{"id":49035,"date":"2024-11-20T18:03:22","date_gmt":"2024-11-20T23:03:22","guid":{"rendered":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49035"},"modified":"2026-03-16T12:40:22","modified_gmt":"2026-03-16T17:40:22","slug":"la-retreta-magica-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49035","title":{"rendered":"EL SE\u00d1OR DE LA BOMBARDA. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de que se sumiera en el \u00e1rido letargo de una monoton\u00eda cotidiana que termin\u00f3 haci\u00e9ndole perder por completo el ejemplarizante vigor de otros tiempos, algunos hechos portentosos hab\u00edan tenido como escenario aquella poblaci\u00f3n ignota y remota, enclavada sobre una desaparecida laguna rodeada de caracoles y de cuyas aguas tumultuosas contaban los ancianos que en tiempos remotos las hab\u00eda calmado un sacerdote de ancestros maternos abor\u00edgenes arrojando sobre ellas un san Mateo de oro, estatuilla a la que de inmediato y hasta su nunca explicada desaparici\u00f3n se le atribuyeron poderes prodigiosos. Empero, el mayor pasmo a\u00fan estaba por experimentarse. Sobrevendr\u00eda con el arribo a la ciudad de aquel hombrecito flaco, viejo e insignificante que, sin embargo, ser\u00eda capaz de transformar ese mon\u00f3tono mundo de apat\u00eda en uno cautivado, desde las fibras m\u00e1s hondas del alma, por el sortilegio de sus graves semifusas.<br \/>\nAquel d\u00eda Julieta \u00c1lvarez hab\u00eda reca\u00eddo en la depresi\u00f3n pertinaz a que la somet\u00edan sus recuerdos. No quiso cubrir la palidez de su rostro con maquillajes de artificio, sino que prefiri\u00f3 dejarlo intacto, limpio, sin rubores de mentiras, evidenciando as\u00ed la plenitud de su tristeza. No obstante, y a pesar suyo, se ve\u00eda bella y digna. Puso a balancear la silla mecedora sin sentarse en ella, empuj\u00e1ndola tan solo con la mano, y no hizo nada por detener el chirrido generado por su vaiv\u00e9n de monoton\u00eda; luego, caminando sin los apremios de la prisa, atraves\u00f3 el patio, el inmenso patio engalanado con los nuevos helechos danzantes que trajo del vivero en reemplazo de las an\u00e9monas finalmente no adquiridas a pesar de sus primeras intenciones, el extenso patio a cielo abierto donde segu\u00edan ense\u00f1ore\u00e1ndose los mismos materos de siempre, abarrotados de u\u00f1as de danta que bailaban a los compases de la brisa, y lleg\u00f3 a la puerta de la calle; sali\u00f3, dejando el postigo sin cerrar, se encamin\u00f3 a la esquina norte, se detuvo, mir\u00f3 hacia arriba, al oriente, desde donde proven\u00edan los vientos refrescantes de los cerros, y fue cuando vio que se aproximaba a lo lejos, bambole\u00e1ndose de izquierda a derecha, como dando tumbos de borracho, la jeta descomunal del instrumento enorme, trepado en la fr\u00e1gil humanidad de quien lo tra\u00eda consigo, un alfe\u00f1ique de cuento de hadas, un cuerpo ingr\u00e1vido y fr\u00e1gil forrado en piel y pa\u00f1o azul.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Apareci\u00f3 por el levante. Tra\u00eda sobre su hombro diestro el coloso de metal color plateado, agredido por el rigor implacable de los siglos.<br \/>\nFue el inveterado propietario de la secular colchoner\u00eda quien primero se lanz\u00f3 a la tentativa de adivinar el nombre del mastodonte silencioso.<br \/>\n\u2013Es un helic\u00f3n\u2013 dijo.<br \/>\nNo, no era un helic\u00f3n. Este instrumento de metal, de grandes dimensiones, con un tubo de forma circular que permite colocarlo alrededor del cuerpo y apoyarlo sobre el hombro de quien lo toca, utilizado en las bandas militares, no le era extra\u00f1o del todo pues, aunque ajeno por completo, en lo personal, a los ajetreos de la m\u00fasica, su paso por las filas castrenses, hac\u00eda muchos a\u00f1os, le tra\u00eda las oleadas de los recuerdos remotos cuando, desde su puesto de recluta en formaci\u00f3n, se arrobaba con el sonido grave del voluminoso aparato. Su confusi\u00f3n, m\u00e1s que por ignorancia en la materia o lejan\u00eda en los recuerdos, estuvo determinada por la deficiente correcci\u00f3n de su astigmatismo mi\u00f3pico.<br \/>\n\u2013No es un helic\u00f3n \u2013apunt\u00f3, con la certeza con que lo hubiera asegurado el sargento viceprimero Pantale\u00f3n Rabia, director em\u00e9rito de la banda militar, su vecina do\u00f1a Cleotilde, la dama de las gardenias, que dejaba exhibidas sus flores al desgaire en el antejard\u00edn exterior de su casa, impert\u00e9rritas a los rigores abrasadores del sol canicular de mediod\u00eda.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 es, entonces, seg\u00fan usted, vecina?\u2013 le interrog\u00f3 el colchonero.<br \/>\n\u2013Parece m\u00e1s bien una tuba \u2013anot\u00f3 la due\u00f1a de la primavera.<br \/>\n\u2013No, no es una tuba \u2013contradijo, sin argumentos, el de los altares a Morfeo.<br \/>\nEn ese momento se asom\u00f3 a la puerta de la never\u00eda el viejo heladero, obsesi\u00f3n vespertina de los chicos de la escuela, que sal\u00edan, en el enjambre uniformado de las seis, a devorar, como langostas, el contenido refrigerado de los congeladores blancos salpicados con manchas de \u00f3xido.<br \/>\n\u2013No, no es una tuba \u2013expres\u00f3, respaldando la postura del hombre de los colchones \u2013. Yo conozco muy bien una tuba.<br \/>\nY era cierto.<br \/>\nLa tuba, instrumento de viento perteneciente al grupo de metal, grande, especie de bugle, con tesitura correspondiente a la del contrabajo, fabricada en cobre, de la familia de los bombardinos, hab\u00eda sido cercana a su vida, en los lejanos a\u00f1os mozos. Su padre le alquil\u00f3 un espacioso local esquinero, parte integrante de su casa, a quien tocaba tal instrumento en la banda del pueblo y desde aquella ocasi\u00f3n remota para sus t\u00edmpanos fue familiar la voz profunda del gran instrumento. Sab\u00eda, incluso, a punta de verlo y de preguntarle por \u00e9l al inquilino, cu\u00e1les eran las partes que lo compon\u00edan: v\u00e1lvulas, llave de desag\u00fce, embocadura, tubo y campana.<br \/>\nMas se resisti\u00f3 a darle la raz\u00f3n a su vecina:<br \/>\n\u2013Pero no es tampoco un helic\u00f3n \u2013sostuvo, pasando ya a pontificar acerca de un tema que ignoraba por completo.<br \/>\nPorque ser hijo del arrendador del de la tuba, y hasta conocer algo sobre ella, no lo hac\u00eda perito en instrumentaci\u00f3n ni en pentagramas. En puridad de verdad, su experiencia como int\u00e9rprete a duras penas se remontaba hasta sus lejanas \u00e9pocas de estudiante del internado, durante el cual le asignaron varias veces una tarea de precaria significaci\u00f3n art\u00edstica: deb\u00eda salirse de la clase un poco antes de que ella terminara y tocar la campana para anunciar que hab\u00eda llegado la esperada hora del recreo.<br \/>\nAun as\u00ed, tuvo agallas para decirlo con el \u00faltimo resuello de su orgullo:<br \/>\n\u2013\u00a1Es un fagot! \u2013exclam\u00f3 como si lo sacudiera la sorpresa de su descubrimiento.<br \/>\nPero enseguida le surgi\u00f3 contradictor.<br \/>\n\u2013No, no es un fagot \u2013asever\u00f3 el boticario, quien tambi\u00e9n result\u00f3 en la puerta de la farmacia, atra\u00eddo quiz\u00e1s por el presagio de la maravilla.<br \/>\n\u2013Es un tromb\u00f3n de varas \u2013ense\u00f1\u00f3, con el error sobresali\u00e9ndole por la punta de la lengua.<br \/>\n\u2013No. \u00a1C\u00f3mo se le ocurre! \u2013protest\u00f3 el de la never\u00eda\u2013. El tromb\u00f3n de varas es totalmente distinto.<br \/>\nY as\u00ed prosigui\u00f3, con el creciente aumento del n\u00famero de circunstantes, aquella discusi\u00f3n entre los vecinos de Julieta \u00c1lvarez, discordantes todos ellos en torno a la verdadera naturaleza del monumental instrumento de m\u00fasica.<br \/>\nCada uno termin\u00f3 por proponer al azar un nombre diferente, echando mano a denominaciones arbitrarias cuyo significado ignoraban por completo, pero que mencionaban en aquel galimat\u00edas s\u00f3lo con el objeto de no quedarse atr\u00e1s en el se\u00f1alamiento que la vecindad completa hac\u00eda y participar, en todo caso, de una<br \/>\ndiscusi\u00f3n que alter\u00f3 por completo la tediosa parsimonia de aquel d\u00eda cualquiera.<br \/>\nNinguno, sin embargo, atin\u00f3 a dar el nombre preciso.<br \/>\nNo era, como llegaron a sugerir, un dung chen, el enorme instrumento de los cultos budistas que, por astron\u00f3mico y pesado, requiere que lo carguen dos hombres mientras uno de ellos, al soplarlo, ejecuta su sonido de miedo, a veces incontrolable. Tampoco, un contrafagot ni un euphonium, y ni siquiera un sacabuche, con su campana en embudo. No se trataba de un serpent\u00f3n, que tiene la singularidad de ser uno de los pocos instrumentos de metal fabricados en madera y la particular caracter\u00edstica de poseer la embocadura de una tuba, pero los agujeros de una flauta dulce.<br \/>\nLo que estaban viendo exactamente era como una gigantesca tuba en la que el m\u00fasico iba situado dentro del tubo circular, con el instrumento apoyado en el hombro izquierdo. No pod\u00eda esperarse de aquella bestia prehist\u00f3rica de cobre el dobletoque del tromb\u00f3n de v\u00e1lvulas, pues no ten\u00eda llave de desag\u00fce ni puente de soporte, elementos t\u00edpicos de \u00e9ste. Pero tampoco era una trompa. Ni aun la largu\u00edsima trompa alpina o cuerno de Los Alpes, por cuya campana emergen los llamados entre los pastores helv\u00e9ticos a trav\u00e9s de las monta\u00f1as, ni presentaba, en su corpulencia de mastodonte, la abrazadera, la embocadura, el tubo y la campana de la trompa natural. Menos, desde luego, pod\u00edan decir que estuvieran contemplando la trompeta de caracola de las orquestas prehist\u00f3ricas. No se le ve\u00eda por ninguna parte la ligadura de lana de la trompeta natural. Estaba visto y aceptado ya que no era una tuba, pero pronto se concluy\u00f3, adem\u00e1s, que ni siquiera se trataba de una tuba wagneriana, aquella que emite el sonido intermedio de la trompa y el tromb\u00f3n.<br \/>\nFue Julieta \u00c1lvarez la persona que, al final, y cuando ya el forastero avanzaba, meciendo su enormidad met\u00e1lica, por entre la plenitud de las brisas que atravesaban a esa hora la breve y descendente Calle de las Palmeras, se atrevi\u00f3 a pregunt\u00e1rselo directamente a \u00e9l.<br \/>\n\u2013Perdon\u00e1, maestro \u2013le interrog\u00f3 fug\u00e1ndosele a su tristeza por la ventanita abierta de su sonrisa\u2013. \u00bfMe pod\u00e9s decir qu\u00e9 instrumento es \u00e9se?<br \/>\nA Julieta \u00c1lvarez lo que m\u00e1s le llam\u00f3 la atenci\u00f3n no fue, en s\u00ed misma, la denominaci\u00f3n precisa del aparato de m\u00fasica, sino el contraste protuberante entre el sonido profundo y grave del gigantesco instrumento y la voz aflautada con la que el hombre le dio la respuesta. Primero el extra\u00f1o la mir\u00f3 a los ojos, como con aprecio, como d\u00e1ndole las gracias por la pregunta; luego mir\u00f3 de reojo el cobre pulido a punta de ceniza y lima agria, los remiendos de cera, los agujeros resellados con jab\u00f3n de pino, el aparatoso instrumento musical brillado como un sol; enseguida puso sus labios en la embocadura y fue entonces cuando le arranc\u00f3 un ut profundo, grave y breve, que pareci\u00f3 emergido de las entra\u00f1as de la tierra, y a continuaci\u00f3n le suministr\u00f3 el nombre del brontosaurio met\u00e1lico acompa\u00f1ando la frase con una sonrisa t\u00edmida y de incisivos incompletos:<br \/>\n\u2013Es una bombarda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s de su llegada a la ciudad, el ignoto individuo que silencioso descendi\u00f3 por la Calle de las Palmeras cargando su bombarda era ya un vecino m\u00e1s, apreciado por todos los que percib\u00edan en \u00e9l y en su monumental instrumento de cobre las posibilidades inminentes de un reencuentro feliz con el pasado.<br \/>\nEn otros tiempos, que los viejos a\u00f1oraban con hondos suspiros de nostalgia, el ayuntamiento ofrec\u00eda, semana tras semana, la retreta de las tardes dominicales, que los habitantes se paraban a ver y o\u00edr en los parques y en las plazas p\u00fablicas. Los m\u00fasicos de la banda municipal, integrada por personajes prominentes y hombres del com\u00fan entremezclados sin distinciones de ninguna \u00edndole alrededor de las partituras prestas sobre los a\u00f1ejos atriles a la espera de ser ejecutadas, iban arribando al parque principal o al lugar escogido para la presentaci\u00f3n popular y, una vez reunidos bajo la batuta de su director, daban inicio a los primeros toques, mientras las parejas, abrazadas con un amor elemental y simple, iban desocupando a manotadas llenas las bolsas interminables de crispeta, un ma\u00edz reventado y agigantado por el fuego en las cocinas caseras, el cual pasaba, de unas pepitas amarillas, duras y diminutas, a unas gigantescas monta\u00f1as blancas, ante la mirada expectante de los ni\u00f1os que, por \u00f3rdenes paternas, en prevenci\u00f3n de una indeseada quemadura, permanec\u00edan afuera, pendientes del milagro.<br \/>\nCon el transcurrir de los a\u00f1os, sin embargo, las bandas gubernamentales de m\u00fasica fueron quedando relegadas en el olvido. Las de la mayor\u00eda de los pueblos y villorrios no exist\u00edan ya, pues los m\u00fasicos m\u00e1s ancianos se fueron muriendo de pena y el decadente instrumental qued\u00f3 expuesto a la intemperie implacable del abandono.<br \/>\nEmpero, la ciudad de las cigarras habr\u00eda de correr otra suerte. M\u00e1s como resultas de un milagro que por oferta suficiente de aspirantes, lo cierto fue que aquel modesto forastero termin\u00f3 armando, poco a poco y a partir de los integrantes de la antigua y extinta banda de anta\u00f1o, una gran agrupaci\u00f3n de m\u00fasicos. Lo hizo con paciencia inquebrantable. Investig\u00f3 en una parte y en otra, husme\u00f3 arpegios donde menos podr\u00eda pensarse que los hubiera, indag\u00f3 aqu\u00ed y all\u00e1 por el m\u00e1s m\u00ednimo indicio que pudiera conducirlo a cualquier persona remotamente interesada en hacerse part\u00edcipe del milagro. Uno a uno fue entrevistando a los viejos m\u00fasicos retirados y a todos los motiv\u00f3 a colaborar en la resurrecci\u00f3n de la banda mediante el aporte de los \u00faltimos restos de sus desgastadas energ\u00edas. Les argumentaba, imprimi\u00e9ndole un \u00e9nfasis de gravedad a su voz aflautada, que al vincularse a la empresa estar\u00edan contribuyendo no s\u00f3lo al prodigio de hacer sonar de nuevo la difunta banda municipal, que as\u00ed emerger\u00eda, gracias a su buena voluntad, desde los profundos abismos del silencio eterno, sino que ello, de paso, les permitir\u00eda hacer revivir, con toda la fuerza del entusiasmo, las vivencias a\u00f1oradas de un pasado que, en su sentir, no ten\u00eda por qu\u00e9 resignarse a seguir muerto.<br \/>\nEl grupo de quijotes fue creciendo poco a poco. La proyectada banda empez\u00f3 a contar con m\u00e1s y m\u00e1s m\u00fasicos; m\u00fasicos jubilados a la fuerza por la decadencia de las costumbres, seres recluidos hac\u00eda muchos a\u00f1os tras los muros sombr\u00edos de un retiro sin pena ni gloria. Cada uno de ellos, para fortuna de aquel sue\u00f1o, a medida que ingresaba iba aportando, no s\u00f3lo sus conocimientos y su experiencia en el terreno musical, sino, lo que result\u00f3 ser a\u00fan m\u00e1s definitivo para el \u00e9xito de la empresa, el instrumento que ejecutaba, de su propiedad y posesi\u00f3n no perturbadas. Hasta cuando, finalmente, se dio el d\u00eda feliz del primer ensayo, y del segundo, y del und\u00e9cimo, y una ma\u00f1ana cualquiera, el vejete proclam\u00f3 a los cuatro vientos, en preg\u00f3n notificado por bando y reproducido por las esc\u00e9pticas emisoras de radiodifusi\u00f3n, que quedaba reconstruida, desde ese instante y para el resto de la historia, la vieja banda municipal de la ciudad, y que su ya preparado repertorio ser\u00eda estrenado en sesi\u00f3n de gala por celebrarse al siguiente fin de semana bajo los palios que formaban los \u00e1rboles eternos del parque principal.<br \/>\nSe lleg\u00f3 el gran d\u00eda en medio de la expectativa de unos pocos, la curiosidad de muchos y la indiferencia de la mayor\u00eda, refractaria con tozudez a las manifestaciones del arte y la cultura.<br \/>\nLa primera en arribar al parque fue Julieta \u00c1lvarez. Aunque lo hizo muy temprano, no dej\u00f3 de sorprenderla lo vac\u00edo que se hallaba y hasta lleg\u00f3 a pensar, con injustificado pesimismo, que nadie m\u00e1s asistir\u00eda. La banda se integr\u00f3, en el lugar donde tocar\u00eda, con una rapidez inusitada. Quienes la conformaban, invadidos por la nost\u00e1lgica dicha del reencuentro con el amor a la vida, se hicieron presentes con suficiente antelaci\u00f3n y equipados con sus respectivos instrumentos.<br \/>\nEl \u00faltimo en llegar fue, parad\u00f3jicamente, el se\u00f1or de la bombarda. A prop\u00f3sito hab\u00eda vuelto a repetir, antes de dirigirse al parque, su desfile solitario de llegada desde los cerros del oriente. Baj\u00f3 por la Calle de las Palmeras, salud\u00f3 con su sonrisa de incisivos incompletos a los parroquianos que permanec\u00edan en las puertas de sus casas, reacios a ir al encuentro con el lenguaje de los dioses, y bastaron su mirada t\u00edmida, su cara humilde y su vocecilla de flauta para convencer a muchos de que era conveniente bajar al parque y dejar en casa la monoton\u00eda esterilizadora de una vida rutinaria.<br \/>\nPero no fue eso lo que, al final, volc\u00f3 la ciudad entera sobre el parque, sino el que volara de boca en boca la realizaci\u00f3n del milagro. S\u00ed, del milagro. Pues fue aquella maravilla inefable la que removi\u00f3 los corazones endurecidos por la indiferencia y convirti\u00f3 la retreta en el espect\u00e1culo admirable que todos los cronistas del universo narrar\u00edan. Porque cuando los m\u00fasicos, luego de los ca\u00f3ticos toques del preludio, bajo la batuta del anciano director, salvado, al igual que casi todos sus dirigidos, de los oscuros socavones de un alcoholismo pronosticado por la ciencia como irreversible, dieron inicio a la primera pieza, una linda y pegajosa marcha olvidada hac\u00eda mucho tiempo en los anaqueles de la amnesia colectiva y titulada \u201cPuente sobre el R\u00edo Kwai\u201d, empezaron a o\u00edrse, primero como una alucinaci\u00f3n auditiva, que cada cual fue descartando a medida que le preguntaba a su vecino si estaba escuchando por casualidad lo mismo que el interrogador percib\u00eda con claridad inaudita y recib\u00eda la respuesta afirmativa acompa\u00f1ada por los rasgos faciales de la perplejidad y el asombro, unos trinos melodiosos, como provenientes del cielo, que tambi\u00e9n entonaban la marcha y fueron invadiendo poco a poco, pero con creciente intensidad, el ambiente de aquel inmenso parque, de suerte que la alelada Julieta \u00c1lvarez y los desconcertados asistentes a la retreta, al principio, y los entusiastas m\u00fasicos tambi\u00e9n, momentos despu\u00e9s, sin dar todav\u00eda cr\u00e9dito a lo que o\u00edan, empezaron a recorrer con la mirada los cielos celestes de domingo, las frondas de los \u00e1rboles centenarios, el entorno todo de aquel lugar capturado por los deleites sobrenaturales del encantamiento colectivo, y fue entonces cuando descubrieron fascinados el prodigio: una colosal bandada de p\u00e1jaros hab\u00eda comenzado a llegar al parque, procedente de ninguna parte, y el firmamento impert\u00e9rrito, y los \u00e1rboles, y las torres, y las cuerdas, y los contornos de aquel lugar, se fueron atiborrando de aves de diversos colores cuyo canto melodioso y gorjeo sin par principiaron a extenderse por la ciudad entera, de modo que unos minutos despu\u00e9s ya era realidad la materializaci\u00f3n inexplicable de un nuevo y estremecedor suceso hadado.<br \/>\nLa banda municipal, absorta por la hermosura de la magia ornitol\u00f3gica, que interpretaba de modo impecable la marcha retornada al presente de la vida por los m\u00fasicos recopilados gracias a la paciencia y la tozudez del se\u00f1or de la bombarda, no se apart\u00f3, sin embargo, del rigor de sus revividas partituras, sino que, por el contrario, arreci\u00f3 su toque con mayor vigor, con acentuado entusiasmo, y lo que escucharon, entonces, aquellos o\u00eddos beneficiados por el privilegio, fue la retreta m\u00e1s preciosa que o\u00eddo alguno haya podido percibir desde los or\u00edgenes del mundo.<br \/>\nA medida que avanzaba la pieza, y que Julieta \u00c1lvarez, embelesada ante el portento y con el deseo de darle gracias a Dios por haberle permitido estar presente en los momentos de su realizaci\u00f3n, avanzaba en el mec\u00e1nico repaso de las pepas de su cam\u00e1ndula mientras intentaba rezar el santo rosario, fueron llegando nuevas bandadas y se hac\u00eda m\u00e1s sonoro aquel cantar de fantas\u00eda. Arribaron al sitio, en un principio, dignos y meritorios exponentes del p\u00e1jaro copet\u00f3n, el diosted\u00e9, el ara\u00f1ero, el picamaderos o carpintero, el colibr\u00ed, picaflor, chupaflor, tominejo, p\u00e1jaro mosca o p\u00e1jaro resucitado, la viuda del para\u00edso, el bengal\u00ed, el diamante colilargo, el paquic\u00e9falo de pecho dorado, el garrulo de mech\u00f3n blanco, la muscicapa, el p\u00e1jaro azul, el toche, la curruca, la aguzanieves, pizpita, pizpitillo o pajarita de las nieves, el maluro, el p\u00e1jaro dorado, el zorzal o tordo, la dronta, el gorri\u00f3n, el cardenal, el verder\u00f3n, el mirlo, la paloma torcaz, el herrerillo o herreruelo, la paloma mensajera, el p\u00e1jaro espino, el jilguero o color\u00edn, el reyezuelo, el p\u00e1jaro burro, la alondra, la t\u00e1ngara azul de cabeza amarilla, el gallito de roca, el p\u00e1jaro macu\u00e1 o vencejo rabihorcado, el gorrioncillo pecho amarillo, la calandria, el cucarachero, el p\u00e1jaro campana, el p\u00e1jaro chog\u00fc\u00ed, la paloma guarumera y el azulejo, y de miles de aves distintas, muchas de las cuales nunca jam\u00e1s hab\u00edan cantado porque ni siquiera eran canoras, pero lo hicieron ese d\u00eda con tal maestr\u00eda, que parec\u00eda como si sus ensayos sinf\u00f3nicos dataran de los tiempos anteriores al Diluvio.<br \/>\nY cuando ya la marcha inaudita se o\u00eda en toda la plenitud de su sin par hermosura, lleg\u00f3 el grueso de la tropa cantora y redobl\u00f3 la maravilla del encantamiento. Por nubes aparecieron reyezuelos de Nueva Zelanda, sabaneros, herrerillos de cola larga, fringilinos, papamoscas, cornejas, orop\u00e9ndolas, tordos manchados, picagregas, pit-pits, cl\u00e1ngulas, alcaudones, abadejos, em\u00faes, comejejenes, muscarias del Viejo Mundo, gorriones de las rocas, monarcas, tanagras, lavanderas totochillas, vireos, fregadores, trepatroncos, vencejos de r\u00edo, cazazancudos, aves del para\u00edso, picazas galdones, mirlos del Nuevo Mundo, mirlos de agua, tejedores, p\u00e1jaros sol, ratonas, p\u00e1jaros lira, tilonorrincos, golondrinas, currucas de \u00c1frica, turpiales, zorzales culiblancos, cazaara\u00f1as, s\u00edtidos, picazas, p\u00e1jaros erizo, bulbules, codornices malv\u00eda, picagregas, p\u00e1jaros hormigueros, picoteadores crestados, horneros, trepadores, pico espinas, pinzones Cardueline, p\u00e1jaros azote, herrerillos malv\u00eda, zapapicos, golondrinas de los bosques, r\u00e9gulos, muscarias, paros, picoteras, herrerillos, estorninos, currucas, sinsontes, tarabillas, picos murarios, petirrojos y reyezuelos bellos, y la misma marcha se repiti\u00f3 con primorosa preciosura durante largos minutos, hasta que el director de la banda decidi\u00f3 cambiar de pieza.<\/p>\n<p>Ni Julieta \u00c1lvarez, ni nadie pudo explicarse jam\u00e1s la raz\u00f3n por la cual aquel acompa\u00f1amiento encantado mostr\u00f3 saberse a la perfecci\u00f3n todas las partituras del extenso repertorio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una noche cualquiera, solo, sin avisar ni despedirse, se fue de la ciudad el se\u00f1or de la bombarda.<br \/>\nLlevaba puesto el traje azul oscuro y la camisa blanca con cuello de pajarita del primer concierto.<br \/>\nLa banda tuvo que disolverse por falta de apoyo gubernamental. Las arcas exhaustas del erario no resist\u00edan ya la pesada carga de los saqueos impunes a que la somet\u00edan a diario los funcionarios corruptos, a quienes los jueces de la rep\u00fablica no dudaban un instante en someter a dilatados juicios y, en estricta aplicaci\u00f3n de unas normas alcahuetas, los enviaban, a una espera rigurosa de la condena, tras las paredes de sus lujosas mansiones, adquiridas con el sudor de la selecta ciudadan\u00eda encadenada a unos fardos impositivos de espanto.<br \/>\nJulieta \u00c1lvarez fue una de las pocas personas que tuvo el coraje suficiente para escribirles a las autoridades p\u00fablicas una misiva en cuyas l\u00edneas, trazadas a mano con caligraf\u00eda impecable, protestaba con vehemencia por la inaudita actitud oficial contra una agrupaci\u00f3n art\u00edstica que hab\u00eda sido capaz de romper los t\u00e9mpanos del tedio y sacudir a los habitantes de aquella ciudad inconmovible para que volvieran a vibrar los domingos por las tardes en los conciertos celestiales de su resucitada banda municipal. Los dem\u00e1s mun\u00edcipes, como sol\u00eda suceder, se limitaron a verter comentarios amargos alrededor de un caf\u00e9 tambi\u00e9n amargo, en tertulias vacuas sobre ese tema y acerca de muchos otros, de las que no emergi\u00f3 jam\u00e1s la voluntad de asumir compromiso alguno con la vida.<br \/>\nLos p\u00e1jaros, contagiados tambi\u00e9n por el desaliento, asist\u00edan a las retretas cada vez en menor cantidad y cantaban cada vez con menos ganas, hasta que un d\u00eda cualquiera el \u00fanico que se hizo presente fue un viejo grajo, que prefiri\u00f3 quedarse callado, consciente como era de que el milagro hab\u00eda concluido y por su pico ya no brotar\u00eda sino su horroroso graznido de siempre, no los aires de belleza sin igual que emergieron el d\u00eda de la primera retreta y con los cuales pudo seguir asombrando en las siguientes; porque sab\u00eda, como lo sab\u00edan todos, m\u00fasicos y p\u00fablico, que el ostento sonoro de las otras veces estaba irremediablemente condenado a que ya nunca jam\u00e1s volver\u00eda a producirse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* <a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-28792\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-300x300.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg 730w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a> <strong>Derechos Reservados de Autor<\/strong>. 2000.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55634\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"931\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-704x1024.jpeg 704w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-206x300.jpeg 206w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-768x1117.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1056x1536.jpeg 1056w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-1408x2048.jpeg 1408w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/dreamstime_xxl_65812319.jpg-scaled.jpeg 1760w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(&#8220;EL SE\u00d1OR DE LA BOMBARDA&#8221; es un cuento que forma parte de la novela de su autor &#8220;TIERRA DE CIGARRAS. Sic Editorial. Bucaramanga. 2000. En una escena de esta la protagonista, una joven adolescente reci\u00e9n llegada a la orfandad que ha sido enviada de su pueblecito natal a la lejana, brumosa, g\u00e9lida y lluviosa capital del pa\u00eds para que curse su bachillerato en un internado de monjas, contempla el paisaje a trav\u00e9s de la ventana de su peque\u00f1o cuarto mientras repasa su vida y rememora a su primer amor, el \u00fanico que ha llegado a su joven existencia. Muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, ya convertida en una hermosa e inteligente se\u00f1ora \u2014casada con otro hombre al que conoce a orillas de una carrilera\u2014, en los escasos ratos libres que le deja su oficio de modista escribe poemas rom\u00e1nticos y composiciones con recuerdos de su pueblecito nativo al que nunca regres\u00f3. Hasta que un d\u00eda cualquiera presencia la inesperada llegada al barrio de la tierra de las cigarras donde vive de un hombrecillo viejo, flaco, vestido con traje azul oscuro, camisa blanca y cuello de pajarita que al sonre\u00edr deja entrever la falta de sus incisivos y quien lleva sobre su hombro derecho un enorme instrumento cuyo nombre los vecinos tratan infructuosamente de adivinar hasta que ella decide pregunt\u00e1rselo y entonces se entera de que se trata de una bombarda. Este m\u00fasico forastero reorganiza la desaparecida banda municipal y con ella se propone revivir la extinguida costumbre dominical de la retreta en el parque. Empero, lo que resulta es un concierto maravilloso, pues justamente en los momentos en que la banda se encuentra tocando una pegajosa marcha empiezan a aparecer en el horizonte numerosas bandadas de p\u00e1jaros que arriban al parque y comienzan a trinar la misma marcha convirtiendo as\u00ed aquella presentaci\u00f3n art\u00edstica en una soberbia retreta m\u00e1gica, que, sin embargo, por razones pol\u00edticas, a la postre no ser\u00e1 registrada en los anales de la historia y terminar\u00e1 cubierta por las gruesas capas con que cubre siempre la verdad el implacable y sempiterno polvo del olvido).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Antes de que se sumiera en el \u00e1rido letargo de una monoton\u00eda cotidiana que termin\u00f3 haci\u00e9ndole perder por completo el ejemplarizante vigor de otros tiempos, algunos hechos portentosos hab\u00edan tenido como escenario aquella poblaci\u00f3n ignota y remota, enclavada sobre &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49035\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' heateor-sss-data-href='https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49035'><div class='heateor_sss_sharing_title' style=\"font-weight:bold\" >\u00a1Gracias por compartirla!<\/div><ul class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i style=\"width:35px;height:35px;border-radius:999px;\" alt=\"Facebook\" Title=\"Facebook\" class=\"heateorSssSharing heateorSssFacebookBackground\" onclick='heateorSssPopup(\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?u=https%3A%2F%2Foscarhumbertogomez.com%2Findex.php%3Frest_route%3D%252Fwp%252Fv2%252Fposts%252F49035\")'><ss style=\"display:block;border-radius:999px;\" class=\"heateorSssSharingSvg heateorSssFacebookSvg\"><\/ss><\/i><\/li><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i 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