¡Feliz Día del Amor y la Amistad! Por Óscar Humberto Gómez Gómez

 

Hoy, tercer sábado del mes de septiembre, en Colombia Día del Amor y la Amistad, quiero hacerles llegar a ustedes un saludo muy afectuoso y agradecerles por ese don inapreciable con el que me han honrado y que me ha permitido no sentirme solo en momentos de particular adversidad o incertidumbre, y sentirme todavía más feliz en los instantes en que la buena fortuna me ha sonreído, al saber en ambas circunstancias que cuento con su aprecio; un aprecio que, en todo caso, y como se lo he manifestado en otras oportunidades a todos, parafraseando a Gabriel García Márquez, no ha sido, ni es, ni será jamás siquiera comparable al que yo profeso hacia ustedes.

 

 

Hay una canción de los años 70 compuesta por Roberto Carlos y Erasmo Carlos en la cual se dice que se quisiera tener un millón de amigos.

Siempre he dicho que es una expresión completamente utópica, porque nadie tiene una cantidad tal de amigos, y, por el contrario, la experiencia demuestra y reafirma de manera cotidiana que, por lo general, el ser humano tan sólo cuenta con uno, dos o a lo sumo un muy pequeño puñado de ellos.

No obstante, si ustedes detallan la letra de ese bello tema musical brasileño, observarán que allí la amistad se entiende bastante distinto a como solemos entenderla.

 

 

Y es que cuando se siente estimación hacia todo el género humano, cuando sentimos dentro de nuestro corazón el inconmensurable valor del amor por la humanidad, cuando experimentamos un sentimiento de respeto hacia las personas como tales sin sentirnos por encima de nadie y sin menospreciar a nadie, cuando desterramos de nuestro ser todo atisbo de arrogancia, de envidia o de odio, nos sorprende hasta el asombro el descubrir que, finalmente, y eso es lo que en últimas importa, en realidad nos sentimos amigos del mundo, igual que el filósofo griego Diógenes de Sinope se sentía ciudadano de la Tierra toda.

 

 

La Ley del Dar, instituida en su prédica por Jesús, y reiterada por pensamientos actuales, nos enseña que debemos dar siempre sin esperar nada a cambio y sin cometer el grave error de circunscribir la importancia de hacerlo al monto pecuniario que pueda tener lo que demos. Por eso, debemos dar siempre, dar una flor, dar un verso, dar una frase amable, dar una sonrisa o dar una voz de esperanza, porque cada una de esas cosas sencillas, muchas incluso sin significado económico alguno, no solo nos hará sentir satisfechos, sino que además, con toda seguridad, generará en el espíritu de la persona destinataria de nuestro regalo el sentimiento de que es importante para alguien; y esto, en momentos de especial tribulación, soledad, tristeza o desencanto, puede caer en el terreno preciso y en el momento exacto, igual que la semilla que aquel sembrador de la parábola salió a sembrar y cayó en buena tierra y produjo sus frutos.

 

 

¡FELIZ DÍA DEL AMOR Y LA AMISTAD!

 

 

ILUSTRACIÓN: Paisaje de amistad. Fotografía: Mimi.
Tomada de: imagenesdeamistad.com

 

 

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