{"id":37722,"date":"2021-04-18T06:37:02","date_gmt":"2021-04-18T11:37:02","guid":{"rendered":"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/?p=37722"},"modified":"2026-03-16T14:51:22","modified_gmt":"2026-03-16T19:51:22","slug":"tierra-de-cigarras-novela-2000-capitulo-xix-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=37722","title":{"rendered":"Tierra de cigarras (Novela. 2000. Cap\u00edtulo XIX). \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un anciano poeta callejero se detuvo en la fuente de soda \u201cVery Good\u201d.<\/p>\n<p>&#8220;La Very Good&#8221;, que era como la llamaban todos, se encontraba ubicada en la esquina suroriental del emblem\u00e1tico lugar donde se cruzaban dos de las principales avenidas de la incipiente urbe y sol\u00eda hallarse \u2014y, de hecho, lo estaba en esos momentos\u2014 atiborrada de clientes j\u00f3venes y conversadores que, entre sorbo y sorbo de pitillo, comentaban los temas de moda. Temas de moda como lo eran, por aquellos d\u00edas de turbulencia social, las \u00faltimas canciones grabadas por \u201cLos Beatles\u201d, las ruidosas aglomeraciones que se estaban formando en los aeropuertos a la llegada de la famosa banda de Liverpool y los crecientes rumores de que no solo a esta, sino en general al arte rebelde de aquellos a\u00f1os los estaban infiltrando los humos alucin\u00f3genos de la mariguana.<\/p>\n<p>Las mesas y las sillas, cubiertas por sombrillas coloridas que proteg\u00edan del sol, estaban instaladas en las afueras del establecimiento, en una espaciosa plazoleta, y gracias a ello los clientes pod\u00edan observar el transcurrir de la vida en el c\u00e9ntrico sector citadino y los transe\u00fantes, a su vez, pod\u00edan hacer otro tanto con la escena cotidiana en la que se ve\u00eda a los clientes de la renombrada fuente de soda disfrutando de sus bebidas y de sus aperitivos mientras el mundo a su alrededor prosegu\u00eda su curso indiferente.<\/p>\n<p>La juvenil clientela masculina de &#8220;la Very Good&#8221;, sin embargo, rebasando su inter\u00e9s conversacional respecto de los temas discogr\u00e1ficos del momento, se la pasaba tratando de ubicar desde sus coloridas sillas met\u00e1licas plegables, para embelesarse con ellos, los rostros m\u00e1s atractivos de entre todas aquellas atractivas chicas de capules, botas largas y minifaldas que, caminando por entre las mesas, comenzaban a moverse al comp\u00e1s de los primeros golpes de bater\u00eda y a tararear en coro y con atrayente coqueter\u00eda los arpegios, no siempre afinados, lanzados al aire por las guitarras y los bajos conectados a la corriente el\u00e9ctrica. Chicas que, igualmente, gritaban tambi\u00e9n, con toda la fuerza de sus aficiones apasionadas, cuando lo hac\u00edan los cantantes de las bandas de rocanrol que en aquel reconocido espacio del centro citadino literalmente ensordec\u00edan a sus cautivos oyentes, ora tocando en vivo, ora lanzando al aire las notas musicales de la Nueva Ola desde todas las emisoras de radio habidas y por haber que all\u00ed eran sintonizadas y amplificadas, dejando perplejos, por supuesto, a los se\u00f1ores de anta\u00f1o y a las matronas de ayer que por sus alrededores transitaban. Se\u00f1ores de anta\u00f1o y matronas de ayer que se negaban, de manera rotunda, a aceptar esa moda para ellos penosa de las camisas psicod\u00e9licas, de los buzos con cuello de tortuga, de los trajes masculinos sin solapas y con cuellos diminutos, del cabello corto de las j\u00f3venes y del pelo largo de los varones, varones  de los cuales cuchicheaban, en tono nada amistoso, y pese a la evidencia incontestable de sus preciosas compa\u00f1\u00edas femeninas, que hab\u00edan perdido hasta los \u00faltimos rastros de la virilidad con la que quiz\u00e1s hab\u00edan venido al mundo, si era que alg\u00fan d\u00eda en verdad hab\u00edan llegado a conocerla.<\/p>\n<p>S\u00ed, todos ellos eran hostiles personajes, hermano, ancestros prehist\u00f3ricos, hermano, viejos cavern\u00edcolas, hermano, f\u00f3siles retardatarios, hermano, retr\u00f3grados antediluvianos, hermano, pret\u00e9ritos apolillados, hermano, en fin, no eran m\u00e1s que decanos, carrozas, primitivos, veteranos, ultramontanos, reaccionarios, arrimados a la cola, derechistas, apost\u00f3licos, due\u00f1os absolutos del poder y de la verdad seg\u00fan los dictados de su intelecto, tan  estrecho como refractario a los cambios sociales, hermano, a quienes todo lo de los j\u00f3venes de entonces les parec\u00eda inmoral y antisocial, hermano.<\/p>\n<p>S\u00ed, eran aquellos hombres y aquellas mujeres mayores que pasaban al lado de &#8220;la Very Good&#8221; testigos impotentes de un mundo que se derrumbaba, de una sociedad que deca\u00eda, de una civilizaci\u00f3n que marchaba hacia el precipicio. Eran, en s\u00edntesis, observadores cr\u00edticos del nuevo imperio de las botas masculinas de largo y puntiagudo tac\u00f3n cubano, de las correas de anchura exorbitante, de las gafas oscuras, del cabello de los varones peinado sobre la frente, pero, sobre todo, eso s\u00ed hay que reconocerlo, hermano, lo eran tambi\u00e9n de la c\u00f3pula en los parques p\u00fablicos, de la &#8220;cannabis sativa&#8221; fumada sin pudor en cualquier parte y de los gritos estridentes que sol\u00edan acompa\u00f1ar las canciones m\u00e1s reputadas de aquella \u00e9poca memorable, gritos comparados por esos mayores refractarios a la modernidad, hermano, con los estertores espeluznantes del mism\u00edsimo demonio.<\/p>\n<p>El vate que ahora visitaba la c\u00e9ntrica y concurrida fuente de soda sesentera usaba barba luenga y totalmente encanecida, pero contrastaba su edad inmemorial con el manifiesto prodigio de su memoria y la contagiosa jovialidad de sus poemas. Julieta \u00c1lvarez no lo hab\u00eda visto tan siquiera una vez en la vida y, m\u00e1s a\u00fan, hubiera jurado que se trataba de un personaje venido de tierra extra\u00f1a, porque, aunque no era esta su comarca nativa, sino apenas el lugar donde su marido hab\u00eda decidido fijar la residencia familiar, luego de contraer matrimonio con ella en la capital y de abandonar m\u00e1s tarde, junto con su mujer y sus ni\u00f1os, las llanuras inacabables, verdes y fr\u00edas de la altiplanicie capitalina, la ciudad era, en todo caso, por aquel entonces, tan peque\u00f1a y poco poblada, que casi todo el mundo se conoc\u00eda, si no de trato, s\u00ed de vista y de saludo, y a ella le era claro, en consecuencia, que aquel curioso declamador no era coterr\u00e1neo de las gentes diversas que constitu\u00edan su presente entorno y, antes por el contrario, ten\u00eda la convicci\u00f3n \u00edntima de que, con toda seguridad, hubo de llegar de alguna parte no hac\u00eda mucho.<\/p>\n<p>Por eso, ni siquiera hizo algo para tratar de ocultar su enorme sorpresa de pasmo cuando escuch\u00f3 su nombre, Julieta \u00c1lvarez, proveniente de los labios de aquel ex\u00f3tico e ignoto sucesor de los antiguos aedos griegos y, de una vez, a rengl\u00f3n seguido, casi con los mismos aires inhalados por el viejo cantor para pronunciarlo, unos versos de impecable factura dedicados a ella y referidos, como por artes adivinatorias, ya no solo al color de su piel, ni a sus cabellos rizados, ni a sus ojos intensamente oscuros, ni a su sonrisa nost\u00e1lgica, al fin y al cabo rasgos evidentes de su f\u00edsico, sino, lo m\u00e1s sorprendente, tambi\u00e9n a su p\u00e9rdida prematura de la figura materna, a su migraci\u00f3n de la tierra de las flores y la eterna primavera a la capital de las brumas, el fr\u00edo y el granizo, a su vocaci\u00f3n temprana de escritora clandestina, a su religiosidad tan profunda como inquebrantable, a sus frustrados amores de los ayeres lejanos y, en fin, a su vida toda, una vida marcada por lo embates inmisericordes de la depresi\u00f3n y salpicada por los vaivenes incomprensibles de su car\u00e1cter y el car\u00e1cter imborrable de sus recuerdos.<\/p>\n<p>A ella le hubiese agradado en grado sumo abordar de inmediato al envejecido y sorprendente personaje para investigar el porqu\u00e9 del asombroso conocimiento que con su poema hab\u00eda demostrado acerca de las interioridades de su vida privada, pero fue tanta la impresi\u00f3n que le produjo la inexplicable capacidad adivinatoria del bardo, que a la postre lo dej\u00f3 marchar, con fingida indiferencia, y a duras penas tuvo el aliento necesario para pedir la cuenta mientras percib\u00eda que su coraz\u00f3n le lat\u00eda con inusual fuerza y de su cerebro se apoderaba una confusi\u00f3n total de las ideas.<\/p>\n<p>Fue al mesero que se la trajo y se la puso en las manos, con interesada galanter\u00eda y exagerada amabilidad, a quien se atrevi\u00f3 a preguntarle cu\u00e1l era el nombre de aquel individuo que la acababa de dejar tan abrumada, m\u00e1s que con la hermosura cautivadora de sus endecas\u00edlabos, con la certeza indiscutible de sus adivinaciones po\u00e9ticas, y fue cuando se enter\u00f3 de que nadie le conoc\u00eda nombre, ni mucho menos apellido, ni se sab\u00eda cu\u00e1ndo ni c\u00f3mo hab\u00eda arribado a la ciudad, pero, en cambio, obtuvo la precisi\u00f3n informativa \u2014una precisi\u00f3n informativa que jam\u00e1s se le habr\u00eda de borrar de la memoria\u2014 de que le dec\u00edan, y \u00e9l se llamaba a s\u00ed mismo, \u201cEl Rapsoda de las Calles\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, 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