{"id":40612,"date":"2021-12-25T20:25:00","date_gmt":"2021-12-26T01:25:00","guid":{"rendered":"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/?p=40612"},"modified":"2025-04-05T10:38:33","modified_gmt":"2025-04-05T15:38:33","slug":"bucaramanga-en-los-anos-70-susan-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=40612","title":{"rendered":"Bucaramanga en los a\u00f1os 70 \/\/ AZUCENA J\u00c1COME SOTO. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-40615\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg\" alt=\"\" width=\"417\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg 417w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan-200x300.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 417px) 100vw, 417px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De todas las j\u00f3venes que trabajaban en la entonces extensa, fragante y progresista Empresa Licorera de Santander, la de estatura m\u00e1s espigada y el rostro m\u00e1s serio era mi entra\u00f1able compa\u00f1era Susan J\u00e1come.<\/p>\n<p>Ya no tengo claro si lo hac\u00eda en el departamento de contabilidad, o en el de tesorer\u00eda, o en el de ventas, pero lo cierto es que permanec\u00eda al frente de una ventanilla de vidrio atendiendo a un p\u00fablico que yo nunca supe a qu\u00e9 iba.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n lo es que siempre que yo pasaba por ah\u00ed, sent\u00eda que recargaba mis \u00e1nimos cuando ella, como trazando un bello y reconfortante par\u00e9ntesis en su emblem\u00e1tica seriedad, levantaba la vista para mirarme y, entonces, me obsequiaba la fortuna inconmensurable de su mejor encanto personal: la fascinante luminosidad de su sonrisa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-40615\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg\" alt=\"\" width=\"417\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg 417w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan-200x300.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 417px) 100vw, 417px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El puesto de trabajo de Susan quedaba ubicado a la izquierda de aquel piso anchuroso y reluciente por donde transitaban los numerosos visitantes de las oficinas, aquellos que no sub\u00edan hasta las inmensas \u00e1reas de las diferentes secciones de la enorme factor\u00eda, como lo hac\u00edamos nosotros los empleados, el mismo piso espacioso y relumbrante por donde yo ten\u00eda que pasar forzosamente cuando bajaba hacia el despacho de mi amigo V\u00edctor Manuel. &nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>V\u00edctor Manuel era tambi\u00e9n estudiante, como yo, de la Facultad de Derecho de la Universidad Aut\u00f3noma de Bucaramanga, pero iba dos semestres adelante.<\/p>\n<p>Era un hombre realmente afortunado: trabajaba al frente de un grupo de cuatro j\u00f3venes y simp\u00e1ticas mujeres, quiz\u00e1s cinco, y llevaba a cabo la labor de auditor de gerencia en el interior de una oficina cuya elegancia y confort contrastaban de bulto con la modestia arquitect\u00f3nica y el sopor\u00edfero calor de la m\u00eda, un calor tedioso y adormecedor que durante las horas de la tarde parec\u00eda detener el tiempo, como si Cronos hubiera decidido tomarse una imposible pausa de bochorno en el vertiginoso discurrir de la existencia.<\/p>\n<p>Era la de V\u00edctor Manuel, en efecto, una oficina refrescante, con tapete, aire acondicionado y agua helada, a la que, por fortuna, yo ten\u00eda licencia para entrar \u201ccomo Pedro por su casa\u201d, sin que sus subalternas me anunciaran, como lo hac\u00edan al principio, de modo que muy pronto me fui familiarizando con aquel entorno acogedor y amable. Un entorno, entre otras cosas, cercano a la siempre deseada cafeter\u00eda, a donde yo bajaba a mitad de la ma\u00f1ana, no s\u00f3lo para disfrutar de sus delicias gastron\u00f3micas, a las que llam\u00e1bamos galguer\u00edas, sino para tener la ocasi\u00f3n de reencontrarme con aquella pl\u00e9yade de j\u00f3venes de las que ya sab\u00eda que eran, en \u00faltimas, y as\u00ed laboraran en dependencias distintas, mis compa\u00f1eras de trabajo.<\/p>\n<p>De las subalternas de V\u00edctor Manuel solo guardo en mi memoria el nombre, la sencillez, la cordialidad y la risa franca de Elsa Mendoza, m\u00e1s tarde Elsa Mendoza de Henao, y m\u00e1s tarde Elsa Mendoza otra vez, una joven risue\u00f1a y sincera a cuya fiesta de matrimonio habr\u00eda de asistir gustoso a\u00f1os despu\u00e9s, fiesta de la cual conservo el recuerdo de que se celebr\u00f3 en una casa de antejard\u00edn, gradas y bardas a la entrada, ubicada al costado norte de la calle 35 con carrera 20 y algo.<\/p>\n<p>De la abrupta finalizaci\u00f3n de su hogar habr\u00eda de contarme ella misma desde su escritorio de empleada de la C\u00e1mara de Comercio, dibujando en su rostro los trazos inconfundibles de una sonrisa triste, pero que yo interpret\u00e9 desde el fondo de mi coraz\u00f3n como cargada de ilusiones en que su nuevo estado civil le prodigar\u00eda en abundancia los parabienes que su primera pareja no hab\u00eda sabido brindarle a pesar de sus innegables merecimientos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-40615\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg\" alt=\"\" width=\"417\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg 417w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan-200x300.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 417px) 100vw, 417px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Junto a Susan J\u00e1come, aunque no tengo claro si adscrita a su mismo departamento o a un departamento distinto, permanec\u00eda siempre otra joven de estatura considerablemente m\u00e1s baja que la de ella, de pelo afro y corto, y de sonrisa y gentileza elementales, cuyo nombre era Lina Rosa Parada.<\/p>\n<p>Y, claro: entre quienes tambi\u00e9n laboraban cerca de Susan no pod\u00eda faltar la menci\u00f3n de aquella jovencita con la menor estatura de toda la empresa, parad\u00f3jicamente talentosa integrante de su equipo de baloncesto, y poseedora de las cejas y de la sonrisa m\u00e1s hermosas no s\u00f3lo de la empresa, sino de toda la comarca: Glorita Ass\u00eds. Dicho sea de paso, a ese equipo femenino de basquetbol pertenec\u00eda Susan.<\/p>\n<p>Me suele suceder que de las personas conservo una imagen que pareciera como si se hubiese congelado en mi memoria por siempre. La imagen congelada que conservo de Susan es la de una ma\u00f1ana en que la vi, de pie, al lado de Lina Rosa y de Glorita Ass\u00eds, vestida con un holgado blus\u00f3n blanco y un cintur\u00f3n brillante atado a la cintura. Luc\u00eda un bluy\u00edn azul oscuro con las botas dobladas hacia afuera y calzaba unos zapatos de plataforma. Esa ma\u00f1ana, y para siempre, se pein\u00f3 con unas trenzas a los lados de su cabeza, las que se le agitaban mientras se mov\u00eda dentro de su cub\u00edculo desplazando la silla.<\/p>\n<p>\u2014 Hola, \u00d3scar \u2014, me dijo cuando interrumpi\u00f3 fugazmente sus labores para fijar sus ojos en el estudiante de tercer semestre de derecho que se hab\u00eda quedado mir\u00e1ndola sin dejar de caminar. Me lo dijo alzando su mano derecha mientras me iluminaba la ma\u00f1ana con su rostro afable.<\/p>\n<p>\u2014 Hola, Susan \u2014, le dije deteniendo unos instantes la marcha y respondiendo con la m\u00eda el amable gesto de su sonrisa.<\/p>\n<p>As\u00ed se qued\u00f3 Azucena J\u00e1come Soto fotografiada en el \u00e1lbum invisible de mis recuerdos y escondida en el cofre \u00edntimo de mis a\u00f1oranzas.<\/p>\n<p>Para el resto de mi vida, por lo visto, pues hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, tantos lustros despu\u00e9s, tantas d\u00e9cadas despu\u00e9s, cuando tanta agua ha corrido bajo los puentes, as\u00ed la sigo evocando mientras avanzo raudo en estas l\u00edneas felices y nost\u00e1lgicas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-40615\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg\" alt=\"\" width=\"417\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg 417w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan-200x300.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 417px) 100vw, 417px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El viajero que pretendiera entrar a Floridablanca procedente de Bucaramanga, as\u00ed como el que quisiera salir hacia Bucaramanga partiendo de Floridablanca, si pretend\u00edan hacerlo utilizando la joven autopista, ten\u00edan que detener la marcha en una caseta de peaje ubicada sobre la nueva v\u00eda.<\/p>\n<p>Los empleados y trabajadores de la factor\u00eda abord\u00e1bamos el bus que nos conducir\u00eda a nuestros hogares frente a la puerta principal de entrada. En la esquina que nos serv\u00eda de paradero permanec\u00eda abierta una peque\u00f1a tienda. El bus descend\u00eda desde el parque principal y luego de recogernos segu\u00eda bajando en busca de la autopista. Una vez all\u00ed, a una distancia que no sabr\u00eda calcular, se encontraba con la caseta del peaje y superada esta retomaba su recorrido a lo largo de aquella v\u00eda doble a\u00fan casi solitaria. Los pasajeros \u00edbamos conversando animadamente durante el camino y poco a poco los ocupantes de aquel automotor p\u00fablico lo iban abandonando en determinadas paradas que el chofer iba haciendo para permit\u00edrselo. Ya en Bucaramanga el recorrido se circunscrib\u00eda a la carrera 27 en sentido sur norte, esto es, desde la Puerta del Sol hacia las instalaciones de la UIS. Yo me bajaba en el cruce de la carrera 27 con la calle 36 y a partir de ah\u00ed descend\u00eda a pie hasta mi todav\u00eda lejano hogar. No tengo claro en la memoria c\u00f3mo llegaban a su casa los dem\u00e1s compa\u00f1eros, pero s\u00ed lo tengo de que deb\u00edan tomar un transporte complementario, a menos que, como yo, luego de descender del bus se le midieran a recorrer el resto del camino a pie. Es posible que a algunos los recogieran en autom\u00f3viles particulares, pero no alcanzo a recordarlo con claridad. En todo caso, aquel bus siempre recorr\u00eda la autopista repleto de pasajeros y estos eran casi todos, igual que yo, empleados o trabajadores de la licorera.<\/p>\n<p>La existencia de aquella caseta de peaje comenzar\u00eda muy pronto a ser duramente criticada desde las columnas de las p\u00e1ginas editoriales de los diarios bumangueses, pues se consideraba inadmisible en aquel entonces que se tuviese que pagar peaje pr\u00e1cticamente por circular dentro de la misma ciudad donde se viv\u00eda.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el que a bordo de aquel bus viajasen habitualmente las j\u00f3venes empleadas que se reun\u00edan en el kiosco, al igual que trabajadoras igualmente j\u00f3venes con quienes terminamos cruz\u00e1ndonos el saludo, pues a fuerza de vernos todos los d\u00edas acabamos por conocernos, indudablemente hac\u00eda el viaje m\u00e1s amable.<\/p>\n<p>S\u00ed: porque esto era en los a\u00f1os 70 el traslado entre Bucaramanga y Floridablanca o viceversa: un viaje.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-40615\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg\" alt=\"\" width=\"417\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg 417w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan-200x300.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 417px) 100vw, 417px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No recuerdo exactamente por qu\u00e9, pero un d\u00eda el alcalde de Bucaramanga decret\u00f3 el toque de queda a partir de las 5:00 horas de la tarde y se anunci\u00f3 que la ciudad ser\u00eda militarizada y que quienes fueran sorprendidos en las calles ser\u00edan arrestados.<\/p>\n<p>Esa tarde nos permitieron salir de la empresa una hora antes para que alcanz\u00e1ramos a llegar a nuestros hogares antes de que empezara el toque de queda. Por infortunio, justamente ese d\u00eda el bus se retras\u00f3 en llegar a nuestra parada y por eso abandonamos Floridablanca bastante despu\u00e9s de las cuatro.<\/p>\n<p>Como si ello fuera poco, en alg\u00fan recodo de la autopista el conductor detuvo la marcha para llevar a cabo alg\u00fan ajuste de car\u00e1cter mec\u00e1nico en el automotor. La tensi\u00f3n dentro del bus era tal, que la pl\u00e1tica habitual entre sus ocupantes disminuy\u00f3 en forma ostensible e incluso hubo tramos largos de total silencio.<\/p>\n<p>Como siempre lo hac\u00eda, me baj\u00e9 en el cruce de la carrera 27 con calle 36 y comenc\u00e9 a descender con prisa por esta avenida con rumbo hacia mi casa. Sin embargo, cuando a\u00fan caminaba en el tramo comprendido entre la carrera 23 y el parque Santander observ\u00e9 que sub\u00eda un piquete de militares. Dud\u00e9 si cambiarme de calle, pero enseguida descart\u00e9 esa idea, ante la posibilidad obvia de que un encuentro similar con el ej\u00e9rcito se pod\u00eda dar en cualquier otro sitio por donde transitara. As\u00ed que opt\u00e9 por encarar a la tropa y, antes de que esta me interceptara, yo sal\u00ed a su encuentro.<\/p>\n<p>\u2014 Buenas tardes, oficial \u2014, salud\u00e9 al uniformado que iba adelante y cuyo rango ignoraba por completo -. \u00bfQu\u00e9 hora ser\u00e1? Vengo preocupado por lo del toque de queda. Es que trabajo en la Empresa Licorera Santander y el bus que nos trae se retras\u00f3 en llegar a Bucaramanga. Todav\u00eda me faltan varias cuadras para llegar a mi casa.<\/p>\n<p>El hombre se qued\u00f3 mir\u00e1ndome en silencio. Yo esparc\u00ed mi vista por entre los soldados.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfD\u00f3nde vive usted? \u2014, me pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Yo le di la direcci\u00f3n exacta de mi casa, pero adem\u00e1s le recalqu\u00e9 que quedaba muy cerca del Comando de la Polic\u00eda Nacional y del DAS. Sin que \u00e9l me lo estuviera pidiendo, le present\u00e9 mi c\u00e9dula de ciudadan\u00eda y el carnet de la empresa. El hombre tom\u00f3 los documentos en sus manos, los oje\u00f3 y me los devolvi\u00f3 enseguida.<\/p>\n<p>\u2014 Siga \u2014, me dijo.<\/p>\n<p>Y mientras aquella patrulla militar reiniciaba su marcha hacia el oriente, yo prosegu\u00ed la m\u00eda hacia el occidente.<\/p>\n<p>Al pasar frente a la catedral de la Sagrada Familia levant\u00e9 la vista para mirar la hora en el reloj de la torre.<\/p>\n<p>Eso me permiti\u00f3 comprobar que ya hab\u00eda violado el toque de queda.<\/p>\n<p>Como era natural que ocurriera, este episodio, finalmente intrascendente, fue el condimento que sazon\u00f3 la siguiente tertulia en el kiosco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-40615\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg\" alt=\"\" width=\"417\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg 417w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan-200x300.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 417px) 100vw, 417px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando dieron la noticia de que en la cafeter\u00eda comenzar\u00edan a venderle el almuerzo al personal que no quisiera abandonar las instalaciones de la factor\u00eda para irse a almorzar a su casa, por supuesto que uno de los primeros clientes fui yo.<\/p>\n<p>Y no solo porque no quisiera ir a almorzar a mi lejana casa, ubicada en el centro de la distante Bucaramanga, sino ante la evidencia palmaria de que las j\u00f3venes que laboraban en las oficinas de la licorera hab\u00edan acogido entusiastas la idea de quedarse a almorzar en la nueva cafeter\u00eda.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando decid\u00ed empezar a llevar a la empresa y a instalar en mi puesto de trabajo no s\u00f3lo mi folder, mis carpetas y los libros prestados que cargaba para estudiar, sino tambi\u00e9n mi guitarra y mi grabadora.<\/p>\n<p>Desde mi primer semestre de derecho, en efecto, yo grababa las clases.<\/p>\n<p>Lo hac\u00eda en un peque\u00f1o aparato rectangular de color negro, marca Sanyo, con una especie de asa met\u00e1lica plateada tambi\u00e9n rectangular que se pod\u00eda doblar sobre el aparato y la cual uno pod\u00eda agarrar con la mano para transportarlo con total comodidad, algo as\u00ed como si cargara un min\u00fasculo malet\u00edn ejecutivo al lado del cuerpo.<\/p>\n<p>En la oferta de grabaciones musicales no exist\u00edan por entonces sino los discos de acetato y los casetes (nos hall\u00e1bamos bastante distantes de la irrupci\u00f3n del CD). Yo, que no ten\u00eda con qu\u00e9 adquirir ni los unos ni los otros, lograba conseguir canciones de mi gusto que hac\u00eda grabar en casetes v\u00edrgenes, sin otro \u00e1nimo distinto al de enfrentar con ellos dentro de mi habitaci\u00f3n el parsimonioso transcurrir de las horas de tedio. As\u00ed aprend\u00ed a disfrutar la arbitraria combinaci\u00f3n de artistas tan dis\u00edmiles como Sandro y Jaime Llano Gonz\u00e1lez, Los Hispanos y Los Pasteles Verdes, Los Terr\u00edcolas y Los Black Stars, Miguel Aceves Mej\u00eda y Vicky, o Piero y Los Corraleros de Majagual. De esta manera, para cuando promediaba el primer semestre de 1976 y ya me encontraba laborando en la importante licorera santandereana, pose\u00eda una incomparable colecci\u00f3n de temas musicales que me permit\u00edan disfrutar durante horas enteras de Germain de la Fuente y una pl\u00e9yade de estrellas que en aquel momento conformaban el firmamento de la far\u00e1ndula nacional e internacional. En cuanto a mi guitarra, no era precisamente ning\u00fan Paco de Luc\u00eda, pero mis precarios rasgueos en La Mayor, Quinta de La y Re Mayor me permitir\u00edan convertirme muy pronto en la aclamada estrella de un kiosco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-40615\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg\" alt=\"\" width=\"417\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg 417w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan-200x300.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 417px) 100vw, 417px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las j\u00f3venes empleadas terminaban de almorzar y se iban caminando y conversando hasta el kiosco, convertido en un atractivo lugar de descanso ubicado frente a la piscina y al hogar natural de los cisnes blancos que engalanaban con su caminar airoso aquel verde, florecido y refrescante entorno.<\/p>\n<p>Al principio no me atrev\u00ed a hacerlo, pero d\u00edas despu\u00e9s tuve la osad\u00eda de irme a sentar yo tambi\u00e9n en aquel sombreado sitio y pronto pas\u00e9 a formar parte de un grupo cuya heterogeneidad de g\u00e9nero solamente la marcaba yo, pues de resto todas eran mujeres.<\/p>\n<p>Me result\u00f3 f\u00e1cil atraer la atenci\u00f3n. En un principio, porque yo mandaba a grabar y pon\u00eda a sonar en el kiosco canciones de Los Galos, Leo Dan, Yaco Monti, Heleno, Elio Roca, Sab\u00fa, Raphael, Leonardo Favio, Juan Gabriel, Oscar Golden, Jes\u00fas David Quintana, Pablus Gallinazo, y, por supuesto, de Rodolfo Aicardi, Los Graduados, Los Corraleros de Majagual, Los Golden Boys, Los Blanco, la Billos Caracas Boys, Los Mel\u00f3dicos, Orlando y su Combo, Nelson Henr\u00edquez, y un fulgurante etc\u00e9tera, lo que me convirti\u00f3 muy pronto en el im\u00e1n que atra\u00eda, y ya no s\u00f3lo a las compa\u00f1eras inicialmente ocupantes de aquel c\u00f3modo kiosco, sino tambi\u00e9n a compa\u00f1eros varones que fueron acerc\u00e1ndose, seducidos, desde luego, no tanto por la m\u00fasica que emerg\u00eda de mi peque\u00f1a grabadora, sino m\u00e1s bien por los encantos femeninos que la rodeaban. M\u00e1s tarde, porque con la complicidad de mi guitarra y de mis escasas dotes de cantor bien pronto empec\u00e9 a interpretar las canciones que me sab\u00eda y a servirles de acompa\u00f1ante y de corista a mis nuevas amigas cuando se animaron a cantar las que ellas conoc\u00edan mejor que yo. Finalmente, porque en aquellos tiempos a\u00fan exist\u00eda la delicia incomparable de la conversaci\u00f3n y a trav\u00e9s de ella y de mis chistes malos de siempre fui afianzando la relaci\u00f3n de cercan\u00eda con Susan y las dem\u00e1s j\u00f3venes empleadas.<\/p>\n<p>Incluyendo dentro de estas, por supuesto, aquella jovencita diminuta y linda que vest\u00eda el uniforme rojo del equipo de baloncesto y que con sus bellas cejas y su sonrisa hermosa habr\u00eda de conquistar mi coraz\u00f3n hasta aquella medianoche de 31 de diciembre cuando le confes\u00e9 que estaba enamorado de ella sin dec\u00edrselo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-40615\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg\" alt=\"\" width=\"417\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg 417w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan-200x300.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 417px) 100vw, 417px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una tarde cualquiera de viernes surgi\u00f3 la amable noticia de que Azucena J\u00e1come Soto, nuestra querida Susan, nos iba a llevar a su casa al salir de la jornada.<\/p>\n<p>Y, en efecto, as\u00ed fue: esa noche fuimos a parar a una casa del entonces solitario barrio Las Terrazas, ubicada al costado occidental de la carrera 45, su tambi\u00e9n por entonces solitaria v\u00eda principal.<\/p>\n<p>A\u00fan nos est\u00e1bamos terminando de sentar, de acomodar lo que llev\u00e1bamos en nuestras manos y de brindarles desde nuestros asientos las \u00faltimas sonrisas a los sonrientes anfitriones, cuando Susan puso a girar el tocadiscos de la radiola de patas y los aires empezaron a inundarse con las notas de aquella canci\u00f3n que siempre que la escucho me transporta a ese momento, a ese viernes, a esa casa del barrio Las Terrazas, a ese a\u00f1o en el que fui empleado de la Empresa Licorera de Santander y, por supuesto, a la inolvidable imagen de una amiga a la que quise &#8211; como siempre me sucedi\u00f3 con todos mis amigos &#8211; mucho m\u00e1s de lo que ella seguramente lleg\u00f3 a quererme a m\u00ed.<\/p>\n<p>De esa canci\u00f3n, de ese tema musical, un pegajoso tema tropical colombiano, se prensaron posteriormente otras versiones. Incluso la volvi\u00f3 a grabar el mismo cantante, el maestro Gustavo Quintero, esta vez con la orquesta Los Graduados. De hecho, la segunda versi\u00f3n se escucha con furor en los diciembres dentro de muchas casas donde las tradiciones familiares no se han dejado extinguir. Pero fue la versi\u00f3n que Susan puso a sonar en aquel veloz y brillante disco de 78 revoluciones por minuto la que se me qued\u00f3 grabada por siempre en mi mente y en mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-40615\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg\" alt=\"\" width=\"417\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan.jpeg 417w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Susan-200x300.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 417px) 100vw, 417px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De aquella primera versi\u00f3n me pareci\u00f3 esa noche especialmente particular el sonido de las maracas. Eran, en efecto, las maracas el instrumento que sobresal\u00eda notoriamente, al menos para mis o\u00eddos, de entre todos los  de la agrupaci\u00f3n musical que acompa\u00f1aban la voz del talentoso artista antioque\u00f1o.<\/p>\n<p>Eso, lejos de constituir para m\u00ed algo que motivara una cr\u00edtica, por el contrario me agrad\u00f3 profundamente.<\/p>\n<p>Las maracas, dicho sea de paso, ya eran para entonces uno de los instrumentos musicales preferidos por m\u00ed.<\/p>\n<p>Lo fueron siempre. Quienes conocieron mi conjunto musical \u201cLos Peor es Nada\u201c, de los a\u00f1os 80, saben a qu\u00e9 me refiero porque de seguro recuerdan los varios pares de maracas que integr\u00e9 al grupo, desde las de cuero &#8220;Latin Percussion&#8221; (LP) hasta los llamados capachos, con los cuales interpret\u00e1bamos la m\u00fasica llanera.<\/p>\n<p>As\u00ed que de aquella primera noche de viernes en la casa de Azucena J\u00e1come Soto en el barrio Las Terrazas, al oriente de mi natal Bucaramanga, siempre he recordado con singular nostalgia aquel particular detalle de la versi\u00f3n del tema musical con que ella abri\u00f3 la fiesta.<\/p>\n<p>Esa canci\u00f3n hab\u00eda sido compuesta por el maestro An\u00edbal \u00c1ngel, un excelente m\u00fasico antioque\u00f1o, integrante de &#8220;Los Teen Agers&#8221;, conjunto cuyo cantante era un joven Gustavo Quintero que ya comenzaba a brillar con luz propia en el firmamento art\u00edstico nacional. Su creador la titul\u00f3 \u201cColor de arena\u201c.<\/p>\n<p>Por fortuna, la magia de Internet me permiti\u00f3 el privilegio impagable de volver a escucharla, de volver a recordar aquel a\u00f1o lejano y hermoso, de volver a traer al presente de nuevo a mis amigas y a mis amigos de entonces, de volver a recordarte, Azucena, y tener as\u00ed la oportunidad de enviarte desde aqu\u00ed, desde mi hogar y a la distancia de los a\u00f1os, mi c\u00e1lido y afectuoso saludo de amigo sincero, de un compa\u00f1ero que nunca te olvid\u00f3 y que a\u00fan hoy te sigue agradeciendo la sencilla, pero significativa amistad que le brindaste.<\/p>\n<p>Que el Supremo Hacedor derrame sobre ti y sobre los tuyos sus bendiciones donde quiera que est\u00e9s, mi querida y seria Susan.<\/p>\n<p>Y gracias, un mill\u00f3n de gracias, por los buenos ratos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/2GjNwqfbdHs?controls=0\" title=\"YouTube video player\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\" allowfullscreen=\"\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; I &nbsp; De todas las j\u00f3venes que trabajaban en la entonces extensa, fragante y progresista Empresa Licorera de Santander, la de estatura m\u00e1s espigada y el rostro m\u00e1s serio era mi entra\u00f1able compa\u00f1era Susan J\u00e1come. Ya no tengo claro &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=40612\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' heateor-sss-data-href='https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=40612'><div class='heateor_sss_sharing_title' style=\"font-weight:bold\" >\u00a1Gracias por compartirla!<\/div><ul class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i style=\"width:35px;height:35px;border-radius:999px;\" alt=\"Facebook\" Title=\"Facebook\" class=\"heateorSssSharing heateorSssFacebookBackground\" onclick='heateorSssPopup(\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?u=https%3A%2F%2Foscarhumbertogomez.com%2Findex.php%3Frest_route%3D%252Fwp%252Fv2%252Fposts%252F40612\")'><ss style=\"display:block;border-radius:999px;\" class=\"heateorSssSharingSvg heateorSssFacebookSvg\"><\/ss><\/i><\/li><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i 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