{"id":37966,"date":"2021-04-24T20:23:40","date_gmt":"2021-04-25T01:23:40","guid":{"rendered":"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/?p=37966"},"modified":"2026-03-16T15:17:33","modified_gmt":"2026-03-16T20:17:33","slug":"tierra-de-cigarras-novela-2000-capitulo-xxx-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=37966","title":{"rendered":"Tierra de cigarras (Novela. 2000. Cap\u00edtulo XXX).  \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La vida de Julieta \u00c1lvarez sigui\u00f3 adelante, inmersa en la tupida mara\u00f1a de sus a\u00f1oranzas y sus sue\u00f1os imposibles, pero contagiada tambi\u00e9n, de tarde en tarde, con las ocasionales alegr\u00edas y la magia permanente de su entorno.<\/p>\n<p>Fue un s\u00e1bado de verano el d\u00eda en que, por primera vez, se detuvo a escudri\u00f1ar la figura familiar del hombre que se envejeci\u00f3 mirando pasar la vida recostado en un poste. Cre\u00eda conocerlo de memoria y podr\u00eda jurar que pas\u00f3 a su lado m\u00e1s de mil veces, pero s\u00f3lo hasta esa tarde de calor interrumpi\u00f3 su andar garboso y sin rumbo fijo para examinarlo con atenci\u00f3n. Le impresion\u00f3 de verdad su rostro inmemorial y su tupido cabello de algodones, pero lo que m\u00e1s atrajo su curiosidad no fue eso, sino el blanco refulgente de sus pesta\u00f1as y, sobre todo, las briznas de nieve que hab\u00edan ca\u00eddo y continuaban cayendo desde el cielo sobre su cabeza de pesadumbre. En el lugar donde purgaba resignado aquella condena de desgracia que le impuso la vida como castigo por su odio visceral contra el valor supremo del trabajo, se precipitaban, en efecto, las nieves perpetuas desde siempre, pero la gente de la ciudad, anestesiada por los quehaceres diarios, ya no se fijaba en los milagros asombrosos de la naturaleza. Julieta \u00c1lvarez lo descubri\u00f3 aquel c\u00e1lido d\u00eda y lleg\u00f3 a asociarlo, de una vez, a la etiolog\u00eda de su recurrente nostalgia.<br \/>\n\u2013 \u00a1Eh, avemar\u00eda! \u2013 exclam\u00f3 \u2013. De tanto ir y venir el mundo cada d\u00eda, sobreviene una nevada encima de la ciudad y nadie se da cuenta.<br \/>\nReflexion\u00f3, entonces, acerca de la atrofia colectiva de su pueblo y le pareci\u00f3 evidente de toda evidencia que la humanidad, o al menos esa que habitaba su entorno, la que constitu\u00eda su gente cercana, por un imperativo categ\u00f3rico de la vida que ella no hab\u00eda escogido, ni nadie se lo hab\u00eda consultado en busca de su aprobaci\u00f3n, ya no se conmov\u00eda ni aunque tuviera enfrente las m\u00e1s asombrosas maravillas. Embebida en sus reflexiones filos\u00f3ficas, prosigui\u00f3, de todos modos, el camino, andando sin prisa hacia ninguna parte, y volvi\u00f3 a pasar, sin voltear a mirarla, por las consabidas razones de consideraci\u00f3n que profesaba hacia ellas, frente a la mansi\u00f3n venida a menos de las se\u00f1oritas Pilonieta, las mujeres m\u00e1s orgullosas de la ciudad entera, las mismas que solo le hab\u00edan aportado a su tierra natal el t\u00f3xico veneno de sus odios viscerales y quienes, al igual que las restantes damas de alcurnia propagadoras de racismo, machismo, clasismo y chismes, nunca jam\u00e1s habr\u00edan de volver a poner los pies sobre el piso y andar\u00edan todo el resto de su vida de infortunio y decadencia caminando por el aire, siempre a un metro del suelo, por obra y gracia de una p\u00fablica y terrible maldici\u00f3n gitana.<\/p>\n<p>Pero la mayor maravilla a\u00fan estaba por venir; ocurrir\u00eda con el arribo a la ciudad de un hombrecito flaco, viejo e insignificante, que, sin embargo, ser\u00eda capaz de transformar ese mon\u00f3tono mundo de apat\u00eda en uno cautivado, desde las fibras m\u00e1s hondas de su alma, por el sortilegio cautivador de sus graves semifusas.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda Julieta \u00c1lvarez hab\u00eda reca\u00eddo en la depresi\u00f3n pertinaz a que la somet\u00edan sus recuerdos. No hab\u00eda querido cubrir la palidez de su rostro con maquillajes de artificio, sino que prefiri\u00f3 dejarlo intacto, limpio, sin  rubores de mentiras, poniendo de manifiesto sin rodeos toda la des\u00e9rtica plenitud de su tristeza. No obstante, y a pesar suyo, se ve\u00eda bella y digna. Puso a balancear la silla mecedora sin sentarse en ella, empuj\u00e1ndola apenas con la mano, y no hizo nada por detener su vaiv\u00e9n de monoton\u00eda. Hasta que, unos instantes despu\u00e9s, se descolg\u00f3 del cuello el cartab\u00f3n amarillo, aquel cartab\u00f3n amarillo con el que hac\u00eda las rutinarias mediciones de modister\u00eda, y lo puso encima del cabezote de su m\u00e1quina de coser, esa m\u00e1quina  Singer frente a la cual pasaba las horas cosiendo trajes e ilusiones, atraves\u00f3 el patio, el inmenso patio engalanado con los nuevos helechos danzantes que d\u00edas antes trajo del vivero en reemplazo de las an\u00e9monas jam\u00e1s adquiridas a pesar de sus intenciones primeras, el mismo patio enorme donde segu\u00edan ense\u00f1ore\u00e1ndose los materos de siempre, abarrotados todos de u\u00f1as de danta que bailaban a los compases de la brisa, sobrepas\u00f3 el contraport\u00f3n, luego el zagu\u00e1n, lleg\u00f3 a la puerta de la calle, sali\u00f3 de la casa dejando abierto el postigo, se encamin\u00f3 hacia la esquina norte, lleg\u00f3 a ella, se detuvo, mir\u00f3 hacia arriba, al oriente, hacia aquel mismo levante desde donde proven\u00edan los vientos refrescantes de los cerros, y fue en ese momento cuando vio que se aproximaba, all\u00e1 a lo lejos, bambole\u00e1ndose de izquierda a derecha, como dando tumbos de borracho, la jeta descomunal de un instrumento enorme, un instrumento brillante que pr\u00e1cticamente ven\u00eda trepado sobre la fr\u00e1gil humanidad de quien lo tra\u00eda consigo, un hombre flaco y casi m\u00e1s chico que el gran aparato que cargaba, un alfe\u00f1ique de cuento de hadas, un cuerpo ingr\u00e1vido y fr\u00e1gil forrado en piel, seda blanca y pa\u00f1o azul.<\/p>\n<p>S\u00ed, un hombre peque\u00f1o y muy delgado apareci\u00f3 por el naciente y tra\u00eda sobre su hombro diestro aquel coloso de metal color plateado, agredido por el rigor implacable de los tiempos. Cuando empez\u00f3 a descender hacia la calle de la palmeras, fue el viejo propietario de la secular colchoner\u00eda quien primero se lanz\u00f3 a la tentativa de adivinar el nombre de su mastodonte silencioso.<br \/>\n\u2013Es un helic\u00f3n\u2013 dijo.<\/p>\n<p>Pero no, no era un helic\u00f3n. Este instrumento de metal, de grandes dimensiones, con un tubo de forma circular que permite colocarlo alrededor del cuerpo y apoyarlo sobre el hombro de quien lo toca, utilizado en las bandas militares, no le era extra\u00f1o del todo, pues, aunque ajeno por completo, en lo personal, a los ajetreos de la m\u00fasica, su paso por las filas castrenses, hac\u00eda muchos a\u00f1os, le tra\u00eda las oleadas de los recuerdos remotos, cuando, desde su puesto de recluta en formaci\u00f3n, se arrobaba con el sonido grave del voluminoso aparato. Su confusi\u00f3n, m\u00e1s que por ignorancia  en la materia o lejan\u00eda en los recuerdos, estuvo determinada por la deficiente correcci\u00f3n de su astigmatismo mi\u00f3pico.<\/p>\n<p>\u2013No es un helic\u00f3n \u2013apunt\u00f3 enseguida, con la certeza con que lo hubiera asegurado el sargento viceprimero Pantale\u00f3n Rabia, director em\u00e9rito de la banda militar, su vecina do\u00f1a Cleotilde, la dama de las gardenias, que dejaba exhibidas sus flores al desgaire, en el antejard\u00edn exterior de su casa, impert\u00e9rritas a los rigores abrasadores del sol de mediod\u00eda.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 es, entonces, seg\u00fan usted, vecina?\u2013 le interrog\u00f3 el colchonero.<br \/>\n\u2013Parece m\u00e1s bien una tuba \u2013anot\u00f3 la due\u00f1a de la primavera.<br \/>\n\u2013No, no es una tuba \u2013contradijo, sin argumentos, el de los altares a Morfeo.<\/p>\n<p>En ese momento se asom\u00f3 a la puerta de la never\u00eda el viejo heladero, la obsesi\u00f3n vespertina de los chicos de la escuela, que sal\u00edan, en el enjambre uniformado de las seis, a devorar, como langostas, el contenido refrigerado de los congeladores blancos salpicados con manchas de \u00f3xido.<br \/>\n\u2013No, no es una tuba \u2013expres\u00f3, respaldando la postura del hombre de los colchones \u2013. Yo conozco muy bien una tuba.<\/p>\n<p>Y era cierto.<br \/>\nLa tuba, instrumento de viento perteneciente al grupo de metal, grande, especie de bugle, con tesitura correspondiente a la del contrabajo, fabricada en cobre, de la familia de los bombardinos, hab\u00eda sido cercana a su vida, en los lejanos a\u00f1os mozos cuando su padre le alquil\u00f3 un espacioso local esquinero, parte integrante de su casa, a quien tocaba tal instrumento en la banda del pueblo, y desde aquella ocasi\u00f3n remota, para sus t\u00edmpanos empez\u00f3 a ser familiar la voz profunda del gran instrumento.<br \/>\nSin embargo, se resisti\u00f3 con tozudez a darle la raz\u00f3n a su vecina:<br \/>\n\u2013Pero no es un helic\u00f3n \u2013sostuvo, pasando ya a pontificar acerca de un tema que ignoraba por completo.<br \/>\nY lo ignoraba, porque ser hijo del arrendador del de la tuba, no lo hac\u00eda perito en pentagramas. En puridad de verdad, su experiencia como int\u00e9rprete de un instrumento, a duras penas se remontaba a sus \u00e9pocas de estudiante, en el internado, durante las cuales en varias oportunidades le asignaron la precaria tarea art\u00edstica de tocar la campana anunciando que llegaba la hora del recreo.<br \/>\nAun as\u00ed, tuvo agallas para decir lo que pensaba, con el \u00faltimo resuello de su orgullo:<br \/>\n\u2013\u00a1Es un fagot! \u2013exclam\u00f3 con fuerza, como si lo sacudiera la sorpresa de su descubrimiento.<\/p>\n<p>Pero enseguida le surgi\u00f3 contradictor.<br \/>\n\u2013No, no es un fagot \u2013asever\u00f3 el boticario, quien tambi\u00e9n result\u00f3 parado en la puerta de la farmacia, atra\u00eddo quiz\u00e1s por el presagio de la maravilla.<br \/>\n\u2013Es un tromb\u00f3n \u2013ense\u00f1\u00f3, con el error sali\u00e9ndosele por la punta de la lengua.<\/p>\n<p>\u2013No. \u00a1C\u00f3mo se le ocurre, doctor! \u2013protest\u00f3 el de la never\u00eda\u2013. El tromb\u00f3n es totalmente distinto.<\/p>\n<p>Y as\u00ed prosigui\u00f3, con el creciente aumento del n\u00famero de circunstantes, aquella discusi\u00f3n entre los vecinos de Julieta \u00c1lvarez, discordantes todos ellos en torno a la verdadera naturaleza del monumental instrumento de m\u00fasica. Cada uno termin\u00f3 por proponer al azar un nombre diferente, denominaciones arbitrarias cuyo significado ignoraban por completo, pero que mencionaban en aquel galimat\u00edas s\u00f3lo con el objeto de no quedarse atr\u00e1s en la identificaci\u00f3n que la vecindad completa trataba de hacer, y participar, en todo caso, de una discusi\u00f3n que ya hab\u00eda alterado inevitablemente por completo la tediosa parsimonia de aquel caluroso s\u00e1bado cualquiera.<\/p>\n<p>Ninguno atin\u00f3, empero, a dar el nombre preciso.<\/p>\n<p>No era, como llegaron a sugerir, un dung chen, el enorme instrumento de los cultos budistas, que, por astron\u00f3mico y pesado, requiere que lo carguen dos hombres mientras uno de ellos, al soplarlo, ejecuta su sonido de miedo, a veces incontrolable. Tampoco, un contrafagot ni un euphonium, y ni siquiera un sacabuche, con su campana en embudo. No se trataba de un serpent\u00f3n, que tiene la singularidad de ser uno de los pocos instrumentos de metal fabricados en madera y, adem\u00e1s, la particular caracter\u00edstica de poseer la embocadura de una tuba, pero los agujeros de una flauta dulce. No era una trompa. Ni aun la largu\u00edsima trompa alpina o cuerno de los Alpes, por cuya campana emergen los llamados entre los pastores helv\u00e9ticos a trav\u00e9s de las monta\u00f1as, ni presentaba, en su corpulencia de mastodonte, la abrazadera, la embocadura, el tubo y la campana de la trompa natural. Menos, desde luego, la trompeta de caracola de las orquestas prehist\u00f3ricas, ni se le ve\u00eda por ninguna parte la ligadura de lana de la trompeta natural. En fin, estaba visto ya que no era una tuba, con sus v\u00e1lvulas, su llave de desag\u00fce, su embocadura, su tubo y su campana, pero concluyeron que ni siquiera estaban ante una tuba wagneriana, esa que emite el sonido intermedio entre la trompa y el tromb\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue Julieta \u00c1lvarez la persona que, al final, y cuando ya el circunstancial visitante del barrio avanzaba, meciendo su enormidad met\u00e1lica, por entre la plenitud de las brisas que atravesaban a esa hora la calle de las palmeras, se atrevi\u00f3 a pregunt\u00e1rselo directamente a \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2013Perdon\u00e1, maestro \u2013lo interrog\u00f3, fug\u00e1ndosele a su tristeza a trav\u00e9s de la ventanita abierta de su sonrisa\u2013. \u00bfQu\u00e9 instrumento es ese?<\/p>\n<p>A Julieta \u00c1lvarez lo que m\u00e1s le llam\u00f3 la atenci\u00f3n no fue, en s\u00ed misma, la denominaci\u00f3n precisa del aparato de m\u00fasica, sino el contraste protuberante entre el sonido profundo y grave del gigantesco instrumento y la voz aflautada con la que el forastero le dio la respuesta. Primero, el extra\u00f1o la mir\u00f3 a los ojos, como con muestras de aprecio, como d\u00e1ndole las gracias por haberle formulado la pregunta; luego mir\u00f3 de reojo el cobre pulido a punta de ceniza y lima agria, los remiendos de cera, los agujeros resellados con jab\u00f3n de pino, todo el aparatoso instrumento musical brillado como un sol; enseguida puso sus labios en la embocadura y, entonces, le arranc\u00f3 un ut profundo, grave y breve, que pareci\u00f3 emergido de la profundidad de la Tierra.<\/p>\n<p>Fue despu\u00e9s de ello cuando, finalmente, le suministr\u00f3 el nombre de aquel brontosaurio met\u00e1lico acompa\u00f1ando la frase con una sonrisa t\u00edmida que le permiti\u00f3 exhibir con total amplitud sus incisivos de conejo:<\/p>\n<p>\u2013Es una bombarda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/f6w7EAgev-o?controls=0\" title=\"YouTube video player\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\" allowfullscreen=\"\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La vida de Julieta \u00c1lvarez sigui\u00f3 adelante, inmersa en la tupida mara\u00f1a de sus a\u00f1oranzas y sus sue\u00f1os imposibles, pero contagiada tambi\u00e9n, de tarde en tarde, con las ocasionales alegr\u00edas y la magia permanente de su entorno. 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