{"id":38227,"date":"2021-04-28T12:31:41","date_gmt":"2021-04-28T17:31:41","guid":{"rendered":"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/?p=38227"},"modified":"2026-03-17T07:37:38","modified_gmt":"2026-03-17T12:37:38","slug":"tierra-de-cigarras-novela-2000-capitulo-xxxvi-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=38227","title":{"rendered":"Tierra de cigarras (Novela. 2000. Cap\u00edtulo XXXVI).  \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un episodio que habr\u00eda de llevar al cl\u00edmax a aquella ciudad impert\u00e9rrita y terminar\u00eda convertido a lo largo de mucho tiempo en el tema obligado de las tertulias fue el de \u00cdcaro.<\/p>\n<p>Se trataba de un osado muchacho que anunci\u00f3 una ma\u00f1ana la llegada del instante en el cual habr\u00eda de probar en p\u00fablico su revolucionario invento: un par de alas con las cuales volar\u00eda, como las aves, encima de la ciudad entera.<\/p>\n<p>Termin\u00f3 tan mal esta vez la epopeya de los aires que la mordacidad social de aquella ciudad vengativa, inclemente  con quien creara expectativas y luego fracasara, le cambi\u00f3 su nombre de \u00cdcaro, y para el resto de sus d\u00edas le llamaron \u201cP\u00edcaro\u201d.<\/p>\n<p>El trato de la turbamulta insatisfecha con el frustrado personaje heroico fue injusto de principio a fin.<br \/>\nEl muchacho se llamaba Herm\u00f3genes y nunca se le oy\u00f3 pedirle a nadie que le dijera de otra forma, ni jam\u00e1s presumi\u00f3 de valiente ni de \u00e9mulo de personaje mitol\u00f3gico alguno. Era tan solo un joven humilde y so\u00f1ador que trataba, como muchos a su edad, de salir del anonimato y procurarse unas mejores condiciones de vida, las cuales cre\u00edan todos alcanzar por conducto de la fama. No se supo en qu\u00e9 momento, pero resultaron bautiz\u00e1ndolo \u00cdcaro y elev\u00e1ndolo a los altares del hero\u00edsmo local, como lo hac\u00eda con frecuencia aquella ciudad, en b\u00fasqueda constante de sus propias celebridades, con seres modestos que lo expon\u00edan todo, hasta la vida, con tal de obtener el reconocimiento de la jaur\u00eda al acecho.<\/p>\n<p>El d\u00eda de su lanzamiento, la ciudad se paraliz\u00f3, sobrecogida por una extra\u00f1a mezcla de incredulidad, ansiedad y asombro ante la perspectiva de que su h\u00e9roe pudiera, de verdad, dejar pasmado al universo.<br \/>\n\u00cdcaro sosten\u00eda que, con s\u00f3lo batir sus alas, aquella aerodin\u00e1mica creaci\u00f3n suya, la cual le rodeaba el cuerpo con unas extra\u00f1as correas, lo transportar\u00eda desde Morropobre, donde tantas veces vieron a Beto Espitia perseverar en su sue\u00f1o de volar hacia las estrellas a bordo de una de sus gigantescas cometas multicolores, hasta los llanos de Las Terrazas, donde se esparcieron un d\u00eda los fragmentos de una avioneta que choc\u00f3 en el aire contra un enorme avi\u00f3n de pasajeros.<\/p>\n<p>Una vez superara esa primera haza\u00f1a, el asombroso p\u00e1jaro humano local se propon\u00eda maravillar a su pueblo y petrificar al mundo con la proeza m\u00e1s portentosa: atravesar\u00eda, de lado a lado, desde los cerros del oriente hasta las hondonadas del oeste, desde Morropobre hasta Campo Hermoso, la tierra de las cigarras, aquella urbe que tanto amaba y a la cual le dedic\u00f3, a trav\u00e9s de la radio, con la voz tr\u00e9mula por la emoci\u00f3n, toda la  grandiosidad de su gesta.<\/p>\n<p>\u00cdcaro lleg\u00f3 al lugar del lanzamiento con veinte minutos de retraso. Julieta \u00c1lvarez, con una cam\u00e1ndula entre los dedos, rezaba por ese nuevo so\u00f1ador que se aventurar\u00eda a traspasar los aires de la ciudad a brazo limpio, agitando aquellas alas que, desde un principio, le parecieron desproporcionadamente grandes para su cuerpo desolado. El creador de la aventura a\u00e9rea se lo pint\u00f3 con aves de vivaces colores e indescifrables jerogl\u00edficos a manera de tatuajes de achiote, para darle una apariencia m\u00e1s atl\u00e9tica.<\/p>\n<p>Los vendedores de helados, pocicles y vikingos callaron su vocingler\u00eda cuando lo vieron al borde del filo monta\u00f1oso, y la multitud elev\u00f3 la mirada y abri\u00f3 la boca en los instantes en que despleg\u00f3 las alas gigantescas, y, de una vez, sin cavilaciones ni proleg\u00f3menos, se lanz\u00f3 al vac\u00edo.<\/p>\n<p>Julieta \u00c1lvarez, arrobada por la fascinaci\u00f3n del espect\u00e1culo y acelerando sin control el paso de sus dedos por las cuentas del rosario, vio con claridad premonitoria que el p\u00e1jaro humano empez\u00f3 a dar muestras de desfallecimiento, porque ya no mov\u00eda los brazos con la misma agilidad y compostura de los inicios, pero por algunos segundos, y en medio de la ensordecedora griter\u00eda, lleg\u00f3 a creer que se trataba de una t\u00e1ctica del nuevo h\u00e9roe an\u00f3nimo en busca de la gloria. Sin embargo, la invadi\u00f3 la angustia del peligro cuando percibi\u00f3 con nitidez la p\u00e9rdida sostenida e irrecuperable de altura, capt\u00f3 la disminuci\u00f3n de los gritos, los primeros comentarios desconsiderados contra el joven que infructuosamente trataba de sostenerse en el aire apretando los dientes con desesperaci\u00f3n, las primeras vulgaridades dirigidas al infeliz, hasta que dej\u00f3 de rezar y guard\u00f3 la cam\u00e1ndula cuando lo vio venirse abajo con \u00edmpetu y caer sobre la mara\u00f1a de pastos silvestres de los riscos.<\/p>\n<p>Aparte de Julieta \u00c1lvarez, s\u00f3lo se apiad\u00f3 de \u00e9l la polic\u00eda, que, armas de fuego en mano, y presagiando con temor la imposibilidad de contener a la turbamulta, les advirti\u00f3 con gritos a los enardecidos espectadores, que el frustrado h\u00e9roe ten\u00eda derecho a ser atendido por un m\u00e9dico y que la autoridad disparar\u00eda sin contemplaciones ante la m\u00e1s m\u00ednima tentativa de linchamiento.<\/p>\n<p>Mientras los uniformados se internaban entre los matorrales en busca del desgraciado, la marejada humana improvis\u00f3 un coro digno de mejor causa: mientras las mujeres gritaban: \u201c\u00a1\u00cdcaro!\u201d, los hombres contestaban: \u201c\u00a1P\u00edcaro!\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed, entre aquella vocingler\u00eda hu\u00e9rfana de humanidad, se cumpli\u00f3 la penosa tarea del rescate.<\/p>\n<p>Julieta \u00c1lvarez alcanz\u00f3 a observar en la fugacidad de un segundo el rostro ba\u00f1ado en sangre del inventor de aquel absurdo desaf\u00edo y tuvo la impresi\u00f3n de que alcanz\u00f3 a escuchar sus gritos de dolor ahogados por la estridencia irracional de la pataner\u00eda colectiva.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/PDm1a99uIfY?controls=0\" title=\"YouTube video player\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\" allowfullscreen=\"\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Un episodio que habr\u00eda de llevar al cl\u00edmax a aquella ciudad impert\u00e9rrita y terminar\u00eda convertido a lo largo de mucho tiempo en el tema obligado de las tertulias fue el de \u00cdcaro. Se trataba de un osado muchacho que &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=38227\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' heateor-sss-data-href='https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=38227'><div class='heateor_sss_sharing_title' style=\"font-weight:bold\" >\u00a1Gracias por compartirla!<\/div><ul class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i style=\"width:35px;height:35px;border-radius:999px;\" alt=\"Facebook\" Title=\"Facebook\" class=\"heateorSssSharing heateorSssFacebookBackground\" onclick='heateorSssPopup(\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?u=https%3A%2F%2Foscarhumbertogomez.com%2Findex.php%3Frest_route%3D%252Fwp%252Fv2%252Fposts%252F38227\")'><ss style=\"display:block;border-radius:999px;\" class=\"heateorSssSharingSvg heateorSssFacebookSvg\"><\/ss><\/i><\/li><li 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