obtenido gracias al esfuerzo personal, no porque suela vestirme con el detestable traje de lagarto. 

 

SILVIA GALVIS

 

Un día de setiembre (domingo, ¡vaya casualidad!), exactamente el domingo 20 de setiembre del año 2009, me dieron la noticia de que se encontraba en su cabaña del conjunto residencial El Laguito, de Ruitoque Condominio, la misma donde poco antes habíamos estado platicando y riéndonos a carcajadas de esta vida tan seria, cuando le sobrevino la muerte. Nadie explicó con claridad qué le sucedió, ni a mí me importa ya saberlo. Yo estaba terminando en esos días mi libro de Historia de Bucaramanga; entonces, decidí rematarlo con su muerte. Sé que a algunas personas que me apreciaban no les gustó; lo lamenté, pero nada pude hacer al respecto: mis sentimientos personales jamás han estado en discusión con nadie.

Silvia había nacido en Bucaramanga el sábado 24 de noviembre de 1945. Además de excelente amiga, fue una magnífica periodista, ilustrada historiadora, amena escritora y brillante politóloga egresada de la ilustre Universidad de los Andes.

 

SILVIA GALVIS

 

Ya no queda en Vanguardia ninguno de los amigos de aquellos tiempos. A Luis Daniel Vera López lo asesinaron unos cobardes en la Droguería Morrorrico cuando intentó defender al dueño del negocio para que no le robaran el producto de su trabajo. A este también lo mataron. De Efraim Gómez Jerez sé que se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad Santo Tomás y hoy por hoy ejerce su profesión de abogado con la misma solvencia moral e intelectual con la que siempre ejerció la de periodista. De Néstor Augusto Jerez Ardila he leído en Youtube algunos comentarios con los que, haciendo derroche de exagerada generosidad, elogia mis canciones. Ninguno de los de ahora sabe quién fue Alirio La Rota Pico. Silvia tampoco está. Empero, como bellamente dice Isabel Allende, “La gente solo muere cuando la olvidan”. 

Hoy Vanguardia está cumpliendo un siglo de existencia.

¡Felicitaciones, Silvia!

¡Gracias por compartirla!
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