{"id":37121,"date":"2021-05-05T07:05:00","date_gmt":"2021-05-05T12:05:00","guid":{"rendered":"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/?p=37121"},"modified":"2026-03-17T08:02:19","modified_gmt":"2026-03-17T13:02:19","slug":"tierra-de-cigarras-novela-2000-capitulo-xlv-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=37121","title":{"rendered":"Tierra de cigarras (Novela.2000. Cap\u00edtulo XLV).  Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la diminuta sala de recepci\u00f3n ya no quedaba casi nadie. El m\u00e9dico de la blusa verde que ahora se hallaba sentado frente al escritorio no era el mismo facultativo que hab\u00eda recibido a las personas transportadas por las ambulancias desde el temido Ca\u00f1\u00f3n de Pescadero, sino un joven galeno que se entrenaba para una vida profesional meritoria y signada desde ya por los imprecisos vaticinios de un porvenir que se perfilaba iluminado. No levant\u00f3 la vista para mirar a la reci\u00e9n llegada cuando formul\u00f3 la primera pregunta:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfCu\u00e1l es su nombre, por favor, y el motivo de su urgencia?<\/p>\n<p>\u2013No vengo por ninguna urgencia, doctor \u2013dijo ella\u2013. Vengo a dar a luz a otra esperanza.<\/p>\n<p>El joven m\u00e9dico alcanz\u00f3 a experimentar dentro de su ser el impulso primario de indagarle sobre el porqu\u00e9 de su ingreso por una puerta distinta de aquella que ha debido utilizar, de llamar al portero y al guardia para interrogarlos acerca del motivo por el que la hab\u00edan dejado entrar por ah\u00ed, de ordenarle que se regresara de inmediato y de exigirle que ingresara por el Departamento de Maternidad. Pero no hizo nada de ello, seducido de verdad por la inusual respuesta. M\u00e1s bien, y manteniendo la mirada en la hoja de la anamnesis, opt\u00f3 por insistir en la pregunta suprimiendo la \u00faltima parte:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfCu\u00e1l es su nombre, por favor?<\/p>\n<p>Hubo un breve lapso de silencio durante el cual el novel doctor en medicina a\u00fan no levantaba la mirada.<\/p>\n<p>\u2013Julieta \u00c1lvarez \u2013le contest\u00f3 finalmente la paciente sin poder evitar que la voz se le quebrara.<\/p>\n<p>Y fue ah\u00ed cuando el entrevistador alz\u00f3 la vista y la mir\u00f3, arqueando las cejas.<\/p>\n<p>&#8220;Nunca olvidar\u00e9 \u2013dir\u00eda m\u00e1s tarde el facultativo\u2013 aquella sonrisa entristecida. Con tan s\u00f3lo una d\u00e9cima parte de las habilidades pict\u00f3ricas de Leonardo hubiera podido dibujarla porque era la viva reproducci\u00f3n de La Gioconda&#8221;.<\/p>\n<p>Entonces, le plante\u00f3 el siguiente interrogante ahora s\u00ed mir\u00e1ndola a los ojos:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY cu\u00e1l es su segundo apellido, Julieta?<\/p>\n<p>\u2013Restrepo \u2013contest\u00f3 ella con suavidad.<\/p>\n<p>Y enseguida dio un respiro entrecortado y hondo dejando escapar al garete toda la carga interior de su nostalgia:<\/p>\n<p>\u2013Soy \u00c1lvarez Restrepo, doctor \u2013dijo con un susurro\u2014. As\u00ed se llamaba mi barrio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>__________<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En los tres d\u00edas subsiguientes, recostada sobre la cama hospitalaria de resortes que chirriaban, Julieta \u00c1lvarez se fue familiarizando con la soledad de las horas. Aunque en el fondo de su psique y de su coraz\u00f3n supon\u00eda que prontamente comenzar\u00edan las visitas, al final se persuadi\u00f3 de lo que siempre hab\u00eda estado segura por entero. Lo hab\u00eda pensado, lo hab\u00eda interiorizado, ya lo ten\u00eda como una verdad incontestable y por eso no pon\u00eda en duda que estaba escrito, s\u00ed, que ya se encontraba registrado con letras indelebles en el cuaderno imperturbable de su historia que morir\u00eda sola, sin estorbar a nadie, sin que nadie lo presenciara, sin crearle a nadie angustias ni dolores, tal y como ella anot\u00f3 muchas veces que quer\u00eda morir, en sus poemas desgarrados por los recurrentes embates de la depresi\u00f3n y la saudade.<\/p>\n<p>Con el pasar de las horas, se concentraba en mirar hacia ninguna parte a trav\u00e9s de la ventana de maderos y cristales, cometido que lograba con tan s\u00f3lo girar la cabeza lentamente hacia el lado derecho de su cama. Lo hac\u00eda tan repetido, que termin\u00f3 grab\u00e1ndose en la mente aquel paisaje igual de cada instante, aquel paisaje igual de cada hora, aquel paisaje igual de cada d\u00eda inacabable. Pod\u00eda ver el cielo azul y las nubes ingr\u00e1vidas, las copas verdes de los \u00e1rboles de mango que formaban una alameda y el ir y venir de la vida, un ir y venir representado en el vuelo fugaz de las mariposas que luego de alejarse retornaban y se estrellaban contra el cristal y en el alegre trinar de los canarios que despu\u00e9s de revolotear encima de las ramas se posaban sobre  ellas a darle con sus cantos serenata.<\/p>\n<p>No entend\u00eda qu\u00e9 estaba sucediendo porque nadie le explicaba con exactitud lo que pasaba. Ah\u00ed segu\u00eda el mismo vientre crecido, la misma ansiedad, la misma expectativa. Un rumor hab\u00eda llegado a sus o\u00eddos filtr\u00e1ndose a trav\u00e9s de las infidencias piadosas de las monjas de la caridad que administraban la vida espiritual del hospital y seg\u00fan el mismo las cosas se estaban complicando porque era inevitable la intervenci\u00f3n quir\u00fargica, pero exist\u00edan fundados temores acerca de su presi\u00f3n arterial extremadamente baja.<\/p>\n<p>De pronto, una tarde cualquiera, en la que el tiempo se detuvo agobiado por el tedio de las horas, la realidad se le vino encima de improviso y todo se desencaden\u00f3 para ella con una rapidez de espanto: la sorpresiva decisi\u00f3n de que la operar\u00edan de inmediato, el arribo consiguiente de las enfermeras y los camilleros con sus trajes de fantasmas, la delgada camilla de rodachines, los pasillos largos, sombr\u00edos e interminables, las puertas batientes de madera que se abr\u00edan y se cerraban como cuando se ingresa al desconocido reinar de la incertidumbre y la desesperanza, las luces de los reflectores, los inhaladores de la inducci\u00f3n anest\u00e9sica, el s\u00fabito presagio de que algo no andaba bien, y luego el sopor, la pesadez y el tr\u00e1nsito definitivo hacia el reino de las tinieblas.<\/p>\n<p>Sin embargo, Julieta \u00c1lvarez alcanz\u00f3 a verse de nuevo acostada, esta vez encima de la mesa de cirug\u00eda, mirando hacia la inmensa luz del techo, y percibi\u00f3 con claridad premonitoria el rostro endurecido de los m\u00e9dicos, sus voces quebradas por la angustia, los oscuros datos de zozobra que alguien suministraba de manera persistente, el dulce trino de los p\u00e1jaros, la brisa refrescante de los montes del oriente, la calle de las palmeras m\u00e1gicas que se mec\u00edan sin que soplara brisa, la ni\u00f1a rubia parada frente a la puerta mientras el enorme auto color lila que a ella la conducir\u00eda al hospital comenzaba a alejarse y en sus ojos se empezaban a asomar las primeras l\u00e1grimas, el miedo difuso de no saber con exactitud a qu\u00e9 le ten\u00eda miedo,  el grito lastimero de las cigarras, el llanto del nuevo hijo que nac\u00eda \u2014el de su \u00faltima esperanza\u2014, el claxon de los coches en la calle, el circo pobre al que nadie quiso ir a pesar de los ruegos apost\u00f3licos del cura de la parroquia, sus carpas antediluvianas y la modestia extrema de su espect\u00e1culo cargado de tristeza, las asambleas familiares preparatorias del congreso eucar\u00edstico, la voz del papa que la bendec\u00eda, Fernando Sebasti\u00e1n reci\u00e9n resucitado, desconcertado y todav\u00eda de pie junto a su tumba, el pedalear sin prisa de su m\u00e1quina de coser sue\u00f1os, el andar presuroso de su fileteadora de recuerdos, el olor de las begonias, el hombre que se envejeci\u00f3 recostado en un poste, el rostro p\u00e1lido de \u00cdcaro ba\u00f1ado en l\u00e1grimas y sangre, derrotado ante la impotencia por no ser capaz de volar con tan solo batir sus alas demenciales ni de agarrarse lo suficientemente duro de la gloria; sus hijos todos en veloz repaso de su maternidad repetida; sus padres muertos, el Pap\u00e1 Noel extempor\u00e1neo a quien lo sorprendieron los d\u00edas posteriores a la Nochebuena luciendo a\u00fan su estereotipado traje rojo de todos los a\u00f1os, las campanas de su pueblo ta\u00f1endo en las ma\u00f1anas dominicales para invitar a misa, sus amigos, las barajas multicolores y brillantes del naipe rutinario, el decadente parque de los mangos frente al vetusto hospital del Estado, la casa grande y antigua donde hab\u00eda vivido antes en la capital del fr\u00edo, del granizo y de las brumas, la casa grande y antigua donde viv\u00eda ahora lejos de la gran sabana verde, el patio inmenso, los materos y las u\u00f1as de danta, el avi\u00f3n y la avioneta estrell\u00e1ndose en el viento, el silencio diurno y nocturno de su cuadra, las cometas de Beto Espitia tratando de tocar los azules cielos de agosto, el extenso e inclinado bosque de los sarrapios a donde se fugaba por momentos a su reencuentro con el pasado remoto e irrepetible al que ella se negaba a dejar sucumbir en el olvido, la plazuela siempre bulliciosa del mercado, El Rapsoda de las Calles y su inolvidable poema premonitorio en la fuente de soda Very Good, el olor exquisito del espumoso chocolate de las cinco de la tarde, el sonido grave y profundo de la bombarda y la voz aflautada de su talentoso int\u00e9rprete, el segundo diluvio universal, que para su sorpresa y la del mundo entero no hab\u00eda sido esta vez de agua, ni de fuego, sino de flores; el gigantesco bus del colegio, su traje azul de colegiala, el joven y apuesto galeno que tan solo habr\u00eda de tener cabida en su memoria, los primeros rubores del beso furtivo y, en fin, el mundo todo, el que conoci\u00f3 y el que no pudo conocer jam\u00e1s sino en las enciclopedias, aquel mundo suyo que, sin que ella lo pudiera evitar, se iba yendo para siempre arrastrado por un cicl\u00f3n ineluctable. Hasta que, de pronto, se vio de nuevo sola en su pieza hospitalaria, recostada en la misma cama de s\u00e1banas blancas y resortes que chirriaban donde hab\u00eda esperado resignada a que de nuevo fueran otros los que decidieran su destino. Entonces, volvi\u00f3 a girar la cabeza lentamente hacia el lado diestro de su lecho. Pero esta vez ya no pudo ver el cielo, ni las nubes, ni los mangos, ni la vida, ni las mariposas multicolores que ante sus ojos paralizados por el asombro continuaban estrell\u00e1ndose contra el cristal de la ventana, ni pudo escuchar tampoco el trino de los p\u00e1jaros que segu\u00edan pos\u00e1ndose sobre las ramas e insist\u00edan en darle serenata.<\/p>\n<p>Su hermano mayor se anudaba los cordones de sus zapatos cuando la ni\u00f1a rubia le pregunt\u00f3 si ya hab\u00eda nacido el beb\u00e9. El hermano guard\u00f3 silencio, la tom\u00f3 de la mano y le se\u00f1al\u00f3 con el \u00edndice derecho la sala enorme de la casa. Fue ah\u00ed cuando la ni\u00f1a descubri\u00f3 el sombr\u00edo ata\u00fad de flormorado, las coronas de azucenas y claveles blancos, y los candelabros desvencijados y chorreados por la esperma. Pero a\u00fan as\u00ed no se estrell\u00f3 de frente con el luto. Se qued\u00f3 mirando, m\u00e1s bien, al anciano de la luenga barba blanca, a \u201cEl Rapsoda de las Calles\u201d, que se hab\u00eda parado junto a la puerta principal, ante la mirada expectante de todos los presentes, y comenzaba en esos instantes a declamar un poema, tambi\u00e9n premonitorio y de similar factura al que le hab\u00eda recitado a Julieta \u00c1lvarez en la fuente de soda \u00abVery Good\u00bb el d\u00eda en que ella lo conoci\u00f3 y escuch\u00f3 por vez primera:<\/p>\n<p>\u201cNoble y cordial ciudad de mis mayores,<br \/>\nciudad del trabajo y la esperanza,<br \/>\nhoy te traigo el morir de mis dolores<br \/>\ny el fr\u00edo revivir de mis nostalgias;<\/p>\n<p>y te pregunto, ciudad de mis amores,<br \/>\nqu\u00e9 fue de tu alegr\u00eda y tu bonanza,<br \/>\ny qu\u00e9 fue de tus p\u00e1jaros cantores,<br \/>\ny qu\u00e9, de tus flores de fragancia.<\/p>\n<p>D\u00f3nde escondes tus cerros tutelares,<br \/>\ny el pasar apacible de tus aguas,<br \/>\ny la pureza envidiable de tus aires,<br \/>\ny tus parques, que todos envidiaban.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 se hicieron tus calles de misterio<br \/>\ndonde apenas las \u00e1nimas pasaban,<br \/>\ny tus puentes cargados de recuerdos,<br \/>\ny tu cielo celeste en lontananza.<\/p>\n<p>Hoy no muere solamente la sonrisa<br \/>\nde la amada Julieta y sus nostalgias,<br \/>\nmuere el viento tambi\u00e9n, muere la brisa<br \/>\ny las flores que sus manos cultivaban.<\/p>\n<p>Y morir\u00e1s t\u00fa tambi\u00e9n, ciudad querida,<br \/>\ncuando mueran tus calles empedradas,<br \/>\ny el pac\u00edfico discurso de la vida,<br \/>\ncuando cambies las flores por espadas.<\/p>\n<p>Morir\u00e1s cuando mueran tus canarios<br \/>\ny no vuelvan a observarse tus monta\u00f1as,<br \/>\ny el rumor de tu r\u00edo te sea extra\u00f1o,<br \/>\ny destruyan tus puentes y sus aguas.<\/p>\n<p>Cuando mueran tus \u00e1rboles de mango,<br \/>\ny coseches solamente envidia y rabia,<br \/>\ny se olviden tus gentes de tus cantos,<br \/>\ny derriben tus palmeras espigadas.<\/p>\n<p>No quedar\u00e1 de ti m\u00e1s que el recuerdo,<br \/>\npero \u00e9l tambi\u00e9n se marchar\u00e1 ma\u00f1ana,<br \/>\ncuando parta la memoria de tus viejos<br \/>\ny tus hijos la de otras partes traigan.<\/p>\n<p>De ti no quedar\u00e1n sino cenizas<br \/>\nde tu jaboner\u00eda incinerada,<br \/>\ny las ruinas, mecidas por las brisas,<br \/>\nde tu f\u00e1brica de vinos de naranja.<\/p>\n<p>De ti no quedar\u00e1n m\u00e1s que memorias<br \/>\ndel c\u00e1lido arrullar de tus quebradas,<br \/>\nde las letras impresas en las rocas,<br \/>\ndel avi\u00f3n que abrazaron tus monta\u00f1as.<\/p>\n<p>Morir\u00e1s cuando mueran tus cafetos,<br \/>\ny la magia de tus calles solitarias,<br \/>\ny al aroma del tabaco lo apabulle<br \/>\nel humo del escape de las m\u00e1quinas.<\/p>\n<p>Morir\u00e1s cuando muera la sonrisa<br \/>\nde tu gente cordial y ya otras p\u00e1ginas<br \/>\nescriban de tu historia los que lleguen<br \/>\na vivir bajo tus cielos de esperanza.<\/p>\n<p>Morir\u00e1s cuando mueran los boleros,<br \/>\ncuando maten la ternura y la a\u00f1oranza<br \/>\ny no soplen ya m\u00e1s aires serenos,<br \/>\nsino ruidos estridentes de fanfarria.<\/p>\n<p>Hoy te vas, Julieta \u00c1lvarez, del mundo,<br \/>\neste pobre cantor tambi\u00e9n se marcha,<br \/>\nnunca alista equipaje el errabundo,<br \/>\npues no lleva maletas cuando viaja.<\/p>\n<p>No he venido a decirte adi\u00f3s, ni quiero<br \/>\nmi llanto derramar sobre tu caja.<br \/>\nUnos pocos, total, se van primero,<br \/>\npero todos nos veremos un ma\u00f1ana\u201d.<\/p>\n<p>A la madrugada siguiente, encontraron muerto a \u201cEl Rapsoda de las Calles\u201d. Ten\u00eda los ojos abiertos y mirando hacia el cielo, pero una expresi\u00f3n serena dibujada en su rostro milenario y de luenga barba blanca.<\/p>\n<p>La gente comenz\u00f3 a acercarse hasta el cuerpo tendido sobre el and\u00e9n y se dio inicio a los m\u00e1s diversos comentarios. Carlos y Gustavo Adolfo llegaron cuando ya desde la tienda esquinera hab\u00edan llamado a la polic\u00eda. Fue Carlos quien, con los ojos enrojecidos por el llanto, hizo el comentario amargo:<\/p>\n<p>\u2014Ahora s\u00ed \u2014musit\u00f3 llorando\u2014 se muri\u00f3 en esta ciudad la poes\u00eda.<\/p>\n<p>Empero, su amigo Gustavo Adolfo lo contradijo de inmediato mientras le pon\u00eda su mano derecha sobre el hombro.<\/p>\n<p>\u2014No, Carlos \u2014le expres\u00f3 sin hacer nada por ocultar su propio llanto\u2014. Y enseguida rememor\u00f3 a un excelso poeta de otros tiempos:<\/p>\n<p>&#8220;No dig\u00e1is que, agotado su tesoro,<br \/>\nde asuntos falta, enmudeci\u00f3 la lira;<br \/>\npodr\u00e1 no haber poetas; pero siempre<br \/>\nhabr\u00e1 poes\u00eda.<\/p>\n<p>Mientras las ondas de la luz al beso<br \/>\npalpiten encendidas,<br \/>\nmientras el sol las desgarradas nubes<br \/>\nde fuego y oro vista,<br \/>\nmientras el aire en su regazo lleve<br \/>\nperfumes y armon\u00edas,<br \/>\nmientras haya en el mundo primavera,<br \/>\n\u00a1habr\u00e1 poes\u00eda!<\/p>\n<p>Mientras la ciencia a descubrir no alcance<br \/>\nlas fuentes de la vida,<br \/>\ny en el mar o en el cielo haya un abismo<br \/>\nque al c\u00e1lculo resista,<br \/>\nmientras la humanidad siempre avanzando<br \/>\nno sepa a d\u00f3 camina,<br \/>\nmientras haya un misterio para el hombre,<br \/>\n\u00a1habr\u00e1 poes\u00eda!<\/p>\n<p>Mientras se sienta que se r\u00ede el alma,<br \/>\nsin que los labios r\u00edan;<br \/>\nmientras se llore, sin que el llanto acuda<br \/>\na nublar la pupila;<br \/>\nmientras el coraz\u00f3n y la cabeza<br \/>\nbatallando prosigan,<br \/>\nmientras haya esperanzas y recuerdos,<br \/>\n\u00a1habr\u00e1 poes\u00eda!<\/p>\n<p>Mientras haya unos ojos que reflejen<br \/>\nlos ojos que los miran,<br \/>\nmientras responda el labio suspirando<br \/>\nal labio que suspira,<br \/>\nmientras sentirse puedan en un beso<br \/>\ndos almas confundidas,<br \/>\nmientras exista una mujer hermosa,<br \/>\n\u00a1habr\u00e1 poes\u00eda!&#8221;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/PNMNwKY3BoY?controls=0\" title=\"YouTube video player\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\" allowfullscreen=\"\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; En la diminuta sala de recepci\u00f3n ya no quedaba casi nadie. El m\u00e9dico de la blusa verde que ahora se hallaba sentado frente al escritorio no era el mismo facultativo que hab\u00eda recibido a las personas transportadas por las &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=37121\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' heateor-sss-data-href='https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=37121'><div class='heateor_sss_sharing_title' style=\"font-weight:bold\" >\u00a1Gracias por compartirla!<\/div><ul class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i style=\"width:35px;height:35px;border-radius:999px;\" alt=\"Facebook\" Title=\"Facebook\" class=\"heateorSssSharing heateorSssFacebookBackground\" onclick='heateorSssPopup(\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?u=https%3A%2F%2Foscarhumbertogomez.com%2Findex.php%3Frest_route%3D%252Fwp%252Fv2%252Fposts%252F37121\")'><ss 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