{"id":36406,"date":"2019-03-17T16:38:50","date_gmt":"2019-03-17T21:38:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.oscarhumbertogomez.com\/?p=36406"},"modified":"2025-02-16T07:47:05","modified_gmt":"2025-02-16T12:47:05","slug":"las-ruinas-de-mi-escuela-memoriascapitulo-ii-por-oscar-humberto-gomez-gomez-miembro-correspondiente-de-la-academia-de-historia-de-santander-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=36406","title":{"rendered":"LAS RUINAS DE MI ESCUELA [Memorias][Cap\u00edtulo II]. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #800000;\"><em>A Miguelito Ardila<\/em><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-28686\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\" alt=\"\" width=\"716\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg 716w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hoy, a la distancia de los a\u00f1os, con el alma endulzada por la nostalgia, debo reconocer que el \u00fanico pecado de mi compa\u00f1ero Cote era el de ser bueno para la aritm\u00e9tica.<\/p>\n<p>S\u00ed: un pich\u00f3n de matem\u00e1tico que nos ca\u00eda mal a todos porque era el \u00fanico capaz de entender los vericuetos inextricables de las operaciones distintas a la suma, la resta, la multiplicaci\u00f3n y la divisi\u00f3n por una sola cifra, y, consiguientemente, el \u00fanico capaz de pasar al tablero, con una sobradez que a lo mejor no ten\u00eda, pero que todos le percib\u00edamos desde nuestros bancos de madera, donde trat\u00e1bamos de seguirle el enrevesado m\u00e9todo que le permit\u00eda, ante nuestros ojos at\u00f3nitos y nuestra mente confundida, sacarle al n\u00famero que fuera esa invenci\u00f3n diab\u00f3lica que se llamaba la ra\u00edz cuadrada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-28686\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\" alt=\"\" width=\"716\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg 716w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para quienes, como yo, disfrut\u00e1bamos el repetir como loros que la ra\u00edz cuadrada de 4 era 2 porque 2 por 2 daba 4; que la ra\u00edz cuadrada de 9 era 3 porque 3 por 3 daba 9; que la ra\u00edz cuadrada de 16 era 4 porque 4 por 4 daba 16; que la ra\u00edz cuadrada de 25 era 5 porque 5 por 5 daba 25; que la ra\u00edz cuadrada de 36 era 6 porque 6 por 6 daba 36; que la ra\u00edz cuadrada de 49 era 7 porque 7 por 7 daba 49; que la ra\u00edz cuadrada de 64 era 8 porque 8 por 8 daba 64; que la ra\u00edz cuadrada de 81 era 9 porque 9 por 9 daba 81; y que la ra\u00edz cuadrada de 100 era 10 porque 10 por 10 daba 100, y hasta ah\u00ed llegaba toda nuestra sapiencia en radicales, nos resultaba insoportable que Cote pasara siempre al tablero y sin inmutarse le encontrara la maldita ra\u00edz esa a n\u00fameros estramb\u00f3ticamente largos, como podr\u00eda ser, pongamos por caso, el 473\u00b4864.917.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-28686\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\" alt=\"\" width=\"716\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg 716w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En aquel 1966, a\u00f1o para el cual mi familia hab\u00eda abandonado ya el entorno amable del antiguo centro de la Bucaramanga de entonces, el del parque Romero y su enigm\u00e1tico obelisco, el del parque Garc\u00eda Rovira y su imponente estatua, el de la tienda de do\u00f1a Celia y sus coloreados cuentos de vaqueros y sus verdes dulces de cidra, el de la Funeraria Colombiana y su enorme televisor de cuatro patas \u2014nuestra primera sala de cine\u2014, el de las espigadas palmas del Polit\u00e9cnico Femenino, el de la casa se\u00f1orial de las se\u00f1oritas Albornoz y su precioso autom\u00f3vil rosado, el de la escuela Roso Cala y su hermosa y severa rectora, el de la amena catequesis dominical del Salesiano y el de la tienda del Gordo &#8220;Yin&#8221; (que solo hasta ahora vine a saber que era la forma como pronunciaban su nombre, Eugenio, sus ignorantes vecinos al decirlo en otro idioma que no era el suyo), para irse a vivir a un distante barrio del oriente de la ciudad, yo me hallaba a las puertas de terminar la primaria, sin que me perturbara en lo m\u00e1s m\u00ednimo la inminente perspectiva de enfrentar ese otro mundo, hasta entonces lejano, del bachillerato.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-28686\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\" alt=\"\" width=\"716\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg 716w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El patio principal de la escuela era grande y polvoriento, y se hallaba rodeado de unos pasillos que estaban por encima de su nivel, es decir, que patio y pasillos no estaban a ras, y el hecho de que el estudiantado formara en el patio y el profesorado se parara o se paseara por los pasillos, enfatizaba la superioridad jer\u00e1rquica de este sobre aquel, adem\u00e1s de que cada uno de los institutores portaba, como el fusil los militares, una regla con la cual impon\u00edan, descarg\u00e1ndola sobre las palmas de nuestras manos sudorosas, la rigurosa estrictez del poder disciplinario.<\/p>\n<p>El rector era un hombre de baja estatura y cuya edad la recuerdo como bastante m\u00e1s avanzada que la del resto de profesores. Se llamaba N\u00e9stor Gabriel Solano C. sin que jam\u00e1s nos hubi\u00e9ramos preocupado por averiguar de qu\u00e9 apellido era inicial aquella letra. Solamente recuerdo que vest\u00eda rigurosamente de saco y corbata, y que viv\u00eda en una casa ubicada en el costado norte de la calle 43 entre carreras 14 y 15.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-28686\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\" alt=\"\" width=\"716\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg 716w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los d\u00edas viernes se celebraban los llamados viernes culturales, cuando la cultura no hab\u00eda sido relegada, como ahora, a un \u00faltimo plano en las prioridades del Estado y todav\u00eda se escuchaban en los establecimientos educativos las canciones de Jos\u00e9 A. Morales y se recitaban las poes\u00edas de Aurelio Mart\u00ednez Mutis as\u00ed como tambi\u00e9n se rezaban a viva voz las oraciones al Hacedor Supremo, porque nadie se avergonzaba de su identidad santandereana, ni de creer que la vida no apareci\u00f3 en la tierra por mero sortilegio.<\/p>\n<p>Aquel viernes tres alumnos disputar\u00edan la final del concurso de canto. Hoy, al rememorar a dos de ellos solamente soy capaz de evocar sus apellidos, porque sus nombres se perdieron, acaso para siempre, en los archivos polvorientos del olvido.<\/p>\n<p>Uno era Cristancho, el otro era Gamboa y el otro era G\u00f3mez. Yo era el titular de este \u00faltimo apellido y, sin duda, el menos opcionado para ganar la competencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-28686\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\" alt=\"\" width=\"716\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg 716w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como era de suponerse, quien pas\u00f3 al micr\u00f3fono para fungir como maestro de ceremonias fue el alumno que ten\u00eda que pasar, as\u00ed como pasaba al tablero para lucirse con los n\u00fameros: Cote. Fue \u00e9l quien anunci\u00f3 los tres premios: para el tercer puesto, cincuenta centavos; para el segundo lugar, un peso; y para el ganador, dos pesos.<\/p>\n<p>Yo, que conoc\u00eda la voz de ruise\u00f1or que pose\u00eda Cristancho y la voz de turpial de la que gozaba Gamboa, y que era plenamente consciente de mis limitadas aptitudes para el canto, ya vaticinaba para qui\u00e9n ser\u00eda el tercer puesto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-28686\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg\" alt=\"\" width=\"716\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O.jpg 716w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/LA-CAMACHO-CARREN\u0303O-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>(CONTINUAR\u00c1)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Miguelito Ardila &nbsp; &nbsp; Hoy, a la distancia de los a\u00f1os, con el alma endulzada por la nostalgia, debo reconocer que el \u00fanico pecado de mi compa\u00f1ero Cote era el de ser bueno para la aritm\u00e9tica. 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