{"id":48906,"date":"2024-11-17T13:20:07","date_gmt":"2024-11-17T18:20:07","guid":{"rendered":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=48906"},"modified":"2026-03-16T12:46:07","modified_gmt":"2026-03-16T17:46:07","slug":"el-hombre-que-resucito-de-entre-las-flores-cuento-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=48906","title":{"rendered":"EL HOMBRE QUE RESUCIT\u00d3 DE ENTRE LAS FLORES. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La tarde glacial y triste en que muri\u00f3 Fernando Sebasti\u00e1n nadie se imagin\u00f3 lo que iba a suceder en el mundo.<br \/>\nNo lo presagiaron ni siquiera en la ciudad donde vivi\u00f3 tantos a\u00f1os, desde el d\u00eda lejano en que lleg\u00f3 a ella montado en su burrito, el diminuto y manso asno que un d\u00eda se cans\u00f3 de estar haciendo lo mismo y quiso probar suerte march\u00e1ndose a trotar por el espacio, a viajar alrededor del mundo, cargando en el lomo ni\u00f1os hu\u00e9rfanos por la guerra que se mor\u00edan de aburrimiento, los mismos ni\u00f1os melanc\u00f3licos que, una noche tachonada de luceros, huyeron de sus casas de mentiras, de los hospitales de mentiras, de los refugios de mentiras, y se fueron a buscar el titilar de las estrellas mientras iban cantando en coro una canci\u00f3n inolvidable que dec\u00eda: \u201cVoy a dar la vuelta al mundo montado en un burrito\u201d.<br \/>\nFernando Sebasti\u00e1n se qued\u00f3 esperando el regreso de su borrico, que le prometi\u00f3 retornar apenas terminara su periplo por los mares insondables del espacio, pero \u00a1mentiras!, porque al volver a la tierra el asno convenci\u00f3 a muchos otros jumentos y los ni\u00f1os hu\u00e9rfanos viajeros convencieron a muchos otros ni\u00f1os hu\u00e9rfanos, y todos, ni\u00f1os y burros, se fueron huyendo de la guerra interminable, a darle la vuelta al mundo, trotando, los segundos, sobre los caminos eternos del espacio, y cantando, los primeros, aquella canci\u00f3n inolvidable que dec\u00eda: &#8220;Voy a dar la vuelta al mundo montado en un burrito&#8221;.<br \/>\n\u00c9l prosigui\u00f3 con su vida, conservando a su burrito en su coraz\u00f3n, convencido de que Dios sab\u00eda c\u00f3mo hac\u00eda sus cosas y de que eran inescrutables sus designios. En todo caso, desde el fondo de su alma atribulada por la p\u00e9rdida, deseaba que su jumento compa\u00f1ero y el resto de la recua emigrante hubiesen sido recibidos, con su preciosa carga, en las anchurosas puertas de entrada al Para\u00edso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El d\u00eda en que muri\u00f3 nadie se imagin\u00f3 lo que habr\u00eda de pasar porque a la gente le pareci\u00f3 normal que alg\u00fan d\u00eda se muriera y lo \u00fanico que presagiaban era que se le enviar\u00edan muchas flores por aquello que todos ya sab\u00edan.<br \/>\nHasta aquel d\u00eda hist\u00f3rico una parte de la humanidad pensaba que el segundo diluvio universal tambi\u00e9n ser\u00eda de agua. Otra parte aseguraba, en cambio, con base nunca se supo en qu\u00e9, que el cataclismo acu\u00e1tico jam\u00e1s se repetir\u00eda, porque sencillamente no era posible que se repitiera, y juraban que el segundo diluvio b\u00edblico habr\u00eda de ser de fuego: una llamarada incontenible que se ir\u00eda extendiendo sobre la faz de la tierra hasta convertir el mundo en apenas un mont\u00f3n interminable de cenizas. Pero a nadie, absolutamente a nadie, ni siquiera al propio Fernando Sebasti\u00e1n, se le ocurri\u00f3 pensar jam\u00e1s que pudiera ser de flores.<br \/>\nPor eso, el segundo diluvio universal, que ocurri\u00f3 precisamente el d\u00eda en que enterraban a Fernando Sebasti\u00e1n, tom\u00f3 a todo el mundo por sorpresa, y por eso, a\u00f1os despu\u00e9s, los historiadores todav\u00eda averiguaban, confundidos, c\u00f3mo se llamaban aquellas flores grises, y aquellas otras verdes, y aquellas otras plateadas, que hab\u00edan ca\u00eddo a torrentes esa tarde, hasta tapizar las calles, y los tejados, y los parques, y las playas.<br \/>\nY fue verdad que ese d\u00eda llovieron flores, flores ignoradas, flores de las que nunca se acordaban las floristas, ni ordenaban jam\u00e1s los novios hipnotizados que con flores trataban de hipnotizar a sus amadas.<br \/>\nMas todo comenz\u00f3 en realidad el d\u00eda en que naci\u00f3 Fernando Sebasti\u00e1n.<br \/>\nPorque ese d\u00eda el hospital se atiborr\u00f3 de flores, y \u00e9l, apenas un beb\u00e9 reci\u00e9n nacido, fue capaz, sin embargo, de reconocer en ellas la belleza del mundo al que llegaba. Se imagin\u00f3 entonces que el mundo no era m\u00e1s que un inmenso jard\u00edn.<br \/>\nDespu\u00e9s empez\u00f3 a crecer y el tiempo se encarg\u00f3 de confirmarle que para \u00e9l la vida sin las flores no era vida.<br \/>\nSol\u00eda decir que la prueba m\u00e1s contundente de la existencia de Dios era que exist\u00edan las catleyas, o las clavellinas, o los heliotropos, o los agapantos, y de esta manera, cambiando apenas el ejemplo, siempre relacionaba la existencia de Dios con la existencia de las flores.<br \/>\nFue as\u00ed como, a lo largo de su vida, estuvo siempre en contacto con ellas.<br \/>\nCultivaba todas las que pod\u00eda, en el inmenso solar de su vieja casona, que hered\u00f3 de una lejana t\u00eda solitaria, y alguna vez llegaron a reputarlo loco porque dizque conversaba con los lirios.<br \/>\nNo hab\u00eda onom\u00e1stico, no hab\u00eda funeral, no hab\u00eda casamiento, no hab\u00eda graduaci\u00f3n, no hab\u00eda nada que pudiera suceder en la ciudad sin que llegara el ramillete de Fernando Sebasti\u00e1n a adornar la mesa, o a dar el p\u00e9same, o simplemente a irradiar felicidad por las corolas.<br \/>\nEra reconocido en toda la ciudad por su inquebrantable amor a las flores.<br \/>\nPero Fernando Sebasti\u00e1n no amaba solamente las flores despampanantes de los arreglos florales, flores ricas que adornaban las mesas de los ricos, sino que tambi\u00e9n amaba las miles y miles de flores silvestres, muchas de ellas ignoradas, muchas que ni siquiera ten\u00edan nombre y crec\u00edan con an\u00f3nima humildad entre la maleza, asomando t\u00edmidamente sus p\u00e9talos por entre las espinas.<br \/>\nNunca habr\u00eda de conocerse a alguien que amara las flores m\u00e1s que \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por eso, cuando muri\u00f3, todos los habitantes de la ciudad empezaron a llegar hasta la funeraria cargando en su mayor\u00eda una corona de flores. Otros llegaron con las manos vac\u00edas, pero porque ya hab\u00edan ordenado una corona floral en alguna florer\u00eda y s\u00f3lo se sentaron a esperar la llegada de los mensajeros, que a lo largo de la tarde, y de la noche, y a la ma\u00f1ana siguiente, no cesaron de entrar, y de salir, y de volver a entrar, y de volver a salir, y otra vez volver a entrar, de las florer\u00edas a la funeraria, y de la funeraria a las florer\u00edas, con m\u00e1s y m\u00e1s coronas, hasta que hubo un momento en que ya no qued\u00f3 sitio dentro de la espaciosa funeraria donde cupiera una flor m\u00e1s, y hubo entonces necesidad de empezar a colocar las coronas en la calle.<br \/>\nPero despu\u00e9s la calle fue insuficiente, porque segu\u00edan llegando m\u00e1s y m\u00e1s y m\u00e1s coronas, con flores cada vez m\u00e1s bellas y ex\u00f3ticas, que iban siendo acomodadas formando un tapiz multicolor, que hac\u00eda estremecer de emoci\u00f3n al m\u00e1s indiferente.<br \/>\nMuy pronto comenz\u00f3 la congesti\u00f3n vehicular, primero alrededor de la inmensa funeraria florecida, y luego en las calles aleda\u00f1as, y luego en las que no quedaban aleda\u00f1as, y luego en todo el barrio, porque a las pocas horas estaba el barrio entero hermosamente alfombrado de flores.<br \/>\nMientras llegaba la hora del entierro, siguieron, y siguieron, y siguieron llegando flores y m\u00e1s flores, a pesar de que muchos mensajeros extenuados renunciaron a sus puestos y se refugiaron en sus casas, o huyeron aterrados de la ciudad, o se desmayaron sobre cualquier jardinera, o simplemente se acostaron por ah\u00ed, en alguna parte, a recuperar el aliento para despu\u00e9s seguir repartiendo las coronas que crec\u00edan y crec\u00edan sin parar. Pero algunos no fueron capaces de despertarse y continuaron durmiendo hasta la hora del diluvio.<br \/>\nFue un cortejo multicolor interminable. Pusieron sobre cada carro diez, catorce y hasta veinticinco coronas para tratar de descongestionar las v\u00edas, y muchos otros se colgaron las coronas alrededor del cuello como enormes collares hawaianos, y emprendieron a pie el camino del cementerio.<br \/>\nPero entonces arreci\u00f3 la maravilla: algunas flores se cansaron de esperar qui\u00e9n las recogiera, as\u00ed que, aprovechando la tremenda confusi\u00f3n de aquel desfile inacabable, ellas mismas comenzaron a desplazarse rumbo al camposanto, primero con cierto disimulo para evitar que las vieran caminando, y luego, perdida la timidez, en forma franca caminaron delante de todo el mundo, y fueron imitadas, primero por decenas, enseguida por centenares y finalmente por miles y millones de flores que al avanzar hacia el camposanto le dieron a la vida el espect\u00e1culo multicolor m\u00e1s maravilloso de que se tenga noticia antes y despu\u00e9s del florido diluvio.<br \/>\nLleg\u00f3 por fin al cementerio la enorme multitud de flores caminantes y de personas asombradas, y en apenas unos segundos el camposanto ya no era camposanto, sino un interminable jard\u00edn multicolor que se extend\u00eda por cuadras y cuadras, y que sigui\u00f3 extendi\u00e9ndose por m\u00e1s cuadras y m\u00e1s cuadras hasta llegar a las afueras de la ciudad inmensa, y ah\u00ed s\u00ed definitivamente la ciudad se convirti\u00f3 en un gigantesco arreglo floral, y su aire contaminado dej\u00f3 de oler a aire contaminado porque todo \u00e9l se impregn\u00f3, desde la tierra hasta el cielo, con el enloquecedor aroma de las flores.<br \/>\nHab\u00edan programado varias eleg\u00edas, pero al final decidieron proceder a enterrarlo de una vez porque ya no hallaban qu\u00e9 hacer con tanta gente y tantas flores, de modo que bajaron el ata\u00fad, sin siquiera haber recitado una oraci\u00f3n ni entonado una canci\u00f3n de las muchas que ten\u00edan programadas.<br \/>\nLa tumba fue sellada con una placa de hierro y cemento, y tapada con tierra, y encima clavaron, como recuerdo postrero, una cruz de tantas. Creyeron que ya no hab\u00eda nada m\u00e1s que hacer, excepto comenzar de inmediato las arduas jornadas de barrida, pues calculaban en varios d\u00edas los trabajos para destapizar las calles, y las plazas, y los parques y las playas. As\u00ed que dieron la orden de retirarse; la impartieron a gritos varias veces y hasta pidieron que se pasaran la voz unos a otros, pero la multitud se mantuvo ah\u00ed, quieta, como si no escuchara nada, a pesar de que la orden que les ped\u00eda retirarse fue repetida de boca en boca hasta que se supo en todo el extenso cementerio.<br \/>\nLas gentes que se quedaron por fuera del camposanto, porque no cupieron dentro de sus linderos, no se movieron de sus puestos, ya que ni se enteraron de la orden, pues hasta ellos no lleg\u00f3 jam\u00e1s la voz retransmitida.<br \/>\nFue ah\u00ed cuando sobrevino el diluvio; aquel diluvio de maravilla, que habr\u00eda de quedar grabado para siempre en la memoria clandestina de todos los pueblos de la tierra, y que casi oblig\u00f3 al papa a autorizar una reforma de la Biblia, para que quedara constando ante las generaciones futuras, en las escrituras sagradas, que muchos siglos despu\u00e9s del arca de No\u00e9, hubo otro diluvio universal, pero no de agua, sino de flores rojas, y azules, y rosadas, y grises, y verdes, y amarillas.<br \/>\nAl principio, nadie repar\u00f3 en las flores que ca\u00edan porque apenas empezaron a caer unas pocas y los espectadores pensaron cualquier cosa, o no pensaron nada, para explicar por qu\u00e9 ca\u00edan. Pero despu\u00e9s, tal cual sobreviene de improviso un fuerte aguacero, se desat\u00f3 el diluvio. S\u00ed, se vino sobre el camposanto aquel diluvio soberbio, torrencial, maravilloso, del que intentar\u00edan dar cuenta las cr\u00f3nicas, a pesar de la censura, y entonces la gente vio caer del cielo, primero miles y miles, y despu\u00e9s millones y millones de flores de todas las clases: comenzaron a caer azucenas, y gardenias, y gladiolos, y pompones, y claveles, y rosas, y margaritas, y violetas, y astromelias, y jacarandas, y lirios, y jacintos, y orqu\u00eddeas, y tulipanes, y amapolas, y cecilias, y dalias, y crisantemos, y anturios, y jazmines, y begonias, y clavellinas, y an\u00e9monas, y liutos, y heliotropos, y kantutas, y tu-y-yoes, y geranios, y agapantos, y girasoles, y pensamientos, y hortensias, y magnolias, y victorias, y camelias, y nardos, y alel\u00edes, y mosquetas, y lilas, y petunias, y malvas reales, y aromas, y pasionarias, y calas, y lotos, y acacias, y siemprevivas, y amarantas, y trinitarias, y nen\u00fafares, y rododendros, y ceibos, y guarias, y copihues, y sacuajoches, y lotos, y maquilhues, y mirtas, y azahares, y novios, y heliconias, y vainillas, y musadendas, y \u00e1lsines, y ar\u00e1ndanos, y clem\u00e1tides, y arrayanes, y almendros, y narcisos, y nelumbios, y pelargonios, y acianos, y adelfas, y azaleas, y dragones, y buganvillas, y campanillas, y milamosas, y mercuriales, y ornit\u00f3lagas, y milamores, y ox\u00e1lidas, y peon\u00edas, y resedas, y retamas, y ac\u00f3nitos, y ran\u00fanculos, y adormideras, y el enorme tapiz se fue extendiendo, y extendiendo, y extendiendo, hasta que varias horas despu\u00e9s la tierra no era tierra, sino un inmenso jard\u00edn de flores finas y sencillas, de flores de todos los colores y de todos los aromas, y los gobiernos no hallaban qu\u00e9 hacer ante tanta maravilla.<br \/>\nNo hubo necesidad, sin embargo, de destapar las calles, ni las playas, ni los techos de las casas, ni de ninguna colosal jornada de barrida. Porque, de s\u00fabito, las flores, s\u00ed, ellas mismas, empezaron a acomodarse extra\u00f1amente, bellamente, fascinantemente, a entrelazarse como si estuvieran vivas, como si manos invisibles hubieran empezado a hacer con ellas millones y millones de arreglos florales al mismo tiempo, y, entonces, ante los ojos maravillados de los gobiernos y de los pueblos, pero sobre todo de los ej\u00e9rcitos, acostumbrados a pisotear las flores con sus tanques de desgracia, el mundo entero se fue llenando con el soberbio e imborrable espect\u00e1culo coloreado y aromado de millones y millones de guirnaldas que se colgaron en los balcones de las casas, en las torres de las iglesias, y en los edificios p\u00fablicos, donde los bur\u00f3cratas, tr\u00e9mulos de asombro, apenas atinaban a balbucear que el presidente deber\u00eda esa misma noche declarar perturbado el orden p\u00fablico y dictar un decreto prohibiendo las lluvias de flores en toda la rep\u00fablica.<br \/>\nLas flores, pues, de manera caprichosa, con un sentido jam\u00e1s visto de la est\u00e9tica, formaron, ellas mismas, jardines enormes y bell\u00edsimos en las carreteras, en las avenidas, en las redes de los ferrocarriles, a orillas de los r\u00edos, en las playas, en los talleres donde los hombres humildes forjaban la vida a golpes de yunque, y hasta en aquellas plazas de mercadeo donde sol\u00edan acostarse los ni\u00f1os sin padres a morirse de hambre mientras la ciudad entera parec\u00eda volcarse all\u00ed para abarrotar canastas y canastas interminables con el mercado colosal de una semana. Se llen\u00f3 as\u00ed el mundo entero de ramilletes enormes, de jardines ex\u00f3ticos, de guirnaldas jam\u00e1s vistas por los ojos de los hombres y que perfumaron el aire de la tierra con su fragante, delicioso y cautivador aroma. Llovi\u00f3 durante cuarenta d\u00edas y cuarenta noches. Pero no cay\u00f3 una lluvia de agua, sino de flores.<br \/>\nFue aquel un diluvio en el que, a diferencia del primero, nadie habr\u00eda de morir, excepto los amantes de la guerra, que se murieron de disgusto al ver que la vida les sepultaba sus ca\u00f1ones, y, antes por el contrario, a las pocas horas de haber comenzado aquella maravilla, ocurri\u00f3 la resurrecci\u00f3n de Fernando Sebasti\u00e1n, el hombre que m\u00e1s hab\u00eda amado las flores y la vida, porque la vida decidi\u00f3 aquel d\u00eda que un hombre as\u00ed de amoroso con las flores no pod\u00eda seguir muerto, ah\u00ed, acostado sin hacer nada, no m\u00e1s perdiendo el tiempo por los siglos de los siglos, sino que deb\u00eda levantarse a seguir ense\u00f1ando con el buen ejemplo c\u00f3mo deb\u00edan los hombres amar la naturaleza. As\u00ed que, en plena lluvia de flores, cuando todav\u00eda nadie se hab\u00eda retirado del cementerio porque la gente estaba extasiada con el espect\u00e1culo maravilloso que gratuitamente les estaba prodigando el cielo, se vio c\u00f3mo las flores que tapaban la tumba de Fernando Sebasti\u00e1n comenzaron, primero a rebullirse como un remolino incomprensible, y luego a desplazarse hacia los lados formando un hermoso recuadro multicolor alrededor de la losa, y se observ\u00f3 c\u00f3mo otras armaron preciosos abanicos florales que se colocaron expectantes alrededor del sepulcro, y era tan fascinante la visi\u00f3n, que parec\u00eda como si Dios hubiera decidido repetir en torno a aquella tumba la maravilla jam\u00e1s repetida de los jardines colgantes de la antigua Babilonia. Enseguida, un torbellino silbador derrib\u00f3 la cruz plantada por los enterradores, dispers\u00f3 la tierra que recubr\u00eda la sepultura y sacudi\u00f3 la pesada placa que la clausuraba. Entonces sobrevino lo que vino, lo que la multitud, petrificada por el asombro nunca se hubiera imaginado: alguien, desde adentro de la tumba, levant\u00f3 la losa, con una suavidad imposible, y fue ah\u00ed cuando apareci\u00f3, cual L\u00e1zaro moderno, Fernando Sebasti\u00e1n, asomando la cabeza, desconcertado por completo, porque ni siquiera entend\u00eda qu\u00e9 diablos estaba sucediendo, qu\u00e9 era aquella algarab\u00eda que se hab\u00eda formado al asomarse, y qu\u00e9 era aquel carnaval celestial que sus ojos at\u00f3nitos y todav\u00eda so\u00f1olientos estaban contemplando. Muchos corrieron asustados porque ya no eran capaces de soportar tantas sorpresas en tan poco tiempo, y mucho menos la ins\u00f3lita sorpresa de la resurrecci\u00f3n de un muerto. Pero la inmensa mayor\u00eda fue capaz de aguantarse el espanto, porque nadie quer\u00eda perderse detalle alguno de lo que estaba sucediendo, y por ello fueron miles los testigos de excepci\u00f3n de la forma como Fernando Sebasti\u00e1n regres\u00f3 del mundo de los muertos y se reincorpor\u00f3 al mundo de los vivos, en medio del diluvio.<\/p>\n<p>En realidad, todos esperaban una resurrecci\u00f3n triunfal, espectacular, en la que el muerto resucitado levantara los brazos, haciendo con ellos la V de la victoria, y al mismo tiempo repitiera la V de la victoria con los dedos, luego se levantara del suelo, primero algunos cent\u00edmetros de levitaci\u00f3n preliminar y enseguida varios metros de levitaci\u00f3n confirmatoria, y finalmente se elevara hacia los cielos en cuerpo y alma hasta perderse entre las nubes para siempre. Pero r\u00e1pidamente comprendieron que as\u00ed no podr\u00eda ser porque en ese caso habr\u00eda resucitado un muerto para volver a morirse enseguida y eso s\u00ed ser\u00eda, aparte de in\u00fatil, una resurrecci\u00f3n sin gracia. No. Mir\u00e1ndolo bien, la resurrecci\u00f3n no fue nada del otro mundo. Sencillamente, el propio Fernando Sebasti\u00e1n acab\u00f3 de quitar la losa y, asi\u00e9ndose de los bordes de la tumba, se sali\u00f3 solo, y una vez afuera se restreg\u00f3 los ojos so\u00f1olientos y se sacudi\u00f3 el polvo del safari blanco con el cual lo hab\u00edan enterrado, y luego se par\u00f3, ah\u00ed, con las manos en la cintura, a mirar para el cielo, a contemplar c\u00f3mo ca\u00edan y ca\u00edan flores, y todos tuvieron la impresi\u00f3n de que \u00e9l ni cuenta se dio de que hab\u00eda estado muerto.<br \/>\nDespu\u00e9s le sonri\u00f3 a la multitud asombrada, levantando y agitando un poco la mano derecha al tiempo que sonre\u00eda, y todos descubrieron, en ese momento, lo simple que es el saludo de un resucitado.<br \/>\nNo estaba p\u00e1lido, ni sudoroso, ni nada, y ni siquiera se preocup\u00f3 por ir hasta su casa a vestirse porque ya estaba vestido, como qued\u00f3 dicho antes, con un safari blanco, y nuevo adem\u00e1s porque se lo hab\u00edan comprado exclusivamente para su entierro.<br \/>\n\u00c9l ni siquiera pregunt\u00f3 d\u00f3nde estaba, o qu\u00e9 hab\u00eda pasado, o desde cu\u00e1ndo estaban lloviendo flores del cielo, ni relacion\u00f3 el jard\u00edn infinito en que se hab\u00eda convertido el cementerio con su muerte, o con las pompas f\u00fanebres de su propio funeral. Ni siquiera volvi\u00f3 a mirar la sepultura en la que estuvo enterrado y todos comprendieron de inmediato que Fernando Sebasti\u00e1n seguir\u00eda por siempre y para siempre tratando a la muerte con la m\u00e1s absoluta displicencia.<br \/>\nLo \u00fanico que le interes\u00f3 aquella tarde de su resurrecci\u00f3n fue el diluvio.<br \/>\nSe qued\u00f3 ah\u00ed, parado, mirando hacia el firmamento, contemplando el espect\u00e1culo floral m\u00e1s bello que habr\u00eda de ver en la vida la humanidad entera y perplejo con la hermosura ilimitada de tantas flores, muchas de las cuales \u00e9l no hab\u00eda visto jam\u00e1s, a lo largo de su existencia florida: la flor de lis, la acacia, la amaranta o flor de amor, la flor de la maravilla, la flor de la Trinidad, la cala o flor del embudo, el cant\u00fa o flor del inca, la flor de Santa Luc\u00eda, la flor de nochebuena o estrella federal, la flor del Esp\u00edritu Santo, la flor del cuervo, la flor de la cruz, la flor de pascua, la flor del para\u00edso, la flor del cacao, la flor del coraz\u00f3n, la flor de Jes\u00fas, la flor del Corpus, la flor del volc\u00e1n, la flor de lazo, la flor de mayo, la flor de mosquito, la flor de los santos, la flor negra, el hibiscus, el nen\u00fafar, el rododendro, el ceibo, la kantuta, la victoria regia, la guaria morada, el copihue, la monja blanca, la flor de la sangre, el sacuajoche, el maquilhue, la granadilla, pasionaria o flor de la pasi\u00f3n, la flor de loto, la flor de la siempreviva, la flor de la primavera, la aroma o flor del aromo, la flor de la fucsia, la paulonia, la flor de la glicina, el amancay o liuto, la flor de la catalpa, la cuna venus, la vanda tricolor suavis de la India, la dama de noche, la orqu\u00eddea de Misiones, la cal\u00e9ndula, la azucena anteada, la banderita de San Juan, la flor del amarilis, la alhe\u00f1a, la mosqueta, la banderita de fuego, el alel\u00ed, el nardo, la lila, la malva real, la petunia, la vanda vandopsis, la guzmania orangeade, la neoregelia carolinae, el narciso de las nieves, la flor azul del aciano, la flor p\u00farpura de la adelfa, la flor blanca de la adormidera, la flor amarilla del drag\u00f3n, la flor verdosa del ar\u00e1ndano, la flor del cerezo, la olorosa flor de la reseda, la flor de la azalea, hermosa y sin perfume, la blanca flor del \u00e1lsine, alegr\u00eda de los pajarillos, la flor del array\u00e1n, copo de nieve sobre el follaje siempre verde, la flor carmes\u00ed de la peon\u00eda, la preciosa flor de la verbena, la flor ex\u00f3tica de la verdolaga floreciente, el clavel sevillano, el clavel del aire, la amapola del camino, la flor de iraca, la flor para mascar y la flor de la canela.<br \/>\nEntonces descubri\u00f3 que todav\u00eda le faltaba conocer m\u00e1s de la mitad del para\u00edso.<br \/>\nSigui\u00f3 parado ah\u00ed, con las manos en la cintura, abstra\u00eddo por completo, y ni siquiera se dio cuenta en qu\u00e9 momento lleg\u00f3 hasta \u00e9l el clero en pleno, y luego el gobierno en pleno, y enseguida el cuerpo m\u00e9dico en pleno, y al punto el poder judicial en pleno, y al instante el parlamento en pleno, y todos se pusieron a mirarlo, a detallarlo, a escudri\u00f1arlo como si estuvieran viendo alg\u00fan resucitado, y el m\u00e1s maravillado era el m\u00e9dico legista, que hab\u00eda firmado su acta de defunci\u00f3n y hab\u00eda dicho, con seguridad incontestable, que s\u00ed, que no hab\u00eda duda, que Fernando Sebasti\u00e1n estaba muerto, bien muerto, absolutamente muerto, muerto de una muerte irreparable que le daba una incapacidad definitiva de mil siglos y como consecuencia permanente le quedaba la secuela irreversible de que seguir\u00eda muerto por el resto de su vida.<br \/>\nNadie se atrevi\u00f3 a preguntarle nada y todos se retiraron cuchicheando, atontados por el miedo, volviendo de vez en cuando la cabeza para mirarlo de nuevo, hasta que se los trag\u00f3 a todos la multitud interminable del camposanto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, los doctores de la ley y los ex\u00e9getas no encontraban todav\u00eda de qu\u00e9 manera pod\u00edan reformar la Biblia sin reformarla, para que cupieran en ella el fant\u00e1stico viaje celestial de los ni\u00f1os y los burros, el episodio asombroso de las flores caminantes, el segundo diluvio universal, y la resurrecci\u00f3n, real y comprobada, de Fernando Sebasti\u00e1n.<br \/>\nAl fin, prefirieron dejar estos acontecimientos hist\u00f3ricos por fuera de la historia y escribir mejor un librito de cuentos sin gracia en el que relataron estos hechos diciendo que el m\u00e9dico legista se hab\u00eda equivocado, que flores jam\u00e1s hab\u00edan llovido sobre el mundo, que nunca las flores caminaron, y que era una f\u00e1bula de locos sin oficio la historia de los ni\u00f1os y los burros, y despu\u00e9s hicieron quemar todos los peri\u00f3dicos de la \u00e9poca, todas las revistas de la \u00e9poca, todas las memorias de la \u00e9poca, todo vestigio que pudiera hacer saber a las generaciones futuras lo que hab\u00eda acontecido, y cubrieron para siempre, y como siempre, la historia verdadera con el manto del silencio, y la versi\u00f3n oficial volvi\u00f3 a ser otra vez la versi\u00f3n de la mentira y el enga\u00f1o, la por todos reconocida versi\u00f3n de los hechos ocultados por los tiempos de los tiempos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube-nocookie.com\/embed\/EwDA-VhtgcI?controls=0\" title=\"YouTube video player\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\" allowfullscreen=\"\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>_______<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* <a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-28792\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-300x300.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg 730w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a> <strong>Derechos Reservados de Autor<\/strong>. 1998.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(Este cuento forma parte del libro de su autor &#8220;EL \u00daLTIMO DINOSAURIO&#8221;. 3a edici\u00f3n. La Pluma Editores. Bucaramanga. 1999. Igualmente aparece dentro de la novela de su autor &#8220;TIERRA DE CIGARRAS. 1a. edici\u00f3n. Sic Editorial. Bucaramanga. 2000. En esta, la protagonista, una joven adolescente, estudiante interna de un colegio de bachillerato, reci\u00e9n llegada a la orfandad, contempla el paisaje a trav\u00e9s de la ventana de su cuarto mientras repasa su vida y rememora a su primer amor. Muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, ella estar\u00e1 presente en el cementerio, acompa\u00f1ando el funeral de Fernando Sebasti\u00e1n, en los momentos en que se desata ante sus ojos desconcertados el diluvio universal de las flores y en medio de \u00e9l se produce su asombrosa resurrecci\u00f3n).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La tarde glacial y triste en que muri\u00f3 Fernando Sebasti\u00e1n nadie se imagin\u00f3 lo que iba a suceder en el mundo. 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