{"id":35034,"date":"2020-08-30T12:10:21","date_gmt":"2020-08-30T17:10:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.oscarhumbertogomez.com\/?p=35034"},"modified":"2025-01-12T12:44:09","modified_gmt":"2025-01-12T17:44:09","slug":"locura-onomatopeyica-cuento-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=35034","title":{"rendered":"LOCURA ONOMATOP\u00c9YICA. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-49283\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/PERRO-Y-GATOS-.png\" alt=\"\" width=\"860\" height=\"860\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/PERRO-Y-GATOS-.png 860w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/PERRO-Y-GATOS--300x300.png 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/PERRO-Y-GATOS--150x150.png 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/PERRO-Y-GATOS--768x768.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 860px) 100vw, 860px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Todo comenz\u00f3 una ma\u00f1ana de jueves, cuando el alcalde de la ciudad, al despertar, oy\u00f3 maullar a su perro.<br \/>\nPreocupado por determinar cu\u00e1l de los dos era el que se hab\u00eda vuelto loco, sali\u00f3 de la casa, vestido todav\u00eda con el piyama de rayas, y en la calle se encontr\u00f3 con los vecinos alarmados que corr\u00edan en distintas direcciones, pregonando la noticia de que los animales de la ciudad estaban desequilibrados por completo.<br \/>\nEntre los gritos desaforados de la multitud que corr\u00eda en tropel, a su diestra y a su siniestra, el alcalde, presa del asombro, distingu\u00eda perfectamente las voces de los gatos que mug\u00edan, de las gallinas que ladraban, de las vacas que relinchaban, de los caballos que rug\u00edan, de los p\u00e1jaros que bramaban, de las ovejas que cacareaban, de las cabras que trinaban, de los pollitos que gru\u00f1\u00edan, de los gallos que balaban, de los burros que graznaban, de los gansos que rebuznaban, de los elefantes que cuchichiaban, de los sapos y las ranas que barritaban, de las perdices que croaban, y admiti\u00f3 entonces que, en aquel alboroto incontrolable, toda su autoridad no val\u00eda ni un centavo.<br \/>\nTermin\u00f3 por unirse a los tropeles sin norte de los hombres espantados, de las mujeres hist\u00e9ricas, y de los ni\u00f1os emocionados. Tropeles enormes y ruidosos que trataban de averiguar, en medio de su propia algarab\u00eda, qu\u00e9 diablos estaba pasando en la ciudad esa ma\u00f1ana, qu\u00e9 esp\u00edritu maligno se les hab\u00eda metido a los animales en el cuerpo, o qu\u00e9 carajos les pasaba a sus o\u00eddos.<br \/>\nCorr\u00edan, sin rumbo definido, los parroquianos, los polic\u00edas, las se\u00f1oras, los bomberos, los alba\u00f1iles, los meseros, los ni\u00f1os de la escuela, que se fugaron de ella para averiguar qu\u00e9 rayos suced\u00eda, los maestros, que se fueron tras ellos, pero no para seguirlos, sino con la esperanza de saber si, por fin, el hambre de los sueldos eternamente atrasados les hab\u00eda afectado su cerebro, y corr\u00edan y corr\u00edan, sin rumbo definido, los tenderos, las modistas, los barberos, los agiotistas, los pordioseros, los choferes, los bur\u00f3cratas, las putas, los cantantes, los loteros, los dentistas, las chismosas, y luego se les unieron el cura p\u00e1rroco, y el juez, y el sacrist\u00e1n, y el secretario, y luego terminaron corriendo, junto a ellos, los perros que no ladraban, los gatos que no maullaban, los caballos que no relinchaban, las vacas que no mug\u00edan, los pollitos que no piaban, los cerdos que no gru\u00f1\u00edan, las ovejas y las cabras que no balaban, los p\u00e1jaros que no trinaban, las gallinas que no cacareaban, los gansos que no graznaban, los burros que no rebuznaban, los elefantes que no barritaban, los sapos y las ranas que no croaban, las perdices que no cuchichiaban, hasta que, una hora despu\u00e9s, toda la ciudad corr\u00eda como loca, para arriba y para abajo, sin saber qu\u00e9 hacer exactamente frente a su propia locura colectiva.<\/p>\n<p>______<\/p>\n<p>Nadie, absolutamente nadie, ni aun la comisi\u00f3n de alto nivel enviada a la ciudad por la Academia Mundial de Medicina, determin\u00f3 jam\u00e1s las causas de la peste.<\/p>\n<p>\u201cEtiolog\u00eda, patogenia, diagn\u00f3stico, terap\u00e9utica, pron\u00f3stico y profilaxis desconocidos\u201d, concluy\u00f3 la comisi\u00f3n, en el lac\u00f3nico informe final de su visita.<\/p>\n<p>Primero dijeron que el asunto ten\u00eda que ver con los animales: que los animales de la ciudad se hab\u00edan enfermado al mismo tiempo.<br \/>\nPero desecharon la teor\u00eda el d\u00eda en que los trasladaron a la ciudad vecina, en una interminable fila india, y all\u00ed los perros ladraron, y los gatos maullaron, y las vacas mugieron, y los caballos relincharon, y las cabras y las ovejas balaron, y los pollitos piaron, y las gallinas cacarearon, y los p\u00e1jaros trinaron, y los cerdos gru\u00f1eron, y los gansos graznaron, y los burros rebuznaron, y los elefantes barritaron, y los sapos y las ranas croaron, y las perdices cuchichiaron, y la comisi\u00f3n qued\u00f3 maravillada.<\/p>\n<p>Creyendo que se hab\u00edan curado, los devolvieron a la ciudad, otra vez en una interminable fila india, pero all\u00ed (\u00a1maldita sea!) volvi\u00f3 la terrible confusi\u00f3n, y peor todav\u00eda, porque todos los perros no maullaron, como antes, sino que unos maullaron, y otros piaron, y otros trinaron, y otros balaron, y otros relincharon, y as\u00ed con todos los animales, y entonces ya no hallaban a qu\u00e9 atenerse porque animales de la misma especie resultaban, indistintamente, ladrando, rugiendo o cacareando, y todos evocaron con nostalgia el primer jueves de la epidemia, cuando por lo menos se conoc\u00eda a ciencia cierta qui\u00e9n maullaba y qui\u00e9n gru\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Pero, como si no fuera suficiente aquel berenjenal para enloquecer al m\u00e1s cuerdo, los animales terminaron volvi\u00e9ndose pol\u00edglotos, y resultaron perros callejeros, que jam\u00e1s hab\u00edan orinado en los \u00e1rboles de la academia de idiomas, dominando, al mismo tiempo, el \u201cmiau\u201d de los gatos de antes, el \u201cmuuu\u201d de las vacas de antes, el \u201cbeee\u201d de las cabras y de las ovejas de antes, el \u201cp\u00edo p\u00edo\u201d de los pollitos de antes, el \u201coinc oinc\u201d de los cerdos de antes, el \u201ckikirik\u00ed\u201d de los gallos de antes, el \u201cclo clo cl\u00f3\u201d de las gallinas de antes, y hasta trinando como los p\u00e1jaros de antes y relinchando como los caballos de antes, con una pronunciaci\u00f3n tan perfecta que hasta los estudiantes de idiomas llegaron a sentirles cierta envidia, a pesar de que no fueran capaces de emitir el \u201cguau\u201d de siempre.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del fracaso del primer experimento, la comisi\u00f3n trajo a la ciudad animales de la ciudad vecina, para verificar su nueva hip\u00f3tesis: la de que eran cosas del clima de la ciudad, que hab\u00eda decidido enloquecer a los animales, para ver si lo humanos tomaban por fin en serio el problema inmemorial de su contaminaci\u00f3n.<br \/>\nPero no. Volvieron a fracasar.<br \/>\nPorque a los animales de la ciudad vecina, que fueron tra\u00eddos a la ciudad enferma en una interminable fila india, no les pas\u00f3 absolutamente nada: los perros ladraron, los gatos maullaron, las vacas mugieron, los pollitos piaron, las gallinas cacarearon, las ovejas y las cabras balaron, los p\u00e1jaros trinaron, los caballos relincharon, los cerdos gru\u00f1eron, los gansos graznaron, y los burros rebuznaron, los elefantes barritaron, los sapos y las ranas croaron, y las perdices cuchichiaron, y la comisi\u00f3n volvi\u00f3 a quedar petrificada.<br \/>\nLos animales visitantes fueron devueltos, entonces, a la ciudad vecina, en una interminable fila india.<\/p>\n<p>En vista de los sucesivos fracasos, la comisi\u00f3n decidi\u00f3 dejar de investigar con animales y volc\u00f3 su inter\u00e9s cient\u00edfico en los humanos.<br \/>\nEs posible, dijeron, que realmente los perros no est\u00e9n mugiendo ni las vacas relinchando, pero que los humanos los est\u00e9n escuchando totalmente tergiversados.<br \/>\nFue ah\u00ed cuando, olvid\u00e1ndose de su propia condici\u00f3n de humanos, decidieron someter a los humanos de la ciudad a un experimento. Se los llevaron a la ciudad vecina, en una interminable fila india, y all\u00ed los pusieron a o\u00edr las voces de los animales, para comprobar que seguir\u00edan oyendo el mismo enredo.<br \/>\nPero no. Tampoco. Volvi\u00f3 la comisi\u00f3n a fracasar.<br \/>\nPorque all\u00ed, en la ciudad vecina, los humanos de la ciudad enferma oyeron a los perros ladrar, y a los gatos maullar, y a las vacas mugir, y a los caballos relinchar, y a los cerdos gru\u00f1ir, y a las gallinas cacarear, y a los pollitos piar, y a las cabras y las ovejas balar, y a los p\u00e1jaros trinar, y a los gansos graznar, y a los burros rebuznar, y a los elefantes barritar, y a los sapos y a las ranas croar, y a las perdices cuchichiar, como los hab\u00edan o\u00eddo siempre, toda la vida, antes de aquella epidemia inexplicada.<br \/>\nLos regresaron, entonces, en una interminable fila india.<\/p>\n<p>La comisi\u00f3n, a punto de perder la paciencia, se jug\u00f3 su carta final.<br \/>\nEs cosa del aire de la ciudad, dijeron. Lo que pasa es que el aire contaminado de la ciudad no afecta a los animales, como equivocadamente cre\u00edamos al principio \u2013explicaron\u2013 sino a los humanos. Humano que venga aqu\u00ed \u2013concluyeron\u2013 se contagiar\u00e1 de la peste.<\/p>\n<p>Y fue cuando se llevaron, en una interminable fila india, a los humanos de la ciudad vecina para la ciudad enferma, y los pusieron a o\u00edr a los animales de la ciudad contaminada.<br \/>\nPero tampoco. La comisi\u00f3n fracas\u00f3 otra vez.<br \/>\nPorque los humanos de la ciudad vecina oyeron, en la ciudad enferma, el rebuzno de los burros, el ladrido de los perros, el maullido de los gatos, el gru\u00f1ido de los cerdos, el mugido de las vacas, el balido de las cabras y las ovejas, el relincho de los caballos, el trino de los p\u00e1jaros, el graznido de los gansos, el cacareo de las gallinas, el barrito de los elefantes, el croar de los sapos y las ranas, el cuc\u00fa de los cuclillos, el cuchichiar de las perdices, y, de nuevo, la comisi\u00f3n volvi\u00f3 a quedar estupefacta.<br \/>\nLos regresaron, pues, a su ciudad de origen, en una interminable fila india.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de este experimento, los miembros de la comisi\u00f3n abandonaron la ciudad, taciturnos, silenciosos, sumidos en la melancol\u00eda del fracaso, sin haberse despedido siquiera del alcalde ni de nadie del ayuntamiento o del cabildo, ni mucho menos de la gente de la ciudad, que los vio partir, indiferente, dos meses despu\u00e9s de haberlos recibido con calidez, como la tabla de salvaci\u00f3n que les enviaba la providencia.<br \/>\nNo pararon en ninguna parte hasta salir de la ciudad, salvo uno de ellos, que se detuvo un momento en la caseta de la coja Ana Joaquina y le compr\u00f3 una cajita de cigarros.<\/p>\n<p>_________<\/p>\n<p>La epidemia dur\u00f3 seis meses.<br \/>\nUn d\u00eda cualquiera, el alcalde se despert\u00f3 y oy\u00f3 ladrar a su perro.<br \/>\nAl principio crey\u00f3 que era producto de la somnolencia, pero luego escuch\u00f3 el \u201cguau\u201d n\u00edtido de antes, de los tiempos anteriores a la peste.<br \/>\nEntonces salt\u00f3 de la cama emocionado, y cuando volvi\u00f3 a o\u00edr que ladraba (\u00a1imag\u00ednense ustedes algo tan ins\u00f3lito: un perro que ladraba!), abri\u00f3 la puerta de su casa y as\u00ed, vestido con el piyama de rayas, sali\u00f3 a la calle a dar a gritos la buena nueva.<\/p>\n<p>Pero en seguida comprendi\u00f3 que no era necesario que la diera, porque ya toda la ciudad se hab\u00eda dado cuenta del milagro.<br \/>\nLas gentes, plet\u00f3ricas de felicidad, hac\u00edan sonar las bocinas de los autom\u00f3viles, los bomberos tocaban las sirenas, las iglesias echaron las campanas al vuelo, las mujeres enarbolaron en las ventanas de sus casas miles y miles de banderas, los polvoreros empezaron a reventar toda la p\u00f3lvora que hab\u00edan fabricado, la banda municipal comenz\u00f3 a recorrer la ciudad con su retreta, los ni\u00f1os de la escuela salieron a desfilar con sus uniformes de gala, y en medio de aquel ensordecedor bullicio, de aquel desorden incontrolable, en el que se chocaban pitos con campanas, voladores con banderas, globos con serpentinas y gritos con trompetas, pasaron corriendo los tropeles, gritando la buena nueva. Iban corriendo los polic\u00edas, las se\u00f1oras, los maestros, los tenderos, las modistas, los barberos, los agiotistas, los pordioseros, los choferes, los bomberos, los alba\u00f1iles, los meseros, los bur\u00f3cratas, las putas, los cantantes, los loteros, los dentistas, las chismosas, y luego se les unieron el cura p\u00e1rroco, y el juez, y el sacrist\u00e1n, y el secretario, y luego terminaron corriendo, junto a ellos, los perros que ladraban, los gatos que maullaban, los caballos que relinchaban, las vacas que mug\u00edan, los pollitos que piaban, los cerdos que gru\u00f1\u00edan, las ovejas y las cabras que balaban, los p\u00e1jaros que trinaban, las gallinas que cacareaban, los gansos que graznaban, los burros que rebuznaban, los elefantes que barritaban, los sapos y las ranas que croaban, las perdices que cuchichiaban, y los tropeles iban y ven\u00edan, de para all\u00e1 y de para ac\u00e1, del poniente hasta el levante, del levante hasta el ocaso, por calles y avenidas, sin rumbo fijo, sin meta definida, no m\u00e1s que por correr, con la alegr\u00eda desbordada en gritos, y l\u00e1grimas, y aplausos, y chillidos, y estruendosas carcajadas, y m\u00fasica, y cerveza, y voladores, hasta la medianoche, cuando decidieron, por fin, irse a dormir, no porque quisieran que el jolgorio terminara, sino para no perderse la emoci\u00f3n indescriptible de volver a ser despertados por el \u201ckikirik\u00ed\u201d siempre infalible de los gallos.<\/p>\n<p>_______<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* <a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-28792\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-300x300.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg 730w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a> <strong>Derechos Reservados de Autor<\/strong>. 1998.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong>: Este relato se encuentra en el libro de cuentos de su autor titulado &#8220;EL \u00daLTIMO DINOSAURIO&#8221; (1998) y en la novela -tambi\u00e9n de su autor- &#8220;TIERRA DE CIGARRAS&#8221; (2000).<br \/>\nEn &#8220;LOCURA ONOMATOP\u00c9YICA&#8221; se pone en evidencia que la sociedad est\u00e1 tan acostumbrada a la rutina de la normalidad, que no se imagina que alg\u00fan d\u00eda se vaya a tener que enfrentar con la anormalidad y la locura. Cuando esto sucede, ensaya cuanto remedio se imagina en busca de poder retornar otra vez a la normalidad de la rutina.  Entonces aquello mismo que antes la sum\u00eda en el tedio, ahora lo celebra con descontrolada euforia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Todo comenz\u00f3 una ma\u00f1ana de jueves, cuando el alcalde de la ciudad, al despertar, oy\u00f3 maullar a su perro. 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