{"id":33575,"date":"2020-05-05T10:04:02","date_gmt":"2020-05-05T15:04:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.oscarhumbertogomez.com\/?p=33575"},"modified":"2024-02-28T15:59:37","modified_gmt":"2024-02-28T20:59:37","slug":"la-soledad-en-medio-de-las-multitudes-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=33575","title":{"rendered":"La soledad en medio de las multitudes. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_22947\" style=\"width: 650px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-22947\" class=\"size-large wp-image-22947\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/20170401-170514-678x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"967\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/20170401-170514-678x1024.jpg 678w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/20170401-170514-199x300.jpg 199w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/20170401-170514-768x1160.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><p id=\"caption-attachment-22947\" class=\"wp-caption-text\">\u00d3SCAR HUMBERTO G\u00d3MEZ G\u00d3MEZ [Fotograf\u00eda: Fernando Rueda Villamizar].<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El cura no acaba de terminar la frase de despedida \u2014&#8221;Pod\u00e9is ir en paz&#8221;\u2014 cuando ya el sonido de la letra &#8220;z&#8221; se empieza a confundir con el creciente bullicio del masivo y apresurado retiro de la feligres\u00eda. Una feligres\u00eda que, como si estuviese siendo impulsada por la ansiedad, va abandonando el templo a medida que va perdiendo, con la prisa, la compostura que deber\u00eda observar dentro de un lugar que se supone sagrado. La pierde, \u00fanicamente para ir en la pronta busca de sus autom\u00f3viles o iniciar a pie el regreso fren\u00e9tico hacia sus casas. Entonces, el feligr\u00e9s que fue a la misa ese domingo sin m\u00e1s compa\u00f1\u00eda que la de su soledad inmensa, empieza su retorno solo. Tan solo como lleg\u00f3 al templo. Descubre as\u00ed que tampoco la religi\u00f3n est\u00e1 preparada para ofrecerle compa\u00f1\u00eda a nadie.<\/p>\n<p>El ser humano contempor\u00e1neo vive en la m\u00e1s absoluta soledad.<\/p>\n<p>Salvo, claro, que tenga una familia formada. En ese caso, contar\u00e1 con la calidez que le pueda brindar esa familia. Una que, quiz\u00e1s, \u00e9l mismo form\u00f3. Ello, claro, si su familia funciona como tal. Si no es, como tantas, un mero agregado de personas solitarias que sobreviven bajo el mismo techo.<\/p>\n<p>De todos modos, lo normal es que cada uno de los miembros de una familia viva y se desenvuelva dentro de su propio mundo y afronte en soledad su propia problem\u00e1tica.<\/p>\n<p>Y, aunque as\u00ed no ocurriese, lo cierto es que, alg\u00fan d\u00eda, suceder\u00e1 que aquel que dio origen a una familia bulliciosa y acompa\u00f1ante volver\u00e1 a quedarse solo, como al principio.<\/p>\n<p>La soledad dentro de la multitud es la soledad predominante de la \u00e9poca moderna. Es una soledad que derrumba el mito de que, para estar solo, el hombre debe alejarse de su entorno e irse a sumergir en el silencio de, por ejemplo, una monta\u00f1a lejana, como cuentan que lo hac\u00edan anacoretas o ermita\u00f1os.<\/p>\n<p>No, no hay que ir a descubrir la soledad en una isla desierta. El ser humano de hoy vive solo en medio de las multitudes. El ser humano est\u00e1 solo. Lo est\u00e1, por muy parad\u00f3jico que parezca, al lado de miles y miles de personas en las tumultuosas grader\u00edas de un colosal estadio de f\u00fatbol colmadas de fan\u00e1ticos que gritan. Que gritan y se insultan entre ellos. Est\u00e1 solo en medio de miles y miles de seguidores de la estrella de la m\u00fasica a cuyo concierto fue para tratar de brindarle compa\u00f1\u00eda a su alma solitaria. Est\u00e1 solo en la inmensa pista de baile del elegante y colosal club donde centenares de parejas \u2014tan solitarias como \u00e9l\u2014 bailan en la fiesta de San Silvestre un fin de a\u00f1o. Est\u00e1 solo en los grandes y multitudinarios centros comerciales los fines de semana cuando la gente se vuelca sobre ellos para intentar espantar su soledad mirando vitrinas y llen\u00e1ndose de necesidades que no tiene, y est\u00e1 solo en las grandes plazas de mercadeo donde a su lado un enjambre de personas han ido a mercar o tambi\u00e9n a llenarse de necesidades que no tienen, y est\u00e1 solo mientras trata de avanzar en solitario por entre la muchedumbre que, como \u00e9l, camina presurosa por los andenes del centro de la gran ciudad, arrastrando cada cual su propia soledad. Y estar\u00e1 solo en el avi\u00f3n repleto de pasajeros, y solo en el tren al que no le cabe un turista m\u00e1s, y solo en la estaci\u00f3n ferroviaria atiborrada de seres humanos tan preocupados, como lo est\u00e1 \u00e9l, por no perder el tren, y solo en el aeropuerto mientras a su lado un fren\u00e9tico gent\u00edo compra cervezas y se sienta con ellas en una mesa solitaria a beberse a sorbos su soledad. Y estar\u00e1 solo en la playa atestada de ba\u00f1istas donde no conoce a nadie, ni nadie lo conoce a \u00e9l.<\/p>\n<p>La soledad ha sido un reto que la humanidad no ha podido \u2014o no ha querido\u2014 superar. Talvez su m\u00e1s abrumador reto. Un reto por cuya superaci\u00f3n, en todo caso, pasa indefectiblemente la conquista de su sue\u00f1o por llegar alg\u00fan d\u00eda a ser feliz.<\/p>\n<p>Pero no existe siempre una sola soledad. Hay varias soledades. Est\u00e1, por ejemplo, la soledad de quienes poseen buena memoria y, por consiguiente, se quedan solos intentando que los dem\u00e1s recuerden lo que \u00e9l rememora perfectamente, pero de lo cual ya nadie se acuerda. &#8220;\u00bfNo te acuerdas de eso? \u00bfDe verdad no te acuerdas? \u00a1Pero si t\u00fa estabas ah\u00ed! \u00a1C\u00f3mo no lo vas a recordar!&#8221;, se le oye decir a alguien con asombro. &#8220;No, la verdad es que yo no me acuerdo de eso. Pero si t\u00fa lo dices&#8230;&#8221;.<\/p>\n<p>Las diferencias pol\u00edticas, las diferencias generacionales, los gustos musicales, las aficiones literarias, las creencias religiosas, y un largo etc\u00e9tera, se han convertido en manantiales inagotables de soledad. Generan una soledad relativa. Una soledad que de vez en cuando se relativiza a favor del solitario cuando se topa, de cuando en vez, con alguien que, de su generaci\u00f3n o no, realmente comparte su postura pol\u00edtica, su gusto musical, su afici\u00f3n literaria, su creencia religiosa. Pero si en su entorno, si en su universo familiar, si en el contexto social al que pertenece, el ser humano no encuentra esa identificaci\u00f3n, se acent\u00faa su soledad. El ser humano comienza, entonces, una prudente y conveniente retirada del entorno que percibe fr\u00edo. O, peor a\u00fan, hostil. Conozco a personas que jam\u00e1s volvieron a asistir a fiestas de su entorno familiar porque ya no soportaban su inmensa soledad. &#8220;Literalmente \u2014me dijo alguien\u2014 ya no ten\u00eda con qui\u00e9n hablar, ni de qu\u00e9 hablar con nadie&#8221;.<\/p>\n<p>Cuando las ideas que alguien profesa son controversiales; cuando van en contrav\u00eda de lo que est\u00e1 en boga; cuando contradicen lo que su entorno piensa, emerge esa soledad relativa de la que hablo. El que piensa diferente empieza, entonces, a verse aislado. Es como si se tratara de un enfermo conversacional.<\/p>\n<p>La crisis del respeto por la diferencia, de la tolerancia hacia el que piensa y opina diferente, ha incrementado de manera dram\u00e1tica los ya altos niveles de soledad propios del mundo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y con esta reflexi\u00f3n final cierro esta entrada.<\/p>\n<p>La entrada, no el tema. Porque pienso \u2014seguramente en solitario\u2014 que el tema de la soledad en la que vive el ser humano de hoy no debe darse por cerrado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Mesa de las Tempestades, \u00c1rea Metropolitana de Bucaramanga, martes 5 de mayo de 2020.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El cura no acaba de terminar la frase de despedida \u2014&#8221;Pod\u00e9is ir en paz&#8221;\u2014 cuando ya el sonido de la letra &#8220;z&#8221; se empieza a confundir con el creciente bullicio del masivo y apresurado retiro de la feligres\u00eda. 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