{"id":37373,"date":"2021-03-26T20:34:40","date_gmt":"2021-03-27T01:34:40","guid":{"rendered":"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/?p=37373"},"modified":"2024-01-18T18:12:17","modified_gmt":"2024-01-18T23:12:17","slug":"bucaramanga-en-los-anos-70-cecilia-vanegas-y-la-legion-de-maria-memorias-capitulo-vi-final-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=37373","title":{"rendered":"Bucaramanga en los a\u00f1os 70 \/\/ CECILIA VANEGAS Y LA LEGI\u00d3N DE MAR\u00cdA (Memorias). [Cap\u00edtulo VI FINAL]. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-37036\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--1024x685.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"428\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--1024x685.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--300x201.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--768x514.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--1536x1028.jpg 1536w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS-.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tal y como lo narr\u00e9 al principio de esta cr\u00f3nica, mi amiga Cecilia viv\u00eda en una casa grande ubicada al costado occidental de la carrera 14 entre las calles 42 y 43 y para llegar all\u00e1 yo solamente ten\u00eda que abandonar mi casa y virar hacia el sur hasta alcanzar la cercana esquina del and\u00e9n opuesto (aquella esquina que pronto se hab\u00eda vuelto punto obligado de referencia para los j\u00f3venes del sector, la esquina emblem\u00e1tica en la que se cruzaban la carrera 11 y la calle 43 y donde se hallaba ubicado el Club de la Construcci\u00f3n, la modesta sede social donde tantas veces disfrut\u00e9 de noches m\u00e1gicas de fiesta bailando al son de la orquesta Los Fascinantes, del maestro Francisco Adarme y sus hijos); solamente ten\u00eda que doblar esa esquina, digo, y comenzar a caminar hacia arriba, hacia el oriente, pasar frente a la casa donde viv\u00eda &#8220;el Loco Luis&#8221; \u2014que, como sucede con todo loco, de loco no ten\u00eda nada\u2014, y, pasos m\u00e1s arriba, frente a la de Lucila Sep\u00falveda, una de esas cantantes que jam\u00e1s trascendieron, pero que, en cambio, les brindaron inolvidables horas de esparcimiento a sus seres queridos y a sus amistades cercanas (cantantes an\u00f3nimos \u2014hombres y mujeres\u2014 que fueron siempre, para m\u00ed, los mejores artistas que llegu\u00e9 a conocer en la vida), y, m\u00e1s adelante, transitando siempre por la acera opuesta a la de las dos casas que acabo de mencionar, pasar frente a la tienda esquinera donde una ma\u00f1ana encontraron muerto a Vicente, su joven propietario, un hombre atento y estimado por sus vecinos, quien en una mala hora \u2014como sol\u00eda llamar mi mam\u00e1 por aquel entonces a los momentos de desgracia\u2014 hab\u00eda decidido darse un balazo en la sien sin que nadie supiera por qu\u00e9; y, posteriormente, en la cuadra siguiente, pasar frente a la casa donde viv\u00eda el maestro Vicente Arenas Mantilla, poeta y cronista ocupante solitario de un peque\u00f1o apartamento que la familia Reyes le hab\u00eda segregado a su casa, desde antes de que Gustavo, cuando apenas s\u00ed redondeaba sus escasos trece a\u00f1os de vida, decidiera tomarse un veneno despu\u00e9s de estrellar el carro ajeno que su pap\u00e1 ten\u00eda en el taller, decidiera tom\u00e1rselo, digo, porque, seg\u00fan les dijo a los desconcertados parientes que llegaron a auxiliarlo, seg\u00fan se lo dijo, digo, mientras la palidez de su rostro se entremezclaba con sus l\u00e1grimas, &#8220;a los muertos no se los llevan para la c\u00e1rcel&#8221;; y, ah\u00ed mismo, a esa misma altura de la cuadra, pasar frente a la tienda de do\u00f1a Celia, la surtida tienda instalada al frente de los Reyes y en la que su due\u00f1a alquilaba los mejores cuentos de vaqueros y vend\u00eda los mejores dulces de cidra del mundo; para, finalmente, ya en la pr\u00f3xima esquina noroeste, la de la calle 43 con carrera 14, virar a la izquierda, caminar unos pasos sobre el mismo and\u00e9n y llegar, ah\u00ed s\u00ed, a la puerta siempre abierta, penetrar al zagu\u00e1n siempre penumbroso y tocar en el contraport\u00f3n siempre cerrado de los Vanegas.<\/p>\n<p>Ese mismo recorrido que tantas veces hab\u00eda hecho, lo repet\u00ed aquel atardecer de s\u00e1bado porque sent\u00eda que era algo apenas l\u00f3gico compartir con Cecilia las \u00faltimas noticias tristes de la Legi\u00f3n de Mar\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-37036\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--1024x685.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"428\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--1024x685.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--300x201.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--768x514.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--1536x1028.jpg 1536w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS-.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos a\u00f1os, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos albores amables y m\u00e1gicos de los lejanos a\u00f1os 70, amables y m\u00e1gicos a pesar de las adversidades porque a estas las matizaron mis sue\u00f1os y los seres que entonces me quisieron; hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquel despuntar de los distantes e irrepetibles  a\u00f1os 70, cuando fui paciente del viejo Hospital San Juan de Dios y tuve la irrepetible oportunidad de conocer, no solo el humanismo refrescante de un joven m\u00e9dico cirujano de apellido Tejada, sino la bondad femenina encarnada en el brillo de los ojos oscuros de la doctora Lucila de Pe\u00f1a, la hermosa Enfermera Jefe que, aquella ma\u00f1ana en la que me dieron de alta, sonriendo con dulzura, me convenci\u00f3 de que yo, todo un joven lleno de vida, no pod\u00eda pretender salir de all\u00ed, del sal\u00f3n de hombres, con rumbo hacia la calle, a bordo de esa silla de ruedas que le se\u00f1alaba con el dedo mientras la miraba de reojo, pues tal implemento rodante, ese que ve\u00eda ah\u00ed esperando un nuevo ocupante, solamente era &#8220;para los viejecitos&#8221;, no para un muchacho que, como yo, pod\u00eda salir caminando y mostrando toda la felicidad del mundo por lo bien que estaba y por lo simp\u00e1tico que, seg\u00fan sus palabras de aliento, me ve\u00eda luciendo mi piyama nueva; hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos a\u00f1os, de aquellos albores de los a\u00f1os 70, cuando me acostaba en mi cama a escuchar durante horas y horas los discos prestados de Los Black Stars y sus j\u00f3venes cantantes Gabriel Romero y Joe Rodr\u00edguez, y as\u00ed me olvidaba de que acababa de pasar por un quir\u00f3fano; hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos a\u00f1os, de aquellos albores de los a\u00f1os 70, cuando, ya recuperado por completo de aquella experiencia hospitalaria imborrable \u2014en cuyo desarrollo de varios d\u00edas vi morir al paciente de la cama del frente en medio de la lucha desesperada del personal del hospital por salvarlo\u2014, pas\u00e9 en mi casa un posoperatorio feliz componiendo canciones bailables que nadie jam\u00e1s bailar\u00eda, pero que yo s\u00ed disfrutaba plenamente mientras las hac\u00eda, quiz\u00e1s haciendo m\u00eda sin propon\u00e9rmelo la radiante ense\u00f1anza de Rabindranath Tagore en su novela &#8220;Gora&#8221;, la ense\u00f1anza sabia de que la felicidad no hay que salir a buscarla afuera porque, al final, terminaremos descubriendo que siempre estuvo dentro de nosotros; hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos a\u00f1os, de aquellos albores de los a\u00f1os 70, cuando &#8220;Los dos, el ni\u00f1o nuestro y la guitarra&#8221; era el acetato de larga duraci\u00f3n, nuevecito y todav\u00eda reluciente, prensado por el sello disquero &#8220;Famoso&#8221; de Codiscos, que todav\u00eda yo no sab\u00eda c\u00f3mo diablos, con qu\u00e9 plata hab\u00eda podido comprar en el almac\u00e9n Sotorama, para poder escuchar a mis anchas \u2014en esa misma vieja radiola sin marca que tantas veces nos hab\u00eda reparado el radiot\u00e9cnico alem\u00e1n Jos\u00e9 Hammersmith, all\u00e1 en su taller de la carrera 33, donde tambi\u00e9n viv\u00eda, antes de que nos traslad\u00e1ramos a la espaciosa y antigua casa de la carrera 11 con calle 42\u2014, para poder escuchar, digo, las voces contestatarias de Pablus Gallinazo y Rosita; hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos a\u00f1os, de aquellos albores de los a\u00f1os 70, cuando conoc\u00ed el interior de la famosa Caseta Mateca\u00f1a y bail\u00e9 al son de la contagiante alegr\u00eda de Rodolfo Aicardi y Los Hispanos, sinti\u00e9ndome due\u00f1o del mundo porque hab\u00eda tenido con qu\u00e9 pagar la entrada y gracias a ello pod\u00eda disfrutar, en esa noche de s\u00e1bado y a plenitud, todo el jolgorio desbordante de &#8220;las ferias&#8221;, as\u00ed en plural, de &#8220;las ferias&#8221; de Bucaramanga; hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos a\u00f1os, de aquellos albores de los a\u00f1os 70, cuando cursaba el cuarto de bachillerato y el compa\u00f1ero Guillermo Camacho aseguraba que ser\u00eda piloto de aviaci\u00f3n y yo desde mi trinchera secreta del hor\u00f3scopo, que escrib\u00eda para el Diario del Oriente bajo el pseud\u00f3nimo de &#8220;El profesor Cayenus&#8221;, le tomaba el pelo fungiendo de adivino sin serlo; hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos a\u00f1os, de aquellos albores de los a\u00f1os 70, cuando, a las cinco en punto de la tarde los estudiantes del Instituto Tecnol\u00f3gico Santandereano escuch\u00e1bamos el graznido de los pavos reales que los hermanos lasallistas manten\u00edan entre los espaciosos jardines del colegio; hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos a\u00f1os, de aquellos albores de los a\u00f1os 70, cuando aprend\u00ed a rasgar la guitarra y a oprimir sobre el diapas\u00f3n \u00fanicamente las cuerdas necesarias para que sonaran las t\u00f3nicas y las quintas de los tonos mayores de Re, Mi, Sol y La, y los menores de Re, Mi y La, y con esa precaria formaci\u00f3n musical, y el apoyo log\u00edstico de un l\u00e1piz y un cuaderno rayado de cien hojas, me volv\u00ed compositor de baladillas elementales y de una obviedad mel\u00f3dica palmaria; hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos a\u00f1os, de aquellos albores de los a\u00f1os 70, digo, los recuerdos se difuminan por momentos y tambi\u00e9n por momentos se hacen m\u00e1s intensos, como si la memoria evocara unas cosas y otras prefiriera olvidarlas, acaso en ejercicio de una discrecionalidad protectora de la magia con la que uno quiere llamar al pasado para que acuda a brindarle esa felicidad que el presente por momentos dista tanto de ofrecerle.<\/p>\n<p>No obstante, las a\u00f1oranzas del atardecer de aquel s\u00e1bado lejano alcanzan para verme en el zagu\u00e1n de nuevo, frente al controport\u00f3n de nuevo, tocando de nuevo e ingresando de nuevo a aquella sala de alfombra extendida sobre el piso y l\u00e1mpara colgando desde el techo. Solo que en esta ocasi\u00f3n he entrado a esa casa instantes despu\u00e9s de observar un inocultable titubeo de la persona que me acaba de abrir la puerta, en quien he percibido que, si me ha mandado seguir, ha sido \u00fanicamente porque la fuerza de la costumbre se ha impuesto en ella por encima de la duda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-37034\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/LEGION-DE-MARIA.jpeg\" alt=\"\" width=\"370\" height=\"566\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/LEGION-DE-MARIA.jpeg 370w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/LEGION-DE-MARIA-196x300.jpeg 196w\" sizes=\"auto, (max-width: 370px) 100vw, 370px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya estoy sentado en la poltrona esperando a que llegue Cecilia y a que otra vez, igual que todas las veces, se siente en el sof\u00e1; y a que otra vez, igual que todas las veces, agarre con ambas manos el coj\u00edn y se lo ponga sobre su pecho; y a que otra vez, igual que todas las veces, empiece a platicar conmigo sobre las cosas de la vida, sobre nuestra juventud que avanza d\u00eda tras d\u00eda abri\u00e9ndose paso a codazos por entre la tupida mara\u00f1a de las adversidades, que parecieran conspirar en contra de nuestras ilusiones y de nuestros sue\u00f1os. Y, por supuesto, a que otra vez, igual que todas las veces, empiece a platicar conmigo sobre la Legi\u00f3n de Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Pero no, quien esta vez llega a la sala y me saluda no es Cecilia. Nunca m\u00e1s en esa sala habr\u00e1 de saludarme Cecilia.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde habr\u00e9 de saber que ella tampoco sigui\u00f3 perteneciendo a la Legi\u00f3n de Mar\u00eda, que primero dej\u00f3 de asistir a una que otra reuni\u00f3n hasta que, finalmente, cualquier d\u00eda decidi\u00f3 retirarse del todo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-37036\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--1024x685.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"428\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--1024x685.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--300x201.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--768x514.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS--1536x1028.jpg 1536w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/SILUETAS-.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando Venecia era Venecia, los gondoleros remaban mientras iban tarareando un canto tradicional llamado &#8220;barcarola&#8221;. En el siglo XIX, Jacques Offenbach compuso la que habr\u00eda de engalanar musicalmente su \u00f3pera &#8220;Los cuentos de Hoffman&#8221;. Richard Clayderman habr\u00eda de grabarla con su piano y en la noche del s\u00e1bado 27 de diciembre de 1980, una semana despu\u00e9s de mi grado como abogado, yo habr\u00eda de bailarla en el patio de nuestra vieja casa para celebrar con ese hermoso vals los 15 a\u00f1os de una de mis sobrinas. Una semana antes, en aquella noche del viernes 19 de diciembre de 1980, en la misma vieja casa familiar, ver\u00eda por \u00faltima vez a mi amiga Cecilia Vanegas, y hablar\u00eda con ella, y disfrutar\u00eda de su amistad, y de su charla y, desde luego, de su optimista sonrisa y de su risa de fiesta.<\/p>\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellas dos inolvidables noches decembrinas \u2014par de noches de sortilegio con las que cerr\u00e9 la d\u00e9cada de los a\u00f1os 70 y encar\u00e9 los comienzos emocionantes de una nueva d\u00e9cada y de una nueva vida\u2014, una hermosa pel\u00edcula italiana, &#8220;La vida es bella&#8221;, de Roberto Benigni, revivir\u00eda de nuevo en mi coraz\u00f3n los compases de la &#8220;Barcarola&#8221; .<\/p>\n<p>De alguna manera, ser\u00eda algo as\u00ed como una especie de cierre tard\u00edo de la que fue una \u00e9poca especial de mi existencia. Una \u00e9poca en la que tuve la fortuna de conocer, entre otros buenos amigos, a una persona sencilla y transparente que me brind\u00f3 su amistad sin otro inter\u00e9s distinto al de brind\u00e1rmela. Una persona de alma limpia cuyo recuerdo quise embellecer con esta cr\u00f3nica. Una cr\u00f3nica, tambi\u00e9n sencilla como ella, con la que trat\u00e9 de rememorar, en la mejor forma posible y tom\u00e1ndola como referente principal, mi fugaz paso por la Legi\u00f3n de Mar\u00eda. Cr\u00f3nica con la que, de igual manera, quise rendirles, as\u00ed fuera tangencialmente, un tributo de aprecio a quienes, de una manera u otra, tuvieron que ver con aquella breve experiencia religiosa.<\/p>\n<p>Todas fueron, a la postre, personas que, al igual que mi amiga de la carrera 14, sin propon\u00e9rselo, seguramente sin siquiera saberlo, me llenaron aquel tiempo de inolvidables instantes cargados de optimismo, de bondad y de esperanza.<\/p>\n<p>\u00a1\u00a1\u00a1 Gracias, Cecilia !!!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/G8bqrL0TF2o?si=kQPtZdJ-OxYzaYJx&amp;controls=0\" title=\"YouTube video player\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" allowfullscreen=\"\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Tal y como lo narr\u00e9 al principio de esta 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