{"id":49153,"date":"2024-11-18T13:16:00","date_gmt":"2024-11-18T18:16:00","guid":{"rendered":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49153"},"modified":"2025-02-02T19:51:16","modified_gmt":"2025-02-03T00:51:16","slug":"la-reliquia-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49153","title":{"rendered":"LA RELIQUIA. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-37620\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/JOVENCITA-MIRANDO-POR-LA-VENTANA.jpeg\" alt=\"\" width=\"575\" height=\"900\" data-sitemapexclude=\"true\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/JOVENCITA-MIRANDO-POR-LA-VENTANA.jpeg 575w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/JOVENCITA-MIRANDO-POR-LA-VENTANA-192x300.jpeg 192w\" sizes=\"auto, (max-width: 575px) 100vw, 575px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue una tarde de octubre cuando se pas\u00f3 a vivir a la tierra de las cigarras, aquella promisoria ciudad enclavada dentro de los ardorosos accidentes topogr\u00e1ficos de la cordillera del oriente, un distinguido caballero, alto de estatura, flaco de carnes, de cerviz ligeramente inclinada y aspecto de zopilote, que ir\u00eda a ser conocido, a la postre, como la Reliquia.<br \/>\nSi no llevaba puesto el cubilete, cubr\u00edan su cabeza la coleta y los bucles de un a\u00f1ejo peluqu\u00edn; vest\u00eda de riguroso frac, levita o sacoleva, cuando no usaba el chaqu\u00e9; portaba un bast\u00f3n de plateada empu\u00f1adura; calzaba lustrosos zapatos de charol de dos colores; correg\u00eda su miop\u00eda con quevedos, impertinentes o antiparras; y consultaba la hora, si no empleaba su clepsidra, extrayendo de la faltriquera un antiqu\u00edsimo reloj de leontina.<br \/>\nPero no era semejante indumentaria de arqueolog\u00eda lo que marcaba su antig\u00fcedad de costumbres y ni siquiera aquel mirar adusto por encima de los arcaicos anteojos, sino un detalle que muy pronto principi\u00f3 a ser percibido por los vecinos de la cuadra y habr\u00eda de terminar siendo su caracter\u00edstica t\u00edpica en la ciudad entera: el peculiar modo de expresarse.<br \/>\nCierta noche de s\u00e1bado, invitado a la ruidosa celebraci\u00f3n de un onom\u00e1stico, m\u00e1s con el fin de intentar una aproximaci\u00f3n del vecindario a aquel curioso individuo, que obrando con el convencimiento de que su compa\u00f1\u00eda pudiese contribuir en algo a hacer amena la fiesta, apareci\u00f3, impecablemente vestido de esmoquin negro, contrastando con los informales trajes de colores que luc\u00edan los asistentes, y levantando su mano derecha, enfundada, al igual que la izquierda, en un guante blanco de tela fina, salud\u00f3 a los sorprendidos contertulios con unos vocablos que jam\u00e1s nadie hab\u00eda escuchado ni so\u00f1ado que existieran:<br \/>\n\u2013\u00a1Gaudeamus!, \u00a1Gaudeamus! \u2013exclam\u00f3 ceremonioso.<br \/>\nLos presentes, que ignoraban lo que semejante expresi\u00f3n significaba, no atinaron a definir, en los segundos inmediatos, si guardar silencio o responderle con alguna manifestaci\u00f3n de cortes\u00eda.<br \/>\n\u2013\u00a1Alegr\u00e9menos!, \u00a1Alegr\u00e9menos! \u2013tradujo entonces el reci\u00e9n llegado.<br \/>\nY enseguida complement\u00f3:<br \/>\n\u2013\u00a1Os extiendo mi salutaci\u00f3n amabil\u00edsima!<\/p>\n<p>_______________<\/p>\n<p>Muy pronto el vecindario se acostumbr\u00f3 a su expresi\u00f3n jerogl\u00edfica y a su rancia indumentaria.<br \/>\n\u2013\u00a1Ave! \u2013salud\u00f3 otro d\u00eda a Julieta \u00c1lvarez, y su hijo Pedro Claver, que en esos momentos la acompa\u00f1aba, trat\u00f3, a rengl\u00f3n seguido, de rebuscar, hurgando en los m\u00e1s rec\u00f3nditos e intrincados vericuetos de su memoria, qu\u00e9 diablos podr\u00eda estar diciendo aquel vecino circunspecto, seguro como estaba de que su caballerosidad, llevada hasta el extremo, no le permit\u00eda, ni por atisbo, ofender a su progenitora espet\u00e1ndole la palabra \u201cp\u00e1jaro\u201d.<br \/>\nTiempo despu\u00e9s terminar\u00eda popularizando el \u201c\u00a1Salud a vuesa merced!\u201d, frase con la cual reimplant\u00f3 la moda de saludar, una vez que, influenciados por doctrinas extranjeras, los j\u00f3venes del barrio acordaron, en una conjura digna de mejor causa, abolir para siempre la, seg\u00fan ellos, burguesa, proimperialista, olig\u00e1rquica y reaccionaria costumbre del saludo.<br \/>\nTodo el mundo empez\u00f3, entonces, a saludar con aquellas expresiones que la mayor\u00eda cre\u00eda inexistentes, productos de su invenci\u00f3n fantasmag\u00f3rica, y otros consideraban vestigios de arca\u00edsmos sobrepasados hac\u00eda rato por el arrollador decurso de la historia.<br \/>\nMas ello no lo fue todo, sino que al gongorismo de aquel saludo barroco terminaron uni\u00e9ndose muchos otros vocablos y ademanes, de modo que cundi\u00f3 en la ciudad entera una concepci\u00f3n tan anticuada del comportamiento, que muy pronto comenz\u00f3 a exigirse sacoleva en los uniformes de diario de los ni\u00f1os, pese a las protestas de los padres de familia, no s\u00f3lo por los altos costos de los ex\u00f3ticos trajes, sino por el hecho de que deb\u00edan adquirir los sombreritos de copa con irritante frecuencia, pues los infantes, no acostumbrados a utilizar  prenda alguna sobre la cabeza, olvidaban el diminuto cubilete en cuanto lugar lo descargaban.<br \/>\nLos se\u00f1ores empezaron a saludar a las damas con una reverencia en \u00e1ngulo de noventa grados mientras sosten\u00edan en las manos su chistera. Las damas, presas menos del calor que generaban sus frondosas enaguas y sus trajes rimbombantes que de la petulancia inherente a la \u00faltima moda, empezaron a usar a toda hora los abanicos, unos accesorios de apertura m\u00e1gica que se extend\u00edan en sus manos respondiendo a un embrujador movimiento de sus dedos y dejaban al descubierto al desplegarse im\u00e1genes de dragones y figuras orientales de colores ex\u00f3ticos. Los se\u00f1ores desterraron los relojes de pulso e impusieron la moda de las clepsidras y los relojes de leontina, instrumentos de medici\u00f3n del tiempo que emerg\u00edan de los bolsillos de sus chalecos como dispuestos para un n\u00famero de magia. Y ya frente a los edificios p\u00fablicos no se aparcaban los coches de motor, amos y se\u00f1ores de las calles a partir del momento en que Arturo Hakspiel trajo el primero, sino alazanes con pechera y cascabeles. Los elegantes ciudadanos estacionaban sus corceles at\u00e1ndolos en botalones y apeaderos que la alcald\u00eda orden\u00f3 construir a las carreras, pues las quejas sobre caballos deambulando por las v\u00edas p\u00fablicas mientras sus due\u00f1os cumpl\u00edan diligencias abarrotaron hasta el techo la oficina de reclamos que el ayuntamiento dispuso para garantizar a sus s\u00fabditos el leg\u00edtimo e inviolable derecho a la protesta.<br \/>\nEmpero, lo que con mayor fuerza se tom\u00f3 la ciudad fue aquel lenguaje florido y retocado que impuso, a la postre, la complicada expresi\u00f3n verbal de la Reliquia.<br \/>\n\u2014Decidme, dama: \u00bfc\u00f3mo est\u00e1is vos en este anochecer de plenilunio? \u2014salud\u00f3 a Julieta \u00c1lvarez un vecino contagiado por la peste y que detr\u00e1s de su nuevo almac\u00e9n de antig\u00fcedades ve\u00eda pasar las tardes de sopor paralizante observando el mundo detr\u00e1s de sus reci\u00e9n adquiridas antiparras.<br \/>\n\u2014Dejate de pendejadas, hombre \u2013le repuso Julieta\u2014. Bien sab\u00e9s que yo no comulgo con esta afectaci\u00f3n hip\u00f3crita que se ha apoderado de la ciudad desde la llegada de la Reliquia.<br \/>\n\u2014No os enoj\u00e9is, f\u00e9mina preclara, con este vasallo de vuesa merced \u2013le insisti\u00f3 el anticuario, al que tambi\u00e9n se le hab\u00eda anticuado el lenguaje.<br \/>\nY as\u00ed siguieron los d\u00edas. La gente ya no dec\u00eda \u201chola\u201d, sino \u201cave\u201d, \u201csalud, o &#8220;salve&#8221;; no se desped\u00eda con el \u201cadi\u00f3s\u201d de siempre, sino con la expresi\u00f3n \u201cabur\u201d; no hablaba de \u201cmam\u00e1 y maestra\u201d, sino de \u201cmater et magistra\u201d; no se refer\u00eda a \u201cla leche\u201d, sino al \u201cel\u00edxir perl\u00e1tico de la consorte del toro\u201d; y hasta el cura p\u00e1rroco, contagiado de la peste, les opuso a los carpinteros Lizcano, cuando \u00e9stos se presentaron en la casa parroquial para pedirle el met\u00e1lico anticipado que les prometi\u00f3 sobre las primeras bancas de madera con destino al templo, las cuales estaban comprometidos a entregar hac\u00eda mucho tiempo y todav\u00eda no lo hac\u00edan, un argumento denominado \u201cexceptio non adimpleti contractus\u201d seg\u00fan el cual el incumplido no pod\u00eda exigir cumplimiento. \u2014Pacta sunt servanda\u2014 les dijo\u2014. &#8220;Los pactos son para cumplirlos&#8221;. Y cuando \u00e9stos le manifestaron, sin ocultar su molestia, que, en ese caso, bien pod\u00eda abstenerse de pagarles los esca\u00f1os, que ellos, de todas maneras, los pondr\u00edan a disposici\u00f3n suya en la casa de Dios, el cl\u00e9rigo, impert\u00e9rrito, les ripost\u00f3 que no aceptaba tal ofrecimiento porque al hacerlo incurrir\u00eda en un enriquecimiento sin justa causa y se expondr\u00eda a que m\u00e1s tarde ellos mismos lo demandaran al amparo de la \u201cactio in rem verso\u201d.<\/p>\n<p>_____________<\/p>\n<p>La vesania imitativa no fue inmediata, por supuesto. Tard\u00f3 meses el complicado personaje en imponer su modo de vivir entre aquellos parroquianos de costumbres sencillas. Pero sus repetidas apariciones en p\u00fablico hac\u00edan crecer r\u00e1pidamente el auditorio, hasta que personas de todas las condiciones sociales terminaron impregnadas de la peste gongoriana.<br \/>\nSu primer contacto con el ignaro vulgo, como denominaba al pueblo raso, lo hab\u00eda tenido cuando le fue menester salir de compras. En esa ocasi\u00f3n abandon\u00f3 su casa, con una larga capa negra encima de los hombros y sus ademanes de filipich\u00edn del medioevo, descendi\u00f3 por la Calle de las Palmeras, indiferente a la nieve que ca\u00eda sobre el hombre que se envejeci\u00f3 agarrado de un poste, y fue a entremezclarse con la turbamulta que vend\u00eda y mercaba e inundaba el ambiente con sus gritos, el olor acre de sus sudores y la cotidiana ordinariez de la reventa.<br \/>\nLas veteranas campesinas que vend\u00edan frutas, verduras, hortalizas, legumbres, plantas medicinales y condimentos en la entrada de la plazuela del mercado quedaron estupefactas esa inolvidable ma\u00f1ana de s\u00e1bado cuando se acerc\u00f3 hasta ellas portando con donaire un canasto de mimbre y una lista de mercado en pergamino aquel extra\u00f1o individuo de quevedos, sacoleva, guantes blancos, sombrero de copa, zapatos de charol y bast\u00f3n con cacha plateada, quien, luego de un saludo ceremonioso y de despojarse de su capa, la cual dej\u00f3 colgando sobre su brazo siniestro doblado en \u00e1ngulo recto, les empez\u00f3 a hablar con un lenguaje indescifrable:<br \/>\n\u2014Dilectas septuagenarias \u2014dijo el reci\u00e9n llegado, quien, por supuesto, no era otro que la Reliquia\u2014. Hacedme la merced de transferirme el usus, el fructus y el abusus, vale decir: el ius utendi, el ius fruendi y el ius abutendi, huelga expresar: el derecho de propiedad o dominio, perecedero por dem\u00e1s, ya que se mercan, no con animus lucrandi, sino para fines primarios de consumo, de los siguientes frutos de la madre natura, a saber:<br \/>\nCitrus auratium: dadme diez unidades.<br \/>\nSapota aschras: entregadme cinco unidades.<br \/>\nSolanum tuberosum: proveedme de dieci\u00e9is onzas.<br \/>\nApium petroselinum: disponed vosotras la cantidad adecuada para fines culinarios unipersonales.<br \/>\nPiper nigrum: vendedme exigua porci\u00f3n.<br \/>\nBromelia ananas: surtidme de una pieza bien fermosa.<br \/>\nVicia sativa: depositad en mi canastillo una libra.<br \/>\nMusa sapientum: un racimo, mas no me lo d\u00e9is tan presto a la ingesta.<br \/>\nPersea gratissima: trocad por mis modernos dracmas uno de tales frutos que natura nos obsequia dadivosa.<br \/>\nAlium sativum: me valdr\u00e9 con tan s\u00f3lo unos cuantos espec\u00edmenes en aras de no importunar mi h\u00e1lito.<br \/>\nOsimum basilicum: lo que consider\u00e9is menester en vuestra sapiencia ignara para unas cuantas infusiones.<br \/>\nOryza sativa: dadme en venta diecis\u00e9is onzas de tal grano.<br \/>\nSolanum melongena: dadme una, hacedme la merced.<br \/>\nHordeum vulgare: con diecis\u00e9is onzas me abastezco.<br \/>\nAllium cepa: vosotras, que lo sab\u00e9is mejor, calculad la que me sea menester.<br \/>\nPassiflora moll\u00edssima: dignaos proveerme de un kilogramo, que no os miento si os asevero lo gustoso que soy de consumirla.<br \/>\nPhaseolus vulgaris: considerando su riqueza nutricional, dadme un kilogramo de tal gram\u00ednea.<br \/>\nCicer arietinum: con ocho onzas que me prove\u00e1is par\u00e9ceme suficiente.<br \/>\nIgna: del\u00e9itome en verdad con estas frutas, de suerte que os adquiero en compraventa una decena de ellas.<br \/>\nAnona muricata: \u00a1O tempora, o mores! Dulces a\u00f1oranzas arriban a mi memoria con esta exquisitez de la naturaleza que obsequionos la deidad. Son m\u00edas tres de ellas, por l\u00edcita adquisici\u00f3n, claro es, adversario como soy del latrocinio.<br \/>\nZea maya: unos granos bastar\u00e1n.<br \/>\nMangifera qu\u00edmica: succionarlos es deleite, mas no contengo el deseo de herir su pulpa con los cortantes bordes de mis incisivos. Vendedme cinco.<br \/>\nRubus bogotensis: treinta y una onzas, para ser exactos.<br \/>\nBeta vulgaris: las necesarias, seg\u00fan vuestro c\u00e1lculo sapiente, para una trilog\u00eda de ensaladas.<br \/>\nVitis vinifera: proveedme de unas cuantas.<br \/>\nYatropha manihot: poned en mi canastillo una libra de tapioca.<br \/>\nDaucus carota: \u00eddem.<br \/>\nMatisia cordata: de vendaje y con llaneza os pido tan s\u00f3lo un chupachupa.<br \/>\nLas vendedoras se miraron entre s\u00ed presas de la perplejidad, pero no se atrevieron a exigirle que se comportara como una persona seria, pues temieron que pudiera ser un loco furioso dispuesto a abalanzarse sobre ellas con todo y su estramb\u00f3tica indumentaria.<br \/>\n\u2013\u00a1Huy, se\u00f1or! \u2013exclam\u00f3 al fin una de ellas con mirada de espanto y desconfianza\u2013. Perdone vust\u00e9, pero nosotras no vendemos cosas tan jinas.<br \/>\nEl adquiridor se vio precisado, entonces, por fuerza de la necesidad, a rebajarse al mismo nivel de la canalla.<br \/>\n\u2014Comprendo y redimo vuestra ignorancia \u2014les dijo el ins\u00f3lito comprador\u2014. Os traducir\u00e9, en vulgada lengua, lo que pretendo compraros.<br \/>\nY a rengl\u00f3n seguido principi\u00f3 a expresar lo que deseaba adquirir en un vocabulario inteligible:<br \/>\n\u2013Citrus auratium: lo que el ignaro vulgo llama naranja.<br \/>\nSapota aschras: en vuestra ordinariez, n\u00edsperos.<br \/>\nSolanum tuberosum: \u00a1papa, f\u00e9minas, papa!<br \/>\nApium petroselinum: es decir, lo que vosotros vulgarmente llam\u00e1is perejil.<br \/>\nPiper nigrum: o sea, que os estoy comprando pimienta.<br \/>\nBromelia ananas: que vosotros llam\u00e1is pi\u00f1a.<br \/>\nMusa sapientum: lo design\u00e1is como pl\u00e1tano.<br \/>\nPersea gratissima: lo hab\u00e9is degradado, en vuestro vocabulario sin pulimentar, a la r\u00fastica condici\u00f3n de aguacate.<br \/>\nAlium sativum: que ofrec\u00e9is seguramente como ajo.<br \/>\nOsimum basilicum: aprended: quiere decir albahaca.<br \/>\nOryza sativa: es vuestro tosco arroz.<br \/>\nVicia sativa: posiblemente la llam\u00e9is arveja.<br \/>\nSolanum melongena: expresado de ordinario, berenjena.<br \/>\nHordeum vulgare: o cebada, como se dice en el l\u00e9xico del vil populacho.<br \/>\nAllium cepa: que vosotros design\u00e1is como cebolla.<br \/>\nPassiflora moll\u00edssima: vuestra plebeya curuba.<br \/>\nPhaseolus vulgaris: que horrorosamente bautiz\u00e1is fr\u00edjol.<br \/>\nCicer arietinum: de seguro dir\u00e9is garbanzo.<br \/>\nIgna: para ilustraros: cuando no pose\u00e9is un c\u00e9ntimo afirm\u00e1is, con aspereza suma, que est\u00e1is m\u00e1s pelados que una pepa de guama.<br \/>\nAnona muricata: que rebaj\u00e1is a guan\u00e1bana.<br \/>\nZea maya: del cual sosten\u00e9is que se trata de un burdo ma\u00edz.<br \/>\nMangifera qu\u00edmica: al que apod\u00e1is mango.<br \/>\nRubus bogotensis: que conoc\u00e9is como mora.<br \/>\nBeta vulgaris: \u00bfno hab\u00e9is visto el color de la as\u00ed llamada por la plebe, remolacha?<br \/>\nVitis vinifera: a las que hab\u00e9is envilecido con la tosca denominaci\u00f3n de uvas.<br \/>\nYatropha manihot: \u00a1Horror! La hab\u00e9is llamado burdamente yuca.<br \/>\nDaucus carota: le espet\u00e1is un nombre horr\u00edsono: zanahoria.<br \/>\nMatisia cordata: lo maltrat\u00e1is como un m\u00edsero zapote. Y mirad qu\u00e9 curioso: ni aun mencion\u00e1ndolo con llaneza reconocisteis al jugoso chupachupa.<br \/>\nLa gente de la plazuela del mercado, que se hab\u00eda arremolinado en torno al personaje y a sus asombradas proveedoras de vegetales y especies, atra\u00edda por aquella extrema distinci\u00f3n sin precedentes, y presa tambi\u00e9n, sobra decirlo, del archiconocido af\u00e1n de imitaci\u00f3n que siempre ha regido a la sociedad desde que existe, opt\u00f3 por seguir de inmediato los pasos de aquel nuevo vecino de hablar enrevesado. As\u00ed que desde el d\u00eda siguiente parroquianos sencillos que siempre llamaron fresa a la fresa y cilantro al cilantro comenzaron a solicit\u00e1rselos a los abrumados campesinos con vocablos que \u00e9stos no entend\u00edan: a la fresa le empezaron a decir fragaria vesca, y al cilantro, que a lo sumo le hab\u00edan cambiado el nombre por el de culantro, ya no lo llamaban ni de un modo ni del otro, sino coriandrum sativum.<br \/>\nLa epidemia cundi\u00f3 muy pronto por la ciudad entera, al igual que sucedi\u00f3 con las dem\u00e1s costumbres barrocas de la Reliquia. De los labios de todos desapareci\u00f3 la coliflor y naci\u00f3 la cr\u00e1ssica olar\u00e1cea; muri\u00f3 el comino, pues s\u00f3lo se hablaba del cuminum cyminum; y ya nadie volvi\u00f3 a mencionar el durazno, sino el p\u00e9rsica vulgaris.<br \/>\nAs\u00ed que las listas de precios se comenzaron a redactar en las nuevas denominaciones y no hubo un solo valiente que se atreviera a referirse a lo ricas que eran &#8220;las manzanas&#8221;, porque hasta el m\u00e1s ignorante elogiaba por doquier &#8220;la exquisitez incomparable de los delicados frutos del pirus malus&#8221;.<\/p>\n<p>______________<\/p>\n<p>Hubo, sin embargo, una consecuencia m\u00e1s perdurable de la influencia que tuvo la Reliquia sobre las costumbres de la ciudad: la oleada incontenible de bautizos de ni\u00f1os con nombres antiguos, seguida de otra epidemia: el cambio de nombre por parte de los adultos, que se convirti\u00f3 en la fuente de trabajo m\u00e1s apetecida por los abogados sin oficio.<br \/>\nLa ciudad, en efecto, se atest\u00f3 de nombres que ni remotamente imagin\u00f3 que existieran. A la pila de su sacrificio fueron llevados neonatos y p\u00e1rvulos a quienes bautizaron con nombres como Agamen\u00f3n, Esdras, Habacuq, Miqueas, Am\u00f3s, Oseas, Ant\u00edoco, Atalfa, Ocoz\u00edas, Holofernes, Ajab, Roboam, Amizabad, Zabad\u00edas, Mesalem\u00edas, Obeded\u00f3m, Nat\u00e1n, El\u00e1, Or\u00edas, Jotam, Romel\u00edas, Jeroboam, Azar\u00edas, Amas\u00edas, Joacaz, Joas, Mat\u00e1n, Atalia, Joyada, Jeh\u00fa, Bidqar, Nabot, Joram, Guejaz\u00ed, Naam\u00e1n, Jazael, Omr\u00ed, Goliat, Nabucodonosor, B\u00e1quides, Geronte, Andr\u00f3nico, Apolonio, Seleuco, Hircano, Jedut\u00fan, Sadoq, Menelao, Lisias, Patroclo, Dositeo, Sos\u00edpatro, Bakenor, Quereas, Apol\u00f3fanes, Epator, Filometor, Zaqueo, Cal\u00edstenes, Atenobio, Cendebeo, Abubos, Neumenio, Trif\u00f3n, Ant\u00edpater, Tolomeo, Alcimo, Macedonio, Antero, Salvio, Eleusipo, Prisca, Canuto, Pionio, Veridiana, Anscario, Corcino, Rogato, Metodio, Agape, Ces\u00e1reo, Jovino, Ceadio, Celedonio, Ger\u00e1simo, Coleta, Perpetua, Guadioso, Afrodisio, Ciriaco, Anatolio, Serapi\u00f3n, Calinico, Epigmento, Bertoldo, Urbicio, Gualterio, Acacio, Casilda, Hermenegildo, Lamberto, Estanislao, Telmo, Eleuterio, Cleto, Pascasio, Elfego, P\u00e1nfilo, Segismundo, Atanasio, Exuperio, Eleodoro, Geroncio, Nereo, Pancracio, Domitila, Teodosia, Salustiano, Medardo, Cr\u00edspulo, Olimpio, Anfi\u00f3n, Metodio, Aresios, Eterio, Quinciano, Marciano, Crescencia, Sancha, Gervasio, Protasio, Macario, Terencio, Sen\u00f3n, Agripina, Antelmo, Irineo, Petronila, Edilburga, Sinforiano, Priscila, Gualberto, Abundio, Herm\u00e1goras, Epifania, Silas, Arsenio, Apolinar, Niceta, Teodomiro, Bartolomea, Pantale\u00f3n, Nazario, Cira, Hilaria, Hip\u00f3lito, Poncio, Cornelio, Ponciano, Liberato, Floro, Agapito, Ceferino, Tecla, Eufemia, Tiburcio, Proto, Jacoba, Cipriano, Eustaquio, Constancio, Cosme, Wenceslao, Hilari\u00f3n, Fortunata, Engelberto, Serapio, Dasio, Fermina, Facundo, Evasio, Damasceno, Osmundo, Leocadia, Basiniano, Concordio, Melanio, Plauto y Dorimeno.<br \/>\nInclusive, algunos padres ignorantes y apresurados, sin parar mientes en que el nombre escogido para sus v\u00e1stagos aparte de antiguo fuera siquiera de persona y no de otra cosa, un libro por ejemplo, incurrieron en errores tan horribles como el de bautizarlos Sir\u00e1cides, Talmud o Pentateuco.<br \/>\nOtros progenitores, embrutecidos hasta la sinraz\u00f3n por aquella peste maldita, ni siquiera se tomaron la molestia de acudir a los personajes del Antiguo Testamento o a los santorales del Almanaque Pintoresco de Bristol, sino que, presumiendo de originales, les colgaron a sus indefensas cr\u00edas, como un inri, palabras cuyo significado no se cuidaron, al menos, de indagar en alg\u00fan diccionario, y no hubo cura ni escribano que saliera en defensa de aquellas criaturas desventuradas, sometidas para siempre a las penalidades del estigma. Varias de esas v\u00edctimas, ya inmersas por completo, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, en las arideces de la decrepitud, segu\u00edan arrastrando, no s\u00f3lo los pies fatigados por tantos lustros a cuestas, sino la injusta condena que sus padres les impusieron en la pila bautismal durante aquella \u00e9poca aciaga: do\u00f1a Histerectom\u00eda Castro, don Escroto Gonz\u00e1lez, don Metacarpo Jim\u00e9nez, do\u00f1a Hipotenusa Guti\u00e9rrez, don Cateto Mart\u00ednez, do\u00f1a Hermen\u00e9utica L\u00f3pez y don Plexo Solar Mendoza fueron apenas algunas de ellas.<br \/>\nUn poco de mayor fortuna tuvieron los p\u00e1rvulos a quienes les asignaron nombres que ni eran antiguos, ni existieron jam\u00e1s, ni nada vergonzoso significaban, sino que sus verdugos configuraron con simples juegos de palabras, o de letras, todo con tal de eludir la colocaci\u00f3n de nombres, si no modernos, al menos comunes y corrientes. El m\u00e1s popular, entre estos rebusques irracionales, acab\u00f3 siendo el de Pulvesio.<br \/>\nPero los menos desdichados, entre aquella caterva de infelices, fueron quienes obtuvieron de la misericordia popular, o de la menos com\u00fan clemencia de sus amigos m\u00e1s cercanos, las bondades de un apelativo, un apodo o un hipocor\u00edstico al cual se apegaron con desesperaci\u00f3n por el resto de sus d\u00edas, o el uso inveterado de su apellido como \u00fanica identificaci\u00f3n en la calle y en los actos y situaciones propios de la vida diaria.<br \/>\nLos apelativos m\u00e1s comunes fueron desde entonces mano, compa y jefe. Por doquier se escuchaban, entonces, saludos como &#8220;Hola, mano&#8221;, &#8220;Hola, compa&#8221; u &#8220;Hola, jefe&#8221;. A veces ocurr\u00eda que uno de los que saludaban dec\u00eda &#8220;Hola, jefe&#8221; y aquel a quien le dirig\u00eda el saludo le respond\u00eda con otro &#8220;Hola, jefe&#8221;, de modo que la persona que casualmente los escuchaba saludarse se quedaba sin saber qui\u00e9n era el jefe y qui\u00e9n era el subalterno.<br \/>\nApodos, alias o motes hubo a granel, pero casi todos, por desgracia, referidos a defectos f\u00edsicos y a gente de baja condici\u00f3n, lo cual, lejos de auxiliar al desventurado, le agigantaba la magnitud de su infortunio. Don Escafoides Mastuerzo, por ejemplo, no atinaba a determinar cu\u00e1l opci\u00f3n le era m\u00e1s inc\u00f3moda, si la de su nombre de pila, o el apodo de &#8220;Sietealmuerzos&#8221; que le pusieron debido a su voluminoso abdomen.<br \/>\nAun as\u00ed, en defensa de algunos malaventurados salieron sobrenombres creados con mayor delicadeza y por ende m\u00e1s llevaderos, como el referido a su lugar de origen, o a una cualidad que le fuera propia. As\u00ed, a Basiniano Silva le agradaba m\u00e1s que lo llamaran Barichara; a Protasio Guevara lo fascinaba el bien ganado mote de Sal de Frutas, que se lo pusieron por su tendencia a saludar a todo aquel que junto a \u00e9l pasara; y Metodio C\u00e1rdenas, cuyo cuerpo de alfe\u00f1ique bien podr\u00eda servir para una campa\u00f1a de la FAO contra el hambre, agradec\u00eda, desde su reciente dedicaci\u00f3n al levantamiento de pesas, que le dijeran, as\u00ed fuera con un dejo de burla, Charles Atlas.<br \/>\nEl hipocor\u00edstico Mene, aplicado a Do\u00f1a Hermen\u00e9utica L\u00f3pez desde su llegada a la ciudad, ocurrida despu\u00e9s del aparatoso desfile en el que fue exhibido el \u00faltimo dinosaurio; el de Don Ciro, regalado a ese var\u00f3n egregio que fue siempre Don Sir\u00e1cides Guti\u00e9rrez, el cual coincid\u00eda con el nombre propio de muchos mun\u00edcipes tales como el c\u00e9lebre monaguillo suicida que decidi\u00f3 subirse a los barandales del puente del viaducto para desde all\u00ed lanzarse al vac\u00edo con el fin de caer en los brazos de la desesperanza; el de Doctor Beto, donado piadosamente a Engelberto Hastamorir, catedr\u00e1tico universitario muy famoso; y el de Tato, obsequiado a Liberato Garc\u00eda, baterista de una banda de rock pesado que atorment\u00f3 al vecindario durante m\u00e1s de un a\u00f1o hasta su aplaudida emigraci\u00f3n a otro pa\u00eds en busca de la medalla de oro que no encontr\u00f3 en su ensordecida tierra, acabaron siendo los m\u00e1s reconocidos.<br \/>\nLos que pudieron refugiarse tras de su apellido iban relegando el nombre de pila a los amarillentos anaqueles del registro civil, de suerte que s\u00f3lo llegaba a descubrirse la gran verdad cuando uno de tales documentos era exigido por autoridad competente. De resto, Gonz\u00e1lez era simplemente Gonz\u00e1lez, Mora era Mora y Vargas era Vargas, sin nombre alguno por el cual averiguar.<br \/>\nEmpero, la decorosa salida no les sirvi\u00f3 a los que adem\u00e1s de un horroroso nombre cargaban el fardo de un apellido poco est\u00e9tico detr\u00e1s del cual guarecerse. El sargento y m\u00fasico militar Pantale\u00f3n Rabia, verbigracia, no cont\u00f3 con esa fortuna.<br \/>\nTampoco favoreci\u00f3 la buena suerte a Don Guadioso Borrego Chamucero, ni a la se\u00f1orita Sancha Pito Pita, ni al doctor Geronte Hastamorir Flautero, ni al reputado arquitecto Serapi\u00f3n Choque Chuza, ni al odont\u00f3logo prostodoncista Neumenio Rab\u00f3n, ni al ingeniero civil Ant\u00edpater Chaguala. Menos, a don Atalia Cuca, a don Apol\u00f3fanes Jirafa, al contabilista Abubos Cuero, al doctor Goliat Champi\u00f1ones, m\u00e9dico otorrinolaring\u00f3logo muy prestigioso, a don Apolonio Chill\u00f3n, al reputado comerciante de licores Zaqueo Chito Madro\u00f1ero, al di\u00e1cono Atenobio Cu\u00f1a, o al jurista Cendebeo Morcillo. El suicidio del primero, don Guadioso Borrego Chamucero, un jueves de Corpus Christi a la una y treinta y dos minutos de la tarde, refleja de modo di\u00e1fano la gravedad de una sin salida semejante. En la mesa de noche de Borrego Chamucero los investigadores encontraron una carta manuscrita, dos copas vac\u00edas y unas cuantas ra\u00edces de mandr\u00e1gora.<\/p>\n<p>____________<\/p>\n<p>El amanuense del escribano, quien trazaba rasgos de inmaculada caligraf\u00eda g\u00f3tica sobre los pergaminos extendidos encima de su enorme escritorio medieval a medida que iba mojando la pluma de ganso en el frasco de tinta, no daba abasto para inscribir en los anaqueles del registro civil aquella marejada de nombres extra\u00f1os que los padres, a fin de escapar lo m\u00e1s pronto posible al trance de su dudosa ortograf\u00eda, ten\u00edan que dictarle letra por letra. Pero aun as\u00ed se neg\u00f3, con enf\u00e1tica decisi\u00f3n y no obstante la evidencia persuasiva de las interminables ringleras, a obedecer la instructiva emanada del Tribunal Supremo, con asiento en la capital de la naci\u00f3n, seg\u00fan la cual deb\u00eda proceder de inmediato a ejercer sus deberes oficiales otra vez con apoyo en los \u00faltimos avances tecnol\u00f3gicos y abandonar la pluma, los pergaminos y el tintero en los mohosos archivos del pasado remoto e irrepetible.<br \/>\nSe pusieron de moda, adem\u00e1s, mil artefactos rezagados por el progreso desde hac\u00eda mucho tiempo: la plancha de carb\u00f3n y la metodolog\u00eda calor\u00edfica de soplarla con frecuencia para atizar la incandescencia de las brasas encendidas y evitar que se enfriara; los cuellos y los pu\u00f1os almidonados de las blancas camisas masculinas; el corbat\u00edn y las calzonarias; las fotograf\u00edas en blanco y negro, o en color sepia, donde aparec\u00edan los caballeros posando altivos con sus pipas en los labios, y las damas engaripoladas con trajes anch\u00edsimos y un toque de distinci\u00f3n en la manera de asir la sombrilla; los gram\u00f3fonos de manivela y las canciones rom\u00e1nticas esparcidas al aire por los surcos giratorios de los negros acetatos; y, en suma, toda la anticuada parafernalia de tiempos pret\u00e9ritos, tenida ahora, por imperativo de la moda, como se\u00f1al de respetabilidad, donosura y se\u00f1or\u00edo.<\/p>\n<p>Dur\u00f3 muchos tiempo el vecindario, despu\u00e9s de la partida sin retorno de la Reliquia, para volver al disfrute de las calideces propias de la informalidad. El extra\u00f1o personaje se larg\u00f3 de este mundo sin siquiera despedirse: agobiado por el peso insoportable de la culpa, de un pistoletazo puso fin a sus a\u00f1os de estrictez inamovible s\u00f3lo porque aquel d\u00eda de desgracia tuvo la ordinariez imperdonable de decir \u201cmetro\u201d en lugar de \u201clongitud equivalente a un mill\u00f3n seiscientas cincuenta mil setecientas sesenta y tres punto setenta y tres ondas de la radiaci\u00f3n color naranja del espectro luminoso emitido por los \u00e1tomos de kript\u00f3n 86\u201d.<\/p>\n<p>Muri\u00f3 a la edad de veinticinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>____________<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/rCYyx8b13cA?si=bNpaFPqqcvRC_2O1\" title=\"YouTube video player\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen=\"\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>_______<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* <a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-28792\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-300x300.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg 730w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a> <strong>Derechos Reservados de Autor<\/strong>. 2000.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(Este cuento forma parte de la novela de su autor &#8220;TIERRA DE CIGARRAS. 1a. edici\u00f3n. Sic Editorial. Bucaramanga. 2000. En esta, la protagonista, una joven adolescente, estudiante interna de un colegio de bachillerato, reci\u00e9n llegada a la orfandad, contempla el paisaje a trav\u00e9s de la ventana de su cuarto mientras repasa su vida y rememora a su primer amor.  Muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde vivir\u00e1 la llegada a la ciudad donde reside de un anticuado personaje frente a quien muy pronto sus vecinos habr\u00e1n de asumir una conducta contradictoria, pues mientras le ponen un remoquete acorde con la extremada antig\u00fcedad de sus modales, no dudan en imit\u00e1rselos).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Fue una tarde de octubre cuando se pas\u00f3 a vivir a la tierra de las cigarras, aquella promisoria ciudad enclavada dentro de los ardorosos accidentes topogr\u00e1ficos de la cordillera del oriente, un distinguido caballero, alto de estatura, flaco de &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49153\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' heateor-sss-data-href='https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49153'><div class='heateor_sss_sharing_title' 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