{"id":44986,"date":"2023-05-04T16:33:27","date_gmt":"2023-05-04T21:33:27","guid":{"rendered":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=44986"},"modified":"2023-09-06T20:21:02","modified_gmt":"2023-09-07T01:21:02","slug":"la-leyenda-del-judio-errante-y-su-peregrinaje-de-casi-dos-mil-anos-en-la-tierra-capitulo-cuarto-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=44986","title":{"rendered":"La leyenda del Jud\u00edo Errante y su peregrinaje de casi dos mil a\u00f1os en la tierra. CAP\u00cdTULO CUARTO. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-44851\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/EL-JUDIO-ERRANTE-1024x707.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"442\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/EL-JUDIO-ERRANTE-1024x707.jpeg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/EL-JUDIO-ERRANTE-300x207.jpeg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/EL-JUDIO-ERRANTE-768x531.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/EL-JUDIO-ERRANTE.jpeg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El ilustre historiador colombiano Javier Ocampo L\u00f3pez en su libro \u201cMitos y leyendas de Antioquia la Grande\u201c se refiere al Jud\u00edo Errante en los siguientes t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u201cEs un espanto que viaja por todas las regiones de la tierra. El jud\u00edo Ahseverus, que era carpintero en los tiempos de Cristo, le grit\u00f3 al Nazareno: \u201cAnda&#8221;, cuando \u00e9ste quiso sentarse en una piedra. El Maestro le dijo: \u201cAnda t\u00fa, anda hasta que yo vuelva, hasta el fin de los tiempos\u201c. Y desde entonces el Jud\u00edo Errante anda por todo el mundo hasta la consumaci\u00f3n de los siglos. Seg\u00fan las tradiciones de algunos pueblos paisas, el Jud\u00edo Errante ha estado en estas tierras de la monta\u00f1a. Camina como un aut\u00f3mata y muy cansado. Cuando llega a los pueblos generalmente el pueblo se oscurece y hay aguaceros\u201c. (OCAMPO L\u00d3PEZ, Javier. Mitos y leyendas de Antioquia la Grande. Plaza y Jan\u00e9s. Bogot\u00e1. 2001, p. 151).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-45051\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/MITOS-OCAMPO.png\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"830\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/MITOS-OCAMPO.png 600w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/MITOS-OCAMPO-217x300.png 217w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como se observa, aqu\u00ed el nombre &#8220;Ahasverus&#8221; se convierte en &#8220;Ahseverus&#8221;, pero, de todos modos, al personaje se le asigna el oficio de carpintero.<\/p>\n<p>Sea el momento de advertir, sin embargo, que ni en todas las fuentes al Jud\u00edo Errante se le da el nombre de Ahasverus (o Ahseverus; hay incluso otras denominaciones similares a estas), ni el oficio que se le atribuye es siempre el de carpintero.<\/p>\n<p>En efecto, tambi\u00e9n se le encontrar\u00e1 bajo otros nombres muy diferentes, como el de Cartaphilus, y con otro oficio totalmente distinto: el de zapatero.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s: en algunas fuentes no es ni carpintero, ni zapatero, sino portero del palacio y residencia de Poncio Pilatos en Jerusal\u00e9n, esto es, del Pretorio, el edificio donde fue juzgado y condenado Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Tampoco se le reprocha siempre al Jud\u00edo Errante de manera exclusiva el haberle negado a Jes\u00fas el agua que, extremadamente sediento, le pidi\u00f3 camino del Calvario. Tambi\u00e9n se le acusa de haberlo empujado, abofeteado, escupido, etc., o de haberle impedido sentarse a descansar unos instantes, tal y como se observa en la transcripci\u00f3n del libro de Ocampo L\u00f3pez.<\/p>\n<p>Lo \u00fanico cierto, de todos modos, es que se trata de un hombre jud\u00edo de edad indeterminada, pero que tendr\u00eda alrededor de unos 50 a\u00f1os cuando fue testigo presencial del juzgamiento y condena de Jes\u00fas a la pena de crucifixi\u00f3n y que lo fue tambi\u00e9n de los inicios mismos de su camino hacia el G\u00f3lgota o, en todo caso, de alg\u00fan momento del trayecto que tuvo que recorrer hacia el lugar de su ajusticiamiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-45015\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/JUDIO-2.jpeg\" alt=\"\" width=\"472\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/JUDIO-2.jpeg 472w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/JUDIO-2-138x300.jpeg 138w\" sizes=\"auto, (max-width: 472px) 100vw, 472px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cualquiera que sea el contexto de las circunstancias, el com\u00fan denominador es el de que, de todas maneras, a este personaje se le conden\u00f3 a no morir jam\u00e1s, como lo hacen todos los seres humanos, sino a permanecer siempre vivo, vagando a lo largo y a lo ancho de la tierra y sin encontrar nunca reposo, hasta la segunda venida del Hijo de Dios, llegando con el paso de los a\u00f1os hasta una edad centenaria y retornando a la juventud para empezar de nuevo a recorrer la vida hasta la edad centenaria y as\u00ed sucesivamente, de manera que aunque aparezca en alg\u00fan lugar demostrando una edad cualquiera, no se sabe con certeza cu\u00e1l es la que realmente tiene en ese momento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-45012\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/JUDIO-.jpeg\" alt=\"\" width=\"472\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/JUDIO-.jpeg 472w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/JUDIO--138x300.jpeg 138w\" sizes=\"auto, (max-width: 472px) 100vw, 472px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la obra \u201cEL PASEANTE DE PRAGA\u201d, de Guillaume Apollinaire, el Jud\u00edo Errante llega a aquella bell\u00edsima ciudad que a lo largo de su devenir hist\u00f3rico ser\u00e1 capital de Bohemia, de Checoslovaquia y de la Rep\u00fablica Checa. El narrador, que tambi\u00e9n ha llegado a Praga y se acaba de hospedar en un hotel que le han recomendado, se encuentra en la calle con el legendario personaje y en la conversaci\u00f3n que entablan le pregunta si su nombre es realmente Ahasverus. Transcurre el a\u00f1o 1902. El siguiente es el aparte pertinente del relato:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-45094\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/PRAGA-.jpeg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"528\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/PRAGA-.jpeg 800w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/PRAGA--300x198.jpeg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/PRAGA--768x507.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8220;Sal\u00ed con la intenci\u00f3n de pasear mientras fuera de d\u00eda y de cenar, m\u00e1s tarde, en una taberna bohemia. Siguiendo mi costumbre pregunt\u00e9 a un transe\u00fante, que tambi\u00e9n reconoci\u00f3 mi acento y me respondi\u00f3 en franc\u00e9s:<\/p>\n<p>&#8211; Yo tambi\u00e9n soy extranjero, pero conozco Praga y sus encantos lo suficiente como para invitarle a que me acompa\u00f1e por la ciudad.<\/p>\n<p>Observ\u00e9 al hombre. Me pareci\u00f3 que deb\u00eda rondar los sesenta, aunque se conservaba bien. Su indumentaria se compon\u00eda de un largo abrigo marr\u00f3n con cuello de nutria y un pantal\u00f3n ajustado de pa\u00f1o negro, a trav\u00e9s del cual se adivinaban unas pantorrillas muy musculosas. Iba tocado con un sombrero ancho de fieltro negro, como los que suelen llevar los profesores alemanes. Una estrecha cinta de seda negra rodeaba su frente. Sus zapatos de cuero flexible, sin tacones, amortiguaban el ruido de sus pasos, lentos y regulares como los de alguien que, sabiendo el largo camino que le queda por recorrer, quiere evitar llegar cansado a la meta. Camin\u00e1bamos en silencio. Observ\u00e9 minuciosamente el perfil de mi compa\u00f1ero. El rostro desaparec\u00eda pr\u00e1cticamente bajo la espesura de la barba, el bigote y unos cabellos desmesuradamente largos, aunque peinados con esmero, y de una blancura de armi\u00f1o. Quedaban a la vista, sin embargo, los labios carnosos y viol\u00e1ceos. La nariz sobresal\u00eda, curva y velluda. El desconocido se detuvo cerca de unos urinarios y me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Perd\u00f3n, se\u00f1or.<\/p>\n<p>(&#8230;) Cuando salimos coment\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Mire esas casas antiguas; conservan los blasones que las diferenciaban antes de ser numeradas. \u00c9sta es la casa de la Virgen, all\u00ed est\u00e1 la del \u00c1guila y, m\u00e1s all\u00e1, la del Caballero.<\/p>\n<p>Sobre el portal de esta \u00faltima hab\u00eda una fecha grabada. El viejo la ley\u00f3 en voz alta:<\/p>\n<p>&#8211; 1721. \u00bfD\u00f3nde estaba yo entonces?&#8230; El 21 de junio de 1721 llegu\u00e9 a las puertas de Munich.<\/p>\n<p>Yo le escuchaba alarmado, pensando que estaba tratando con un loco. \u00c9l me mir\u00f3 y sonri\u00f3, mostrando sus enc\u00edas desdentadas.<\/p>\n<p>&#8211; Llegu\u00e9 ante las puertas de Munich. Pero, al parecer, mi cara no les gust\u00f3 a los soldados del puesto de guardia, pues me interrogaron de un modo muy concienzudo. Como mis respuestas no les satisficieron, me apalearon y me condujeron ante los inquisidores. Aunque ten\u00eda la conciencia tranquila, me sent\u00eda bastante inquieto. Por el camino, la visi\u00f3n de san Onofre, pintado en la casa que ahora lleva el n\u00famero diecisiete de la Marienplatz, me confirm\u00f3 que vivir\u00eda al menos hasta el d\u00eda siguiente, ya que esta imagen posee la propiedad de conceder un d\u00eda de vida a quien la contempla. De cualquier modo aquella visi\u00f3n no ten\u00eda demasiada utilidad para m\u00ed, pues poseo la certeza de sobrevivir. Los jueces me pusieron en libertad, y estuve paseando por Munich durante ocho d\u00edas.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Deb\u00eda ser muy joven entonces! -exclam\u00e9, por decir algo-. \u00a1Muy joven!<\/p>\n<p>El desconocido respondi\u00f3 con indiferencia:<\/p>\n<p>&#8211; Casi dos siglos m\u00e1s joven. Pero, exceptuando la ropa, ten\u00eda el mismo aspecto que ahora. De todas formas, aqu\u00e9lla no era mi primera visita a Munich. Hab\u00eda estado en 1334, y todav\u00eda recuerdo los dos cortejos que vi. El primero estaba compuesto por unos arqueros que acompa\u00f1aban a una mujerzuela que plantaba cara con arrojo a los abucheos de la multitud y llevaba con dignidad su corona de paja, una diadema infamante en cuya cima tintineaba una campanilla; dos largas trenzas de paja descend\u00edan hasta las corvas de aquella bella muchacha. Iba con las manos encadenadas y cruzadas sobre el vientre, que adelantaba l\u00fabricamente, seg\u00fan la moda de una \u00e9poca en la que la belleza de las mujeres consist\u00eda en parecer embarazadas. Era su \u00fanico rasgo hermoso. El segundo cortejo fue el de un jud\u00edo al que conduc\u00edan a la horca. Camin\u00e9 hasta el cadalso entre el griter\u00edo de la multitud, ebria de cerveza. La cabeza del jud\u00edo estaba aprisionada bajo una m\u00e1scara de hierro pintada de rojo. La m\u00e1scara representaba un rostro diab\u00f3lico, cuyas orejas, a decir verdad, ten\u00edan la forma de los cucuruchos con orejas de burro que se les pone en la cabeza a los ni\u00f1os que se portan mal. La nariz era larga y puntiaguda, y su peso obligaba al infeliz a caminar encorvado. Una lengua enorme, plana, estrecha y enroscada completaba aquel inc\u00f3modo artilugio. Ninguna mujer sent\u00eda piedad por el jud\u00edo. A ninguna se le ocurri\u00f3 enjugar su frente sudorosa bajo la m\u00e1scara, como aquella desconocida que sec\u00f3 el rostro de Jes\u00fas con el lienzo de la Santa Faz. (&#8230;)<\/p>\n<p>&#8211; Usted es israelita, \u00bfverdad? -pregunt\u00e9 simplemente.<\/p>\n<p>\u00c9l respondi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Soy el Jud\u00edo Errante. Seguramente usted ya lo hab\u00eda adivinado. Soy el Eterno Jud\u00edo; as\u00ed me llaman los alemanes. Soy Isaac Laquedem.<\/p>\n<p>Le di mi tarjeta y le pregunt\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; Usted estaba en Par\u00eds en abril del a\u00f1o pasado, \u00bfverdad? Y escribi\u00f3 su nombre con tiza en una pared de la calle de Bretagne. Recuerdo haberlo le\u00eddo un d\u00eda en que me dirig\u00eda a La Bastilla montado en un \u00f3mnibus.<\/p>\n<p>Dijo que era verdad, y continu\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfSe le atribuye con frecuencia el nombre de Ahasverus?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Dios M\u00edo! Todos esos nombres y muchos m\u00e1s me pertenecen. En el romance que se cant\u00f3 tras mi visita a Bruselas aparezco como Isaac Laquedem, nombre tomado de Philippe Mouskes, que en 1243 escribi\u00f3 mi historia en rimas flamencas. El cronista ingl\u00e9s Mathieu de Par\u00eds, que la conoc\u00eda por el patriarca armenio, ya la hab\u00eda contado. Desde entonces los poetas y cronistas han relatado mis andanzas con el nombre de Ahasver, Ahasverus o Ashavere, seg\u00fan las ciudades. Los italianos me llaman Buttadeo -en lat\u00edn, Buttadeus-; los bretones, Boudedeo; y los espa\u00f1oles, Juan Espera-en-Dios. Yo prefiero el nombre de Isaac Laquedem, con el cual he visitado a menudo Holanda. Algunos autores suponen que fui portero en casa de Poncio Pilato, y que mi nombre era Karthaphilos. Otros no ven en m\u00ed m\u00e1s que a un zapatero, y la ciudad de Berna se honra en conservar un par de botas cuya confecci\u00f3n pretenden adjudicarme y que podr\u00eda haber dejado a mi paso por la ciudad. Sin embargo, lo \u00fanico que dir\u00e9 acerca de m\u00ed es que Jes\u00fas me orden\u00f3 caminar hasta su regreso. No he le\u00eddo las obras que he inspirado, pero conozco el nombre de sus autores: Goethe, Schubart, Schlegel, Schreiber, von Schenck, Pfizer, W. M\u00fcller, Lenau, Zedlitz, Mosens, Kohler, Klingemann, Levin Sch\u00fcking, Andersen, Heller, Herrig, Hamerling, Robert Giseke, Carmen SyIva, Hellig, Neubaur, Paulus Cassel, Edgard Quinet, Eug\u00e8ne Su\u00eb, Gaston Paris, Jean Richepin, Jules Jouy, el ingl\u00e9s Conway y los praguenses Max Haushofer y Suchomel.<\/p>\n<p>(&#8230;).<\/p>\n<p>&#8211; Yo no cre\u00eda en su existencia -dije-. Pensaba que su leyenda era el s\u00edmbolo de su raza errante. (&#8230;) Entonces, \u00bfes cierto que Jes\u00fas le conden\u00f3?<\/p>\n<p>&#8211; Es cierto, pero no hablemos de eso. Estoy acostumbrado a una vida sin fin y sin reposo. Porque no duermo. Camino sin cesar y continuar\u00e9 caminando hasta que se manifiesten las Quince Se\u00f1ales anunciadoras del Juicio Final. (&#8230;) \u00a1Vamos, r\u00edase! No tema ni al futuro, ni a la muerte. Nunca se tiene la seguridad de morir. Puede creerlo, no soy el \u00fanico que no ha muerto. Recuerde a Enoc, a El\u00edas, a Emp\u00e9docles, a Apolonia de Tiana&#8230; \u00bfAcaso ya no cree nadie que Napole\u00f3n todav\u00eda vive? \u00a1Y aquel desdichado rey de Baviera (&#8230;)! Pregunte a los b\u00e1varos. Todos le asegurar\u00e1n que su magn\u00edfico y loco rey sigue vivo. Tal vez usted tampoco muera. (&#8230;) En 1542 (&#8230;) fui a una iglesia descalzo para suplicarle a Dios, en vano, que me perdonara y me permitiera detenerme. Aquel d\u00eda, durante el serm\u00f3n, fui reconocido y abordado por el estudiante Paulus von Eitzen, que se convirti\u00f3 en obispo de Schleswig. Von Eitzen me cont\u00f3 la aventura de su compa\u00f1ero Chrysostomus Duduloeus, que la imprimi\u00f3 en 1564. (&#8230;) Pero empiezo a sentir que debo marcharme. \u00a1Ya estoy harto de Praga!&#8221;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-45105\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/DESIERTO--1024x590.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"369\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/DESIERTO--1024x590.jpeg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/DESIERTO--300x173.jpeg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/DESIERTO--768x442.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/DESIERTO--1536x885.jpeg 1536w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/DESIERTO--2048x1180.jpeg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En su largo peregrinar, la leyenda del Jud\u00edo Errante habr\u00e1 de ir desde el septentri\u00f3n hasta el sur y desde el levante hasta el poniente, atravesar\u00e1 desiertos y oc\u00e9anos, y un d\u00eda cualquiera, cuando el siglo XIX decline o el siglo XX todav\u00eda se desperece, irrumpir\u00e1 en Bucaramanga. A\u00fan los viajeros, por esos tiempos, traer\u00e1n consigo en su pelo el polvo de los caminos y al ingresar a la tierra de las cigarras lo har\u00e1n cruzando el emblem\u00e1tico puente del Comercio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-31148\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/EL-JUDIO-ERRANTE--1024x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"640\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/EL-JUDIO-ERRANTE--1024x1024.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/EL-JUDIO-ERRANTE--150x150.jpg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/EL-JUDIO-ERRANTE--300x300.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/EL-JUDIO-ERRANTE--768x768.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/EL-JUDIO-ERRANTE-.jpg 1418w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/Kv8WWlqDQfI?si=tSRjkTS-vPAcynKk&amp;controls=0\" title=\"YouTube video player\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" allowfullscreen=\"\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>ILUSTRACIONES:<\/strong> (1) El Jud\u00edo Errante. C. Lomerelan. &#8220;Las supersticiones de la humanidad&#8221;. Jos\u00e9 Coroleu. Jaime Seix, Editor. Barcelona, Espa\u00f1a. 1881.<\/p>\n<p>(2) Portada del libro &#8220;Mitos y leyendas de Antioquia la Grande&#8221; del historiador caldense Javier Ocampo L\u00f3pez. Plaza y Jan\u00e9s. Editores Colombia S.A. Bogot\u00e1. 2001.<\/p>\n<p>(3) El jud\u00edo Ahasverus observando desde su casa-taller en Jerusal\u00e9n la aproximaci\u00f3n del cortejo en el que vienen Jes\u00fas y otros prisioneros con rumbo hacia el Calvario donde sabe que ser\u00e1n crucificados. Ilustraci\u00f3n de Gustavo Dor\u00e9 (Detalle). 1857.<\/p>\n<p>(4) El Jud\u00edo Errante. Ilustraci\u00f3n de Paul Gavarni. Par\u00eds. 1845.<\/p>\n<p>(5) Calle solitaria en el sector hist\u00f3rico de Praga. Fotograf\u00eda: Maticsandra.<\/p>\n<p>(6) Vista nocturna del desierto. Fotograf\u00eda: Walid Ahmad.<\/p>\n<p>(7) El autor representando al Jud\u00edo Errante en dos facetas de su eterno viaje a pie por toda la tierra y que, seg\u00fan la leyenda, solo terminar\u00e1 cuando Jes\u00fas vuelva por segunda vez: en colores, en los albores de su peregrinar, y al fondo, en blanco y negro, siglos despu\u00e9s, cuando ingresa a la antigua Bucaramanga cruzando el puente del Comercio. Fotograf\u00edas: Quintilio Gavassa Mibelli y Pedro Jes\u00fas Vargas Cordero. Montaje: Pedro Jes\u00fas Vargas Cordero (2004).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>ADVERTENCIA<\/strong>: La fotograf\u00eda y el montaje fotogr\u00e1fico a los que se refiere la nota (7) tienen derechos reservados. Se prohibe su reproducci\u00f3n y uso por terceras personas sin el permiso previo y escrito de sus titulares (Ley 23 de 1982).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00d3SCAR HUMBERTO G\u00d3MEZ G\u00d3MEZ<\/strong>. Miembro de N\u00famero de la Academia de Historia de Santander. Miembro de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia. Miembro del Colegio Nacional de Periodistas. Miembro del ilustre y desaparecido Colegio de Abogados de Santander.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El ilustre historiador colombiano Javier Ocampo L\u00f3pez en su libro \u201cMitos y leyendas de Antioquia la Grande\u201c se refiere al Jud\u00edo Errante en los siguientes t\u00e9rminos: \u201cEs un espanto que viaja por todas las regiones de la tierra. El &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=44986\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' heateor-sss-data-href='https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=44986'><div class='heateor_sss_sharing_title' style=\"font-weight:bold\" >\u00a1Gracias por compartirla!<\/div><ul class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i style=\"width:35px;height:35px;border-radius:999px;\" alt=\"Facebook\" Title=\"Facebook\" class=\"heateorSssSharing heateorSssFacebookBackground\" onclick='heateorSssPopup(\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?u=https%3A%2F%2Foscarhumbertogomez.com%2Findex.php%3Frest_route%3D%252Fwp%252Fv2%252Fposts%252F44986\")'><ss style=\"display:block;border-radius:999px;\" class=\"heateorSssSharingSvg heateorSssFacebookSvg\"><\/ss><\/i><\/li><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i 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