{"id":18840,"date":"2016-04-14T10:11:40","date_gmt":"2016-04-14T15:11:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.oscarhumbertogomez.com\/?p=18840"},"modified":"2024-10-27T10:35:01","modified_gmt":"2024-10-27T15:35:01","slug":"a-proposito-de-una-cancion-el-valle-de-tenza-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=18840","title":{"rendered":"[Memorias] A prop\u00f3sito de una canci\u00f3n \/\/ EL VALLE DE TENZA. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4481\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/OSCAR-HUMBERTO-GOMEZ.jpg\" alt=\"OSCAR HUMBERTO GOMEZ\" width=\"500\"><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el lejano a\u00f1o de 1978, cuando avanzaba en mis estudios universitarios, conoc\u00ed el Valle de Tenza. Mi amigo Guillermo Eduardo Vargas M\u00e1rquez \u2014de rancia estirpe boyacense\u2014 me plante\u00f3 la posibilidad de que lo acompa\u00f1ara al grado de su novia, de quien solo atin\u00f3 a contarme que era una joven oriunda de un pueblo llamado Guayat\u00e1 y que estudiaba en la Normal de Tenza, pueblecito que yo, muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en las im\u00e1genes difuminadas de mis sue\u00f1os locos, cre\u00eda recordar vecino de este y que incluso se alcanzaba a divisar por entre los tupidos cerros.<\/p>\n<p>Yo acept\u00e9 la invitaci\u00f3n y me fui con \u00e9l a bordo de un bus de la empresa Copetr\u00e1n que nos dej\u00f3 en un sitio m\u00e1s all\u00e1 de Tunja llamado la Represa del Sisga. All\u00ed nos paramos a esperar otro bus, que vendr\u00eda en sentido contrario, el cual nos llevar\u00eda, no a nuestro destino, sino apenas a la segunda etapa de nuestro viaje. No recuerdo bien si este otro bus llegaba hasta Garagoa o hasta Guateque.<\/p>\n<p>Exist\u00eda entonces en aquel paraje tan solo una modesta caseta donde se expend\u00edan comestibles. El veh\u00edculo pertenec\u00eda a una empresa llamada Flota Valle de Tenza y proven\u00eda de Bogot\u00e1. En ese yerto, pero hermoso sitio solo se deten\u00eda si, como sucedi\u00f3 en nuestro caso, hab\u00eda personas esper\u00e1ndolo y le hac\u00edan se\u00f1as para que se detuviera. Emocionado, abord\u00e9 el viejo bus junto con mi gu\u00eda y me adentr\u00e9 por primera vez en los paisajes paradis\u00edacos de aquel valle del que no hab\u00eda escuchado hablar jam\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tenza era un pueblo muy chico con casas de puertas abiertas. Desde afuera, desde la calle, se divisaban las se\u00f1oras que, vestidas con atuendos campesinos, tej\u00edan canastas o sombreros sentadas en el interior de ellas. All\u00ed aprend\u00ed que el Macondo de Garc\u00eda M\u00e1rquez no era el \u00fanico pueblo donde la vida se hab\u00eda congelado en el tiempo.<\/p>\n<p>La ceremonia fue la t\u00edpica de los colegios femeninos de aquella \u00e9poca, con monjas, el beso al pabell\u00f3n nacional y a la bandera amarillo y blanco de El Vaticano, las jovencitas con uniforme de gala, la canci\u00f3n generadora de nostalgia \u2014esta vez era una de Julio Iglesias que dec\u00eda <em>&#8220;los lugares quedan, la gente se va, y al final la vida sigue igual&#8221;<\/em>\u2014, las sentidas palabras de despedida, los aplausos, los vivas y, por supuesto, las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>La novia de Guillermo Eduardo se llamaba Nubia. &nbsp;Nubia Ruiz Pinto, creo que era su nombre completo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De Tenza partimos hacia Guayat\u00e1, que era el pueblecito donde ella viv\u00eda. All\u00ed conoc\u00ed a su familia, de la cual solo recuerdo hoy a su padre, un hombre serio, de sombrero y bigote, de cuerpo mediano y con quien Guillermo apenas cruzaba el saludo y una que otra palabra forzadamente amable. Unos m\u00fasicos del lugar le estaban cantando en aquel momento un vals titulado &#8220;Hojas de calendario&#8221;, que ya para aquel a\u00f1o era una a\u00f1eja canci\u00f3n de la vieja guardia.<\/p>\n<p>En Guayat\u00e1, poco antes de una breve caminata colectiva por una especie de bosque circundante, me presentaron a una prima de la novia de Guillermo. Calculando mal el tiempo, podr\u00eda decir que a las diecisiete mil\u00e9simas de segundo ya sent\u00eda que me gustaba. Aquella ni\u00f1a result\u00f3 tener el nombre de la integrante de un dueto que irrumpi\u00f3 en los comienzos de la d\u00e9cada y que conformaban ella y su hermana. Se llamaba Elizabeth.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Elizabeth era hija de un artista popular dedicado a tallar esculturas en madera llamado Domingo Due\u00f1as. Poco despu\u00e9s vine a saber que hab\u00eda ca\u00eddo en el seno de la familia del compositor de una de las canciones m\u00e1s antol\u00f3gicas de la m\u00fasica andina colombiana, la famosa danza <em>Negrita<\/em>, es decir, en plena familia del maestro Luis Due\u00f1as Perilla. Yo la sol\u00eda cantar por entonces, acompa\u00f1\u00e1ndome con la guitarra, en aquellas serenatas de medianoche con las que despertaba a mis amistades: &#8220;<em>Negrita: t\u00fa viniste en la noche de mi amargo penar \/ t\u00fa llegaste a mi vida\/ y borraste la herida de mi pena letal \/\/ La ilusi\u00f3n de mi vida es amarte no m\u00e1s \/ implorarte el consuelo, el calor y el ensue\u00f1o que jam\u00e1s pude hallar \/\/. Separarnos hoy quiere el destino a los dos \/ y una pena me brinda esta separaci\u00f3n \/\/ Hoy te alejas de m\u00ed, \/ hoy se va mi ilusi\u00f3n \/ y todo es amargura \/ para mi coraz\u00f3n \/\/. Negrita: Pasar\u00e1n muchos d\u00edas, muchos a\u00f1os quiz\u00e1s \/ y grabada en mi vida llevar\u00e9 yo escondida tu sonrisa inmortal \/\/ Nadie puede tu imagen de mi pecho arrancar \/ adorable y cautiva estar\u00e1s en mi vida hasta la eternidad<\/em>&#8220;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Elizabeth era la t\u00edpica ni\u00f1a de pueblo: hermosa, sencilla, c\u00e1lida y recatada. Nos hicimos novios casi de inmediato, luego de que ella disipara sus dudas iniciales de si aquel muchacho flaco, p\u00e1lido y mechudo venido de la ciudad no la estar\u00eda viendo solamente como un fugaz pasatiempo de vacaciones. Hasta muchos a\u00f1os despu\u00e9s conservaba de ella unas pocas fotograf\u00edas en colores que alguien nos tom\u00f3 mientras platic\u00e1bamos sentados en un esca\u00f1o del parque de Guayat\u00e1, en cuyo centro se hallaba instalada una escultura de madera elaborada por su padre y que representaba una ballena. Me pareci\u00f3 curioso ver un mam\u00edfero de esos tan lejos del mar.<\/p>\n<p>Don Domingo hab\u00eda esculpido, adem\u00e1s, \u2014y su obra tambi\u00e9n adornaba el parque\u2014 una especie de monumento a la memoria de su esposa, la madre de Elizabeth, a quien \u00e9l y sus hijos perdieron en un accidente de tr\u00e1nsito ocurrido en la carretera central a Bogot\u00e1. De esta &nbsp;luctuosa tragedia me enter\u00e9 luego de que, en alg\u00fan momento, acompa\u00f1\u00e1ndome con la guitarra, me puse a cantar un paseo de Alfredo Guti\u00e9rrez llamado <em>Anhelos<\/em> y fue cuando Elizabeth me lo cont\u00f3. &#8220;<em>Esa era la canci\u00f3n de mi mam\u00e1<\/em>&#8220;, fue lo primero que me dijo mientras a su rostro se asomaba la tristeza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed, viajar al Valle de Tenza se me volvi\u00f3 un emocionante proyecto de vacaciones. Para ir a ver a Elizabeth recolectaba dinero entre mis compa\u00f1eros. De manera muy especial recuerdo el viaje para el cual recib\u00ed una donaci\u00f3n que me hizo Roque Javier Villamizar, no tanto porque hubiese sido de cien pesos \u2014la m\u00e1s alta de todas\u2014, sino porque me la dio en cheque.<\/p>\n<p>Guillermo Eduardo ya no iba conmigo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En Guayat\u00e1 fui siempre bien atendido, me sent\u00ed apreciado, respetado, valorado como persona y como amigo por adultos y ni\u00f1os. Una linda jovencita de ojos azules y de quien ya no recuerdo el nombre (pens\u00e9 que nunca se me olvidar\u00eda) era hija del panadero. En el que ser\u00eda mi \u00faltimo viaje all\u00e1, cuando ya me encontraba en la estaci\u00f3n dispuesto a subirme al bus, me entreg\u00f3 su inolvidable regalo: una mestiza grande adornada con mi nombre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A Elizabeth le gustaba mucho que cantara una canci\u00f3n que dec\u00eda: &#8220;<em>Si me voy&#8230;si me voy recuerda que yo volver\u00e9&#8230;.Ruega a Dios&#8230; ruega a Dios que alg\u00fan tenga que volver&#8230;\/ Si me voy&#8230;si me voy recuerda que yo volver\u00e9&#8230;.Ruega a Dios&#8230; ruega a Dios que alg\u00fan tenga que volver&#8230; \/\/ Aquel amor que se fue, mas nunca volvi\u00f3 \/ porque as\u00ed lo quiso Dios\/ porque as\u00ed soy yo<\/em>&#8220;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El profesor de la escuela \u2014quien por esos d\u00edas andaba diezmado por la tusa\u2014 viv\u00eda en un segundo piso; un lazo conectaba la chapa de la puerta con la segunda planta y un ligero jal\u00f3n le permit\u00eda hacer deslizar el pasador y abrirnos sin tener que bajar las escaleras; entonces empuj\u00e1bamos la puerta e ingres\u00e1bamos a la casona los ya amigos suyos amantes de la m\u00fasica, con nuestros instrumentos, y a los pocos minutos el aire se impregnaba de bambucos y boleros. La canci\u00f3n que m\u00e1s le gustaba, y que me hac\u00eda repetir, dec\u00eda: &#8220;<em>Ven&#8230; mi coraz\u00f3n te llama&#8230;tan&#8230; desesperadamente \/ Ven&#8230; mi vida te reclama&#8230; s\u00e9&#8230; que necesito verte \/\/ S\u00e9&#8230; que volver\u00e1s ma\u00f1ana&#8230; con la cruz de tu dolor&#8230; ay, vida&#8230; qu\u00e9 modo de quererte&#8230; tan&#8230; desesperadamente<\/em>&#8220;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dimos no pocas serenatas, pero tambi\u00e9n hicimos tertulias musicales nocturnas en los esca\u00f1os del parque. Y como debido al intenso fr\u00edo todos us\u00e1bamos ruanas, en la oscuridad de la noche parec\u00eda que estuviese tocando una tuna de fantasmas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En un lugar intermedio entre Guayat\u00e1 y Guateque o entre Guayat\u00e1 y Garagoa (la verdad, no lo recuerdo bien) exist\u00eda un balneario al que fuimos un par de veces, suficientes para sentir lo anchurosa que era la juventud y lo promisoria que era la vida. &nbsp;Su nombre no pod\u00eda ser m\u00e1s pomposo: se llamaba <em>Hamburgo sobre el S\u00fanuba<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes del que ser\u00eda el \u00faltimo regreso a Bucaramanga, tuve la oportunidad de verificar que por una carretera polvorienta se llegaba a los confines del Valle de Tenza, los pueblos de Santa Mar\u00eda y San Luis de Gaceno. Un poco m\u00e1s all\u00e1 comenzaba la verde inmensidad de los llanos de Casanare.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que donde quiera que est\u00e9n, amigas y amigos \u2014 y t\u00fa Elizabeth, y todos los tuyos \u2014 reciban muchas bendiciones de aquel Supremo Hacedor al que con frecuencia fuimos a orarle en el templo y frente a quien \u2014reconozc\u00e1moslo\u2014 tuvimos una que otra pl\u00e1tica pagana y esbozamos una que otra inoportuna sonrisa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Mesa de las Tempestades, \u00c1rea Metropolitana de Bucaramanga, jueves 14 de abril de 2016.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #008000;\"><strong>(Alguien subi\u00f3 a YouTube mi bambuco <strong>CANCI\u00d3N PARA EL VALLE DE TENZA<\/strong>.  Si desea escucharlo, por favor d\u00e9 clic izquierdo encima del enlace)<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/JrTPF7ZiLCE?rel=0&amp;controls=0&amp;showinfo=0\" width=\"420\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; En el lejano a\u00f1o de 1978, cuando avanzaba en mis estudios universitarios, conoc\u00ed el Valle de Tenza. 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