{"id":40,"date":"2010-11-02T15:44:11","date_gmt":"2010-11-02T20:44:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.oscarhumbertogomez.com\/?p=40"},"modified":"2025-03-13T08:44:45","modified_gmt":"2025-03-13T13:44:45","slug":"esperando-la-noticia-de-ultima-hora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=40","title":{"rendered":"ESPERANDO LA &#8220;NOTICIA DE \u00daLTIMA HORA&#8221;. [Cr\u00f3nica]. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP)"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #333399;\"><strong>NOTA: <\/strong>Estas remembranzas forman parte de nuestro libro in\u00e9dito&nbsp;<strong><em>ENTRE LA LIBERTAD DE EXPRESI\u00d3N Y LA CENSURA (Columnas de opini\u00f3n, informes especiales y memorias de un periodista an\u00f3nimo).<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&#8220;Si no est\u00e1s conmigo, nada importa,<br \/>\nel vivir sin verte es morir;<br \/>\nsi no est\u00e1s conmigo hay tristeza<br \/>\ny la luz del sol no brilla igual.<br \/>\nSin tu amor<br \/>\nlos celos me consumen,<br \/>\ny el temor<br \/>\nno me deja dormir;<br \/>\ndime t\u00fa<br \/>\nqu\u00e9 hago, vida m\u00eda,<br \/>\nsin tu amor yo voy a enloquecer&#8221;.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya al filo de la medianoche, la voz de Jos\u00e9 Sanmiguel Hern\u00e1ndez canturreando el bolero <em>Celoso<\/em>, con una afinaci\u00f3n sorprendente, se esparc\u00eda en la soledad inmensa de la sala de redacci\u00f3n. As\u00ed, susurrando \u00e9sta y otras canciones rom\u00e1nticas, con las gafas m\u00e1s abajo de los ojos, salvo aquella noche en que se le olvid\u00f3 llevarlas y, mientras trataba de teclear a ciegas, a cada rato dec\u00eda, muy molesto, que no ve\u00eda letras, sino &#8220;chochas&#8221;, &#8220;meras chochas&#8221;, el menudo, veterano y h\u00e1bil redactor judicial del <em>Diario del Oriente<\/em> me ense\u00f1\u00f3, sin propon\u00e9rselo, qu\u00e9 es la nostalgia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Rafael Boh\u00f3rquez, cargando sobre sus hombros el peso agobiador de todo un d\u00eda de trabajo, sub\u00eda con las \u00faltimas tiras de prueba y ya no se devolv\u00eda de inmediato para el taller, como lo hab\u00eda estado haciendo a lo largo de la sopor\u00edfera tarde, sino que se quedaba en la sala, esperando a que yo las revisara y se\u00f1alara sobre ellas lo que hubiese por corregir, labor que yo interrump\u00eda con uno que otro chiste viejo, de esos que todo el mundo se sab\u00eda de memoria, pero que a \u00e9l lo hac\u00edan re\u00edr a carcajadas, s\u00f3lo porque yo se los contaba y, seg\u00fan explicaba \u00e9l, en raz\u00f3n a la forma particular como lo hac\u00eda, que le parec\u00eda especialmente graciosa: <em>&#8220;Un tipo fornido iba caminando orondo por el parque Santander y pas\u00f3 junto a un embolador. El lustrabotas, sin dejar de hacer su tarea, le silb\u00f3 y le dijo: &#8220;Adi\u00f3s, muralla&#8221;. Y el tipo fornido volvi\u00f3 a mirarlo y le dijo: &#8220;Ay, muralla no; dir\u00e1s Mireya&#8221;<\/em>.<br \/>\nDif\u00edcil imaginar un chiste m\u00e1s malo que ese. S\u00f3lo que yo, en aquellas noches de soledad, alumbradas por la tenue luz de las bombillas, lo contaba poniendo en el relato todo el histrionismo que me era posible desarrollar y Rafael Boh\u00f3rquez literalmente lloraba de la risa. Pero lo que m\u00e1s hilaridad le produc\u00eda era la forma como mi largo cabello, a la altura de los hombros, se me mec\u00eda en la parte posterior de la cabeza y del cuello mientras iba representando el caminado de aquel sujeto. \u00c9l dec\u00eda que se asemejaba a la crin de un caballo al galope.<br \/>\nHabr\u00eda de seguir diciendo lo mismo, al tiempo que restallaba en el aire su risa contagiosa, durante los a\u00f1os siguientes, cuando ni \u00e9l ni yo trabaj\u00e1bamos ya en aquel matutino que los j\u00f3venes bumangueses de hoy ni siquiera saben que existi\u00f3. Y seguramente lo repiti\u00f3 hasta la noche aquella sin luna ni luceros en la que, al igual que lo hab\u00eda hecho su pap\u00e1, el jefe de redacci\u00f3n del peri\u00f3dico, se acost\u00f3 sobre su modesta cama y soport\u00f3 el prematuro infarto y el arribo del adi\u00f3s con una mirada de asombro y desconcierto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las fotograf\u00edas en blanco y negro que nos tom\u00f3 el reportero gr\u00e1fico del peri\u00f3dico, Pastor Moreno, en aquella hoy desaparecida sala de redacci\u00f3n infortunadamente, las regal\u00e9. Se las regal\u00e9 a dos de mis novias, a pesar de las protestas de mi mam\u00e1. Unas quedaron en poder de Sayonara Galindo Sierra, una joven de la que, finalmente, nunca supe si era cartagenera o vele\u00f1a, y a quien conoc\u00ed a finales de 1975 frente al teatro Cinema 2, una de las tres salas de cine en que termin\u00f3 dividido el antiguo Teatro Santander, aparte de El Cid y Cinema 1. La conoc\u00ed, digo, en momentos en que mi madre, mi hermano Jorge Hernando y yo hac\u00edamos fila para ingresar a la pel\u00edcula <em>Tibur\u00f3n<\/em>. El libro, de Peter Benchley, adquirido por mi hermano en el <em>C\u00edrculo de Lectores<\/em>, yo lo hab\u00eda le\u00eddo de pasta a pasta y por eso llegu\u00e9 al teatro creyendo que iba a ver una cinta cuyo final me sab\u00eda de memoria. Pero no fue as\u00ed. En el libro muere un protagonista que en la cinta sobrevive.<br \/>\nLas otras fotos quedaron en poder de Luz Omaira Santaella, la joven que con amor y talento me confeccion\u00f3 e instal\u00f3 las cortinas de mi oficina de abogado pocas horas antes de su inolvidable inauguraci\u00f3n.<br \/>\nAlguna vez le pregunt\u00e9 a Pastor Moreno si \u00e9l conservaba esos rollos. <em>&#8220;Yo no boto nada&#8221;<\/em>, me dijo. <em>&#8220;Por ah\u00ed deben estar. El problema es conseguirlos&#8221;<\/em>.<br \/>\nNo se lo he vuelto a preguntar porque no he vuelto a verlo y, mucho menos, a conversar con \u00e9l acerca de aquella \u00e9poca. Ser\u00eda un milagro que, en realidad, pudiera conseguirlos. La verdad sea dicha, lo dudo. Yo no s\u00e9 nada de fotograf\u00eda, ni de cu\u00e1nto sobreviven unos rollos de fotos, ni de qu\u00e9 tan apegado sea Pastor Moreno a los recuerdos, ni cu\u00e1l sea el orden o el caos que reine en sus archivos. Ni siquiera s\u00e9 si tiene archivos. Pero algo me dice que debo irme olvidando para siempre de los \u00fanicos registros gr\u00e1ficos que quedaron de aquellas noches solitarias en las que el animador de nuestro tedio era el &#8220;periodista &#8211; bolerista&#8221; Jos\u00e9 Sanmiguel Hern\u00e1ndez. Y, por supuesto, irme olvidando para siempre, de paso, de los \u00fanicos registros gr\u00e1ficos que quedaron de mi primera incursi\u00f3n en el mundo del periodismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Francisco Carvajal Ram\u00edrez era el redactor pol\u00edtico. Un d\u00eda me cont\u00f3, a manera de anuncio, que iba a empezar a publicar una nueva columna. Me dijo el nombre de la misma haciendo el adem\u00e1n de que se cortaba el cuello con uno de aquellos filosos instrumentos de peluquer\u00eda y sastrer\u00eda mientras pon\u00eda cara de terror mirando sus propios dedos que se acercaban: <em>&#8220;Se va a llamar La Tijera&#8221;<\/em>, me dijo, y hac\u00eda tronar los dedos de la otra mano para respaldar su advertencia premonitoria de que su nueva columna ser\u00eda una cosa &#8220;tenaz&#8221;, &#8220;terrible&#8221;, &#8220;tenebrosa&#8221;.<br \/>\nLa verdad, no recuerdo que lo haya sido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alonso Heredia Dur\u00e1n, el Jefe de Redacci\u00f3n, ten\u00eda el pelo m\u00e1s liso e ind\u00f3mito que yo recuerde en alguien. El copete se le ven\u00eda con tozudez sobre la frente, pero eso a \u00e9l parec\u00eda no importarle siempre y cuando le permitiera ir leyendo lo que iba escribiendo con las teclas de su m\u00e1quina. Su rostro, naturalmente rubicundo, se le enrojec\u00eda mucho m\u00e1s cuando ten\u00eda ira, cosa que, por infortunio, no era precisamente ex\u00f3tica. En los momentos de relajaci\u00f3n se mostraba, sin embargo, como una persona amable, jocosa y de bromas y apuntes agudos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La belleza femenina la pon\u00eda el personal administrativo, ubicado a la entrada de las instalaciones del diario en un espacio generoso y confortable. No obstante, dentro del equipo period\u00edstico se encontraban Policarpa Vargas Rodr\u00edguez, cuyo hipocor\u00edstico no era Pola, como el de la m\u00e1rtir de nuestra Independencia, sino Poly, y Luz Stella Cadavid Morales, elegida <em>Reina de los Periodistas<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi mam\u00e1 me hab\u00eda dicho siempre que los linotipistas eran un gremio muy cerrado, que un linotipista jam\u00e1s le ense\u00f1aba a nadie los secretos de su oficio, excepto a sus hijos. El linotipo s\u00f3lo vine a conocerlo en el <em>Diario del Oriente<\/em>, pues en <em>El Deber<\/em> no exist\u00edan: como ya lo he relatado, all\u00ed el diario se levantaba letra por letra. A los operadores de estas m\u00e1quinas hoy s\u00f3lo los recuerdo por su fisonom\u00eda, pero sus nombres y apellidos casi todos se me olvidaron. S\u00f3lo rememoro uno que otro: Pi\u00f1a, Medrano, Oviedo y Edgardo, este \u00faltimo un linotipista ya mayor, quiz\u00e1s a punto de jubilarse, de piel morena, bigote y andar encorvado. Su apellido no lo recuerdo. Yo era bastante menor que todos ellos y eso me hac\u00eda sentir inc\u00f3modo, porque para m\u00ed resultaba evidente que el hecho de que yo marcara algo en las tiras de prueba los obligaba a volver a digitar y a fundir los lingotes de plomo en el linotipo, lo cual equival\u00eda a algo as\u00ed como hacerles repetir su trabajo. Tal situaci\u00f3n, la de que un muchacho que apenas frisaba los dieciocho a\u00f1os de edad le hiciera cambiar las cosas a un hombre a punto de jubilarse, me parec\u00eda que pod\u00eda resultar motivo de molestia para ellos y era de esperar que mi aprecio por parte de aquel cerrado grupo del que hablaba mi mam\u00e1 no fuera precisamente el mejor. Pero, en honor a la verdad, todos fueron conmigo muy respetuosos y amables. Del se\u00f1or Medrano aprend\u00ed que uno no deber\u00eda decir: <em>&#8220;Fue nombrado como ministro de educaci\u00f3n&#8221;<\/em>, sino <em>&#8220;fue nombrado ministro de educaci\u00f3n&#8221;<\/em>, sin el <em>&#8220;como&#8221;<\/em>. \u00c9l mismo criticaba que se usara la palabra <em>&#8220;homenaje&#8221;<\/em> para todo. Dec\u00eda que un <em>&#8220;homenaje&#8221;<\/em> era un acto muy especial y solemne.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A don Guillermo Reyes Jurado lo recordaba de antes porque estaba sentado frente a su escritorio la primera vez en que ingres\u00e9 a las instalaciones del matutino acompa\u00f1ando a mi mam\u00e1, quien fue a saludarlo. Ella me cont\u00f3 que eran amigos y paisanos. Don Guillermo escrib\u00eda a menudo, pero siempre sobre su Partido Liberal, sobre las banderas rojas que se hab\u00edan desplegado y agitado en la \u00faltima concentraci\u00f3n pol\u00edtica liberal o acerca del vibrante discurso de alguno de los jefes liberales de la comarca. Muy pronto supe, sin embargo, que tambi\u00e9n era novelista y poeta. Dos de sus novelas se llamaban <em>Aguas subterr\u00e1neas<\/em> y <em>La ciudad tiene dos caminos<\/em> y una de sus poes\u00edas se titulaba<em> Visi\u00f3n de la muerte<\/em>. Esta \u00faltima, si mi memoria no me traiciona, comenzaba diciendo:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&#8220;Y un d\u00eda vendr\u00e1 que no es un d\u00eda.<br \/>\nNoche s\u00ed, pero noche sosegada;<br \/>\ntranquila noche, serena madrugada,<br \/>\nsin dolor de vivir. Dolor vencido.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ser\u00e1 una muerte lenta, pero f\u00e1cil;<br \/>\nla ir\u00e9 palpando, descubriendo,<br \/>\nde pronto, s\u00f3lo un sue\u00f1o,<br \/>\nprofundo sue\u00f1o sin recuerdo.&#8221;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Interesado en la secci\u00f3n destinada a la literatura, me atrev\u00ed a incursionar en ella. Publiqu\u00e9, entonces, un poema titulado <em>Ciudad, \u00bfqu\u00e9 tal?<\/em>, cuya modestia literaria habr\u00e1n apreciado los amigos y las amigas que me honraron con la adquisici\u00f3n y lectura de mi libro <em>Versos del desorden<\/em> (p.p. 101 &#8211; 103).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi vinculaci\u00f3n al mundo de las letras dentro del diario fue creciendo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hasta que un d\u00eda llegaron a mi escritorio unas tiras de prueba que me llamaron poderosamente la atenci\u00f3n. Un poeta le dedicaba unos versos a una ni\u00f1a que hab\u00eda muerto. En ellos rememoraba su voz y su risa, evocaba sus juegos infantiles, a\u00f1oraba su imagen tierna de ni\u00f1a inocente que jugaba meciendo en los brazos su mu\u00f1eca de trapo, hac\u00eda la remembranza del color de los balones y de las cometas, dibujaba el solar de la casa donde ambos hab\u00edan alcanzado a compartir la infancia, en fin, describ\u00eda todo el m\u00e1gico y despreocupado universo de los ni\u00f1os. Pero adem\u00e1s formulaba preguntas, tristes y desoladas, acerca de su destino final y sobre el por qu\u00e9 hab\u00eda tenido que irse del mundo cuando apenas era una flor que estaba empezando a brotar en el multicolor jard\u00edn de la existencia.<br \/>\nTodas las poes\u00edas de aquel vate no me llegaron al tiempo. Me pasaban una, dos o tres para que yo cumpliera mi tarea, que no era sino la de verificar que los linotipistas hubiesen transcrito sus textos de manera fiel, es decir, sin alterar nada de lo que hab\u00eda escrito el rapsoda. Aquellos poemas, de especial delicadeza y hermosura, me parecieron impregnados de una sensibilidad estremecedora. Frente a ellos no actu\u00e9 como corrector de pruebas, sino como lector de poes\u00eda. Pero, adem\u00e1s, como parte integrante de una juventud que no se resignaba a aceptar que, sin pena ni gloria, desapareciera del mundo la ternura.<br \/>\nLa ni\u00f1a muerta se llamaba Rosal\u00eda. Martha Rosal\u00eda. Siempre cre\u00ed entender que era una hija del bardo y lo he seguido creyendo a pesar de que muchos a\u00f1os despu\u00e9s de aquella \u00e9poca le\u00ed, en un texto de Juan Gustavo Cobo-Borda, que se trataba de su hermana menor.<br \/>\nAquellos versos exquisitos formaban parte de un peque\u00f1o libro titulado <em>Diez sonetos y una eleg\u00eda<\/em>. Despu\u00e9s empec\u00e9 a darme cuenta no s\u00f3lo de que el poeta era santandereano, sino que, adem\u00e1s, no estaba dedicado exclusivamente a confeccionar versos: tambi\u00e9n era dramaturgo, novelista, cuentista, abogado y pol\u00edtico. Se llamaba Gustavo Cote Uribe.<\/p>\n<p>Perm\u00edtanme, amigos y amigas, compartir con ustedes uno de aquellos sonetos. Dec\u00eda as\u00ed:<\/p>\n<p><em>&#8220;\u00bfD\u00f3nde su anhelo, su ilusi\u00f3n dorada,<br \/>\nsus manos de paloma en la ternura,<br \/>\nsu piadosa mirada, la dulzura<br \/>\nde su presencia en sue\u00f1os no so\u00f1ada? <\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfD\u00f3nde la fiel comarca iluminada<br \/>\nde lirio y \u00e1ngel y de azul y albura<br \/>\ncircundando su paso y su figura,<br \/>\npor el amor del polvo rescatada?<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfEn d\u00f3nde ahora el mundo de su risa<br \/>\nque poblaron mu\u00f1eca y gnomo alado?<br \/>\n\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 su contento y en qu\u00e9 brisa<\/em><\/p>\n<p><em>florece el eco de su voz sellado?<\/em><br \/>\n<em> \u00a1C\u00e1llelo el coraz\u00f3n que la eterniza<br \/>\nmientras acrece el duelo lo callado&#8230;!&#8221;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-143\" title=\"LINOTIPO\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/linotype.jpg\" alt=\"LINOTIPO\" width=\"300\" height=\"229\"><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para cerrar este aparte de mis deshilvanadas memorias, los invito a dar clic sobre el enlace que aparece abajo. Escuchar\u00e1n el bolero <em>Celoso<\/em>, de J. Lou Carson y M. Montes, el mismo que Jos\u00e9 Sanmiguel Hern\u00e1ndez cantaba a menudo en la sala de redacci\u00f3n mientras, ya casi sobre la medianoche, tecleaba su m\u00e1quina de escribir para plasmar en la cuartilla las \u00faltimas noticias judiciales. \u00c9sta es la interpretaci\u00f3n del gran bolerista mexicano Marco Antonio Mu\u00f1iz, ya posicionado como una de las grandes estrellas del canto latinoamericano para los a\u00f1os de aquellas noches de periodismo provinciano. Noches de inolvidable calidez humana en las que permanec\u00edamos dentro de la sala de redacci\u00f3n del <em>Diario del Oriente<\/em> los \u00faltimos sobrevivientes de la jornada, a la espera de que la edici\u00f3n del d\u00eda fuera cerrada con esa noticia extraordinaria que le permitiera al director ordenar de inmediato un sustancial aumento del tiraje.<\/p>\n<p>Expectativa que, por lo general, culminaba sin que nada extraordinario hubiese sucedido, de modo que pocas horas despu\u00e9s los mismos repartidores taciturnos de cada madrugada estaban saliendo, con sus rostros todav\u00eda adormilados, a recorrer en bicicleta las calles solas y fr\u00edas de la gran ciudad con el mismo tiraje de siempre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/0nKs5Abaapw?rel=0&amp;controls=0&amp;showinfo=0\" width=\"560\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><strong><br \/>\n<\/strong><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>NOTA: Estas remembranzas forman parte de nuestro libro in\u00e9dito&nbsp;ENTRE LA LIBERTAD DE EXPRESI\u00d3N Y LA CENSURA (Columnas de opini\u00f3n, informes especiales y memorias de un periodista an\u00f3nimo). &nbsp; &nbsp; &#8220;Si no est\u00e1s conmigo, nada importa, el vivir sin verte es &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=40\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' heateor-sss-data-href='https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=40'><div class='heateor_sss_sharing_title' style=\"font-weight:bold\" >\u00a1Gracias por compartirla!<\/div><ul class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i style=\"width:35px;height:35px;border-radius:999px;\" alt=\"Facebook\" Title=\"Facebook\" class=\"heateorSssSharing 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