{"id":37730,"date":"2021-04-21T15:56:30","date_gmt":"2021-04-21T20:56:30","guid":{"rendered":"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/?p=37730"},"modified":"2026-03-16T15:10:13","modified_gmt":"2026-03-16T20:10:13","slug":"tierra-de-cigarras-novela-2000-capitulo-xx-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=37730","title":{"rendered":"Tierra de cigarras (Novela.2000. Cap\u00edtulo XX).  \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esa ma\u00f1ana, de camino hacia la plazuela del mercado, Julieta \u00c1lvarez no pas\u00f3, como sol\u00eda hacerlo, junto al hombre que se envejeci\u00f3 mirando pasar la vida recostado en un poste. Esta vez la sedujo, m\u00e1s bien, la idea inusual de desviarse de su trayectoria rutinaria, pero adem\u00e1s la de retrasar un poco la llegada a su destino para entretenerse unos instantes con el olor singular de los sarrapios.<\/p>\n<p>Por ello, la joven y hermosa madre subi\u00f3 desde su casa hacia el oriente y encamin\u00f3 la marcha rumbo al extenso bosque de la cabecera del llano, el paradis\u00edaco bosque construido por la naturaleza ya casi al pie de los cerros, sobre un terreno de superficie irregular en forma de plano inclinado, donde ve\u00eda c\u00f3mo iban floreciendo los jardines o agonizaban las cigarras y hasta cuyos aires alcanzaban a llegar todav\u00eda, para exquisitez del ambiente, los \u00faltimos vestigios del perfumante olor que desped\u00edan las tabacaleras.<\/p>\n<p>Era all\u00ed donde arreciaba, entre la magnificencia de los \u00e1rboles enormes y la rareza encantadora de las flores silvestres, el olor jabonoso e inconfundible de las plantas sarrapieras, aroma ex\u00f3tico que impregnaba los vientos matinales de aquella tranquila zona de la ciudad, a\u00fan no urbanizada, y matizaba la hermosura inigualable del inigualable cantar de los canarios.<\/p>\n<p>En sus escasos momentos de ocio en los que pod\u00eda darle rienda suelta a su soledad, y cuando el cancionero ya no ten\u00eda la virtualidad de disiparle las enmara\u00f1adas nebulosas del tedio, ella se fugaba hasta all\u00ed para entretener esa soledad y ese tedio repetitivos con el cautivador trinar de las aves y la belleza ex\u00f3tica de las flores, pero, sobre todo, con la fragancia penetrante de aquellas emblem\u00e1ticas dicotiled\u00f3neas tan apreciadas por las jaboner\u00edas.<\/p>\n<p>Esa ma\u00f1ana, tal y como sol\u00eda hacerlo, se sent\u00f3 sobre el c\u00e9sped del pensil, un prado primaveral reci\u00e9n cortado por las artes manuales del viejo guardabosques, el mismo paisano entrado en a\u00f1os y vestido con overol y sombrero de jipijapa que siempre la saludaba desde lejos agitando la mano y regal\u00e1ndole una humilde sonrisa carente de incisivos, encogi\u00f3 las piernas para poder capturarlas con sus brazos y en esa posici\u00f3n se dedic\u00f3 durante algunos instantes a contemplar el vuelo rasante de las mariposas, pero hubo un momento en que la sobresalt\u00f3 el intempestivo ulular de las cigarras, canto que le trajo de inmediato a su memoria abstra\u00edda la plena certidumbre del mes en que se hallaba.<\/p>\n<p>\u2013Pero si no estamos en Semana Santa! \u2013 exclam\u00f3 liberando las piernas atenazadas y uniendo las palmas como si fuera a recitar una plegaria, sin cuidarse de que alguien pudiera o\u00edrla hablar a solas \u2013. \u00a1Eh, avemar\u00eda, mir\u00e1 qu\u00e9 cosa m\u00e1s rara, Julieta: \u00a1regresaron las chicharras en octubre!<\/p>\n<p>Se encontraba abstra\u00edda por completo, atendiendo tan solo el ulular de los insectos alados, cuando observ\u00f3 que, surcando el cielo impecablemente ataviado de celeste, pasaba una peque\u00f1a avioneta por encima de aquel parque inclinado de sus fugas solitarias. Ella la mir\u00f3 con total desinter\u00e9s, no obstante la escasa altura que en ese momento llevaba la peque\u00f1a aeronave y el ruido particularmente ensordecedor de sus motores, ronroneo invasivo que incluso logr\u00f3 el milagro inoportuno de arrebatarle la proximidad privilegiada del espect\u00e1culo multicolor de las mariposas.<\/p>\n<p>Desaparecida la avioneta intrusa del entorno, Julieta \u00c1lvarez contempl\u00f3 durante unos minutos m\u00e1s aquel panorama de maravilla. Lo hizo hasta el instante en que presinti\u00f3 un nuevo asalto de la melancol\u00eda. Fue ah\u00ed cuando se levant\u00f3 del prado, se sacudi\u00f3 con las palmas de las manos las hojas secas adheridas a su falda y emprendi\u00f3 el camino de retorno hacia su casa con la decisi\u00f3n de pasar, ahora s\u00ed, junto al hombre que se envejeci\u00f3 recostado en un poste y descender por la calle de las palmeras, la calle surcada por aquellas palmeras m\u00e1gicas que unas veces se mec\u00edan cadenciosas al vaiv\u00e9n de los embates moment\u00e1neos de las brisas venidas desde las monta\u00f1as del oriente, pero que en otras ocasiones y en forma inexplicable danzaban al ritmo de las gaitas y las cumbias que retumbaban desde los altoparlantes de \u201cEl Venado de Oro\u201d en momentos en que no estaba soplando brisa, una calle corta y descendente, con orientaci\u00f3n de oriente a occidente, donde los hombres se apostaban frente a las puertas de sus casas o ante las verjas de sus antejardines para verla pasar con la elocuente plenitud de su se\u00f1or\u00edo, una callecita breve y linda que desembocaba casi en los contornos de la plazuela del mercado, aquella plazuela habitualmente salpicada de campesinos pobres que ofrec\u00edan, entre muchas otras cosas, la magia irresistible de poder llevar a casa tres preciosas guan\u00e1banas por el precio de una sola.<\/p>\n<p>No hab\u00eda llegado a\u00fan a su casa cuando se enter\u00f3 del accidente. Dec\u00edan por doquier que un avi\u00f3n de pasajeros que proven\u00eda de la capital acababa de estrellarse contra los cerros de oriente segundos despu\u00e9s de que una peque\u00f1a avioneta irrumpiera de manera intempestiva en la ruta que llevaba con rumbo hacia el aeropuerto local y lo golpeara de sorpresa en una de las alas desencadenando su s\u00fabito descontrol y su desv\u00edo sobreviniente hacia las elevaciones orogr\u00e1ficas, todav\u00eda deshabitadas, del oeste citadino.<\/p>\n<p>En medio de la progresiva estridencia del bullicio y del angustioso ir y venir de los tropeles, aquellos  tropeles gritones que pasaban corriendo frente al port\u00f3n abierto, lo primero que su coraz\u00f3n de madre le previno a la aterrorizada Julieta \u00c1lvarez, como se\u00f1al de que algo no andaba bien en su familia, fue la ausencia inexplicable de la ni\u00f1a.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/9K_F_RCsuLc?controls=0\" title=\"YouTube video player\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\" allowfullscreen=\"\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Esa ma\u00f1ana, de camino hacia la plazuela del mercado, Julieta \u00c1lvarez no pas\u00f3, como sol\u00eda hacerlo, junto al hombre que se envejeci\u00f3 mirando pasar la vida recostado en un poste. 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