{"id":49447,"date":"2024-12-10T17:39:39","date_gmt":"2024-12-10T22:39:39","guid":{"rendered":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49447"},"modified":"2024-12-12T17:47:47","modified_gmt":"2024-12-12T22:47:47","slug":"el-juego-de-las-tapitas-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49447","title":{"rendered":"EL JUEGO DE LAS TAPITAS. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alvarito detuvo su peque\u00f1a motocicleta Peugeot roja frente al ya numeroso grupo de curiosos, la aparc\u00f3 junto al sardinel, descendi\u00f3 de ella y se apost\u00f3 sonriente, con los brazos cruzados sobre el pecho, a observar al locuaz embaucador.<br \/>\n\u2013\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la cascarita, d\u00f3nde?,\u2013preguntaba con insistencia en ese momento el p\u00edcaro, mientras el estupefacto auditorio de vagos, lustrabotas, desempleados y transe\u00fantes del centro de la gran ciudad, cuyo com\u00fan denominador era esa pobreza manifiesta que se les evidenciaba en los colores deste\u00f1idos de sus ropas taciturnas, acababa de verlo c\u00f3mo la escond\u00eda debajo de una de las tres tapas de gaseosa dispuestas encima del haz de peri\u00f3dicos viejos colocados sobre la diminuta mesa port\u00e1til de madera, que \u00e9l acababa de abrir por en\u00e9sima vez en un and\u00e9n cualquiera, para montar su fugaz espect\u00e1culo.<br \/>\n\u2013\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la cascarita? \u2013repet\u00eda, elevando la voz con el fin de aumentar los niveles de emoci\u00f3n y ansiedad dentro del creciente p\u00fablico, al tiempo que continuaba cambiando varias veces las tapas de lugar.<br \/>\nUn hombre reci\u00e9n llegado al grupo fue quien lo abord\u00f3 con la pregunta obvia:<br \/>\n\u2013\u00bfY si yo le adivino d\u00f3nde est\u00e1, cu\u00e1nto me gano?\u2013, dijo.<br \/>\n\u2013Gana cinco veces la suma que usted apueste\u2013, le respondi\u00f3 el timador.<br \/>\nNadie sospechaba qui\u00e9n era en realidad aquel apostador. Era un c\u00f3mplice del anunciante del juego.<br \/>\n\u2013Est\u00e1 bien\u2013le manifest\u00f3\u2013. Apuesto diez pesos.<br \/>\n\u2013\u00bfDiez? \u2013pregunt\u00f3 el otro asombrado de mentiras.<br \/>\n\u2013Diez pesos\u2013ratific\u00f3 el otro, con una seriedad que estaba lejos de sentir\u2013. Qu\u00e9, \u00bfno se puede apostar esa cantidad?<br \/>\n\u2013Claro que s\u00ed se puede\u2013le contest\u00f3 el tramposo\u2013. Va por cincuenta pesos.<br \/>\nEl individuo puso los diez pesos encima de los peri\u00f3dicos viejos, a un lado de las tres tapitas. El sujeto de las apuestas le pidi\u00f3 que levantara la tapa donde creyera que estaba la c\u00e1scara, mientras las mov\u00eda con premeditada lentitud. El apostador levant\u00f3 la tapa bajo la cual todos los presentes vieron con perfecta claridad que hab\u00eda quedado la cascarita de naranja. En efecto, ah\u00ed estaba el peque\u00f1o pedazo de c\u00e1scara. El apostador sonri\u00f3 satisfecho. Entonces el hombre de las apuestas, fingiendo resignaci\u00f3n, le cont\u00f3, encima de la mano derecha, los cincuenta pesos.<br \/>\n\u2013Lo felicito, caballero\u2013, le dijo.<br \/>\nEl sujeto lo interrog\u00f3 en seguida.<br \/>\n\u2013\u00bfPuedo apostar los cincuenta pesos?<br \/>\n\u2013\u00bfC\u00f3mo? \u2013pregunt\u00f3 el otro simulando susto\u2013.<br \/>\n\u00bfCincuenta pesos? \u00bfO sea que usted aspira, se\u00f1or, a llevarse doscientos cincuenta pesos?<br \/>\n\u2013Usted dijo que as\u00ed era el juego, amigo\u2013 repuso el apostador como si estuviera discutiendo\u2013. Si se paga cinco veces la apuesta y yo voy con cincuenta pesos, es obvio que si gano deber\u00e1 entregarme doscientos cincuenta pesos.<br \/>\n\u2013Est\u00e1 bien\u2013 manifest\u00f3 el otro con un gesto de conformidad\u2013. Vamos por doscientos cincuenta&#8230;\u00a1Qu\u00e9 le vamos a hacer!<br \/>\nEl hombre puso los cincuenta pesos de la apuesta sobre los peri\u00f3dicos. El del truco movi\u00f3 las tapas y para todos fue claro, de claridad meridiana, que la c\u00e1scara qued\u00f3 debajo de la tapa de gaseosa ubicada en el centro.<br \/>\n\u2013\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la cascarita?\u2013, pregunt\u00f3. El apostador sonri\u00f3. El p\u00fablico tambi\u00e9n.<br \/>\nEl individuo levant\u00f3 la tapa del centro y, en efecto, ah\u00ed estaba la c\u00e1scara.<br \/>\nLa sonrisa de alegr\u00eda del apostador no pudo ser m\u00e1s ancha, e hip\u00f3crita, mientras contaba los doscientos cincuenta pesos.<br \/>\n\u2013\u00bfHasta cu\u00e1nto puede ir la apuesta?\u2013, pregunt\u00f3. El embaucador exhibi\u00f3 desaz\u00f3n.<br \/>\n\u2013Le acepto el doble de esa suma como apuesta m\u00e1xima\u2013, le dijo.<br \/>\n\u2013No\u2013, le ripost\u00f3 \u00e9l\u2013. Me da miedo jugar todo lo que tengo.<br \/>\n\u2013\u00bfEntonces va o no va?\u2013, le pregunt\u00f3 el sujeto.<br \/>\n\u2013Est\u00e1 bien. Apuesto quinientos pesos\u2013, le dijo.<br \/>\n\u2013\u00bfQuinientos pesos?\u2013, repregunt\u00f3 el otro\u2013. Est\u00e1 bien. Como quiera&#8230;Vamos por dos mil quinientos pesos.<br \/>\nEl tumulto creci\u00f3 inusitadamente. Tambi\u00e9n se intensific\u00f3 el murmullo.<br \/>\n\u2013Silencio, por favor \u2013pidi\u00f3 el timador\u2013. El se\u00f1or va por dos mil quinientos pesos&#8230;<br \/>\nPuso la c\u00e1scara, a la vista de todos, bajo la tapita de la derecha.<br \/>\nEl apostador levant\u00f3 la tapa. Por supuesto, la c\u00e1scara estaba en ese sitio.<br \/>\n\u2013\u00a1Carajo!\u2013 grit\u00f3 el individuo\u2013. \u00a1Gan\u00f3 otra vez!<br \/>\nEntonces el apostador cont\u00f3, ri\u00e9ndose a carcajadas y haciendo comentarios en voz fuerte acerca de su buena estrella, los dos mil quinientos pesos, guard\u00f3 todo en uno de sus bolsillos y empez\u00f3 a retirarse, mostrando un derroche de felicidad que le brotaba por todos los poros.<br \/>\n\u2013\u00bfAlguien m\u00e1s va a jugar?\u2013 interrog\u00f3 el ma\u00f1oso.<br \/>\nDe inmediato, otro de los presentes, un incauto cualquiera, ofreci\u00f3 apostar.<br \/>\n\u2013Apuesto cien pesos\u2013, anunci\u00f3 con voz tr\u00e9mula.<br \/>\n\u2013Cien pesos apuesta el se\u00f1or\u2013, dijo el brib\u00f3n\u2013. Va, pues, por quinientos pesos.<br \/>\nEl individuo ubic\u00f3 la c\u00e1scara debajo de la tapa de la izquierda. El apostador la levant\u00f3 y gan\u00f3.<br \/>\n\u2013\u00a1Maldita sea mi suerte! \u2013exclam\u00f3 el pillo\u2013. Hoy no es mi d\u00eda.<br \/>\nEl tumulto segu\u00eda creciendo y el murmullo se torn\u00f3 en rugido.<br \/>\n\u2013Apuesto setecientos pesos\u2013, vocifer\u00f3 emocionado el ganador, blandiendo al aire los billetes.<br \/>\n\u2013\u00bfSetecientos pesos?\u2013, interrog\u00f3 el sujeto, en medio del bochinche, poniendo cara de pasmo.<br \/>\nEn seguida, grit\u00f3:<br \/>\n\u2013\u00a1C\u00e1llense, se\u00f1ores, por favor!<br \/>\nHubo un momento de silencio y tensi\u00f3n extremos. La expectativa era muy grande.<br \/>\n\u2013Bueno, est\u00e1 bien\u2013dijo finalmente\u2013. Se acepta la apuesta. El rugido retorn\u00f3 fuera de control.<br \/>\nEl truh\u00e1n puso el pedacito de c\u00e1scara debajo de la tapa de la derecha.<br \/>\nUn murmullo ensordecedor celebr\u00f3 la nueva victoria del an\u00f3nimo apostador.<br \/>\n\u2013\u00a1Apuesto diez mil pesos! \u2013tron\u00f3 \u00e9ste con un entusiasmo desbordante.<br \/>\nDe inmediato se produjo un silencio sepulcral.<br \/>\n\u2013Su apuesta es demasiado alta, caballero \u2013vacil\u00f3 el pillo\u2013. D\u00e9jeme pensarlo.<br \/>\nEl sujeto pareci\u00f3 hundirse en sus cavilaciones. La atm\u00f3sfera no pod\u00eda ser m\u00e1s tensa. Finalmente, el timador cedi\u00f3.<br \/>\n-Su apuesta, como le digo, es demasiado alta &#8211; manifest\u00f3-. Pero, est\u00e1 bien, se acepta como la \u00faltima del d\u00eda.<br \/>\nY en seguida, musit\u00f3 fingiendo una mezcla de amargura y resignaci\u00f3n:<br \/>\n-Hoy no estamos de suerte-.<br \/>\nA pesar de su estado de \u00e1nimo rebosante de alegr\u00eda, el apostador estaba p\u00e1lido y sudoroso como producto de la expectativa. El estafador sonri\u00f3 y coloc\u00f3 la c\u00e1scara de naranja debajo de la tapa del centro. Todos la vieron en ese lugar. Cualquiera que hubiera sido puesto a escoger la tapa bajo la cual se encontraba la c\u00e1scara habr\u00eda levantado \u00e9sa. El inocente apostador, por supuesto, fue eso lo que hizo. Pero, claro est\u00e1, para su inmensa sorpresa, y para la inmensa sorpresa de todos los presentes, excepto del sujeto manejador de las apuestas, quien no hizo esfuerzo alguno para ocultar su anchurosa sonrisa de satisfacci\u00f3n.<br \/>\n\u2013Pierde el caballero \u2013exclam\u00f3 al tiempo que se guardaba el dinero.<br \/>\nEl apostador no sal\u00eda de su asombro.<br \/>\n\u2013No puede ser\u2013 balbuceaba desconcertado\u2013. Ah\u00ed estaba, yo la vi.<br \/>\nAnte la proximidad de la polic\u00eda, el sujeto recogi\u00f3 r\u00e1pidamente las patas plegables de la mesa y con ella debajo del brazo derecho, lo mismo que los peri\u00f3dicos, las tapitas de gaseosa y la c\u00e1scara de naranja, se retir\u00f3 con igual sigilo que prontitud.<br \/>\nAlvarito, sonriente, volvi\u00f3 a subirse en su peque\u00f1a motocicleta roja y abandon\u00f3 el lugar. El tumulto se dispers\u00f3 en segundos en medio de comentarios de diversa \u00edndole.<br \/>\n\u2013\u00abAh\u00ed\u2013concluy\u00f3 Alvarito mientras aceleraba\u2013 hubo gato enmochilado\u00bb.<\/p>\n<p>El juego de la tapita ten\u00eda gran arraigo popular en el centro citadino. La gente continuaba cayendo en la trampa. Todos los d\u00edas una nueva v\u00edctima era timada.<br \/>\nEl individuo que propon\u00eda el juego siempre se camuflaba, con el dinero de su v\u00edctima bien guardado en los bolsillos, entre la multitud que transitaba por la atestada zona.<br \/>\nA pesar de sus sospechas y temores, Alvarito tuvo, en varias oportunidades, el deseo de apostar. Pero siempre se contuvo.<br \/>\n\u2013No s\u00e9 c\u00f3mo lo hace\u2013pensaba\u2013, pero la c\u00e1scara est\u00e1 donde el apostador que pierde dice que est\u00e1; algo sucede para que desaparezca de ah\u00ed.<br \/>\nLo mismo pensaba mucha gente.<br \/>\nPero s\u00f3lo hasta bastante tiempo despu\u00e9s se descubri\u00f3 el truco. Y fue un ni\u00f1o el que dio la voz de alarma.<br \/>\n\u2013La c\u00e1scara no est\u00e1 debajo de ninguna de las tres tapas\u2013 grit\u00f3 el chico\u2013. La c\u00e1scara est\u00e1 en la u\u00f1a del dedo gordo de la mano derecha.<br \/>\nEntonces, alguien tuvo, por fin, la ocurrencia elemental de levantar las tres tapitas y al descubrir que en ninguna se hallaba la c\u00e1scara, la turbamulta enardecida se lanz\u00f3 contra el timador, quien emprendi\u00f3 carrera, dejando abandonada en el and\u00e9n la mesa de patas plegables sin desarmar y encima de ella el haz de peri\u00f3dicos viejos, las tapitas y el trozo de c\u00e1scara de naranja. La multitud lo persigui\u00f3 por varias cuadras en medio de una ensordecedora vocingler\u00eda, pero no logr\u00f3 darle alcance pues, para su fortuna, pudo correr ese d\u00eda como una gacela hasta que se les perdi\u00f3 de vista a sus iracundos perseguidores.<br \/>\nAquel sujeto no volvi\u00f3 a aparecerse por la ciudad.<br \/>\nAlvarito jam\u00e1s olvidar\u00eda sus facciones. Siempre lo recordar\u00eda, a pesar del paso de los a\u00f1os.<\/p>\n<p>Aparte de la memoria de aquella vulgar estafa callejera, conserv\u00f3 su peque\u00f1a motocicleta, su personalidad sencilla y su vocaci\u00f3n irreducible para el buen humor. Y conserv\u00f3 tambi\u00e9n su sobrenombre, aquel apodo que le pusieron sus compa\u00f1eros de colegio y que lleg\u00f3 a hacerlo m\u00e1s popular que su propio nombre.<br \/>\nA la universidad, a donde ingres\u00f3 de treinta a\u00f1os y con el firme prop\u00f3sito de estudiar leyes y graduarse de doctor en derecho, dizque para sacudirse el alias y convertirse en alguien importante, seg\u00fan \u00e9l mismo dec\u00eda, siempre arribaba a bordo de su peque\u00f1a y ya vieja motocicleta, la cual ten\u00eda que llevar a pie durante el tramo final de llegada, asi\u00e9ndola de los manubrios, porque el precario motor y la carencia de cambios la volv\u00edan incapaz de permitirle subir, con \u00e9l encima de ella, la empinada cuadra que conduc\u00eda hasta las instalaciones universitarias.<br \/>\nContra su voluntad, sin embargo, su apodo, el estigma que \u00e9l quiso borrar ingresando a la escuela de leyes, se convirti\u00f3 en el m\u00e1s popular dentro de todo el estudiantado.<br \/>\nLo llamaban, igual que en el colegio, y \u00e9l termin\u00f3 llam\u00e1ndose a s\u00ed mismo, El Churrunguis.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00c1lvaro Jos\u00e9 Santacruz Garc\u00eda se gradu\u00f3 de abogado una c\u00e1lida e iluminada noche de diciembre. Pas\u00f3 a recibir su diploma, orondo, sonriente, haciendo apuntes jocosos y punzantes, luciendo el traje gris con chaleco que compr\u00f3 al fiado en la cooperativa judicial gracias a su antigua vinculaci\u00f3n laboral con el Poder Jurisdiccional del Estado en uno de esos cargos que no confieren poder alguno. Hab\u00eda desempe\u00f1ado, en efecto, el oficio de citador, dentro de un ignoto y oscuro juzgado civil de la ciudad, a lo largo de varios a\u00f1os, incluso desde antes de ingresar a la escuela de leyes. Con el producto de su trabajo adquiri\u00f3 un d\u00eda la motocicleta Peugeot, a la que \u00e9l describ\u00eda como una bicicleta con motor, pues incluso en no pocas oportunidades deb\u00eda pedalear para que ella pudiera seguir avanzando. La de su graduaci\u00f3n fue una celebraci\u00f3n modesta en la cual lo m\u00e1s destacado result\u00f3 ser su intempestiva interpretaci\u00f3n de la dulzaina, instrumento de viento que toc\u00f3 esa noche con una maestr\u00eda que para la inmensa mayor\u00eda de los invitados a la fiesta, que no le conoc\u00edan esas habilidades art\u00edsticas secretas, constituy\u00f3 una sorpresa del tama\u00f1o de la catedral primada. Alguien, en medio de la euforia, le sugiri\u00f3 que se dedicara a la m\u00fasica, pero \u00e9l declin\u00f3 la insinuaci\u00f3n con una frase lapidaria:<br \/>\n\u2013No me interesa ser m\u00fasico\u2013dijo\u2013 porque no quiero morirme cargado de fama y de deudas.<br \/>\nEsa misma noche, en el improvisado discurso por medio del cual agradeci\u00f3 la presencia de sus amigos en la reuni\u00f3n y evoc\u00f3 ante ellos su origen humilde y su voluntad f\u00e9rrea de salir adelante a pesar de las dificultades, anunci\u00f3 que ser\u00eda penalista.<br \/>\n\u2013El derecho penal \u2013asegur\u00f3\u2013 es la \u00fanica rama de las ciencias jur\u00eddicas que hace del abogado un verdadero defensor de la libertad. Yo quiero seguir, a partir de hoy, los pasos de Jorge Eli\u00e9cer Gait\u00e1n.<br \/>\nNo hubo aplausos inmediatos, sino m\u00e1s bien un silencio de asombro, pues la sola comparaci\u00f3n con el m\u00e1s grande orador forense en la historia del pa\u00eds les pareci\u00f3 a todos una herej\u00eda, m\u00e1xime cuando todos conoc\u00edan que Alvarito no hab\u00eda sido muy brillante que se dijera durante los ocho a\u00f1os que dur\u00f3 su carrera universitaria, la misma que el resto de sus compa\u00f1eros curs\u00f3 en cinco. Pero luego de que el primer invitado comenz\u00f3 a aplaudir, no hubo nadie que se abstuviera de hacerlo.<br \/>\nNo obstante las reiteradas invitaciones, ning\u00fan asistente quiso pasar a hablar. \u00c9l, entonces, para disimular el vac\u00edo de oradores, que podr\u00eda interpretarse como si su graduaci\u00f3n no mereciera una oraci\u00f3n enjundiosa por parte de alguno de sus contertulios, levant\u00f3 la copa que manten\u00eda en sus manos y grit\u00f3:<br \/>\n\u2013Ustedes, en realidad, no vinieron aqu\u00ed a escuchar discursos, sino a bailar. \u00a1Que siga la fiesta!<br \/>\nLa m\u00fasica tropical acall\u00f3 los comentarios que se empezaban a generar y el baile volvi\u00f3 a prenderse, sin que a partir de ese instante tuviera un momento de decadencia, hasta que ya aclarando el nuevo d\u00eda los invitados principiaron su marcha final. \u00c9l los despidi\u00f3 a todos en la puerta, d\u00e1ndoles la mano o abraz\u00e1ndolos, haci\u00e9ndoles chistes y ofreci\u00e9ndoles sus servicios para lo que pudiera present\u00e1rseles, hasta que se qued\u00f3 solo.<br \/>\n\u2013Bueno, mi amor\u2013le dijo a su motocicleta luego de cerrar la puerta y encarar su soledad\u2013, ahora s\u00ed nos lleg\u00f3 el d\u00eda de la verdad.<br \/>\nUna semana despu\u00e9s, tal y como lo ten\u00eda planeado, ya estaba abriendo su oficina en el tercer piso de un edificio cercano al Palacio de Justicia. Era una torre sombr\u00eda, pero a la que \u00e9l lleg\u00f3 de una vez a iluminar con su alegr\u00eda contagiosa.<br \/>\nEl primer d\u00eda de ejercicio profesional, y como a\u00fan le parec\u00eda incre\u00edble que su nombre pudiera estar inscrito en una placa de bronce, sali\u00f3 a la puerta de su despacho y ley\u00f3 en voz alta la que el d\u00eda anterior acababan de instalarle:<br \/>\n\u00abDoctor \u00c1lvaro Jos\u00e9 Santacruz Garc\u00eda. Abogado Penalista\u00bb.<br \/>\nRespir\u00f3 hondo, se convenci\u00f3 de que s\u00ed era en realidad abogado, y entr\u00f3 a su oficina, a la espera de su primer caso.<br \/>\nCinco meses despu\u00e9s de que inaugur\u00f3 su bufete, le lleg\u00f3 el primer cliente de importancia. Era un panadero que hab\u00eda matado a otro hombre dentro de un establecimiento de cantina por cuestiones de faldas y de tragos, y quer\u00eda entregarse a la justicia. Le dijo que alguien se lo hab\u00eda recomendado, pero no quiso decir qui\u00e9n.<br \/>\n\u2013\u00bfPor cu\u00e1nto me defiende, doctor? \u2013le pregunt\u00f3 al tiempo que pon\u00eda el rev\u00f3lver del homicidio sobre su escritorio, envuelto dentro de un pedazo de papel peri\u00f3dico.<br \/>\nAlvarito hab\u00eda escuchado decir que el abogado, si aspiraba a tener \u00e9xito profesional, antes que leyes, deb\u00eda aprender a cobrar sus honorarios.<br \/>\n\u2013Esa defensa vale un mill\u00f3n de pesos\u2013se atrevi\u00f3 a decir, casi convencido de que el sujeto se levantar\u00eda de la silla, recoger\u00eda el rev\u00f3lver y se marchar\u00eda, y \u00e9l continuar\u00eda pagando un arriendo a cambio de nada.<br \/>\nPero no lo hizo.<br \/>\n\u2013Est\u00e1 bien, doctor Santacruz\u2013le dijo\u2013. Aqu\u00ed tiene su dinero.<br \/>\n\u00c1lvaro Jos\u00e9 Santacruz Garc\u00eda no habr\u00eda de olvidar jam\u00e1s el grueso fajo de billetes encima de su escritorio adquirido al fiado en una muebler\u00eda cuyo due\u00f1o le cobraba mes tras mes, en forma infructuosa, las cuotas pactadas, que \u00e9l pagaba siempre con una nueva promesa.<br \/>\nTampoco ir\u00eda a olvidar nunca las palabras de agradecimiento del reo cuando, un a\u00f1o despu\u00e9s, sali\u00f3 libre. El juez de instrucci\u00f3n criminal decidi\u00f3 que se trataba de un caso evidente de leg\u00edtima defensa.<br \/>\n\u2013Ojal\u00e1 nunca vuelva a requerir de un abogado, doctor\u2013 le dijo\u2013. Pero el d\u00eda en que llegue a necesitarlo, d\u00e9 por hecho que lo buscar\u00e9 a usted en seguida.<br \/>\n\u00c9l le respondi\u00f3 con una sonrisa.<br \/>\n\u2013Para eso estamos\u2013le manifest\u00f3\u2013. Si nadie se metiera en l\u00edos, no tendr\u00edamos trabajo.<br \/>\nAs\u00ed empez\u00f3 el exitoso ejercicio profesional del joven penalista.<br \/>\nA los tres a\u00f1os de trabajo como abogado, vendi\u00f3 la motocicleta y compr\u00f3 un autom\u00f3vil modesto, pero nuevo.<br \/>\nFue entonces cuando un viejo vecino de barrio se lo encontr\u00f3 en la calle.<br \/>\n\u2013Alvarito\u2013le grit\u00f3 alzando la mano.<br \/>\n\u00c9l mismo se avergonzar\u00eda despu\u00e9s de la estupidez que cometi\u00f3. Lo llam\u00f3 con la mano para que se acercara. Cuando el hombre estuvo frente a \u00e9l, todav\u00eda esbozando una sonrisa, le habl\u00f3, tambi\u00e9n sonriendo, pero dejando entrever la naciente petulancia.<br \/>\n\u2013Ya no soy Alvarito \u2013le previno\u2013. Ahora soy el doctor Santacruz.<br \/>\n\u2013Disculpe, doctor \u2013le respondi\u00f3 el otro exhibiendo menos molestia que desencanto\u2013. No volver\u00e1 a ocurrir una nueva impertinencia.<br \/>\nEsa forma de reaccionar se la conocieron varios de sus antiguos allegados, pero se hizo m\u00e1s hostil la tarde de viernes en que uno de sus otrora compa\u00f1eros de clase en el colegio lo llam\u00f3 por su apodo.<br \/>\n\u2013\u00bfC\u00f3mo van las cosas, Churrunguis?\u2013le pregunt\u00f3 festivo.<br \/>\n\u00c9l le contest\u00f3 con una estampa g\u00e9lida.<br \/>\n\u2013El Churrunguis, mi estimado compa\u00f1ero \u2013le contest\u00f3\u2013 se muri\u00f3 hace tiempos y yo estuve en sus exequias.<\/p>\n<p>De esta forma, sencilla y r\u00e1pida, fue qued\u00e1ndose sin amigos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La dulzaina decidi\u00f3 regalarla el d\u00eda en que un cliente suyo le pidi\u00f3 que la tocara. Se la hab\u00eda visto encima de su escritorio y le rememor\u00f3 con nostalgia que era el instrumento predilecto de su difunto padre. \u00c9l pudo tan s\u00f3lo responderle que no. Pero se le ofrec\u00eda una nueva ocasi\u00f3n para fijar los linderos que se empe\u00f1aba en establecer de un tiempo para ac\u00e1.<br \/>\n\u2013La conserv\u00e9 hasta hoy como recuerdo\u2013le dijo con gesto arrogante\u2013. Pero ya no me interesa. No me queda tiempo para eso. Yo no soy m\u00fasico. Ll\u00e9vesela. As\u00ed recordar\u00e1 a su pap\u00e1 todos los d\u00edas con s\u00f3lo verla.<br \/>\n\u2013Gracias, doctor\u2013le manifest\u00f3 el hombre.<br \/>\n\u00c9l tom\u00f3 la dulzaina y se la entreg\u00f3 con desd\u00e9n. En ese momento no se percat\u00f3 de ello, pero era de lo \u00fanico que le faltaba desprenderse para romper con el pasado.<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os despu\u00e9s, un jueves de septiembre, a las tres y quince minutos de la tarde, sentado en la notar\u00eda que sol\u00eda frecuentar para autenticar fotocopias, estaba comprando de contado su casa. Era una antigua mansi\u00f3n solariega, con patios y habitaciones enormes, que procedi\u00f3 a remodelar de inmediato y termin\u00f3 convirti\u00e9ndola en una residencia de corte republicano, ataviada con poltronas Luis XV, l\u00e1mparas y candelabros de bronce, y una biblioteca que asemejaba las que aparec\u00edan retratadas para la posteridad en las enciclopedias donde hab\u00eda escudri\u00f1ado alguna vez la vida de los hombres ilustres. Se la vendi\u00f3 la viuda de un veterano catedr\u00e1tico de derecho que no fue su profesor, pero al que conoc\u00eda como tal, aparte de que desempe\u00f1aba la magistratura en la sala penal del tribunal superior del distrito, y quien se hallaba a punto de jubilarse cuando se le vino encima la enfermedad letal que no le dio tiempo siquiera para presentar la documentaci\u00f3n correspondiente ante el Ministerio de Justicia.<br \/>\nEl primer acto de posesi\u00f3n que cumpli\u00f3 en su casa fue sentarse en la mecedora que consigui\u00f3 exclusivamente para su descanso y encender una pipa. Jam\u00e1s hab\u00eda fumado antes tabaco picado, pero a partir de ese momento nunca volvi\u00f3 a prender cigarrillos comunes y la pipa se convirti\u00f3 en parte integrante de su figura.<br \/>\nCuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde compr\u00f3 la finca. Era un extenso terreno sembrado de cacao y dotado de establo, una pesebrera donde yac\u00edan doce vacas. Hasta \u00faltima hora no se hab\u00eda definido si el vendedor acced\u00eda a que los semovientes entraran en el negocio. El propietario alegaba que eran el \u00fanico regalo de su difunto padre que quer\u00eda conservar. Finalmente pudo m\u00e1s la seducci\u00f3n de los billetes, que el apego a los recuerdos.<br \/>\nTen\u00eda cincuenta y seis a\u00f1os de edad cuando vendi\u00f3 el carro que lo hab\u00eda transportado a lo largo de mucho tiempo y compr\u00f3 la moderna camioneta blanca en la que comenz\u00f3 a pasar personalmente por el colegio de sus hijos con el fin de recogerlos. Hasta ese momento los muchachos hab\u00edan sido pasajeros cotidianos del autob\u00fas escolar. A pesar de la prohibici\u00f3n que se destacaba en la puerta de entrada, hac\u00eda sonar el claxon, aparte de forzar el rugido del motor, no tanto para que sus hijos lo escucharan, sino para que se percataran de su llegada los compa\u00f1eros de ellos y los restantes padres de familia.<br \/>\nUn d\u00eda en que esperaba a sus hijos lo sorprendi\u00f3 el paso por el lugar de un hombre y un ni\u00f1o a bordo de la que fue su motocicleta. A pesar de que la velocidad a la cual se desplazaba no pod\u00eda ser m\u00e1s paquid\u00e9rmica, ambos ocupantes irradiaban entusiasmo y pedaleaban con regocijo la peque\u00f1a y destartalada Peugeot en medio de un mar de risas. \u00c9l tambi\u00e9n sonri\u00f3 desde su lugar de observaci\u00f3n, pero en ese mismo instante descubri\u00f3, con un escalofr\u00edo a lo largo del cuerpo, que, a diferencia de aquella pareja de desconocidos felices, ya no era capaz de sentir alegr\u00eda desde hac\u00eda mucho tiempo.<br \/>\nSu cuenta de ahorros en el banco mostraba un saldo cada vez m\u00e1s abultado. A sus dos hijos los ten\u00eda estudiando en el colegio m\u00e1s costoso y prestigioso de toda la regi\u00f3n oriental, donde trataban de terminar, por fin, un bachillerato varias veces interrumpido por mil razones, menos por la falta de recursos econ\u00f3micos, y su esposa frecuentaba las salas de belleza de mayor exclusividad, code\u00e1ndose con lo m\u00e1s excelso de la sociedad femenina, una sociedad dedicada de lleno, mientras era maquillada, o su cabello cortado, tinturado o peinado, no a rememorar los poemas de Gabriela Mistral, ni a poner de relieve las tareas cient\u00edficas de Mar\u00eda Curie, ni a platicar acerca de los esfuerzos de las sufragistas por obtener para la mujer el derecho al voto, sino a chismorrear sobre los rumores de divorcio de cualquier celebridad cinematogr\u00e1fica.<br \/>\nEntre tanto, el abogado Santacruz hizo construir en su finca un peque\u00f1o balneario para el exclusivo disfrute suyo y de su familia.<br \/>\nCon casa propia, auto propio, predio rural propio y una buena cuenta bancaria, el otrora Churrunguis del colegio y de la universidad, el Alvarito de anta\u00f1o, el citador pobre del pobre juzgado municipal, se hab\u00eda convertido en un profesional destacado, con una imagen de respetabilidad y solvencia que muy pronto le abri\u00f3 las puertas del comercio local y del sistema bancario, ya para la adquisici\u00f3n de mercader\u00edas a cr\u00e9dito \u00abtodas las veces en que Su Se\u00f1or\u00eda lo disponga\u00bb, seg\u00fan se lo exteriorizaban los zalameros vendedores haciendo derroche de su proclividad a la genuflexi\u00f3n, ora con el objeto de lograr pr\u00e9stamos financieros que le permitieron embarcarse en ocasionales negocios que, por lo general, contribuyeron a incrementar sus saldos favorables.<br \/>\nFue justo al a\u00f1o de adquirir su oficina propia, comprada de contado a un veterano m\u00e9dico gastroenter\u00f3logo cansado de practicar endoscopias diagn\u00f3sticas y cirug\u00edas digestivas, que tres hombres ingresaron a su despacho, una tarde de martes, cuando en las postrimer\u00edas del mes de agosto todav\u00eda los vientos soplaban con fuerza para remontar las cometas multicolores que los chicos de la ciudad elevaban tratando de alcanzar el cielo azul con sus quimeras y enso\u00f1aciones infantiles. Su secretaria ya no se encontraba, pues abandonaba el bufete a las cinco de la tarde por cuenta de un permiso transitorio debido a compromisos acad\u00e9micos.<br \/>\n\u2013Buenas tardes, doctor Santacruz\u2013 lo salud\u00f3 quien parec\u00eda ser el vocero del tr\u00edo. Los restantes asintieron con un movimiento de cabeza y una sonrisa. Todos le extendieron la mano y \u00e9l se la estrech\u00f3 a cada uno con amabilidad.<br \/>\n\u2013Buenas tardes, se\u00f1ores\u2013dijo\u2013. Tengan la bondad de sentarse.<br \/>\nLos desconocidos hab\u00edan esperado a que su \u00faltimo cliente del d\u00eda saliera de la oficina. Vest\u00edan trajes elegantes y portaban maletines ejecutivos de fineza evidente.<br \/>\n\u2013Quer\u00edamos hablar a solas con usted, doctor\u2013explic\u00f3 el vocero, un hombre de anteojos y baja estatura\u2013 porque venimos a ofrecerle el mejor negocio de su vida.<br \/>\nSantacruz no pudo evitar un gesto de desencanto. Hab\u00eda cre\u00eddo que se trataba de un nuevo caso.<br \/>\n\u2013\u00bfCu\u00e1l negocio?\u2013pregunt\u00f3, sin embargo.<br \/>\n\u2013Oro, doctor\u2013, respondi\u00f3 el extra\u00f1o.<br \/>\n\u2013Vean\u2013repuso Santacruz\u2013, yo no soy joyero&#8230;<br \/>\n\u2013Nosotros tampoco, doctor, no se preocupe\u2013lo interrumpi\u00f3 el individuo\u2013. Pero s\u00ed somos ambiciosos. Nos gusta el dinero y no nos gusta el trabajo. Por eso, andamos en este negocio. Porque nos permite obtener grandes sumas de dinero sin tener que trabajar.<br \/>\n\u2013La \u00fanica fuente de riqueza es el trabajo\u2013refut\u00f3 \u00e9l\u2013. A menos que uno se embarque en las actividades il\u00edcitas del tr\u00e1fico de estupefacientes.<br \/>\nLos tres rieron.<br \/>\n\u2013O en el negocio del oro, doctor.<br \/>\n\u2013\u00bfQui\u00e9n los envi\u00f3 aqu\u00ed?<br \/>\n\u2013Su fama de hombre rico, doctor. Esto no es para muertos de hambre.<br \/>\n\u2013\u00bfDe qu\u00e9 se trata?\u2013, pregunt\u00f3 con desgano.<br \/>\n\u2013Se trata, doctor, de algo muy sencillo y fruct\u00edfero: usted invierte una suma el lunes y en la misma semana, jueves o viernes a lo sumo, tendr\u00e1 en su cuenta cinco veces la cantidad invertida.<br \/>\n\u2013\u00bfPor ejemplo?\u2013pregunt\u00f3 con incredulidad y mirando con fijeza a cada uno de los visitantes.<br \/>\n\u2013Por ejemplo: usted invierte diez millones de pesos el lunes, y el jueves o viernes a m\u00e1s tardar tendr\u00e1 en su cuenta bancaria cincuenta millones.<br \/>\nEl penalista se puso de pie sonriendo y les extendi\u00f3 la mano.<br \/>\n\u2013Vean, se\u00f1ores, yo estoy muy ocupado\u2013les dijo\u2013. Les agradezco que hayan pensado en m\u00ed, pero no me interesa.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 cosa es la que no le interesa, doctor? \u00bfNo le interesa ganarse cinco veces su inversi\u00f3n con s\u00f3lo darnos el n\u00famero de su cuenta bancaria para que le consignemos su inversi\u00f3n quintuplicada?<br \/>\n\u2013No me interesan las historias de novela, se\u00f1ores.<br \/>\n\u2013Esto no es ninguna novela, doctor. Es el mejor negocio de su existencia.<br \/>\nUno de los hombres acompa\u00f1antes rompi\u00f3 su silencio.<br \/>\n\u2013Tranquilo, doctor. No nos responda ahora. T\u00f3mese su tiempo. Buscaremos otro inversionista entre tanto. Cuando lo desee, cont\u00e1ctenos.<br \/>\nMientras hablaba, el hombre le entreg\u00f3 una tarjeta.<br \/>\n\u2013\u00bfJoyer\u00eda El Topacio?\u2013interrog\u00f3 el abogado mientras le\u00eda.<br \/>\n\u2013Es s\u00f3lo un nombre de fachada, doctor. Lo que importan son los tel\u00e9fonos.<br \/>\n\u2013\u00bfY ustedes pretenden que yo les entregue diez millones de pesos con tan s\u00f3lo darme un par de tel\u00e9fonos?<br \/>\n\u2013Eso es exactamente lo que pretendemos, doctor. Que usted conf\u00ede en nosotros sin conocernos. No hay otro camino. La otra opci\u00f3n que tiene es rechazar de plano la propuesta y nosotros desapareceremos de su vida para siempre.<br \/>\n\u2013\u00bfY c\u00f3mo s\u00e9 yo que esto es serio?<br \/>\n\u2013Lo sabr\u00e1 cuando revise su cuenta bancaria.<br \/>\nSantacruz trastabill\u00f3.<br \/>\n\u2013D\u00e9jenme pensarlo&#8230; \u00bfY si me decido?<br \/>\n\u2013Ah\u00ed le quedan nuestros tel\u00e9fonos. Usted nos llama y nosotros pasaremos a recoger su inversi\u00f3n. Tiene una semana para meditarlo.<br \/>\n\u2013\u00bfMe dar\u00e1n un recibo, un comprobante, algo? Los tres sonrieron.<br \/>\n\u2013Claro que no, doctor. Aqu\u00ed el \u00fanico respaldo es la palabra empe\u00f1ada.<br \/>\n\u2013Pero yo a ustedes ni siquiera los conozco&#8230;<br \/>\n\u2013Y falta no le har\u00e1, doctor. Lo que interesa es que su cuenta bancaria le demuestre que no estamos hablando tonter\u00edas.<br \/>\n\u2013El riesgo es muy alto&#8230;<br \/>\n\u2013Pero vale la pena, doctor, porque la ganancia tambi\u00e9n es muy alta. Ya lo ver\u00e1 cuando realice con nosotros su primer negocio.<br \/>\n\u2013\u00bfY ustedes qu\u00e9 ganan por todo esto?<br \/>\n\u2013Usted no se preocupe por nosotros. Usted lim\u00edtese a disfrutar de su buena estrella.<br \/>\nDos de ellos le extendieron la mano al tiempo. \u00c9l estrech\u00f3 primero la del vocero y luego la del que tambi\u00e9n habl\u00f3.<br \/>\n\u2013Est\u00e1 bien, se\u00f1ores. Voy a pensarlo. Pero no creo que me interese.<br \/>\nEl hombre que permaneci\u00f3 callado sac\u00f3 y abri\u00f3 ante \u00e9l una diminuta caja de terciopelo azul oscuro. Era un precioso pisacorbata.<br \/>\n\u2013Es para usted, doctor\u2013le dijo\u2013. Un peque\u00f1o presente nuestro&#8230;<br \/>\nLos dem\u00e1s sonrieron complacidos. El abogado no pudo ocultar su sorpresa.<br \/>\n\u2013\u00bfY este regalo a qu\u00e9 se debe?<br \/>\n\u2013Se lo hacemos a todos nuestros amigos. Y usted lo es desde hoy\u2013, dijo el oferente.<br \/>\n\u2013\u00bfPor qu\u00e9 soy su amigo?\u2013replic\u00f3 \u00e9l.<br \/>\n\u2013Porque desde ya sabemos que usted entrar\u00e1 en el negocio. Los hombres como usted no se le corren a estas oportunidades. Y todos nuestros inversionistas son, al mismo tiempo, nuestros amigos.<br \/>\nSantacruz sonri\u00f3.<br \/>\n\u2013Es precioso\u2013, dijo.<br \/>\n\u2013Es oro de veinticuatro kilates\u2013aclar\u00f3 el sujeto. Santacruz se asombr\u00f3.<br \/>\n\u2013\u00a1Oro fino! Yo pens\u00e9 que&#8230;<br \/>\n\u2013Si usted ingresa a nuestro mundo, doctor, podr\u00e1 regalar muchos de estos mismos.<br \/>\nEl penalista se qued\u00f3 pensativo, sin dejar de sonre\u00edr.<br \/>\n\u2013Gracias\u2013dijo\u2013. De verdad, mil gracias.<br \/>\nLos desconocidos salieron del bufete. Santacruz entr\u00f3 al ba\u00f1o y reemplaz\u00f3 su pisacorbata por el nuevo.<br \/>\n\u2013\u00bfQui\u00e9nes ser\u00e1n \u00e9stos?\u2013le pregunt\u00f3 al espejo.<br \/>\nPero esta vez el espejo, para su desdicha, guard\u00f3 silencio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pudo m\u00e1s la ambici\u00f3n que la prudencia. El abogado Santacruz retir\u00f3 la suma del banco y la llev\u00f3 a su oficina, en efectivo, tal y como se convino con los hombres tres d\u00edas antes cuando, acicateado por la curiosidad, marc\u00f3 uno de los n\u00fameros telef\u00f3nicos que le dejaron y termin\u00f3 involucrado en una seductora charla con ellos. Era lunes. Despach\u00f3 temprano a su secretaria y se qued\u00f3 solo, aguardando a que sus nuevos socios pasaran por el dinero.<br \/>\nLos tres lo contaron.<br \/>\n\u2013El jueves o el viernes, doctor, estar\u00e1n los cincuenta millones en su cuenta bancaria\u2013, le prometi\u00f3 el vocero.<br \/>\nSantacruz call\u00f3. Ten\u00eda las manos heladas y estaba p\u00e1lido.<br \/>\nLos individuos desaparecieron y el abogado sinti\u00f3 un vuelco en el vientre. Nadaba en dos aguas opuestas: la desconfianza en personajes que reci\u00e9n acababa de conocer, por una parte, y el ansia de saber si en realidad podr\u00eda ganarse cifras tan astron\u00f3micas en tan pocos d\u00edas y sin trabajar, por la otra. Lo estremeci\u00f3 la contradicci\u00f3n en la que estaba. Hab\u00eda invertido en oro y lo \u00fanico que ten\u00eda de ese metal procedente de ellos era el pisacorbata que llevaba puesto.<br \/>\nNada le confi\u00f3 a su esposa y menos a sus hijos. Se dispuso confesarles el negocio en el que andaba cuando comprobara la existencia del dinero en su cuenta. De lo contrario, jam\u00e1s les dir\u00eda nada y el asunto se morir\u00eda dentro de los laberintos inextricables de su memoria.<br \/>\nLa misma noche del lunes verific\u00f3 que el tema le desencadenar\u00eda una inevitable crisis de insomnio. El martes tambi\u00e9n durmi\u00f3 mal, pero a su desvelo nocturno se le a\u00f1adi\u00f3 la p\u00e9rdida del apetito. El mi\u00e9rcoles tampoco pudo dormir antes de las cuatro de la madrugada. Para ese d\u00eda, ya no s\u00f3lo no com\u00eda bien, sino que adem\u00e1s presentaba des\u00f3rdenes g\u00e1stricos y urinarios. El jueves, presa de la ansiedad, consult\u00f3 su cuenta bancaria tres veces en la ma\u00f1ana, tres en la tarde y tres en la noche, hasta que comprendi\u00f3 que, ese d\u00eda por lo menos, no hubo consignaci\u00f3n alguna. Por la noche, la cefalea era de tal intensidad, que tuvo que dirigirse al ba\u00f1o a vomitar. La palidez de su rostro asust\u00f3 a su esposa, quien le insisti\u00f3 que la dejara llevarlo a la cl\u00ednica m\u00e1s cercana para que lo valorara un m\u00e9dico. Sent\u00eda una terrible opresi\u00f3n en el pecho y el coraz\u00f3n acelerado. Lleg\u00f3 a temer que le dar\u00eda un infarto. Pero, aun as\u00ed, se neg\u00f3 a ir en busca de auxilio cient\u00edfico, aterrorizado con la perspectiva del interrogatorio que le formular\u00eda el facultativo sobre la posible causa de su crisis.<br \/>\nM\u00e1s bien, decidi\u00f3 calmarse recurriendo a un argumento simple:<br \/>\n\u00abSi me robaron\u2013reflexion\u00f3\u2013 ya no hay nada qu\u00e9 hacer. Simplemente, perd\u00ed diez millones\u00bb.<br \/>\nEl viernes en la ma\u00f1ana estuvo en el banco cuatro veces. No quiso ir a su oficina, pues no se sinti\u00f3 capaz de concentrarse en el trabajo. Se neg\u00f3 a almorzar con el argumento veraz de que le hab\u00eda aparecido una horrible sensaci\u00f3n de mareo en las horas matinales, y le jur\u00f3 a su esposa que si la situaci\u00f3n no mejoraba ese mismo d\u00eda, a la ma\u00f1ana siguiente, s\u00e1bado, ir\u00edan ambos a ver al m\u00e9dico.<br \/>\nEran las cuatro y veinticinco minutos de la tarde cuando el abogado penalista \u00c1lvaro Jos\u00e9 Santacruz Garc\u00eda pidi\u00f3 de nuevo el saldo de su cuenta. Entonces vio, con el asombro sali\u00e9ndosele por los ojos, la consignaci\u00f3n de los cincuenta millones.<br \/>\n\u2013\u00a1Es incre\u00edble!\u2013exclam\u00f3 sin intentar evitar que el cajero lo escuchara\u2013. \u00a1Los consignaron! \u00a1Entonces es cierto!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed, rompi\u00f3 la promesa que se hizo a s\u00ed mismo y no le cont\u00f3 nada a su familia. El s\u00e1bado su mujer insisti\u00f3 en que deb\u00edan buscar al m\u00e9dico, pero \u00c1lvaro la disuadi\u00f3 asever\u00e1ndole que se sent\u00eda en condiciones excelentes. Cuando ella le replic\u00f3 que eso deb\u00eda decidirlo un doctor, \u00e9l le hizo la primera broma en varios d\u00edas de tensi\u00f3n.<br \/>\n\u2013Yo soy doctor\u2013le repuso\u2013. Doctor en derecho, pero al fin y al cabo doctor.<br \/>\nElla celebr\u00f3 el apunte con un rel\u00e1mpago de sonrisa, pero en seguida se lo plante\u00f3 de otra forma, tratando de quebrar su obstinaci\u00f3n.<br \/>\n\u2013Si de verdad te sientes tan bien como aseguras \u2013le propuso\u2013 almuerza hoy normalmente. De lo contrario, nos vamos en busca del m\u00e9dico. T\u00fa lo prometiste.<br \/>\n\u00c9l sonri\u00f3 en se\u00f1al de aceptaci\u00f3n. El estr\u00e9s hab\u00eda desaparecido como por artes de magia y, con \u00e9l, se hab\u00edan marchado los s\u00edntomas y signos que lo aquejaron. S\u00f3lo le quedaba un vago recuerdo, por all\u00e1 en alguna parte de sus v\u00edsceras, pero \u00e9l consider\u00f3 que se lo quitar\u00eda de encima con un buen trozo de carne asada, yuca al vapor y salpic\u00f3n helado. Fue eso lo que hubo de almuerzo ese d\u00eda. No comi\u00f3 tanto como ambos esperaban, pero fue suficiente la porci\u00f3n consumida para calmar las preocupaciones de la c\u00f3nyuge.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 ser\u00eda lo que ten\u00edas?\u2013le pregunt\u00f3 luego del almuerzo, cuando se sentaron a escuchar m\u00fasica relajante en el equipo de sonido.<br \/>\n\u2013No s\u00e9 \u2013minti\u00f3 \u00e9l\u2013. Debi\u00f3 ser una virosis. Suelen dar por estos d\u00edas.<br \/>\n\u2013S\u00ed \u2013dijo ella\u2013. Es posible.<br \/>\n\u00c9l remat\u00f3 la falacia con una observaci\u00f3n adicional.<br \/>\n\u2013Son cosas del clima \u2013coment\u00f3\u2013. Con estas variaciones de temperatura uno est\u00e1 sano en la ma\u00f1ana y se enferma en la tarde.<br \/>\nElla cancel\u00f3 el tema con una sonrisa. \u00c9l tambi\u00e9n sonri\u00f3 complacido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el segundo negocio, propuesto en similares t\u00e9rminos que el primero, pero con una suma mucho m\u00e1s alta, el abogado Santacruz no vacil\u00f3 un instante. Cien millones deb\u00eda invertir el lunes y esperar quinientos millones en su cuenta bancaria para el siguiente jueves o viernes. No pudo obviar la repetici\u00f3n del vuelco en el est\u00f3mago, pero esta vez m\u00e1s por la emoci\u00f3n que le generaba la cifra que se ganar\u00eda, otra vez en pocos d\u00edas y otra vez sin trabajar, que por la desconfianza que le pudieran merecer sus nuevos socios.<br \/>\nEn esta ocasi\u00f3n fue el d\u00eda jueves, a las seis y cuarenta y tres de la noche, faltando cincuenta y siete minutos para que cerraran el banco en su jornada de alargue nocturno, cuando el doctor Santacruz, con el rostro transfigurado por la alegr\u00eda, observ\u00f3 el estado de su cuenta bancaria, que el cajero acababa de poner en sus manos, y descubri\u00f3 que en apenas tres d\u00edas su patrimonio se hab\u00eda incrementado, sin \u00e9l mover un dedo, en cuatrocientos millones de pesos m\u00e1s.<br \/>\n\u00abCien millones por cinco \u2013razon\u00f3 extremadamente contento\u2013 son quinientos millones\u00bb.<br \/>\nCorri\u00f3 para su casa, conduciendo con ansiedad, llevando en la mente perturbada la firme intenci\u00f3n de cont\u00e1rselo a sus seres queridos. Ya no ten\u00eda sentido alguno continuar ocult\u00e1ndoles la verdad, si a esas alturas del negocio era l\u00f3gico que la misma les producir\u00eda una inmensa alegr\u00eda. Al llegar, hizo sonar el claxon con tanta insistencia, que su esposa pens\u00f3 que ven\u00edan persigui\u00e9ndolo.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 sucede?\u2013le pregunt\u00f3 al abrir la puerta del garaje.<br \/>\n\u2013Les traigo a todos ustedes una gran noticia\u2013le respondi\u00f3 atropellando las palabras.<br \/>\n\u2013\u00bfBuena o mala? \u2013pregunt\u00f3 ella mientras \u00e9l ingresaba.<br \/>\n\u2013Una gran noticia, mujer \u2013le recalc\u00f3 \u00e9l al apagar el motor\u2013 siempre es buena.<br \/>\n\u2013No siempre\u2013 contradijo ella cerrando la puerta.<br \/>\n\u2013Siempre\u2013persisti\u00f3 \u00e9l descendiendo de la camioneta.<br \/>\n\u2013No, no siempre\u2013se empecin\u00f3 ella\u2013. Un magnicidio es una gran noticia y, sin embargo, es mala.<br \/>\n\u2013En ese caso \u2013corrigi\u00f3 \u00e9l\u2013 estar\u00edas empleando mal la palabra gran.<br \/>\n\u2013Bueno, est\u00e1 bien\u2013se rindi\u00f3 ella\u2013. \u00bfY cu\u00e1l es esa gran noticia?<br \/>\n\u2013Que pronto vamos a tener tanto, pero tanto dinero \u2013le expuso \u00e9l\u2013, que ya no voy a tener que volver a trabajar nunca m\u00e1s en la vida. Total, ya tengo sesenta a\u00f1os, la edad en que mucha gente se jubila.<br \/>\n\u2013\u00bfY se puede saber en qu\u00e9 andas metido como para que pienses en eso?\u2013inquiri\u00f3 ella.<br \/>\n\u2013No es tr\u00e1fico de drogas\u2013le precis\u00f3 \u00e9l levantando las manos a la altura de la cabeza y mostr\u00e1ndole las palmas de las manos\u2013. No te preocupes.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 es, entonces?\u2013recab\u00f3 ella.<br \/>\n\u00c9l se lo dijo deletreando la palabra m\u00e1gica.<br \/>\n\u2013O ere o, oro.<br \/>\n\u2013\u00bfOro?\u2013pregunt\u00f3 ella intrigada\u2013. \u00bfDesde cu\u00e1ndo t\u00fa no eres abogado, sino joyero?<br \/>\n\u2013T\u00fa no entiendes\u2013le recrimin\u00f3.<br \/>\n\u2013Pues t\u00fa expl\u00edcame\u2013le pidi\u00f3 ella.<br \/>\n\u2013M\u00e1s bien s\u00edrveme la comida\u2013dijo \u00e9l\u2013. Otro d\u00eda te lo cuento con lujo de detalles.<br \/>\nEl hambre s\u00fabita que lo asalt\u00f3, le hizo cavilar sobre si ser\u00eda pertinente ponerse a discutir con su mujer acerca de las bondades de una sociedad formada sin documentos y con tres desconocidos.<br \/>\nElla tampoco le puso inter\u00e9s alguno a la continuaci\u00f3n del tema. De hecho, quien manejaba los asuntos financieros en casa era el marido.<br \/>\n\u2013Me parece mejor \u2013le dijo\u2013. Si\u00e9ntate, ya te sirvo.<br \/>\nAntes de terminar de comer, sin embargo, \u00e9l ya sent\u00eda remordimientos.<br \/>\n\u2013Otro d\u00eda te lo cuento, de veras\u2013le prometi\u00f3\u2013. S\u00e9 que te va a encantar.<br \/>\nElla sonri\u00f3.<br \/>\n\u2013T\u00fa eres muy inteligente\u2013le dijo ella\u2013. S\u00e9 de sobra que no har\u00edas jam\u00e1s una tonter\u00eda.<br \/>\n\u00c9l la mir\u00f3, sin que ella se percatara, y no pudo evitar otra vez el vuelco en el est\u00f3mago.<br \/>\n\u00ab\u00a1C\u00f3mo soy de est\u00fapido! \u2013se recrimin\u00f3 de inmediato\u2013. Acabo de ganarme cuatrocientos cuarenta millones de pesos en dos semanas y todav\u00eda me dejo meter miedo con un comentario balad\u00ed\u00bb.<br \/>\nAs\u00ed que decidi\u00f3 afrontar la frase sin temores.<br \/>\n\u2013Tienes raz\u00f3n\u2013le dijo con firmeza y arrogancia\u2013. Yo jam\u00e1s har\u00eda una tonter\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La tercera propuesta fue tan audaz, que cualquiera en su lugar la hubiese consultado y discutido primero, durante varios d\u00edas, con un cuerpo confiable de asesores. Los socios de \u00c1lvaro Jos\u00e9 Santacruz Garc\u00eda le plantearon el negocio m\u00e1s colosal de toda su historia en el fascinante mundo del oro. Se trataba, ni m\u00e1s ni menos, que de invertir una suma tan gigantesca, con la perspectiva consiguiente de ganarse cinco veces dicha cantidad, es decir, amasar en tres d\u00edas una fortuna inimaginable, que para embarcarse en la astron\u00f3mica negociaci\u00f3n al abogado le tocar\u00eda, por fuerza, vender todo cuanto pose\u00eda: su casa, su oficina, su camioneta y su finca. Y aun as\u00ed, tampoco alcanzar\u00eda a reunir todo el dinero de la colosal inversi\u00f3n. Fuera de ello, se ver\u00eda precisado a retirar todos sus fondos del banco y, como si fuera poco, endeudarse con la entidad financiera en varios millones adicionales.<br \/>\n\u2013Le lleg\u00f3 el momento del retiro definitivo, doctor\u2013le dijo festivo el vocero del tr\u00edo.<br \/>\n\u2013Eso veo\u2013dijo \u00e9l sonriendo con un mal ocultado nerviosismo\u2013. En eso estaba pensando. Total, muchos se retiran a los sesenta a\u00f1os.<br \/>\n\u2013S\u00ed, doctor\u2013respald\u00f3 el otro\u2013. Aunque no todos en las condiciones de confort en que usted lo va a hacer.<br \/>\nEl abogado sinti\u00f3 que el envanecimiento lo hab\u00eda puesto a sudar y sac\u00f3 su pa\u00f1uelo para enjugarse la frente.<br \/>\n\u2013\u00bfNo ha pensado en viajar por el mundo? \u2013le pregunt\u00f3 el interlocutor.<br \/>\n\u2013S\u00ed, claro\u2013contest\u00f3 \u00e9l\u2013. A Europa, por supuesto. Pero tambi\u00e9n a Ocean\u00eda. Me atraen los paisajes que he visto de Sydney. En fotograf\u00edas, claro. Sue\u00f1o con estar desliz\u00e1ndome a bordo de un trineo.<br \/>\n\u2013Va a tener todos los trineos que quiera, doctor\u2013brome\u00f3 otro de ellos\u2013. Hasta podr\u00eda irse a vivir all\u00e1.<br \/>\n\u2013No es mala idea\u2013dijo \u00e9l\u2013. A este lugar s\u00f3lo me atar\u00eda el estudio de mis hijos.<br \/>\nLos otros guardaron silencio.<br \/>\n\u2013Los tuve tarde\u2013explic\u00f3 sin necesidad\u2013. Ninguno de los dos ha terminado la universidad.<br \/>\n\u2013Eso es lo de menos, doctor\u2013le dijo el mismo sujeto\u2013. A la larga, estudiar ya pas\u00f3 de moda como objetivo en la vida.<br \/>\n\u00c9l call\u00f3 y se sorprendi\u00f3 de cu\u00e1nto hab\u00eda cambiado. En otras circunstancias, en sus lejanos tiempos estudiantiles, hubiese desencadenado una pol\u00e9mica cargada de ardor para defender los libros como la \u00fanica fuente del bienestar personal.<br \/>\n\u2013S\u00ed \u2013acept\u00f3\u2013. Hoy en d\u00eda lo que produce dinero no son los libros, sino otras cosas.<br \/>\n\u2013El oro, por ejemplo, doctor \u2013complement\u00f3 el otro con una sonrisa, que \u00e9l no detect\u00f3 como sard\u00f3nica.<br \/>\n\u2013Sobre todo \u2013subray\u00f3 \u00e9l ri\u00e9ndose\u2013 el oro que uno no ve.<br \/>\nLos dem\u00e1s rieron tambi\u00e9n.<br \/>\n\u2013Tiene raz\u00f3n, doctor\u2013dijo el vocero\u2013. Sobre todo el oro que uno no ve.<\/p>\n<p>Todo lo vendi\u00f3 en forma r\u00e1pida gracias a que otorg\u00f3 unas demenciales rebajas en los precios. Invent\u00f3 diversos ardides para desorientar a su mujer en las pocas oportunidades en que \u00e9sta se aproxim\u00f3, con tal cual pregunta comprometedora, a la verdad de lo que estaba ocurriendo con el patrimonio familiar. Cuando dispuso de la camioneta y ese d\u00eda lleg\u00f3 a bordo de un taxi, le dijo que el veh\u00edculo lo acababa de dejar en el taller y ella no se inquiet\u00f3 en preguntarle, al menos, en cu\u00e1l. El fin de semana en que sus hijos le manifestaron su deseo de ir a la finca con un grupo de amigos, \u00e9l les sali\u00f3 al paso con la excusa ins\u00f3lita de que la hab\u00eda alquilado para la celebraci\u00f3n de un matrimonio. Les pidi\u00f3 que no pasaran por la oficina, pues la estaba sometiendo a una remodelaci\u00f3n general y adujo el argumento favorable de que durante el tiempo de la obra estar\u00eda m\u00e1s tiempo en casa. Salv\u00f3 las dificultades que le puso la gerente del banco para entregarle tanto dinero en efectivo con el sofisma de que las transacciones en cheque se estaban convirtiendo en operaciones onerosas a consecuencia de las altas tasas impositivas con que el gobierno las estaba castigando. Hasta tuvo talante para un comentario jocoso: \u00abHoy en d\u00eda, doctora, el mejor banco es el colch\u00f3n donde uno duerme\u00bb. El dinero lo reuni\u00f3 en cajas de cart\u00f3n y lo condujo directo a la oficina. Una noche entera duraron \u00e9l y sus socios cont\u00e1ndolo. La despedida esta vez no fue de mero apret\u00f3n de manos, sino tambi\u00e9n de abrazos y palmadas en la espalda.<br \/>\n\u2013Revise su cuenta el jueves o el viernes, doctor\u2013le pidi\u00f3 el vocero m\u00e1s festivo que nunca\u2013. Pero ni se le ocurra irse para Australia sin despedirse de nosotros.<br \/>\n\u00c9l esboz\u00f3 una sonrisa tonta.<br \/>\n\u2013Claro que no, amigos\u2013les dijo\u2013. Tenemos que reunirnos antes. Hace rato que no participo en una velada musical.<br \/>\n\u2013\u00bfLe gusta la m\u00fasica, doctor? \u2013le inquiri\u00f3 el que le hab\u00eda entregado la cajita de terciopelo azul oscuro con el pisacorbata de oro.<br \/>\n\u2013S\u00ed \u2013se apresur\u00f3 a responder\u2013. Siempre me gust\u00f3.<br \/>\n\u2013\u00bfY toca alg\u00fan instrumento?\u2013inquiri\u00f3 el vocero.<br \/>\n\u2013Si \u2013dijo con nostalgia\u2013. Tocaba la dulzaina.<br \/>\n\u2013\u00bfLa dulzaina? \u2013repregunt\u00f3 el otro.<br \/>\n\u2013Si, la dulzaina\u2013repiti\u00f3 \u00e9l.<br \/>\n\u2013\u00bfY por qu\u00e9 dice que la tocaba? \u00bfEs que acaso no la toca hoy en d\u00eda?<br \/>\n\u2013La regal\u00e9\u2013dijo \u00e9l con un gesto de resignaci\u00f3n.<br \/>\n\u2013\u00bfY eso, por qu\u00e9?\u2013, le pregunt\u00f3 su interlocutor.<br \/>\n\u2013No s\u00e9 \u2013dijo\u2013. La verdad, no s\u00e9 por qu\u00e9 lo hice.<br \/>\n\u2013Bueno, doctor \u2013interrumpi\u00f3 el tercer sujeto dando un paso al frente\u2013. La charla est\u00e1 muy amena, pero no fue de m\u00fasica de lo que vinimos a tratar esta noche, sino de negocios. Y como todo est\u00e1 en orden, nos vamos.<br \/>\n\u2013S\u00ed, claro \u2013dijo \u00e9l\u2013. Ya habr\u00e1 tiempo para las canciones.<br \/>\nLos tres se despidieron de nuevo, con la misma singular efusividad, y abandonaron la oficina. \u00c9l apag\u00f3 las luces y sali\u00f3 en busca de un taxi, mientras preparaba la mentira con la cual iba a convencer a su esposa y a sus hijos cuando le preguntaran otra vez por la camioneta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A pesar de que no ten\u00eda por qu\u00e9 inquietarlo la ausencia de consignaci\u00f3n que verific\u00f3 el jueves, el viernes despert\u00f3 con un mal presentimiento. Hab\u00eda so\u00f1ado que estaba en la ruina y sus hijos lloraban pregunt\u00e1ndole por qu\u00e9 raz\u00f3n no confi\u00f3 en su madre ni pens\u00f3 en ellos antes de embarcarse en la loca aventura que lo dej\u00f3 sin un centavo a los sesenta a\u00f1os. Jam\u00e1s le interesaron las pesadillas y siempre le parecieron rid\u00edculos los libros que dec\u00edan interpretarlas. Sin embargo, esa ma\u00f1ana lo atrap\u00f3 una desaz\u00f3n similar a la que lo enferm\u00f3 la primera vez.<br \/>\n\u00abPero, por qu\u00e9 he de desconfiar \u2013se pregunt\u00f3\u2013, si hoy apenas es viernes?\u00bb.<br \/>\nSe lav\u00f3 los dientes y entr\u00f3 a la regadera sintiendo que lo acechaba la asfixia. El vuelco en el est\u00f3mago regres\u00f3 con una intensidad m\u00e1s fuerte que la de siempre y experiment\u00f3 la extra\u00f1a sensaci\u00f3n de que comenzaba a flotar en el aire. La voz de su esposa que lo llamaba, en los precisos instantes en que estando tratando de vestirse, le aceler\u00f3 los latidos del coraz\u00f3n hasta los l\u00edmites del paroxismo. \u00ab\u00bfQu\u00e9 me pasa, carajo?\u00bb, se dijo.<br \/>\n\u00c9l sali\u00f3 al pasillo anud\u00e1ndose la corbata con torpeza. Entonces, por primera vez desde su lejano y modesto matrimonio, en el templo angosto y largo de su barrio, del mismo barrio que lo vio transitar orgulloso a bordo de su peque\u00f1a Peugeot roja, sinti\u00f3 miedo de que su esposa lo estuviera mirando a los ojos sin sonre\u00edr.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 hiciste la camioneta, \u00c1lvaro?\u2013le pregunt\u00f3 ella.<br \/>\n\u00c9l sinti\u00f3 que el piso se abr\u00eda bajo sus pies y fue tan n\u00edtida la sensaci\u00f3n que, por instinto de conservaci\u00f3n, abri\u00f3 el comp\u00e1s de las piernas de un salto para evitar que se lo tragara la s\u00fabita tronera.<br \/>\n\u2013\u00bfPor qu\u00e9 me preguntas eso? \u00bfQu\u00e9 sucede? \u2013pregunt\u00f3 \u00e9l, sin poder esquivar el temblor en la voz.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 sucede, \u00c1lvaro? Eso es, precisamente, lo que quiero saber \u2013repregunt\u00f3 ella.<br \/>\n\u00c9l guard\u00f3 silencio para tratar de ganar tiempo.<br \/>\n\u2013\u00bfLa vendiste? \u2013indag\u00f3 ella\u2013. \u00bfFue eso?<br \/>\n\u00c9l vio en la premisa del interrogante la \u00fanica salida que le quedaba.<br \/>\n\u2013S\u00ed, mi amor \u2013respondi\u00f3\u2013. La vend\u00ed.<br \/>\n\u2013\u00bfY por qu\u00e9 nos dijiste que estaba en el taller? \u2013inquiri\u00f3 la esposa.<br \/>\n\u00c9l perdi\u00f3 los estribos.<br \/>\n\u2013\u00a1Maldita sea! \u2013grit\u00f3\u2013. La camioneta era m\u00eda. Yo la compr\u00e9 con el fruto de mi trabajo.<br \/>\n\u2013No se trata de eso, \u00c1lvaro \u2013insisti\u00f3 ella\u2013. Se trata de la confianza que ha existido siempre dentro de nuestra familia. Vendes el carro familiar y nos dices a todos que est\u00e1 en el taller. Si no es porque casualmente, mientras te ba\u00f1abas, llam\u00e9 para preguntar si ya estaba lista porque queremos ir a la finca, no nos enteramos del negocio. \u00bfQu\u00e9 pasa, \u00c1lvaro? \u00bfEs que hay otra mujer?<br \/>\nPor primera vez en toda su vida de casados, su c\u00f3nyuge le formulaba esa inquietud. Se sinti\u00f3 muy mal exhibiendo inseguridad ante una pregunta que pudo responder con una negaci\u00f3n tajante.<br \/>\n\u2013No&#8230;no&#8230;no fue por eso \u2013titube\u00f3\u2013. Yo&#8230;lo que sucedi\u00f3 fue que&#8230;<br \/>\nElla se desesper\u00f3 y sus ojos se llenaron de l\u00e1grimas.<br \/>\n\u2013O sea, que s\u00ed hay otra mujer, \u00c1lvaro. \u00bfNo es verdad? \u2013 le repregunt\u00f3 subiendo la voz.<br \/>\n\u00c9l no contest\u00f3.<br \/>\n\u2013Voy a la oficina \u2013dijo\u2013. No me esperes a almorzar.<br \/>\n\u2013\u00bfA la oficina? \u2013requiri\u00f3 ella\u2013. \u00bfNo dijiste que la oficina estaba en reparaci\u00f3n? \u00bfNo nos pediste que no fu\u00e9ramos por all\u00e1 debido a los trabajos?<br \/>\n\u2013\u00a1Ya, est\u00e1 bien, carajo! \u2013grit\u00f3 \u00e9l. Entonces sali\u00f3 a la calle, le hizo se\u00f1as al primer taxi que pas\u00f3 y en \u00e9l se fue. Pero no hacia la oficina.<br \/>\n\u2013Al Banco Central, por favor \u2013le orden\u00f3 al conductor, mientras se percataba del resurgimiento de las n\u00e1useas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Margarita Mar\u00eda Mart\u00ednez Mina se gan\u00f3 en el colegio el remoquete de La Mujer de las Cinco Emes. Todo el mundo indagaba d\u00f3nde estaba la quinta.<br \/>\n\u00abEn lo de Mujer, precisamente\u2013explicaba ella con una hermosa sonrisa.<br \/>\nHab\u00eda conocido a \u00c1lvaro, cuando todav\u00eda era Alvarito, con motivo de una presentaci\u00f3n art\u00edstica escolar en la que ella cant\u00f3 una vieja canci\u00f3n del folclor mexicano. \u00c9l la abord\u00f3 al final s\u00f3lo para comentarle que sab\u00eda tocar la dulzaina.<br \/>\nSe gustaron a primera vista, aunque en un principio a ella le pareci\u00f3 bastante mayor para su edad. Principiaron a salir los s\u00e1bados en la tarde con el pretexto sincero de comerse un helado y platicar sobre las vicisitudes acad\u00e9micas. \u00c9l le cont\u00f3 que siempre hab\u00eda querido ser abogado y que, incluso, ya estaba cursando estudios de derecho. Ella le pregunt\u00f3 por qu\u00e9 le atra\u00eda esa carrera y \u00e9l la sorprendi\u00f3 con la pureza de la respuesta. \u00abPorque es la \u00fanica profesi\u00f3n que permite luchar por la libertad\u00bb, dijo.<br \/>\nEl primer beso se lo dieron, con los labios untados de papa frita, en la oscuridad de un cine al cual acudieron convencido cada uno de que de all\u00ed saldr\u00edan como novios. Todav\u00eda lo eran cuando \u00e9l se gradu\u00f3, pero ella no pudo asistir a la celebraci\u00f3n porque una calamidad dom\u00e9stica la ausent\u00f3 de la ciudad desde cinco meses antes y s\u00f3lo finaliz\u00f3 su exilio cinco meses despu\u00e9s con el fallecimiento de su padre, quien, all\u00e1, en el pueblo ribere\u00f1o donde ve\u00eda transcurrir su viudez, se ator\u00f3 con una gigantesca espina de pescado mientras almorzaba y alcanz\u00f3 a quedar en coma gracias al desesperante retardo del m\u00e9dico en llegar en su auxilio. Se casaron cuando a\u00fan a \u00e9l no le llegaba el primer cliente y hasta circul\u00f3 el rumor callejero de que las nupcias, a pesar de su insolvencia manifiesta, deb\u00edan apresurarse por la raz\u00f3n elemental de que ella se hallaba embarazada. Fue un casamiento sin pretensiones, pero enmarcado en el amor, en cuya fiesta \u00e9l se neg\u00f3 a tocar la dulzaina, aduciendo la verg\u00fcenza que le generar\u00eda hacerlo ante los integrantes del modesto tr\u00edo musical que consigui\u00f3 para amenizarla. No vali\u00f3 que todos los presentes, incluidos los cantores, le insistieran, ni que algunos echaran mano al argumento demoledor de que se trataba de su propia fiesta nupcial. Ella no hizo coro del pedido general, porque la ansiedad anterior al ritual y el desarrollo del mismo le desencadenaron un fuerte dolor de cabeza, que le hizo dudar de si ser\u00eda capaz de atender a su esposo o terminar\u00eda la noche en una cl\u00ednica. Aun as\u00ed, siempre recordaba su matrimonio con visible satisfacci\u00f3n y ojeaba el \u00e1lbum fotogr\u00e1fico del mismo con orgullo.<br \/>\nEl mismo d\u00eda en que naci\u00f3 su primer hijo, once meses despu\u00e9s de la boda, lo que de paso acall\u00f3 cuanto comentario a\u00fan sobreviv\u00eda dentro de la maledicencia p\u00fablica, lo primero que se le vino a la cabeza, antes que el nombre de la criatura, fue la agregaci\u00f3n de una nueva eme al suyo.<br \/>\n\u2013A partir de hoy \u2013dijo\u2013 soy La Mujer de las Seis Emes.<br \/>\n\u2013\u00bfPor qu\u00e9 seis? \u2013, le pregunt\u00f3 \u00e9l, mientras jugueteaba con el ramillete de rosas que hab\u00eda ordenado traer de una florer\u00eda.<br \/>\n\u2013Tonto \u2013le dijo ella sonriendo\u2013. Por lo de Madre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2013No fuiste a la oficina \u2013, fue su saludo cuando \u00e9l entr\u00f3 a la casa, luego de pagarle al taxista.<br \/>\n\u00c9l, en efecto, no hab\u00eda ido. Toda la ma\u00f1ana permaneci\u00f3 en el banco a la espera de que le reportaran la consignaci\u00f3n. Tampoco lo hizo en la tarde, con el agravante, para la creciente desconfianza de su esposa, de que ni siquiera pas\u00f3 por su casa para almorzar. A ella le bast\u00f3 acercarse al bufete y comprobar que estaba cerrado para que la sobresaltaran los malos presagios de que algo muy serio estaba sucediendo. Un par de preguntas al vigilante de la entrada terminaron de confirmar sus sospechas, aunque ya no la extra\u00f1\u00f3 que no se estuviesen adelantado trabajos de remodelaci\u00f3n de ninguna naturaleza.<br \/>\n\u2013No, no fui \u2013admiti\u00f3 \u00e9l, sintiendo que el mundo se le estaba derrumbando encima. Eran las siete y treinta de la noche, el banco hab\u00eda sido cerrado y la consignaci\u00f3n no se produjo.<br \/>\nNo supo de d\u00f3nde sac\u00f3 valor, pero se lo confes\u00f3 de una vez.<br \/>\n\u2013Esa oficina \u2013le dijo\u2013 ya no es m\u00eda. La vend\u00ed tambi\u00e9n.<br \/>\nElla estaba tan p\u00e1lida y enojada, que no crey\u00f3 que en el alma le pudiera caber una pizca m\u00e1s de indignaci\u00f3n.<br \/>\n\u2013\u00bfTe volviste loco, \u00c1lvaro? \u2013le pregunt\u00f3.<br \/>\n\u2013D\u00e9jame solo un momento \u2013le rog\u00f3\u2013. Debo hacer unas llamadas.<br \/>\n\u2013Dime primero qu\u00e9 est\u00e1 sucediendo, \u00c1lvaro \u2013le insisti\u00f3 ella con angustia en su voz.<br \/>\n\u2013M\u00e1s tarde hablamos \u2013le dijo \u00e9l\u2013. Primero necesito llamar.<br \/>\n\u2013Primero hablemos de esto \u2013persisti\u00f3 la esposa.<br \/>\n\u2013\u00a1Carajo! \u2013grit\u00f3 \u00e9l\u2013. D\u00e9jame ir al tel\u00e9fono.<br \/>\nElla se hizo a un lado, con los ojos aguados.<br \/>\nEl abogado marc\u00f3 los dos tel\u00e9fonos que aparec\u00edan en la tarjeta. El repicar sin respuesta fue todo lo que escuch\u00f3 en ambos.<br \/>\nMedia hora despu\u00e9s, a las ocho de la noche, el timbre de la puerta son\u00f3 y Margarita Mar\u00eda fue a abrir.<br \/>\n\u2013Buenas noches, se\u00f1ora \u2013salud\u00f3 uno de los tres desconocidos parados en el umbral\u2013. \u00bfEl doctor Santacruz se encuentra?<br \/>\n\u2013\u00bfDe parte de qui\u00e9n? \u2013pregunt\u00f3 ella mirando hacia el piso para tratar de disimular el enrojecimiento ocular generado por el llanto.<br \/>\n\u2013De los compradores de esta casa \u2013le dijo el individuo.<br \/>\nMargarita Mar\u00eda sinti\u00f3 que los pies se le enfriaban, igual que las manos, y que sus piernas se negaban a sostenerla de pie. Sinti\u00f3, adem\u00e1s, que la sangre se le agolpaba en la cabeza como producto de la ira y el miedo.<br \/>\n\u2013Ya lo llamo \u2013les dijo, sin invitarlos a pasar.<br \/>\nNo lo llam\u00f3 a viva voz, sino que fue hasta la alcoba, donde \u00e9l se hallaba encerrado.<br \/>\n\u2013\u00c1lvaro \u2013lo llam\u00f3 sollozando \u2013. Abre la puerta.<br \/>\n\u00c9l se levant\u00f3 de la cama y caminando en medias se dirigi\u00f3 a la puerta y la abri\u00f3. Vio a su esposa llorando, pero supuso que lo hac\u00eda por la situaci\u00f3n acabada de vivir a su regreso del banco. Cuando ella habl\u00f3, \u00e9l crey\u00f3 que ya no estaba sudando, sino que hab\u00eda comenzado a derretirse.<br \/>\n\u2013Te buscan en la puerta, \u00c1lvaro \u2013le dijo Margarita Mar\u00eda sin mirarlo\u2013. Son los hombres que te compraron la casa.<br \/>\n\u00c9l se calz\u00f3 sin atarse los cordones y sali\u00f3 a enfrentarlos iracundo.<br \/>\n\u2013\u00bfPor qu\u00e9 vienen aqu\u00ed? \u2013les grit\u00f3\u2013. Convinimos en que me dar\u00edan un mes para la entrega.<br \/>\n\u2013Estuvimos en su oficina, doctor \u2013se justific\u00f3 uno de ellos\u2013. Pero como usted no fue en todo el d\u00eda, decidimos venir a su casa. Quer\u00edamos explorar la posibilidad de que usted nos la entregara antes del mes.<br \/>\nEl hombre trat\u00f3 de explicar las razones de la solicitud, pero el abogado Santacruz se sali\u00f3 de casillas.<br \/>\n\u2013\u00a1El negocio lo hicimos entre varones \u2013grit\u00f3 exaltado\u2013. Dijimos que un mes y lo pactado es para cumplirlo, carajo!<br \/>\n\u2013No hay problema, doctor \u2013dijo el otro con voz suave\u2013. Era s\u00f3lo un favor.<br \/>\n\u2013\u00a1Yo no hago favores, no me jodan! \u2013grit\u00f3 desga\u00f1itado.<br \/>\n\u2013Est\u00e1 bien, doctor, c\u00e1lmese \u2013le pidi\u00f3 el otro\u2013. Ya nos vamos. En un mes, entonces.<br \/>\nLos tres se despidieron, pero el abogado no les respondi\u00f3. Uno de ellos se qued\u00f3 con la mano estirada porque \u00e9l lo ignor\u00f3.<br \/>\nEn ese momento, escuch\u00f3 la voz de su hijo menor. \u2013\u00bfQu\u00e9 pasa, pap\u00e1: vendiste la casa?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A Margarita Mar\u00eda no le hizo falta la confesi\u00f3n de su esposo sobre la venta de la finca ni acerca de que su cuenta bancaria estaba casi en ceros, porque ella misma lo comprob\u00f3 con tan s\u00f3lo una visita al banco, un peque\u00f1o soborno femenino a uno de los m\u00e1s cercanos dependientes y la visita que, presa de la ansiedad, realiz\u00f3 a la finca, en compa\u00f1\u00eda de sus at\u00f3nitos hijos, trepados todos de mal modo en una buseta escalera cuya antig\u00fcedad la pon\u00eda en evidencia, m\u00e1s que su aspecto deplorable, el infernal traqueteo de las latas a medida que avanzaba.<br \/>\n\u2013Su pap\u00e1 se enloqueci\u00f3 \u2013les dijo llorando al regreso\u2013. No entiendo qu\u00e9 ha sucedido.<br \/>\nParada en la empobrecida estaci\u00f3n, al lado de las gallinas en racimo, los costales de verduras y el tufo de los ebrios que se emborrachaban con chicha m\u00e1s fermentada de la cuenta y aguardiente destilado en alambiques clandestinos, se sinti\u00f3 desorientada por primera vez dentro de la propia ciudad donde hab\u00eda nacido treinta y cinco a\u00f1os antes y crey\u00f3, por unos segundos, que la muerte le sobrevendr\u00eda, como producto de la angustia, sin alcanzar a maldecir a su marido en su propia cara y anunciarle que proceder\u00eda de inmediato a pedir el divorcio.<br \/>\nLas piernas le temblaban, pero m\u00e1s que \u00e9se, le incomodaba sobremanera el temblor del rostro cuando trataba de hablar y la creciente dificultad para pronunciar las groser\u00edas.<br \/>\nLleg\u00f3 a su casa, en medio de un fuerte chubasco acompa\u00f1ado por una sucesi\u00f3n de centellas que acabaron de perturbar su \u00e1nimo, pues tuvo la sensaci\u00f3n de que su voz se har\u00eda inaudible precisamente cuando m\u00e1s deseaba que se oyera.<br \/>\n\u2013\u00a1Maldito loco! \u2013le grit\u00f3 a \u00c1lvaro tan pronto como lo vio unos pasos m\u00e1s all\u00e1 de la sala, mustio de ansiedad e incertidumbre, tratando de encender un cigarrillo por el extremo equivocado\u2013. \u00bfQu\u00e9 hiciste con el patrimonio de tu familia?<br \/>\n\u2013\u00a1Resp\u00e9tame! \u2013le exigi\u00f3 \u00e9l\u2013. En este hogar yo todav\u00eda soy el jefe.<br \/>\n\u2013Te equivocas \u2013le increp\u00f3 ella de manera tajante, golpeando con la palma de la mano derecha la mesa del comedor\u2013. Este hogar no tiene un jefe, sino un demente que lo destruy\u00f3 por completo! \u00a1No s\u00f3lo vendiste la oficina! \u00a1No s\u00f3lo saliste de la casa! !No s\u00f3lo regalaste la camioneta en un precio miserable! \u00a1Tambi\u00e9n vendiste la finca y retiraste todo el dinero del banco! \u00a1Mentiroso: Estamos en la ruina!<br \/>\n\u2013A m\u00ed no me insultas as\u00ed \u2013vocifer\u00f3 \u00e9l\u2013. Me largo de esta casa ahora mismo.<br \/>\n\u2013Es que tienes que largarte \u2013subray\u00f3 ella\u2013&#8230;Es que todos tenemos que largarnos, porque esta casa ya no es nuestra.<br \/>\n\u2013Las cosas las compr\u00e9 con mi dinero \u2013, se defendi\u00f3.<br \/>\n\u2013No era s\u00f3lo dinero tuyo \u2013le rectific\u00f3 ella\u2013. Tambi\u00e9n era dinero m\u00edo. \u00bfQu\u00e9 clase de abogado eres?<br \/>\n\u2013Mira, Marga \u2013dijo \u00e9l, haciendo un gran esfuerzo por bajar la voz\u2013, es mejor que nos calmemos. D\u00e9jame explicarte lo que ocurri\u00f3&#8230;<br \/>\n\u2013Las explicaciones sobran, \u00c1lvaro\u2013 lo interrumpi\u00f3 ella\u2013. Me basta con lo que ya s\u00e9. Te enamoraste de una puta sonsacadora. Eso fue todo.<br \/>\n\u2013Te equivocas \u2013corrigi\u00f3 \u00e9l\u2013. Se trata de negocios&#8230;<br \/>\n\u2013A m\u00ed no me vengas a estas alturas de la vida con cuentos chinos \u2013le dijo ella\u2013. Yo ya no estoy para esas tonter\u00edas. Y t\u00fa menos.<br \/>\n\u2013D\u00e9jame explicarte lo que sucedi\u00f3 \u2013insisti\u00f3 \u00e9l.<br \/>\n\u2013Ah\u00f3rrate las explicaciones, doctor \u2013le dijo ella\u2013. Y no tienes que irte de aqu\u00ed antes del mes que te dieron los compradores. La que se va soy yo. Me voy con mis hijos. T\u00fa tambi\u00e9n vete, pero para el manicomio. Y ojal\u00e1 vaya a visitarte de vez en cuando la ramera que nos dej\u00f3 en la calle.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg\" rel=\"attachment wp-att-19276\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-19276\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg\" alt=\"HOMBRE SOLITARIO ALEJANDOSE\" width=\"500\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE-300x225.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/HOMBRE-SOLITARIO-ALEJANDOSE.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La noticia de que \u00c1lvaro Jos\u00e9 Santacruz Garc\u00eda estaba en la ruina cundi\u00f3 por toda la ciudad. El abogado penalista no denunci\u00f3 la monumental estafa de la cual acababa de ser v\u00edctima, para no someterse a la verg\u00fcenza p\u00fablica. Varias veces intent\u00f3 reiniciar su ejercicio profesional, pero nadie quiso servirle de fiador para el alquiler de una oficina. La gerente del banco en sus tiempos de gloria hab\u00eda sido removida del cargo y el nuevo director de la entidad financiera, un banquero t\u00edpico, que apenas les sonre\u00eda a los buenos clientes, le neg\u00f3 de plano la posibilidad de cualquier cr\u00e9dito con s\u00f3lo revisar su saldo, a pesar de sus protestas. Trat\u00f3 de que otros colegas le permitieran ejercer arrimado a su sombra, pero todos se negaron con el argumento de que sus bufetes estaban repletos de profesionales j\u00f3venes, entusiastas y din\u00e1micos, que so\u00f1aban con repetir sus logros, aunque no sus errores, y alcanzar su fortuna, mas no su decadencia. La \u00e1spera respuesta que le dio uno de ellos lo hizo poner los pies en la tierra sobre cu\u00e1l era la imagen que ten\u00eda dentro del gremio. \u00abYo nunca ejercer\u00eda contigo, Alvarito, ni creo que ninguno de nuestros colegas quiera hacerlo \u2013le espet\u00f3 con un premeditado aire de altivez\u2013 porque toda la vida nos ca\u00edste como un petardo\u00bb.<br \/>\nEn una prender\u00eda, que igual fung\u00eda de compraventa de mobiliarios viejos, quedaron su sala, su comedor y sus dem\u00e1s enseres. Su esposa no se llev\u00f3 nada y para que no le cupiera la duda de que jam\u00e1s volver\u00eda por algo le dej\u00f3 una nota manuscrita escrita encima de la cama nupcial: \u00abQu\u00e9mate con tus palos en el infierno\u00bb.<br \/>\nVarias veces intent\u00f3 hablar con sus hijos. Pero hab\u00eda tal grado de resentimiento en ellos, por las burlas a que los sometieron sus compa\u00f1eros a lo largo de los \u00faltimos d\u00edas en que ambos soportaron el ambiente hostil del colegio, que ninguno de los dos quiso pasarle al tel\u00e9fono cuando los llam\u00f3 a la pensi\u00f3n miserable donde supo que se encontraban. El d\u00eda en que se decidi\u00f3 por ir hasta all\u00e1, la administradora, una mujer vieja, gordiflona e inamistosa, le notific\u00f3 que sus hu\u00e9spedes se hab\u00edan largado d\u00edas antes sin pagar el hospedaje.<br \/>\nLos almacenes de v\u00edveres, los restaurantes, las tiendas de ropa, las joyer\u00edas, las disqueras, las bizcocher\u00edas, en fin, todos los lugares que ayer le abr\u00edan los brazos entre toneladas de adulaci\u00f3n, lo miraban hoy como a un loco furioso que ingresaba all\u00ed con el prop\u00f3sito de causarles da\u00f1o. El due\u00f1o de uno de ellos, una \u00f3ptica elegante donde hab\u00eda dejado su dinero por millones en la adquisici\u00f3n de gafas, unas pocas necesarias, la mayor\u00eda in\u00fatiles, que \u00e9l, su esposa o sus hijos muchas veces ni siquiera utilizaron al menos durante un d\u00eda, lleg\u00f3 al extremo de llamar a los hombres de la seguridad para que lo retiraran con diplomacia de su negocio cuando consider\u00f3 que se estaba poniendo m\u00e1s terco de la cuenta en rogarle un peque\u00f1o pr\u00e9stamo de dinero.<br \/>\nHasta que, al fin, experiment\u00f3 sobre sus hombros el peso agobiador de la soledad sin futuro y concluy\u00f3 que su paso por la tierra hab\u00eda dejado de tener sentido alguno. Empero, el mismo d\u00eda en que se le pas\u00f3 por la mente, como un tenebroso rayo diab\u00f3lico, la idea de suicidarse, y s\u00f3lo empezaba a adentrarse en el m\u00e9todo que podr\u00eda resultarle m\u00e1s eficaz y al alcance suyo para consumarla, record\u00f3 sus lejanas convicciones religiosas de la ni\u00f1ez y hasta sonri\u00f3 rememorando la ceremonia, sencilla pero hermosa, de su himeneo. Entonces dirigi\u00f3 sus desorientados pasos hacia el templo de su barrio. Iba a pie, pues ya su faltriquera exhausta no le permit\u00eda calmar el hambre y la sed, mucho menos pagar el valor de un taxi, y ni siquiera las tarifas de los autobuses urbanos.<br \/>\nLleg\u00f3 all\u00e1 empapado de sudor, pero con la irreducible convicci\u00f3n de que deb\u00eda pedir perd\u00f3n a Dios por su ambici\u00f3n desmedida, a la que culp\u00f3 de su desgracia. \u00abLo tuve todo para ser feliz\u00bb \u2013reflexion\u00f3, entretanto sub\u00eda las gradas que conduc\u00edan al atrio.<br \/>\nAl ingresar a la iglesia, s\u00f3lo estaba dentro de ella el viejo y rechoncho misacantano, quien ensayaba un canto lit\u00fargico acompa\u00f1\u00e1ndose con el armonio.<br \/>\nSe acerc\u00f3 a \u00e9l poco a poco, procurando calmar el cansancio con el jadeo. Cuando estuvo a su lado, le sonri\u00f3 con tristeza y se qued\u00f3 observ\u00e1ndolo tocar.<br \/>\n\u00abYo tocaba la dulzaina\u00bb, le dijo varios minutos despu\u00e9s.<br \/>\nEl hombre se limit\u00f3 a sonre\u00edrle y prosigui\u00f3 concentrado en su ensayo.<br \/>\n\u00c9l se retir\u00f3 de all\u00ed, otra vez a pasos lentos, y fue a pararse en la entrada del templo. \u00c1lvaro Jos\u00e9 Santacruz Garc\u00eda lo dud\u00f3 unos instantes, pero luego tom\u00f3 la decisi\u00f3n. As\u00ed que se remang\u00f3 los pantalones y se arrodill\u00f3 en el piso de la entrada, la misma entrada por donde muchas otras veces ingres\u00f3 a escuchar los sermones del cura Sebasti\u00e1n Mac\u00edas, el p\u00e1rroco que muri\u00f3 un domingo de ramos en plena misa, sentado en la silla desde la cual segu\u00eda la lectura de la Ep\u00edstola de San Pablo a los Tesalonicenses, la misma entrada por donde \u00e9l ingres\u00f3, muchos a\u00f1os atr\u00e1s, ataviado con esmoquin de alquiler, una flor en la solapa y millones de ilusiones rond\u00e1ndole en la cabeza, para ir a esperar junto al altar a Margarita Mar\u00eda y casarse con ella.<br \/>\nEl misacantano continu\u00f3 su ensayo impert\u00e9rrito, a pesar de que vio n\u00edtidamente el instante en que Alvarito empez\u00f3 a moverse sobre sus rodillas desnudas con rumbo hacia el altar, las manos juntas, como en la vieja fotograf\u00eda de su primera comuni\u00f3n, e inclusive observ\u00f3 el rastro de sangre que empez\u00f3 a dejar el solitario feligr\u00e9s sobre las baldosas refulgentes de la nave central.<br \/>\nAlvarito sinti\u00f3 los huesos de sus rodillas desde el principio, y no dej\u00f3 de llorar mientras avanzaba, pero a\u00fan as\u00ed tampoco par\u00f3 de sonre\u00edr, aunque se dio cuenta de inmediato de que sus l\u00e1grimas no eran de dolor, sino de tristeza.<br \/>\nAbandon\u00f3 la iglesia despacio, todav\u00eda secundado por las notas del armonio, con el ardor en las rodillas suplic\u00e1ndole que buscara un m\u00e9dico, pero a\u00fan con la sonrisa ilumin\u00e1ndole el rostro, como cuando contaba sus chistes al grupo de sus contertulios en los remotos tiempos de la facultad de leyes. Entonces ascendi\u00f3 un par de cuadras, luego otras dos, despu\u00e9s una m\u00e1s, y fue cuando divis\u00f3 el tumulto de hombres y mujeres, todos ellos personas pobres a quienes la pobreza se les notaba en los colores deste\u00f1idos de sus ropas melanc\u00f3licas.<br \/>\nAlvarito detuvo sus pasos sin rumbo frente al ya numeroso grupo de curiosos y, con los brazos cruzados sobre el pecho, se dedic\u00f3 a observar, sonriente a pesar de los dolores, al locuaz embaucador. Era un anciano, un hombre aniquilado por la espeluznante delgadez del cuerpo, la palidez del rostro, la incertidumbre de la mirada y las arrugas innumerables de la cara. No tuvo que hacer grandes esfuerzos mnem\u00f3nicos para recordarlo, a pesar del transcurrir de los a\u00f1os.<br \/>\n\u2013\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la cascarita, d\u00f3nde?,\u2013preguntaba con insistencia en ese momento el viejo p\u00edcaro, mientras el estupefacto auditorio, conformado por vagos, lustrabotas, desempleados y transe\u00fantes del centro de la gran ciudad, acababa de verlo c\u00f3mo la escond\u00eda debajo de una de las tres tapas de gaseosa dispuestas encima del haz de peri\u00f3dicos viejos colocados sobre la diminuta mesa port\u00e1til de madera, que \u00e9l acababa de abrir encima del and\u00e9n, para montar su fugaz espect\u00e1culo.<br \/>\n\u2013\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la cascarita?\u2013repet\u00eda, elevando la voz con el fin de aumentar los niveles de emoci\u00f3n y ansiedad dentro del creciente p\u00fablico.<br \/>\nUn hombre reci\u00e9n llegado al grupo fue quien lo abord\u00f3 con la pregunta obvia:<br \/>\n\u2013\u00bfY si yo le adivino d\u00f3nde est\u00e1, cu\u00e1nto me gano?\u2013dijo.<br \/>\n\u2013Gana cinco veces la suma que usted apueste\u2013, le respondi\u00f3 el timador.<br \/>\nAlvarito sinti\u00f3 que el rubor le enrojec\u00eda el rostro, baj\u00f3 la cabeza, la movi\u00f3 a lado y lado, se meti\u00f3 las manos en los vac\u00edos bolsillos del pantal\u00f3n y continu\u00f3 sonriente, dolorido y triste, su marcha con rumbo hacia ninguna parte.<\/p>\n<p>Martes 22 de agosto de 2006<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* <a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-28792\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-300x300.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg 730w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a> <strong>Derechos Reservados de Autor<\/strong>. 2009.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49451\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong>: &#8220;EL JUEGO DE LAS TAPITAS&#8221; es el relato que cierra el libro de cuentos de su autor &#8220;LA EMBOSCADA&#8221; y, al igual que el resto de las narraciones insertas en esta obra, se basa en hechos reales vividos o conocidos por \u00e9l.<br \/>\nAlvarito, el protagonista de &#8220;EL JUEGO DE LAS TAPITAS&#8221;, en la vida real fue un compa\u00f1ero de universidad y colega suyo, quien le cont\u00f3 lo que le hab\u00eda sucedido a causa de su ambici\u00f3n.<br \/>\n&#8220;EL JUEGO DE LAS TAPITAS&#8221; lleva al terreno literario aquel tremendo drama humano. Consiguientemente, la narraci\u00f3n emplea los recursos de la fantas\u00eda literaria y la libertad del escritor con el fin de acercar al lector a lo que termin\u00f3 siendo para el protagonista lo que este mismo calific\u00f3 como una dura lecci\u00f3n de vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Alvarito detuvo su peque\u00f1a motocicleta Peugeot roja frente al ya numeroso grupo de curiosos, la aparc\u00f3 junto al sardinel, descendi\u00f3 de ella y se apost\u00f3 sonriente, con los brazos cruzados sobre el pecho, a observar al locuaz embaucador. \u2013\u00bfD\u00f3nde &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49447\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' heateor-sss-data-href='https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49447'><div class='heateor_sss_sharing_title' style=\"font-weight:bold\" >\u00a1Gracias por compartirla!<\/div><ul class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i style=\"width:35px;height:35px;border-radius:999px;\" alt=\"Facebook\" Title=\"Facebook\" class=\"heateorSssSharing heateorSssFacebookBackground\" onclick='heateorSssPopup(\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?u=https%3A%2F%2Foscarhumbertogomez.com%2Findex.php%3Frest_route%3D%252Fwp%252Fv2%252Fposts%252F49447\")'><ss style=\"display:block;border-radius:999px;\" class=\"heateorSssSharingSvg heateorSssFacebookSvg\"><\/ss><\/i><\/li><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i style=\"width:35px;height:35px;border-radius:999px;\" alt=\"Twitter\" Title=\"Twitter\" class=\"heateorSssSharing heateorSssTwitterBackground\" 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