{"id":11542,"date":"2014-03-16T15:06:41","date_gmt":"2014-03-16T20:06:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.oscarhumbertogomez.com\/?p=11542"},"modified":"2025-02-25T17:42:33","modified_gmt":"2025-02-25T22:42:33","slug":"la-insurreccion-de-los-comuneros-socorro-santander-16-de-marzo-de-1781","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=11542","title":{"rendered":"La Insurrecci\u00f3n de los Comuneros. Socorro \/ Santander. 16 de marzo de 1781. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_26517\" style=\"width: 446px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/MANUELA-BELTRAN.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-26517\" class=\"size-full wp-image-26517\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/MANUELA-BELTRAN.jpg\" alt=\"\" width=\"436\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/MANUELA-BELTRAN.jpg 436w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/MANUELA-BELTRAN-209x300.jpg 209w\" sizes=\"auto, (max-width: 436px) 100vw, 436px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-26517\" class=\"wp-caption-text\">MANUELA BELTR\u00c1N. Alberto Urdaneta. Bogot\u00e1. 16 de marzo de 1881. Museo Nacional de Colombia.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000080;\"><\/span> <em>Si no es porque un viajero, don Manuel Anc\u00edzar, quien ven\u00eda recorriendo el pa\u00eds y anotando sus vivencias en un diario, llega al Socorro \/ Santander en 1850, veinte a\u00f1os despu\u00e9s de muerto El Libertador Sim\u00f3n Bol\u00edvar, y entrevista a personas residentes en el lugar, y recauda datos y documentos de la \u00e9poca, y plasma lo que encontr\u00f3, en el cap\u00edtulo XV del que ser\u00eda su libro, al que llam\u00f3 Peregrinaci\u00f3n de Alpha, no se hubiese sabido de que hab\u00eda habido, en 1781, una colosal revoluci\u00f3n social en la Nueva Granada, la hoy conocida por algunos como la Insurrecci\u00f3n de los Comuneros y por otros como la Revoluci\u00f3n de los Comuneros.<\/em><\/p>\n<p><em>Conforme lo subrayamos en la ceremonia de nuestro ingreso a la Academia de Historia de Santander, ning\u00fan patriota de la Guerra de Independencia, desde Bol\u00edvar hasta el m\u00e1s modesto de los pr\u00f3ceres que escribieron acerca de los antecedentes de la misma, hicieron menci\u00f3n alguna de los Comuneros. Nadie nombr\u00f3 siquiera a Jos\u00e9 Antonio Gal\u00e1n, ni a Manuela Beltr\u00e1n, ni a Juan Francisco Berbeo, ni a ninguno, absolutamente a ninguno de los protagonistas de aquella gesta.<\/em><\/p>\n<p><em>Larga y ardorosa ser\u00eda la discusi\u00f3n acerca del por qu\u00e9 los pr\u00f3ceres de 1810 y de 1819 literalmente desconocieron la importancia hist\u00f3rica de Gal\u00e1n y sus compa\u00f1eros. No la vamos a abordar hoy aqu\u00ed. Baste con se\u00f1alar que no es cierto, entonces, la c\u00e1ndida aseveraci\u00f3n que nos hicieron nuestros despistados profesores de Historia seg\u00fan la cual los Comuneros inspiraron a los patriotas en su guerra por la independencia de Espa\u00f1a.<\/em><\/p>\n<p><em>Cu\u00e1l fue, en realidad, la importancia hist\u00f3rica de los Comuneros no es, tampoco, punto de reflexi\u00f3n hoy.<\/em><\/p>\n<p><em>Este portal, simplemente, y como homenaje a la memoria de los Comuneros, reproduce a continuaci\u00f3n aquel memorable cap\u00edtulo XV en el que don Manuel Anc\u00edzar rescat\u00f3 del olvido el gigantesco levantamiento social de 1781. Cabe anotar que en Bucaramanga, la insurrecci\u00f3n fue liderada por el Capit\u00e1n Comunero Manuel Mutis Bosio.<\/em><\/p>\n<p><em>A continuaci\u00f3n del aparte del libro de don Manuel Anc\u00edzar gracias al cual se supo que hab\u00eda sucedido la revuelta comunera, insertamos un poema del rapsoda santandereano Ramiro Lagos Castro titulado &#8220;COMUNERO&#8221;, versos con los cuales el destacado bardo de Zapatoca exalt\u00f3 a la figura principal de esta gesta heroica.<\/em><\/p>\n<p><em>Bienvenidos, pues, a este reencuentro con la Historia <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>PEREGRINACI\u00d3N DE ALPHA [CAP\u00cdTULO XV]<\/strong><\/p>\n<p>Por<strong> Manuel Anc\u00edzar.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_11546\" style=\"width: 810px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-11546\" class=\"size-full wp-image-11546\" title=\"PEREGRINACI\u00d3N DE ALPHA\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/PEREGRINACI\u00d3N-DE-ALPHA.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"534\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/PEREGRINACI\u00d3N-DE-ALPHA.jpg 800w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/PEREGRINACI\u00d3N-DE-ALPHA-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><p id=\"caption-attachment-11546\" class=\"wp-caption-text\">ORIGINALES DEL LIBRO &#8220;PEREGRINACI\u00d3N DE ALPHA&#8221; DE DON MANUEL ANC\u00cdZAR, GRACIAS AL CUAL SE SUPO DE LA REVOLUCI\u00d3N DE LOS COMUNEROS, GESTA HEROICA QUE HAB\u00cdA SIDO SEPULTADA EN EL OLVIDO.<\/p><\/div>\n<div id=\"attachment_11547\" style=\"width: 389px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-11547\" class=\"size-full wp-image-11547\" title=\"MANUEL ANC\u00cdZAR\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/MANUEL-ANC\u00cdZAR.jpg\" alt=\"\" width=\"379\" height=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/MANUEL-ANC\u00cdZAR.jpg 379w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/MANUEL-ANC\u00cdZAR-227x300.jpg 227w\" sizes=\"auto, (max-width: 379px) 100vw, 379px\" \/><p id=\"caption-attachment-11547\" class=\"wp-caption-text\">RETRATO DE DON MANUEL ANC\u00cdZAR. \/ BANCO DE LA REP\u00daBLICA. BIBLIOTECA LUIS \u00c1NGEL ARANGO. BOGOT\u00c1 (D.C.).<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Entre las noticias y particularidades relativas al Socorro, que con patri\u00f3tica solicitud me comunic\u00f3 el se\u00f1or Francisco Vega, se hallaba una sentencia pronunciada en 1782 por la Real Audiencia de Santaf\u00e9, condenando a Jos\u00e9 Antonio Gal\u00e1n, Pedro (sic) Molina, Lorenzo Alcantus (sic) y Manuel Ortiz, a diversas penas atroces, por traidores al rey, malhechores famosos y reos de cr\u00edmenes tan exagerados, que claramente se columbran cosas pol\u00edticas debajo de aquel f\u00e1rrago de acusaciones forenses. La tradici\u00f3n popular no da explicaciones satisfactorias de este suceso; recu\u00e9rdase que el alzamiento, capitaneado en parte por Gal\u00e1n, era encaminado a obtener por fuerza de armas la supresi\u00f3n de un impuesto recientemente echado, con el nombre de &#8220;Armada de Barlovento&#8221;, y que en la plaza del Socorro se juntaron m\u00e1s de diez mil hombres amotinados; pero de ah\u00ed en adelante se pierde el rastro de los acontecimientos hasta encontrar con el sangriento desenlace que les da la sentencia ya mencionada. Pareci\u00f3me que habr\u00eda en esto un precioso antecedente hist\u00f3rico, pues bien pudiera suceder que la sublevaci\u00f3n de Gal\u00e1n demostrara una disposici\u00f3n de \u00e1nimos favorable a la independencia, en cuyo caso no se dir\u00eda que la revoluci\u00f3n de 1810 fue hija de los sucesos de Espa\u00f1a en esta \u00e9poca, y en cierta manera improvisada. Con este pensamiento no ces\u00e9 de hacer diligencias, hasta que mi buena suerte me depar\u00f3 un manuscrito fechado en 1781, que precisamente trata de los alborotos del Socorro, pintando, sin quererlo, el estado de la tierra, con tal ingenuidad, que no he podido resistir la tentaci\u00f3n de transcribir lo sustancial del relato. Espero que se me perdonar\u00e1 este episodio, en gracia del inter\u00e9s que bajo muchos respectos ofrece.<\/p>\n<p>&#8220;A principios de abril del presente a\u00f1o de 1781, amanecieron fijados en distintos parajes de esta capital varios pasquines, los m\u00e1s en verso, en que reprobaban y se opon\u00edan a las providencias dadas por el se\u00f1or regente visitador general, y como dictadas por don Francisco Antonio Moreno, fiscal de la Audiencia de Santaf\u00e9, y provisto a la de Lima, sobre los cuales, y aunque para indagar su autor se hizo la m\u00e1s exacta indagaci\u00f3n, practic\u00e1ndose las m\u00e1s vivas diligencias, no surtieron el efecto que se apetec\u00eda.<\/p>\n<p>&#8220;En el entretanto fueron llegando avisos de varios pueblos, especialmente de las villas de San Gil y Socorro, ciudad de Tunja y Sogamoso, pueblos y parroquias de sus demarcaciones, comunicados por los cabildos, justicias y regimientos, administradores y recaudadores de rentas reales, en que daban parte de la novedad ocurrida sucesivamente, de que unos pocos hombres que se cre\u00edan ser de las citadas villas y sus parroquias, se iban apoderando de los tabacos y aguardientes que eran de S. M., quemando los primeros y derramando los segundos, lanzando los administradores y guardas, removi\u00e9ndolos de su custodia y manejo, y publicando bandos contra el mal gobierno, providencias y reglamentos de visita, sin que en estos movimientos hubiesen inferido el m\u00e1s leve da\u00f1o a persona alguna, respecto a no haber encontrado oposici\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;Estos des\u00f3rdenes se fueron progresivamente extendiendo, de suerte que los m\u00e1s d\u00edas se recib\u00edan chasquis con noticias de los quebrantos que sufr\u00eda la real hacienda en sus ramos, lo que oblig\u00f3 al se\u00f1or regente visitador a dar parte al Real Acuerdo, para acordar con los se\u00f1ores ministros las diligencias que deberla practicar para sostener su comisi\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;Nombr\u00f3 el se\u00f1or regente visitador al se\u00f1or oidor don Jos\u00e9 Osorio, a quien se auxili\u00f3 con 50 soldados de la compa\u00f1\u00eda de Alabarderos, de los 75 de que se compon\u00eda, dejando para custodia de la capital los 25 restantes, y a que despu\u00e9s se agreg\u00f3 la compa\u00f1\u00eda de Corazas, que recibi\u00f3 con este motivo, compuesta de unos 40 vecinos, como tambi\u00e9n la de Milicias, en que se incluyen de todas clases y estados, creando nuevos empleos para la direcci\u00f3n y manejo, incluyendo en su formaci\u00f3n mercaderes, relatores, abogados y empleados en los dem\u00e1s tribunales, y para soldados toda clase de artesanos, ya fuesen espa\u00f1oles o naturales, aunque el n\u00famero completo de todas las compa\u00f1\u00edas, con las de los voluntarios, no exced\u00eda de 200, y entre todos se hallaban muy pocas armas de que poder usar en el caso de defensa.<\/p>\n<p>&#8220;Sali\u00f3 el se\u00f1or oidor Osorio de la capital de Santaf\u00e9 para las villas de San Gil y Socorro el d\u00eda 16 de abril, llevando los 50 soldados que iban al mando del capit\u00e1n que fue de la guardia del virrey, don Joaqu\u00edn de la Barrera, y por ayudante a don Francisco Ponce, teniente y ayudante que hab\u00eda sido de la misma compa\u00f1\u00eda, y que estaba separado, al cual se convid\u00f3 para ir a dicha expedici\u00f3n, y el se\u00f1or regente visitador admiti\u00f3 gustoso, porque confiaba de su valor el buen \u00e9xito de la empresa; para auxiliar esta expedici\u00f3n iba tambi\u00e9n don Antonio Arjona, administrador de tabacos de la capital, con 22 guardas, empleados los m\u00e1s en los pueblos de afuera, de donde los removieron los mismos rebelados, y a que se agregaron unos cuatro voluntarios, que por todos compon\u00edan unos 80 hombres; se les anticiparon sus pagas y se les entregaron hasta unos 20.000 cartuchos con bala, seg\u00fan se dec\u00eda, llevando a prevenci\u00f3n algunos quintales de p\u00f3lvora y balas y un fuerte acopio de bastimentos y equipaje, con sus tiendas de campa\u00f1a y 80.000 pesos en plata para lo que pudiera ocurrir, con m\u00e1s, cien fusiles para los que quisieran alistarse.<\/p>\n<p>&#8220;La expedici\u00f3n lleg\u00f3 el 22, y el 26 de abril al Puente Real de V\u00e9lez, distancia cuatro jornadas de Santaf\u00e9, donde se mantuvo por las continuas lluvias, y habiendo ocupado los soldados con el se\u00f1or oidor y sus criados y algunos de los voluntarios, una casa grande de tapia y teja que est\u00e1 a la ca\u00edda del pueblo, contigua a la iglesia, inmediata a \u00e9sta por un costado, ocup\u00f3 otra el administrador Arjona con sus guardas para custodiar los caudales y p\u00f3lvora, y obrar de com\u00fan acuerdo.<\/p>\n<p>&#8220;En este estado y para emplear los cien fusiles que iban a prevenci\u00f3n, mand\u00f3 el se\u00f1or oidor que saliera el ayudante Ponce con unos ocho soldados para V\u00e9lez, con el fin de alistar gente, comisionando otros varios que se dirigieron a Tunja y otros pueblos con el mismo objeto. El ayudante Ponce volvi\u00f3 aceleradamente con muy poca gente, toda de desecho, y los otros encontraron iguales dificultades, de modo que se vinieron a quedar los mismos que salieron de Santaf\u00e9, pues ni aun del Puente Real se les quisieron unir.<\/p>\n<p>&#8220;Con este motivo, y desconfianza ya de todos los pueblos, resolvieron no pasar de all\u00ed, por tener noticia que los sublevados ven\u00edan a buscarlos, y as\u00ed acordaron atrincherarse, como lo hicieron, poniendo parapetos y estacadas, y colocando la tropa en sus respectivos lugares.<\/p>\n<p>&#8220;En esta situaci\u00f3n se manten\u00edan el d\u00eda 6 de mayo por la ma\u00f1ana, en que se comenzaron a descubrir algunos pelotones de gente por los cerros, de los cuales se desprend\u00edan en cuadrillas para el pueblo con el fin de insultarles y ver si por este medio se les obligaba a salir del paraje donde estaban atrincherados, que era la dicha casa de teja que ten\u00eda comunicaci\u00f3n con la iglesia, la que miraban con respeto, y por lo tanto no quer\u00edan que en ella hubiese efusi\u00f3n de sangre.<\/p>\n<p>&#8220;Al siguiente d\u00eda 7 de mayo, en aquella tarde, se acerc\u00f3 uno, en calidad de embajador de los sublevados, los cuales, seg\u00fan se dijo, no pasaban de 200 hombres, sin otras armas que las de 3 o 4 escopetas, algunas lanzas, palos y hondas, el cual manifest\u00f3 al se\u00f1or oidor que el objeto de los pueblos y la venida de aquellas gentes se dirig\u00eda a que se les aliviase de los pechos y contribuciones impuestos por el se\u00f1or regente visitador, respecto a no poder soportarlos, seg\u00fan la miseria del com\u00fan, que eran los m\u00e1s recargados y que si su se\u00f1or\u00eda se hallaba con facultades, pasase al campo con \u00e9l y oir\u00eda sus gentes sin riesgo de mayor insulto.<\/p>\n<p>&#8220;El se\u00f1or oidor pas\u00f3 en aquella tarde, asociado del citado embajador, del cura y otro eclesi\u00e1stico, y habiendo o\u00eddo los clamores de aquellas gentes, que dec\u00edan quer\u00edan m\u00e1s bien morir que ver perecer de hambre a sus mujeres e hijos, les signific\u00f3 que para acceder a sus ruegos y acomodar las providencias era forzoso acordarlo con el se\u00f1or regente visitador, porque para ello se hallaba sin las precisas facultades.<\/p>\n<p>&#8220;Con este razonamiento se despidi\u00f3 el se\u00f1or oidor y se volvi\u00f3 al pueblo, confiado en el esfuerzo de su tropa auxiliativa, que se manten\u00eda atrincherada y llena de sobresaltos por los insultos que sufr\u00edan de los sublevados.<\/p>\n<p>&#8220;Amaneci\u00f3 el d\u00eda 8 y como a las siete de la ma\u00f1ana les despacharon los sublevados otro embajador, como de unos 74 o 78 a\u00f1os, andrajoso y de pobre traje, para que les dijera al se\u00f1or oidor y al comandante Barrera que si no entregaban las armas, en breve reducir\u00edan la casa a cenizas, y por tener su mediaci\u00f3n a la iglesia, previnieron al cura consumiese las especies sacramentales, removiera las alhajas y reliquias, y que de no, de cualquier falta de veneraci\u00f3n se hiciese responsable.<\/p>\n<p>&#8220;Este embajador repiti\u00f3 por dos o tres veces su embajada, y en la \u00faltima, sin que se hubiese hecho la menor demostraci\u00f3n de defensa, se le rindieron las armas con tanta precipitaci\u00f3n y terror que por el balc\u00f3n de la casa se le arrojaban atropelladamente los fusiles cargados; y a este mismo tiempo el administrador Arjona con sus guardas y los voluntarios abandonaron el puesto, olvid\u00e1ndose de los trabucos y pistolas y poni\u00e9ndose en fuga, se fueron acogiendo en las casas de los vecinos, especialmente de eclesi\u00e1sticos, que conociendo su timidez y de caridad quisieron alojarlos: el capit\u00e1n Barrera se mantuvo en el cuarto del se\u00f1or oidor, viendo entregar ignominiosamente las armas, y con este motivo pusieron guardia de los mismos sublevados al citado se\u00f1or oidor, a fin de que no se le insultase. El ayudante Ponce salt\u00f3 las tapias de la iglesia, donde se introdujo hasta la habitaci\u00f3n del cura, llorando como un ni\u00f1o, quien le tap\u00f3 (seg\u00fan se dijo), con unas mantas o frazadas, y as\u00ed se mantuvo toda la noche hasta el siguiente d\u00eda, que se ocult\u00f3 en el camar\u00edn de la Virgen, por m\u00e1s seguridad.<\/p>\n<p>&#8220;En este estado, como los sublevados se hubiesen apoderado de todas las armas, p\u00f3lvora, dinero y equipaje, al abrir uno de los cajones, pareci\u00e9ndoles era p\u00f3lvora, reconocieron ser plata de los 80.000 pesos que conduc\u00edan para gastos extraordinarios, y aunque algunos de la plebe baja solicitaron tomar algo, y de hecho lo tomaron, lo volvieron diciendo que ellos no hab\u00edan venido a robar ni a ofender a nadie, s\u00ed solo a destruir los estancos, por considerar ser providencias gravosas y establecidas por el regente visitador.<\/p>\n<p>&#8220;Finalmente, apoderados los sublevados de las armas, que se compon\u00edan de los 50 fusiles de los soldados, 22 trabucos de los guardas y los 100 fusiles que llevaban de m\u00e1s para habilitar otros en auxilio de la expedici\u00f3n, recogiendo tambi\u00e9n los 20.000 cartuchos con bala, las dos cargas de p\u00f3lvora, balas sueltas, pistolas, sables, espadines, dinero y equipaje, y entregando \u00fanicamente el dinero al se\u00f1or oidor Osorio para que lo custodiase dej\u00e1ndole guardia de ellos, fueron dando licencia a los soldados para que regresasen a la capital de Santaf\u00e9, o adonde quisieran, y mientras estas disposiciones, el ayudante Ponce, que estaba oculto, pudo escapar con el silencio de la noche auxiliado de un vecino, y se regres\u00f3 a Santaf\u00e9 en el traje de fraile franciscano a dar las primeras noticias de lo actuado.<\/p>\n<p>&#8220;Entr\u00f3 en esta ciudad el 12 de mayo a las dos de la tarde, atravesando las calles en el mismo traje hasta llegar a su casa, donde fue desconocido aun de su propia mujer, quien inmediatamente le pas\u00f3 noticia al se\u00f1or regente visitador que le envi\u00f3 a llamar, y habi\u00e9ndose mudado de traje le inform\u00f3 a boca todo lo hasta aqu\u00ed relacionado y mucho m\u00e1s que se omite, d\u00e1ndole a entender que los sublevados por \u00e9l y por su director, don Francisco Moreno, y que el n\u00famero de tropas que se les iba aumentando por instantes se hallar\u00eda ya cerca de esta capital con el objeto de saquearla y de pasar tal vez a otras ideas y a mayores insultos.<\/p>\n<p>&#8220;Con esta novedad no esperada, lleno de pavor el se\u00f1or regente visitador, convoc\u00f3 a junta de ministros y tribunales y habi\u00e9ndose presentado en ella el mismo don Francisco Ponce, inform\u00f3 a boca segunda vez de lo acaecido. Con cuya noticia y teniendo el mismo se\u00f1or regente anticipada desde aquella tarde su salida, la verific\u00f3 en aquella noche despu\u00e9s de concluida la junta, abandonando su comisi\u00f3n, considerando ya destruidas por todas partes las rentas y botados los caudales del rey, y acordando en ella antes de su partida y con el com\u00fan acuerdo de todos los vocales, el que con respecto a que en la capital solo hab\u00eda 25 hombres, resto de los 50 que se perdieron en la expedici\u00f3n, y que los sublevados se hallaban tan inmediatos, les salieron al encuentro uno de los se\u00f1ores ministros con el alcalde ordinario m\u00e1s antiguo, y que respecto a que el ilustr\u00edsimo se\u00f1or arzobispo se ofrec\u00eda, acordase el modo de impedir la entrada, por cuantos medios dictase la prudencia, a fin de embarazar los insultos y contener a una numerosa plebe tumultuaria.<\/p>\n<p>&#8220;Con esta resoluci\u00f3n, que qued\u00f3 acordada en la citada noche del d\u00eda 12 de mayo, como a las 12 de ella, a poco rato sali\u00f3 el se\u00f1or regente visitador precipitadamente, con solo dos criados, para la villa de Honda, garganta del r\u00edo de la Magdalena, y pasaje proporcionado, en el que pudiese libertar la vida entregado a sus r\u00e1pidas corrientes, a la menor novedad, y como despu\u00e9s lo hizo, cuando se vio obligado.<\/p>\n<p>&#8220;En la citada junta fue acordado que saliera el se\u00f1or oidor don Joaqu\u00edn Vasco y Vargas, y el alcalde ordinario m\u00e1s antiguo, doctor don Eustaquio Galavis, los que salieron de la capital de Santaf\u00e9 en la siguiente ma\u00f1ana del d\u00eda 13, en compa\u00f1\u00eda del ilustr\u00edsimo se\u00f1or arzobispo don Antonio Caballero y G\u00f3ngora, quienes llegaron en aquella noche a la parroquia de Zipaquir\u00e1, distante una jornada corta de la capital de Santaf\u00e9, adonde los sublevados ven\u00edan a reunir sus fuerzas para entrar en dicha capital, los cuales, como se tuviese noticia de hallarse m\u00e1s distantes de lo que se cre\u00eda, y que ven\u00edan divididos en trozos por distintos parajes, al siguiente d\u00eda, 14 de mayo, resolvieron los dichos se\u00f1ores comisionados despachar varios chasquis con cartas misibles a los principales jefes o capitanes de los Comunes, d\u00e1ndoles a entender su comisi\u00f3n, y que los oir\u00edan gratos luego que les avisaran el paraje de la reuni\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;Mas como la principal fermentaci\u00f3n estaba dentro de la capital, donde se cree que formaron los pasquines, y se comunicaban frecuentemente los avisos al cuerpo de los sublevados, sin que esto pudiera impedirse por las pocas fuerzas, para calmar en parte y aquietar los \u00e1nimos de los moradores de Santaf\u00e9, en una junta de los tribunales que se celebr\u00f3 en ella, el d\u00eda 15 de mayo, despu\u00e9s de la salida de los se\u00f1ores comisionados y aun sin noticia de \u00e9stos, fue acordado por prudente medio, seg\u00fan se consider\u00f3, la rebaja de los ramos y efectos de la real hacienda, extinci\u00f3n de la Armada de Barlovento, gu\u00edas y tornagu\u00edas establecidas por el se\u00f1or regente visitador, que se public\u00f3 por bando inmediatamente en la capital de Santaf\u00e9, expidiendo orden para que los se\u00f1ores comisionados lo hicieran tambi\u00e9n publicar en la parroquia de Zipaquir\u00e1 y su jurisdicci\u00f3n, como lo hicieron practicar en cumplimiento de ella.<\/p>\n<p>&#8220;Desde el d\u00eda 16 hasta el 25 de mayo se mantuvieron los se\u00f1ores comisionados en Zipaquir\u00e1, dando otras disposiciones, aunque sin noticias del paradero de las tropas de los sublevados, hasta que el citado 25 se recibi\u00f3 carta de don Juan Francisco Berbeo, comandante en jefe de los Comunes, en que daba noticia de la reuni\u00f3n de sus tropas en los campos de Nemoc\u00f3n, por donde salieron dichos se\u00f1ores comisionados al siguiente d\u00eda 26, y habiendo llegado como a las 11 del d\u00eda, y hospedados en la casa del administrador de salinas, que tiene varias ventanas con vista a la plaza, contigua a la iglesia, se dejaron venir a ella como unos 500 hombres armados, mandados por sus capitanes, y estando formados, el que hac\u00eda de jefe, habi\u00e9ndose desmontado del caballo y hecho genuflexi\u00f3n a la iglesia, en voz alta y perceptible dijo: &#8220;\u00a1 Viva nuestra santa fe cat\u00f3lica, viva nuestro cat\u00f3lico monarca el se\u00f1or don Carlos III, viva el ilustr\u00edsimo se\u00f1or arzobispo, vivan todos los se\u00f1ores jueces y ministros de S. M., y muera el mal gobierno! &#8220;, y concluido, se fueron desfilando para el campo. En aquella tarde se les fueron reuniendo varias tropas de afuera y en la misma entr\u00f3 don Juan Francisco Berbeo, con un grueso trozo de las suyas, y habiendo trasladado su campamento al Morti\u00f1o, paraje m\u00e1s inmediato a Zipaquir\u00e1, los se\u00f1ores comisionados se regresaron a dicho pueblo para embarazar que se fuera acercando, y observarle su movimiento.<\/p>\n<p>&#8220;Desde el 26 hasta el 31 de mayo sostuvieron los se\u00f1ores comisionados, en consorcio del ilustr\u00edsimo se\u00f1or arzobispo, el numeroso ej\u00e9rcito de los sublevados, que se compon\u00eda de m\u00e1s de 15.000 hombres armados, metidos en unos pantanos por las continuas lluvias y mala situaci\u00f3n del paraje, sin dar lugar a que se adelantasen, conteni\u00e9ndolos con solo su prudencia y las repetidas sesiones que se tuvieron al efecto, y finalmente, en el citado d\u00eda 31 pidieron los sublevados el que, para acomodar sus capitulaciones, viniera a Zipaquir\u00e1 el Cabildo secular de Santaf\u00e9, con cuatro sujetos distinguidos, a quienes nombraron e hicieron capitanes, por considerarse ellos (seg\u00fan se dec\u00eda) que les conven\u00eda incluir a la capital en la sublevaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;Ultimamente lleg\u00f3 el d\u00eda 5 de junio, en el que remiti\u00f3 don Juan Berbeo, comandante en jefe que se dec\u00eda ser de los Comunes, sus capitulaciones extensivas a 35 cap\u00edtulos, hablando todos con el Real Acuerdo&#8221;.<\/p>\n<p>Ten\u00edan resabios de pol\u00edtica, y manifestaban la disposici\u00f3n de los \u00e1nimos, pues en ellas, que originales con la firma de Berbeo me comunic\u00f3 el se\u00f1or doctor E. Vergara, se lee: &#8220;El capit\u00e1n general comandante de las ciudades, villas, parroquias y pueblos que por comunidades componen la mayor parte de este reino, y en nombre de los dem\u00e1s restantes, por los cuales presto voz y cauci\u00f3n, mediante la inteligencia en que me hallo de su concurrencia&#8230;<\/p>\n<p>&#8220;17a-Que el Com\u00fan del Socorro pide que en aquellas villas haya un corregidor justicia mayor, al cual se le ponga el sueldo de un mil pesos en cada a\u00f1o, y que en \u00e9ste no haya de haber jurisdicci\u00f3n la capital de Tunja, con tal que quienes ejerzan este empleo deban ser criollos nacidos en este reino&#8230;&#8221; &#8220;22a-Que en los empleos de primera, segunda y tercera plana hayan de ser antepuestos y privilegiados los nacionales de esta Am\u00e9rica a los europeos, por cuanto diariamente manifiestan la antipat\u00eda que contra la gente de ac\u00e1 conservan, sin que basten conciliarles correspondida voluntad; pues est\u00e1n creyendo ignorantemente que ellos son los amos, y los americanos todos sin distinci\u00f3n sus inferiores y criados. Y para que no se perpet\u00fae este ciego discurso, solo en caso de necesidad seg\u00fan su habilidad, buena fe, inclinaci\u00f3n y adherencia a los americanos podr\u00e1n ser igualmente ocupados, como todos los que estamos sujetos a un mismo rey y se\u00f1or debemos vivir hermanablemente; y el que intentare se\u00f1orearse y adelantarse a m\u00e1s de lo que corresponda a la igualdad, por el mismo hecho sea separado de nuestra sociabilidad&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Los se\u00f1ores comisionados recibieron las capitulaciones a las 10 de la noche, y no obstante que sobre ellas ten\u00edan hechas varias reflexiones en las muchas juntas y sesiones que mantuvieron con los capitanes, que les propon\u00edan de palabra y aun en un mal formado borrador que pocos d\u00edas antes pasaron, conociendo que la idea de los sublevados era el que se remitieran a Santaf\u00e9 para que las aprobara el Real Acuerdo, con quien hablaban, y por no tener en aquella hora con qui\u00e9n contestar, resolvieron el dirigirlas con un chasqui, que practic\u00f3 activamente la diligencia, el cual las condujo en el 6 y al siguiente d\u00eda 7 las volvi\u00f3 a regresar con oficio, para que se aceptaran por los se\u00f1ores comisionados, haciendo antes sobre cada una las reflexiones. Los se\u00f1ores comisionados convocaron en la ma\u00f1ana del mismo 7 a todos los capitanes, que pasaban de 200, y a don Juan Berbeo, comandante en jefe, para tratar del asunto.<\/p>\n<p>&#8220;Se vinieron los m\u00e1s y se juntaron en la habitaci\u00f3n del ilustr\u00edsimo se\u00f1or arzobispo, y con la novedad se junt\u00f3 la mayor parte del acampamento, y se vio en pocos minutos ocupada de gente armada la plaza de dicha Zipaquir\u00e1. El ilustr\u00edsimo se\u00f1or arzobispo ten\u00eda su habitaci\u00f3n en la casa del cura, que est\u00e1 en uno de los \u00e1ngulos de la plaza, en salas bajas, y con ventanas a ella. Comenz\u00f3se la sesi\u00f3n como a las once del d\u00eda porque no pudo ser antes, y habiendo los se\u00f1ores comisionados dado principio a las reflexiones que anteriormente ten\u00edan hechas, capitulaci\u00f3n por capitulaci\u00f3n, al llegar a la 14, vi\u00e9ndose los Comunes convencidos, se suscit\u00f3 entre ellos tal confusi\u00f3n y alboroto que comunicada a los de fuera comenzaron todos a decir: &#8221; \u00a1traici\u00f3n, traici\u00f3n, a Santaf\u00e9, a Santaf\u00e9!&#8221; Con esta novedad se sorprendi\u00f3 el ilustr\u00edsimo se\u00f1or arzobispo, y m\u00e1s viendo que ni aun los capitanes, ni el jefe, eran bastantes a contener a sus gentes, y pidi\u00f3 a los se\u00f1ores comisionados omitiesen ya m\u00e1s reflexiones, y que respecto a que los Comunes insist\u00edan en que las aprobase el Real Acuerdo, se remitiesen a \u00e9l, para no aventurarlo todo, y que si se ced\u00eda era a la fuerza. Los se\u00f1ores comisionados vistieron la diligencia y las aceptaron a nombre de dicho Real Acuerdo, como se les preven\u00eda en el oficio que se les pas\u00f3 de Santaf\u00e9, adonde las devolvieron inmediatamente para su aprobaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;Al siguiente d\u00eda 8 las devolvi\u00f3 el Real Acuerdo y Junta Superior aprobadas, y habi\u00e9ndose recibido en Zipaquir\u00e1 como a las 8 del d\u00eda, celebr\u00f3 misa su ilustr\u00edsima, patente el Sant\u00edsimo Sacramento, y concluida con las solemnidades acostumbradas, y como se ped\u00eda en las mismas capitulaciones, ratificaron los se\u00f1ores comisionados el juramento. Conclu\u00eddo este solemne acto se cant\u00f3 el Ted\u00e9um, hubo repique de campanas, y los sublevados tendieron bandera blanca con las armas reales, que fijaron en una de las ventanas de la habitaci\u00f3n de su ilustr\u00edsima, con muchos v\u00edtores al rey.<\/p>\n<p>&#8220;El ilustr\u00edsimo se\u00f1or arzobispo y se\u00f1ores comisionados de la capital se mantuvieron el siguiente d\u00eda 9 en Zipaquir\u00e1, haciendo retirar las gentes a sus respectivos pueblos, suministr\u00e1ndoles dinero para que lo verificasen, como lo consiguieron, siendo bien de extra\u00f1ar que en solo aquel d\u00eda se disip\u00f3 todo el numeroso concurso de gente armada, a excepci\u00f3n de unos pocos que quedaron con don Juan Berbeo.<\/p>\n<p>&#8220;El d\u00eda siguiente se regresaron el ilustr\u00edsimo se\u00f1or arzobispo y se\u00f1ores comisionados a la capital, la que les sali\u00f3 al encuentro de todas clases, en se\u00f1al de reconocimiento, y aplaudi\u00e9ndolos como verdaderos libertadores de la patria y del reino. En estas demostraciones se se\u00f1alaron las comunidades religiosas, especialmente los cuatro conventos de monjas, que con su virtud supieron m\u00e1s bien guardar el peligro en que se vieron inmediatas. El ilustr\u00edsimo se\u00f1or arzobispo, a los ocho d\u00edas de haber llegado, volvi\u00f3 a emprender su marcha para el Socorro, distante doce jornadas de Santaf\u00e9, en prosecuci\u00f3n de su pastoral visita, donde se halla tranquilizando los \u00e1nimos de aquellas gentes y de todos los pueblos del tr\u00e1nsito.<\/p>\n<p>&#8220;Hasta aqu\u00ed el derrotero que se hizo en la pacificaci\u00f3n de los pueblos, mas por que se pueda hacer concepto del origen de estos movimientos, del gran trastorno que amenazaba al reino y de las simuladas ideas con que se encaminaban algunas gentes, promoviendo pueblos enteros y alegando causa com\u00fan para sacudir el peso de las citadas contribuciones, y la poca seguridad que con este pretexto se pod\u00eda tener, aun de aquellos de quienes se esperaba, se expresar\u00e1n sucintamente varios pasajes que acaecieron en el intermedio.<\/p>\n<p>&#8220;El 12 de mayo como a la media noche, como se ha dicho, sali\u00f3 el se\u00f1or regente visitador precipitadamente de la capital, y lleg\u00f3 a la villa de Honda, garganta del r\u00edo de la Magdalena. El 16 del mismo encontr\u00f3 en ella unos 200 fusiles y 2 ca\u00f1ones de batir, que con anticipaci\u00f3n hab\u00eda remitido el se\u00f1or virrey, habilit\u00f3 con ellos y con otras armas, hasta el n\u00famero de unos 400 hombres, para su custodia, y dispuso \u00e9l que los ca\u00f1ones se enviasen a la capital, adonde se persuadi\u00f3 podr\u00edan ser m\u00e1s \u00fatiles. Con esta noticia se destacaron de la capital 25 hombres de a caballo, armados de medias lunas, puestas en un palo, al mando de un vecino honrado y algunos otros, en quienes se ten\u00eda alguna confianza. Los sublevados, que ven\u00edan marchando para Nemoc\u00f3n, tuvieron esta misma noticia y adelantaron unos 16 hombres, armados de lanzas y algunas pistolas, para el mismo paraje, aunque todos a pie; encontr\u00e1ronse los unos y los otros en la median\u00eda del camino y a dos jornadas de la capital, y sin haberse causado el mayor da\u00f1o de una a otra parte, desarmaron los 16 hombres del Socorro a los 25 de Santaf\u00e9, despoj\u00e1ndoles de cuatro pares de pistolas, dos espadines, un sable, siete espadas de estoque y de veintid\u00f3s medias lunas o desgarraderas, las que pusieron en dep\u00f3sito en el pueblo inmediato, manteniendo prisioneros a los principales, y al siguiente d\u00eda dejaron a todos en libertad y sin ofenderles, d\u00e1ndoles pasaportes para Santaf\u00e9, de donde se destinaron otros 50 hombres, que fueron rechazados por los mismos sin la menor desgracia. Estas dos funciones vergonzosas llegaron inmediatamente a o\u00eddos del se\u00f1or regente visitador, que se hallaba a dos jornadas cortas del paraje donde acaecieron estos dos sucesos, con especialidad el primero, por su mayor cercan\u00eda a la villa de Honda, y lleno de valor escribi\u00f3 quej\u00e1ndose del poco esp\u00edritu de la capital y que en cierto modo celebrar\u00eda que los del Socorro se acercaran a la villa de Honda, sin acordarse ya de que pocos d\u00edas antes sali\u00f3 huyendo precipitadamente de la capital.<\/p>\n<p>&#8220;Los 16 hombres del Socorro se fueron lentamente acercando, y al paso sublevaron los tres pueblos inmediatos de Guaduas, Piedras y Villeta, y avisaron a Honda el d\u00eda de la entrada; con este motivo y conociendo el se\u00f1or regente que los 400 hombres que ten\u00eda armados para su defensa ser\u00edan del partido de los sublevados, a excepci\u00f3n de unos pocos europeos vecinos del pueblo, les mand\u00f3 recoger cautelosamente las armas, y con la mayor precipitaci\u00f3n se ech\u00f3 r\u00edo abajo en una barqueta de a doce, gobernada por tres o cuatro bogas, con solo dos criados, navegando d\u00eda y noche sin hacer mansi\u00f3n, de suerte que en menos de cinco d\u00edas se puso en Cartagena. Siendo lo m\u00e1s extra\u00f1o que habiendo encontrado al paso parte del destacamento de 500 hombres que mandaba el se\u00f1or virrey desde aquella plaza, compuesta en la mayor parte del regimiento fijo, no se consider\u00f3 seguro en el paraje donde le encontr\u00f3, y as\u00ed sigui\u00f3 r\u00e1pidamente creyendo que aun los caimanes y peces del r\u00edo se hab\u00edan vuelto socorre\u00f1os, con lo que acredit\u00f3 su valor que solo tuvo en apariencias mientras tuvo el mando a la sombra de tanta adulaci\u00f3n que ha sido la causa de toda su desgracia.<\/p>\n<p>&#8220;Los pocos vecinos honrados de la villa de Honda, compuesta en la mayor parte de europeos, que por todos no llegaran a 30 o 40, seg\u00fan las noticias que dieron a la capital, luego que vieron la precipitada salida del se\u00f1or regente, que la ejecut\u00f3 el 11 de junio, procuraron poner en defensa su persona y bienes, temi\u00e9ndose alg\u00fan insulto de los sublevados que se hallaban cerca; \u00e9stos, antes de entrar en ella resolvieron conmover la plebe y hacerla a su partido, como lo consiguieron, nombrando de ellos dos capitanes para su direcci\u00f3n. A los dos o tres d\u00edas los sublevados encaminaron sus ideas a la ciudad de Mariquita, inmediata a Honda, por ser pueblo de minas y algunos caudales que intentaron robar. Mientras tanto, la plebe de Honda, impaciente de la retardaci\u00f3n, acometi\u00f3 la noche del 15 a la casa del alcalde ordinario y de otros vecinos para que se les franqueasen las llaves de la administraci\u00f3n de aguardiente y tabaco para repartir entre ellos y disponer de los citados efectos a su arbitrio. Esto lo ejecutaron la noche del citado d\u00eda como a las ocho de ella, en que los pocos europeos y algunos otros vecinos honrados, los recibieron con algunas descargas, de modo que con la confusi\u00f3n y oscuridad de la noche e inmediaci\u00f3n al r\u00edo, no pudo saberse a punto fijo el n\u00famero de muertos, pues solo se encontraron tres por la ma\u00f1ana y ocho heridos, retir\u00e1ndose los dem\u00e1s pr\u00f3fugos a los montes, y sobre que recae la reflexi\u00f3n de que si en el Puente Real se hubiera hecho la m\u00e1s leve demostraci\u00f3n de defensa, a las primeras descargas de los 80 hombres con 20.000 cartuchos con bala, no hubiera quedado ni aun el m\u00e1s leve indicio de los sublevados, y c\u00f3mo escarmentados en su temeridad, hubieran desistido de hacer la guerra con las mismas armas, p\u00f3lvora y dinero de que se apoderaron.<\/p>\n<p>&#8220;Mientras tanto acaecieron estas desgracias en la villa de Honda, de los 16 hombres del Socorro que se hallaban en Guaduas pasaron unos 8 o 10 de ellos a la ciudad de Mariquita, gobernados por un cabo llamado Gal\u00e1n; estos se dirigieron inmediatamente a la casa y mina de un vecino rico de la villa de Honda, que por hallarse con los dem\u00e1s conteniendo la plebe no pudo pasar a defender su hacienda ni caudales, de que le despojaron, llev\u00e1ndose el dinero y alhajas que ten\u00eda de mucho valor, como tambi\u00e9n los papeles de su correspondencia, que despu\u00e9s le devolvieron los mismos sublevados, aunque no el todo de los efectos que le hab\u00edan robado.<\/p>\n<p>&#8220;Encamin\u00e1ronse estos pocos a Ambalema y dispusieron igualmente de los tabacos del rey, continuando en dar otras disposiciones y arbitrando a su modo de los bienes de particulares, hasta que poco a poco se fueron disipando y separ\u00e1ndose de la plebe que se les agreg\u00f3, cargados de riquezas, de alhajas y dinero que ten\u00edan robado y siguiendo su camino para el Socorro, seg\u00fan las noticias que fueron llegando.<\/p>\n<p>&#8220;Como la fermentaci\u00f3n se hab\u00eda hecho general, y los pueblos se ve\u00edan propensos, en Neiva mataron al gobernador, porque quiso impedirla; lo mismo ejecutaron en la provincia de Pasto con el teniente de Popay\u00e1n, auditor de guerra que fue de la plaza de Cartagena, don Jos\u00e9 Ignacio Peredo, por haberse opuesto uno y otro a la resoluci\u00f3n de los sublevados, intentando sostener las providencias del regente visitador.<\/p>\n<p>&#8220;En la parroquia que llaman el Pie de la Cuesta encontraron los del Socorro alguna resistencia por los de Gir\u00f3n, que est\u00e1 contiguo a ella, donde mataron dos de los tumultuados, y con cuya noticia despacharon del Socorro y sus parroquias unos 500 hombres, que cuando llegaron a la ciudad de San Juan de Gir\u00f3n a vindicar el agravio que supon\u00edan les hab\u00edan inferido, no tuvieron con qui\u00e9n contestar, por hallarla desierta.<\/p>\n<p>&#8220;En la provincia de los Llanos, compuesta de muchas poblaciones contiguas a los indios bravos, y cuyos parajes por lo montuosos y dilatados se hacen de dif\u00edcil penetraci\u00f3n, se sublevaron por orden de un vecino de los m\u00e1s caudalosos, no s\u00f3lo los indios ya civilizados sino tambi\u00e9n los de la parte de afuera que se les reun\u00edan, suponiendo \u00f3rdenes del rebelde Tapamaro (Tupac-Amaro) (1) y queri\u00e9ndoles dar a entender que todos se hallaban exentos de tributos y que hab\u00edan cesado las contribuciones de diezmos y obligaci\u00f3n de cumplir con los preceptos eclesi\u00e1sticos; para esto, y como el principal motor y cabeza fue un vecino llamado don Francisco Javier de Mendoza, \u00e9ste por particulares resentimientos con el gobernador, se apoder\u00f3 de todos sus caudales, le embarg\u00f3 sus haciendas publicando que los esclavos de ellas hab\u00edan quedado libres, y manteniendo como en dep\u00f3sito las mujeres de algunos vecinos, haci\u00e9ndose absoluto y dando otras providencias relativas a negar el debido homenaje.<\/p>\n<p>&#8220;Es fuera de toda exageraci\u00f3n el terror p\u00e1nico que se infundi\u00f3 en todas aquellas gentes que no eran del partido de los sublevados, y el desenfado y valent\u00eda comunicado a \u00e9stos, a quienes miraban con la mayor veneraci\u00f3n y respeto, de modo que uno solo que entrase en un pueblo, manifestando ser del Socorro, bastaba para que se le reuniesen todos, y los administradores y recaudadores p\u00fablicos de rentas reales pusieran a su disposici\u00f3n los efectos.<\/p>\n<p>&#8220;Ultimamente, aunque tambi\u00e9n se han tenido noticias de varios pueblos distantes, que aun subsisten algunos alborotos, con especialidad en la ciudad de Pamplona y C\u00facuta, valle muy dilatado, no se sabe haya sucedido desgracia; y habiendo llegado a \u00e9sta el destacamento de los 500 hombres el d\u00eda 15 de agosto al mando del coronel don Jos\u00e9 Berbeo, se ve la plebe m\u00e1s contenida&#8221;.<\/p>\n<p>Cuarenta y tres ciudades y pueblos del norte, adem\u00e1s del Socorro y San Gil, adhirieron al movimiento, alzando todos por &#8220;Comandante General de las Comunidades&#8221; a don Juan Francisco Berbeo, natural y vecino de la villa del Socorro. La conducta de estos comuneros y los sucesivos pronunciamientos de Neiva y Casanare demostraron sobrada disposici\u00f3n a &#8220;negar el debido homenaje&#8221; como dice nuestro narrador. Falt\u00f3les un buen jefe, y hasta el pretexto para mantenerse armados desde que el gobierno suscribi\u00f3 las 35 capitulaciones de Berbeo, y \u00e9ste disolvi\u00f3 su ej\u00e9rcito retir\u00e1ndose. De lo contrario, el incendio habr\u00eda tomado cuerpo y consistencia, pues no era un hombre com\u00fan el caudillo socorrano, como lo prueba la conducta posterior de la Real Audiencia, que, sin embargo de verse apoyada por las tropas de l\u00ednea que mand\u00f3 el virrey desde Cartagena, no se atrevi\u00f3 a castigar sino a los subalternos Gal\u00e1n, Molina, Alcantus (sic) y Ortiz&#8221;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Si no es porque un viajero, don Manuel Anc\u00edzar, quien ven\u00eda recorriendo el pa\u00eds y anotando sus vivencias en un diario, llega al Socorro \/ Santander en 1850, veinte a\u00f1os despu\u00e9s de muerto El Libertador Sim\u00f3n Bol\u00edvar, y entrevista &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=11542\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' 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