{"id":49455,"date":"2024-12-10T18:46:45","date_gmt":"2024-12-10T23:46:45","guid":{"rendered":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49455"},"modified":"2024-12-14T11:57:05","modified_gmt":"2024-12-14T16:57:05","slug":"la-emboscada-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49455","title":{"rendered":"LA EMBOSCADA. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El coronel Manuel Bonifacio se dej\u00f3 caer en el sill\u00f3n, descarg\u00f3 el bate de b\u00e9isbol encima de su ca\u00f3tico escritorio y levant\u00f3 el pesado auricular.<br \/>\n\u2013Siga, teniente. Cambio.<br \/>\n\u2013Con la novedad, mi coronel, de que tenemos noticias en el caso de Roberto Scrimaglia. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfLos cogieron o qu\u00e9? Cambio.<br \/>\n\u2013No, mi coronel. Pero podr\u00eda suceder esta noche. Seg\u00fan uno de nuestros informantes, los captores van a moverlo a bordo de un taxi Plymouth 60 por el \u00e1rea de Los Turpiales. Cambio.<br \/>\n\u2013Aj\u00e1, Los Turpiales, zona rural del oriente. Cambio.<br \/>\n\u2013Correcto, mi coronel. En la salida hacia la capital del departamento. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfHay algo sobre el sitio exacto? Cambio.<br \/>\n\u2013Por ahora no, mi coronel. Sabemos que lo llevar\u00e1n a una finca de la zona, pero todav\u00eda no sabemos a cu\u00e1l. Dizque all\u00e1 lo dejar\u00e1n incomunicado y a cargo de la pareja de vivientes, que son un par de viejos campesinos desarmados. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfSaben la hora? Cambio.<br \/>\n\u2013S\u00ed, mi coronel. Se habla de que hacia las siete u ocho. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfN\u00famero de ocupantes? Cambio.<br \/>\n\u2013Podr\u00edan ser tres y el secuestrado, mi coronel. El conductor, Scrimaglia, y dos vigilantes. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfDistribuci\u00f3n del personal dentro del carro? Cambio.<br \/>\n\u2013Negativo, mi coronel. Cambio.<br \/>\n\u2013Entendido, teniente. Copen el \u00e1rea desde las seis. Derriben un \u00e1rbol y bloqu\u00e9enles la entrada. Pero d\u00e9jenlos entrar. Es muy importante, teniente: d\u00e9jenlos entrar. Cero fuego en la entrada. Simplemente, obs\u00e9rvenlos cuando retiren el obst\u00e1culo. Cambio.<br \/>\n\u2013Entendido, mi coronel. Cambio.<br \/>\n\u2013Vuelvan a obstruir la v\u00eda despu\u00e9s de que pasen. Capt\u00farenlos al regreso, cuando se bajen a retirar el \u00e1rbol. Visualicen muy bien el n\u00famero de ocupantes a la entrada y despu\u00e9s a la salida. As\u00ed confirmaremos que dejaron a Scrimaglia. Cambio.<br \/>\n\u2013S\u00ed, se\u00f1or. Cambio.<br \/>\n\u2013En la salida, prioricen captura. Traten de dar esta misma noche con el sitio exacto y procedan de inmediato al rescate. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfY si hay resistencia a la salida, mi coronel? Cambio.<br \/>\n\u2013Fuego sin contemplaciones, teniente. Pero no olvide que la prioridad es dar con Scrimaglia. Trate de que queden vivos. Eso es muy importante. Ahora, que si no es posible, \u00a1qu\u00e9 le vamos a hacer! Ya veremos c\u00f3mo damos, entonces, con la finca. El \u00e1rea es peque\u00f1a y no son muchas las parcelas. En todo caso, no me exponga a los hombres. Cambio.<br \/>\n\u2013Como usted mande, se\u00f1or. Cambio.<br \/>\n\u2013Oiga, teniente. Cambio.<br \/>\n\u2013Lo escucho, mi coronel. Cambio.<br \/>\n\u2013Mant\u00e9ngame informado. Y a la hora de la fiesta, quiero estar en contacto apenas comiencen a estallar los voladores. No quiero perderme ninguna de las piezas que se toquen. Cambio.<br \/>\n\u2013S\u00ed, se\u00f1or. Le estar\u00e9 reportando en directo. Cambio.<br \/>\n\u2013Listo, teniente. Cambio y fuera.<br \/>\n\u2013A sus \u00f3rdenes, mi coronel. Cambio y fuera.<\/p>\n<p>El coronel Manuel Bonifacio colg\u00f3 el aparato y retom\u00f3 el bate.<br \/>\n\u2013\u00a1Mierda! \u2013pens\u00f3 en voz alta mientras sonre\u00eda dejando ver a\u00fan m\u00e1s sus largos incisivos\u2013. Parece que hoy vamos a tener jon ron.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Roberto Scrimaglia hab\u00eda amasado una fortuna considerable, aunque no tan colosal como cre\u00edan quienes se lo llevaron de su oficina la calurosa tarde ribere\u00f1a de su sonado rapto, doce d\u00edas atr\u00e1s, a punta de combinar con inteligencia la ganader\u00eda y la compraventa de inmuebles.<br \/>\nDesde que el tel\u00e9fono de su residencia timbr\u00f3 por primera vez, los secuestradores fueron notificados por una esposa determinada a lo que fuera de que no habr\u00eda pago de rescate. Esa misma tarde, las autoridades militares ya conoc\u00edan del plagio. La mayor\u00eda interpret\u00f3 la actitud de la mujer como un gesto de coraje, aunque no faltaron los suspicaces que creyeron adivinar en ella unos signos inocultables de desamor por el esposo y de excesivo afecto hacia el dinero.<br \/>\nDe todas maneras, la ciudad entera se hallaba pendiente del desenlace que pudiera tener la desaparici\u00f3n de uno de los hombres m\u00e1s destacados de la sociedad en aquella urbe pujante que en pocos a\u00f1os hab\u00eda saltado de ser un pueblucho de mala muerte a una capital de provincia reconocida en todo el pa\u00eds, y en no pocos lugares del mundo, gracias al sortilegio de su suelo inundado de petr\u00f3leo.<br \/>\nEl coronel Manuel Bonifacio gustaba de dirigir \u00e9l mismo los operativos hasta en los detalles m\u00e1s insignificantes y era tenido por imprudente debido a su inclinaci\u00f3n a desechar el lenguaje de las claves y optar casi siempre por las \u00f3rdenes expl\u00edcitas, claridad que igualmente exig\u00eda de sus hombres. Hab\u00eda llegado a posesionarse del cargo de comandante del batall\u00f3n del lugar apenas tres meses antes, pero fue f\u00e1cil para \u00e9l ganarse pronto el aprecio de los pobladores gracias a sus habilidades naturales para batear y, en general, para desentra\u00f1ar en el diamante del estadio local los misterios del deporte de la pelota caliente, como all\u00ed llamaban al b\u00e9isbol, el juego m\u00e1s popular de la regi\u00f3n. Ya los parroquianos estaban acostumbrados a que su coronel, en vez de un fusil, mantuviera en las manos un bate, incluso cuando se hac\u00eda presente en el aeropuerto con el fin de recibir a las personalidades nacionales o internacionales que llegaban de tarde en tarde, siempre camino de la refiner\u00eda. Asi\u00e9ndolo con la mano diestra, con \u00e9l viv\u00eda golpe\u00e1ndose suavemente la siniestra, en una pose tan repetida, que ya circulaba el chiste callejero de que ha debido intentar ser en la vida un aspirante a Roberto Clemente en vez de un \u00e9mulo de Napole\u00f3n Bonaparte. Tambi\u00e9n era reconocido por su marcado acento coste\u00f1o, su bagaje intelectual, su p\u00fablica admiraci\u00f3n hacia escritores de izquierda, a pesar de sus sabidas inclinaciones derechistas, y su permanente sonrisa, que no se sab\u00eda si deb\u00eda atribuirse a un estado permanente de felicidad o a la f\u00edsica imposibilidad de esconder sus dientes enormes dentro de las cavidades inc\u00f3modas de su peque\u00f1a boca, siempre haci\u00e9ndolo parecer como si se estuviera chupando un caramelo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gloria Marina Pugliesse hab\u00eda cumplido treinta a\u00f1os el septiembre pasado y ese mismo d\u00eda hab\u00eda conocido a George Washington Casablanca, a quien sus compa\u00f1eros del gremio de taxistas le hac\u00edan burlas con su nombre, sobre todo cuando le preguntaban c\u00f3mo se sent\u00eda mejor: si figurando en los billetes de un d\u00f3lar o sentado en el sill\u00f3n de la presidencia de los Estados Unidos. El noviazgo comenz\u00f3 a la semana siguiente y para proseguirlo a la vista de todo el mundo no fue \u00f3bice alguno, para ninguno de los dos, el hecho de que el matrimonio can\u00f3nico del enamorado, a pesar de que ya no viv\u00eda hac\u00eda varios a\u00f1os con su esposa, todav\u00eda estuviera vigente y se mantuvieran intactos sus efectos porque ni la Iglesia aceptaba la disoluci\u00f3n sin retorno en un sacramento que consideraba bendecido por Dios e imposible de romper por los hombres, ni la lentitud de la justicia civil les permit\u00eda a los c\u00f3nyuges al menos la pretensi\u00f3n rauda de volver a intentar rehacer sus vidas recogiendo las hilachas de su primer fracaso y volviendo a jurarle fidelidad a otra persona ante la majestad discutible de un notario rodeado de hipotecas o de un juez atafagado de expedientes.<br \/>\nEl restaurante que hab\u00eda abierto al p\u00fablico siete a\u00f1os antes era ya un sitio atiborrado al mediod\u00eda por petroleros hambrientos y sedientos, de overol, botas y cachucha, que despachaban un almuerzo de men\u00fa \u00fanico y cerveza helada por galones, todos los calurosos d\u00edas, en un ritual invariable de choque de cubiertos, m\u00fasica t\u00edpica sonando a trav\u00e9s de los parlantes y charlas entrecruzadas de comensales fieles, muchos de los cuales se iban sin pagar y sin siquiera pedir la cuenta, porque ya sab\u00edan que ser\u00edan anotados en el cuaderno de las deudas contra\u00eddas.<br \/>\nAun cuando el negocio permanec\u00eda abierto hasta las diez de la noche, s\u00f3lo entre las seis y las siete de las c\u00e1lidas sombras nocturnas se percib\u00eda un ambiente algo similar, aunque jam\u00e1s igual, al del mediod\u00eda, pues una parte de los clientes perpetuos, carentes de un hogar establecido al cual dirigirse a cenar, s\u00f3lo ten\u00edan la opci\u00f3n del restaurante de Gloria Marina Pugliesse para cerrar la faena con el broche de oro de una comida exquisita y una limonada de panela cargada de cubitos de hielo.<br \/>\nEsa noche, sin embargo, algo, que ella no sab\u00eda ni pod\u00eda adivinar, hab\u00eda espantado a la clientela bochinchera y alegre de todos las noches, y el lugar estaba tan solitario, que cualquiera que no lo hubiese visto antes en la vida habr\u00eda jurado que se trataba de un negocio condenado inexorablemente a una quiebra inminente.<br \/>\nGloria Marina permanec\u00eda sentada en una silla cualquiera, de las que ocupaban los clientes, matando el tedio con el enrevesado crucigrama de un peri\u00f3dico viejo, cuando mir\u00f3 hacia la puerta y vio el viejo taxi Plymouth 60 de su novio que se deten\u00eda frente al restaurante. Alcanz\u00f3, incluso, a darse cuenta de que George Washington no ven\u00eda solo, pero le llam\u00f3 la atenci\u00f3n que el pasajero no hizo el m\u00e1s m\u00ednimo adem\u00e1n de bajarse, por lo cual dedujo que tampoco \u00e9l ser\u00eda su cliente en aquella noche de suerte esquiva.<br \/>\nEl novio ingres\u00f3 al local y se quit\u00f3 la cachucha mientras se dirig\u00eda a la mesa desde la cual la mujer lo observaba con una sonrisa de bienvenida.<br \/>\nGeorge Washington Casablanca era quince a\u00f1os mayor que ella. El taxi lo hab\u00eda comprado de contado, igual que su casa de habitaci\u00f3n, gracias al golpe de suerte de que su \u00fanico t\u00edo, hermano de su difunto padre, se muri\u00f3 sin descendencia, porque as\u00ed lo dispusieron los dioses de la guerra, quienes decidieron arrebatarle a su \u00fanico hijo tan s\u00f3lo un a\u00f1o despu\u00e9s de haber egresado de la Escuela Militar de Cadetes. Siempre sal\u00eda a recorrer las calles mal pavimentadas de la capital nacional del petr\u00f3leo, en busca de pasajeros, durante las infernales horas del d\u00eda, pero esa noche decidi\u00f3 compensar el no haber podido trabajar en la ma\u00f1ana por culpa de un inoportuno dolor de cabeza que lo sac\u00f3 de circulaci\u00f3n desde tempranas horas, patrullando, seg\u00fan sus c\u00e1lculos, hasta las nueve de la noche. A esa hora, tambi\u00e9n de acuerdo con los estimativos creados en su imaginaci\u00f3n al amparo de la soledad, pasar\u00eda por el restaurante de Gloria Marina, la acompa\u00f1ar\u00eda los \u00faltimos sesenta minutos de su jornada, se tomar\u00eda una cerveza con el pretexto de calmar la sed, y la dejar\u00eda en su casa con la promesa irreducible de que al otro d\u00eda, s\u00e1bado, s\u00ed sacar\u00eda el tiempo necesario para ir a ver una pel\u00edcula de vaqueros o a pasear por la ci\u00e9naga y el llanito tantas veces paseados, los mismos lugares por donde las babillas sol\u00edan transitar sin inmutarse y sin que se inmutaran los transe\u00fantes, en un pacto de respeto rec\u00edproco que nunca dej\u00f3 de sorprender a los turistas.<br \/>\nEran las seis y cuarenta y dos minutos cuando al pasar por la Avenida del Comercio vio a un hombre solitario, con dos bultos descargados a su lado, que le hac\u00eda se\u00f1as con el sombrero para que se detuviera.<br \/>\nGeorge Washington aplic\u00f3 con suavidad el freno y detuvo el carro justo al frente del hombre.<br \/>\n\u2013Buenas noches\u2013, salud\u00f3 al desconocido.<br \/>\n\u2013Buenas noches\u2013, respondi\u00f3 aquel, y George Washington percibi\u00f3 al instante un tufo de olor a cerveza. Sin embargo, no concluy\u00f3 que el individuo estuviese ebrio.<br \/>\n\u2013\u00bfUsted podr\u00eda hacerme una carrera hasta la finca?\u2013, interrog\u00f3 el aspirante a pasajero.<br \/>\n\u2013\u00bfD\u00f3nde queda?\u2013, pregunt\u00f3 el taxista.<br \/>\n\u2013En Los Turpiales\u2013, contest\u00f3 el extra\u00f1o.<br \/>\n\u2013\u00bfLos Turpiales?\u2013, repiti\u00f3 el chofer, con un gesto mezclado de desaliento y de dubitaci\u00f3n.<br \/>\n\u2013Eso queda lejos\u2013dijo, por fin, el conductor.<br \/>\n\u2013Yo le pago bien\u2013, ofreci\u00f3 el hombre.<br \/>\nFue entonces cuando George Washington le lanz\u00f3 la pregunta inexorable:<br \/>\n\u2013\u00bfPodr\u00eda ir acompa\u00f1ado?<br \/>\nEl desconocido no dud\u00f3 un segundo para responder.<br \/>\n\u2013Claro que s\u00ed\u2013 le dijo\u2013. Lleve a quien quiera.<br \/>\nA pesar de la manifestaci\u00f3n del permiso, el chofer insisti\u00f3 en justificar la compa\u00f1\u00eda.<br \/>\n\u2013Es para no regresarme solo.<br \/>\nEl pasajero apenas sonri\u00f3 y abri\u00f3 la puerta del auto.<br \/>\n\u2013\u00bfPlymouth 60?\u2013pregunt\u00f3 mientras observaba el interior del veh\u00edculo.<br \/>\n\u2013Plymouth 60\u2013 contest\u00f3 George Washington, sonriendo a pesar de que se le hizo m\u00e1s evidente el tufo.<br \/>\nEl conductor arranc\u00f3 hacia el restaurante de Gloria Marina Pugliesse.<br \/>\nPoco antes de llegar, el pasajero, se\u00f1alando el radio encendido con el dedo, hizo la \u00fanica pregunta que har\u00eda en todo el recorrido.<br \/>\n\u2013\u00bfHan dicho algo de Roberto Scrimaglia?<br \/>\nGeorge Washington movi\u00f3 la cabeza.<br \/>\n\u2013Nada \u2013dijo\u2013. Es como si se lo hubiera tragado la tierra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2013Aqu\u00ed, Gavil\u00e1n, mi coronel. Cambio.<br \/>\n\u2013Siga, teniente. Cambio.<br \/>\n\u2013Ya estamos en el sitio, mi coronel. Todo listo. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfUniforme negro, teniente? Cambio.<br \/>\n\u2013Uniforme negro, mi coronel. Cambio.<br \/>\n\u2013No olvide que cero fuego a la entrada, teniente. Cambio.<br \/>\n\u2013S\u00ed, se\u00f1or. Cero fuego a la entrada. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfTienen el \u00e1rbol? Cambio.<br \/>\n\u2013Lo tenemos, mi coronel. Ya est\u00e1 atravesado. Cambio.<br \/>\n\u2013Ojo con la actitud de los ocupantes ante el \u00e1rbol. Mucho ojo. Cambio.<br \/>\n\u2013Claro, mi coronel. Cambio.<br \/>\n\u2013No olvide que el \u00e1rbol va en ambos sentidos, teniente. Primero a la entrada y despu\u00e9s a la salida. Cambio.<br \/>\n\u2013S\u00ed, mi coronel. Primero a la entrada y de nuevo a la salida. Cambio.<br \/>\n\u2013Y cuenten bien el n\u00famero de ocupantes. Cambio.<br \/>\n\u2013S\u00ed, mi coronel. Cambio.<br \/>\n\u2013A la entrada y a la salida, teniente. Cambio.<br \/>\n\u2013S\u00ed, mi coronel. A la entrada y a la salida. Cambio.<br \/>\n\u2013En caso de resistencia, fuego total, pero s\u00f3lo a la salida, teniente. Y, en todo caso, trate de que podamos dar con Scrimaglia. Esa es la prioridad. Cambio.<br \/>\n\u2013S\u00ed, mi coronel. Fuego total en caso de resistencia, pero s\u00f3lo a la salida. Prioridad, dar con Scrimaglia. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfHay preguntas, teniente?<br \/>\n\u2013S\u00f3lo una, mi coronel: \u00bfy qu\u00e9 hacemos si no hay resistencia a la salida, pero tampoco se detienen?<br \/>\n\u00bfAplicamos la cartilla o le damos a esa plaga? Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfPiensa que puedan intentar pasar por encima del \u00e1rbol? Yo no creo eso, teniente. Eso no lo hace nadie. Esa vaina s\u00f3lo se ve en las pel\u00edculas. Pero usted act\u00fae seg\u00fan las circunstancias. En todo caso, no me exponga a la tropa. Y ya sabe que la prioridad es Scrimaglia. Usted me entiende. Cambio.<br \/>\n\u2013S\u00ed, se\u00f1or. Perfectamente. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 hora tiene all\u00e1, teniente? Cambio.<br \/>\n\u2013Las siete, mi coronel. Las siete en punto. Cambio.<br \/>\n\u2013Las siete. Es correcto, teniente. Entonces quedamos QAP. Cambio.<br \/>\n\u2013QAP, mi coronel.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juan Marcos Gerardo Generoso de Jes\u00fas Antonio del Esp\u00edritu Santo y de los Santos Reyes Espa\u00f1a ten\u00eda, en toda la regi\u00f3n, y \u00e9l dec\u00eda que tambi\u00e9n en todo el mundo, el nombre de pila m\u00e1s largo y la parcela m\u00e1s peque\u00f1a. Espa\u00f1a era el apellido de su mam\u00e1, una mujer campesina que hab\u00eda muerto de pie, arando la tierra codo a codo con los bueyes y los peones, y quien fue vendiendo su propiedad rural poco a poco, para solventar las crecientes necesidades hogare\u00f1as. Aunque dio a luz cinco hijos, todos ellos varones, los fue perdiendo, tambi\u00e9n poco a poco, igual que su finca, como resultado de las enfermedades propias de la zona, las mismas que no todas las veces la quinina fue capaz de prevenir o de curar como se crey\u00f3 en los principios de la historia, o como producto de las turbulencias revolucionarias, las que tambi\u00e9n ven\u00edan azotando aquella tierra desde los tiempos inmemoriales del primer ferrocarril y de las primeras huelgas. Finalmente, de su prole s\u00f3lo le qued\u00f3 Juan, el hijo menor, el mismo que sosten\u00eda que la explicaci\u00f3n de su largo nombre hab\u00eda sido una vana intentona de la madre por disimular su condici\u00f3n de hijo sin padre conocido y, por consiguiente, de hombre con apellido \u00fanico, y quien, luego de enterrar a su progenitora en el mismo cementerio viejo, extenso y caliente donde a diario ve\u00eda sepultar a sus vecinos por culpa de la guerra, se qued\u00f3 a vivir en lo que qued\u00f3 de la hacienda materna. La bautiz\u00f3 Villa Espa\u00f1a, aunque de villa no ten\u00eda nada en absoluto, por la obvia motivaci\u00f3n de su apellido y porque la madre hab\u00eda vendido tambi\u00e9n el nombre del otrora enorme fundo rural, el de Los Turpiales, hasta que, luego de ires y venires jur\u00eddicos, as\u00ed termin\u00f3 llam\u00e1ndose toda la zona, y continu\u00f3 conoci\u00e9ndose con el mismo nombre a pesar de que ya no quedaban por all\u00ed p\u00e1jaros canoros de ninguna especie, sino ranas que croaban en los estanques abandonados y grillos que se empecinaban en obsequiarle al entorno interminables e indeseables serenatas.<br \/>\nAquel d\u00eda hab\u00eda ido a mercar a la ciudad, igual que todos los viernes, pero esta vez se hab\u00eda enredado en una amena tertulia con viejos conocidos a los que no ve\u00eda desde mucho tiempo atr\u00e1s y con quienes se distrajo conversando hasta que los sorprendi\u00f3 la evidencia de que estaba anocheciendo y que ya no pod\u00eda pretender tomar el \u00faltimo bus que, camino a la capital del departamento, lo dejaba a la entrada de la vereda, ni el destartalado campero que lo conduc\u00eda desde la puerta de entrada a Los Turpiales hasta la puerta de entrada de su casa. Por ello, entendi\u00f3 de inmediato que s\u00f3lo le quedar\u00eda la alternativa de hacer parar un taxi y, por un aprecio especial, que resultara atractivo para el chofer, lograr que lo llevaran a Villa Espa\u00f1a antes de que La Madreselva comenzara su paseo cotidiano en busca de nuevas v\u00edctimas. El primer automotor de servicio p\u00fablico al que le hizo se\u00f1as pas\u00f3 sin detenerse y Juan entendi\u00f3 la raz\u00f3n cuando observ\u00f3 que llevaba pasajeros. El segundo s\u00ed le par\u00f3, pero el chofer le argument\u00f3 que no pod\u00eda llevarlo hasta Los Turpiales porque su turno se venc\u00eda en quince minutos y le explic\u00f3 que si hab\u00eda atendido la se\u00f1al hab\u00eda sido porque pens\u00f3 en la posibilidad de que pudiera prestarle el servicio sin salirse de la ruta que llevaba hacia la casa de su patr\u00f3n. El tercero no alcanz\u00f3 a llegar hasta donde \u00e9l se hallaba parado, porque una pareja que lleg\u00f3 despu\u00e9s pero se ubic\u00f3 unos metros antes de \u00e9l, en el sentido en que ven\u00edan los automotores, lo tom\u00f3 primero. Entonces apareci\u00f3 a la distancia el cuarto taxi, el viejo Plymouth 60 de George Washington, que tambi\u00e9n se detuvo frente a \u00e9l, como el segundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue un partido de f\u00fatbol de barriada, adelantado para que no se cruzara su celebraci\u00f3n con otro, este s\u00ed importante, que ser\u00eda transmitido en directo por la televisi\u00f3n desde alg\u00fan lugar del mundo, lo que determin\u00f3 esa noche la desbandada de los clientes en el restaurante de Gloria Marina Pugliesse. Era un partido de jugadores lentos y panzones, programado en el marco de un campeonato sin porvenir, que s\u00f3lo pod\u00eda interesarle a alguien con escaso sentido de la gracilidad deportiva o aburrido y desprogramado por completo. Pero en una ciudad como aquella, donde se anunciaban conciertos y los artistas jam\u00e1s se hac\u00edan presentes; donde las misas de los curas eran doblemente sopor\u00edferas, tanto por el intenso calor que se encerraba en los templos como por la pobre capacidad oratoria de los celebrantes y la creciente falta de fe de los asistentes; donde los teatros de cine presentaban pel\u00edculas que ya hab\u00edan pasado de moda desde tiempos sin memoria; donde la \u00fanica diversi\u00f3n posible era la de sacar los taburetes a la puerta de las casas para que las tibias brisas del r\u00edo les abanicara a los so\u00f1olientos parroquianos el rostro adormilado y sudoroso; en una ciudad tan carente de espect\u00e1culos emocionantes, el sentarse a observar c\u00f3mo un pesado delantero paraba el bal\u00f3n con la barriga y lo pateaba con previsible falta de tino hacia la porter\u00eda custodiada por un cancerbero gordo y nunca dispuesto a lanzarse ni aunque le arrojaran un fajo de billetes, constitu\u00eda diversi\u00f3n digna de ser acogida sin rodeos y por ello esta clase de partidos contaban con un p\u00fablico numeroso y entusiasta que aplaud\u00eda faenas de tercera categor\u00eda, apostaba por el equipo menos malo y rechiflaba las decisiones del \u00e1rbitro con un ardor digno de mejor causa.<br \/>\nCuando el encuentro termin\u00f3, los clientes del restaurante de Gloria Marina se dirigieron en caterva hacia el sitio donde estaban seguros que los aguardar\u00eda la due\u00f1a con las bandejas de comida caliente y la antesala inquebrantable de una cerveza bien helada.<br \/>\nEsta vez, sin embargo, para su enorme sorpresa y su inocultable desilusi\u00f3n, encontraron el negocio cerrado y tuvieron que entrar en una encendida pol\u00e9mica para escoger el rumbo que seguir\u00edan en busca del lugar donde celebrar\u00edan la victoria, justificar\u00edan la derrota y calmar\u00edan el hambre y la sed de aquella sofocante noche de viernes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2013Aqu\u00ed, Gavil\u00e1n. Cambio.<br \/>\n\u2013Siga, Gavil\u00e1n. Cambio.<br \/>\nS\u00f3lo muy de vez en cuando, el coronel Manuel Bonifacio se saltaba el rango militar de sus subalternos. Al contrario de lo que pudiera pensarse, casi siempre lo hac\u00eda como un gesto de aprecio. Por excepci\u00f3n, cuando se encontraba enojado.<br \/>\n\u2013Todav\u00eda no hay nada, mi coronel. Esto est\u00e1 oscur\u00edsimo. Cambio.<br \/>\n\u2013El camuflaje, entonces, debe ser perfecto. Cambio.<br \/>\n\u2013Afirmativo, mi coronel. El negro del traje se confunde con el negro de la noche. No hay ninguna posibilidad de que nos vean. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfTienen puestos los pasamonta\u00f1as? Cambio.<br \/>\n\u2013S\u00ed, claro, mi coronel. Ya los tenemos. Cambio.<br \/>\n\u2013Empiezo a o\u00edr interferencias, teniente. Cambio.<br \/>\n\u2013Afirmativo, mi coronel. Aqu\u00ed tambi\u00e9n se escuchan. Cambio.<br \/>\n\u2013Casi no lo oigo, teniente. Repita. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 me pregunta, mi coronel? Casi no lo escucho. Cambio.<br \/>\n\u2013Mejor hagamos revisar los radios, teniente. Cambio.<br \/>\n\u2013No lo oigo, mi coronel. Creo que es mejor revisar los radios. Cambio.<br \/>\n\u2013Teniente, \u00bfme est\u00e1 escuchando? Cambio.<br \/>\n\u2013Mi coronel, \u00bfme est\u00e1 escuchando? Yo casi no lo oigo. No entend\u00ed lo \u00faltimo. Cambio.<br \/>\n\u2013Aqu\u00ed, Halc\u00f3n Uno, llamando a Gavil\u00e1n. \u00bfMe escucha, teniente? Siga. Cambio.<br \/>\n\u2013Aqu\u00ed, Gavil\u00e1n, llamando a Halc\u00f3n Uno. \u00bfMe escucha, mi coronel? Cambio.<br \/>\n\u2013Teniente, teniente. Revise el radio. No estoy escuchando nada. Cambio.<br \/>\n\u2013Aqu\u00ed, Gavil\u00e1n, llamando a Halc\u00f3n Uno. Mi coronel,<br \/>\n\u00bfme est\u00e1 escuchando? Voy a hacer revisar el radio en seguida. Jim\u00e9nez est\u00e1 aqu\u00ed conmigo. Cambio.<br \/>\n\u2013\u00a1Mart\u00ednez! \u00a1Mart\u00ednez, r\u00e1pido! Revise esta vaina.<br \/>\n\u2013Jim\u00e9nez, Jim\u00e9nez, \u00bfqu\u00e9 le pasa a esta joda? R\u00e1pido, Jim\u00e9nez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gloria Marina Pugliesse dijo que s\u00ed ir\u00eda a Los Turpiales sin necesidad de que George Washington se explayara en explicaciones y justificaciones para sustentar su solicitud de compa\u00f1\u00eda. De hecho, le cort\u00f3 el discurso con una frase lapidaria:<br \/>\n\u2013El deber de una esposa es acompa\u00f1ar a su marido hasta el fin del mundo.<br \/>\nEl novio no estim\u00f3 prudente, ni siquiera en son de chiste, precisarle que lo que hab\u00eda entre ambos era apenas un noviazgo, con dificultades adem\u00e1s, y que el acompa\u00f1amiento hasta el lugar de destino de su pasajero no constitu\u00eda para ella obligaci\u00f3n conyugal alguna. En todo caso, consider\u00f3 que deb\u00eda manifestar algo que indicara lo mucho que apreciaba el detalle de su aceptaci\u00f3n.<br \/>\n\u2013Yo espero hacer lo mismo contigo\u2013le dijo\u2013. Espero acompa\u00f1arte hasta la muerte.<br \/>\nGloria Marina le agradeci\u00f3 la frase con un beso en la mejilla y fue en busca de su bolso.<br \/>\n\u2013Vamos\u2013le susurr\u00f3.<br \/>\n\u2013Vamos\u2013dijo \u00e9l.<br \/>\nEntonces apagaron la luz y abandonaron el restaurante.<br \/>\nGeorge Washington le abri\u00f3 la puerta delantera derecha y Gloria Marina ingres\u00f3 al taxi.<br \/>\n\u2013Buenas noches, se\u00f1or\u2013salud\u00f3 al desconocido pasajero.<br \/>\n\u2013Buenas noches, se\u00f1ora\u2013respondi\u00f3 el hombre.<br \/>\nY en seguida, y sin que nadie se lo estuviera exigiendo, el extra\u00f1o se identific\u00f3.<br \/>\n\u2013Soy Juan Espa\u00f1a\u2013dijo.<br \/>\nElla, en cambio, no le dio su nombre. Tampoco lo hizo George Washington.<br \/>\nEntonces partieron hacia el encuentro con su destino inescrutable.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El coronel Manuel Bonifacio era un hombre de muy buen humor. Por eso, sus subalternos administrativos comprendieron de inmediato que algo grave y desalentador le acababan de comunicar por tel\u00e9fono porque sali\u00f3 del despacho e increp\u00f3 al ayudante de comando.<br \/>\n\u2013\u00a1Carajo, capit\u00e1n, no joda! \u00bfQu\u00e9 pasa con el radio?<br \/>\n\u2013Mart\u00ednez dice que est\u00e1 perfecto, mi coronel; que el problema no es aqu\u00ed, sino en el radio del teniente.<br \/>\n\u2013\u00a1Maldita sea, capit\u00e1n! Mala hora para venir a joder ese hijueputa aparato! Tenemos un serio problema.<br \/>\nEl coronel estaba p\u00e1lido.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 sucede, mi coronel?<br \/>\n\u2013Gavil\u00e1n est\u00e1 emboscado donde no es.<br \/>\n\u2013\u00bfC\u00f3mo as\u00ed, mi coronel! \u00bfO sea, que no es en Los Turpiales?\u2013pregunt\u00f3 el ayudante poni\u00e9ndose de pie, como impulsado por un resorte.<br \/>\n\u2013No, no es en Los Turpiales, sino en Aguas Claras, precis\u00f3 el coronel\u2013. Nuestro informante llam\u00f3 para reportar que la banda cambi\u00f3 de planes a \u00faltima hora. O hubo filtraci\u00f3n, o alguna mierda pas\u00f3. Pero ya no lo van a mover por esa zona.<br \/>\n\u2013Usted ordene, mi coronel\u2013dijo el ayudante, exhibiendo un total desconcierto.<br \/>\n\u2013Ya no alcanzamos a preparar la emboscada en el otro lugar\u2013tron\u00f3 el coronel\u2013. Nos mamaron gallo esos malparidos.<br \/>\n\u2013Con su permiso, mi coronel: \u00bfy no podr\u00edamos enviar tropas al otro sitio? \u00bfInterceptarlos de frente?<br \/>\n\u2013Nooo, capit\u00e1n\u2013respondi\u00f3 el coronel con evidente fastidio\u2013. La informaci\u00f3n es muy ambigua. Ni siquiera sabemos si ser\u00e1 esta noche o cu\u00e1ndo carajos, no sabemos si lo del Plymouth 60 se mantiene o no. No sabemos nada. Nada, capit\u00e1n. Todo qued\u00f3 en al aire.<br \/>\nCuando, por fin, se deshizo de su carga de ira y de frustraci\u00f3n, el coronel Manuel Bonifacio volvi\u00f3 a entrar a su oficina y a los pocos segundos sali\u00f3, con el bate de b\u00e9isbol entre las manos, tratando de relajarse.<br \/>\n\u2013Si llama Gavil\u00e1n, capit\u00e1n \u2013le advirti\u00f3 al ayudante\u2013, cu\u00e9ntele lo que pas\u00f3. D\u00edgale que contin\u00fae con las tareas de registro y control.<br \/>\n\u2013Usted manda, mi coronel\u2013contest\u00f3 el capit\u00e1n, todav\u00eda sin volver a ocupar su puesto.<br \/>\nManuel Bonifacio tuvo la vaga e inc\u00f3moda sensaci\u00f3n de haber sido injusto, no supo por qu\u00e9, pero tampoco hizo nada por exteriorizarlo. Abandon\u00f3 el comando y se dirigi\u00f3 hacia ninguna parte, golpeteando el bate de b\u00e9isbol sobre la palma de la mano zurda. S\u00f3lo las flores del jard\u00edn le escucharon la \u00faltima frase:<br \/>\n\u2013\u00a1En este pa\u00eds los delincuentes tienen mejores armas y mejores medios de comunicaci\u00f3n que el Estado&#8230;No joda!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al teniente Gabriel Villa Lancheros no le disgustaba que lo llamaran Gavil\u00e1n. Por el contrario, el rumor que circulaba era el de que quien se puso el sobrenombre hab\u00eda sido \u00e9l mismo. Muy joven ingres\u00f3 a la Escuela Militar de Cadetes y, todav\u00eda con cara de ni\u00f1o, se gradu\u00f3 de oficial, preciso cuando ya empezaba a dudar de si no hubiese sido mejor estudiar abogac\u00eda. Por esa dubitaci\u00f3n de \u00faltima hora, sus m\u00e1s cercanos amigos, entre ellos el malogrado teniente Casablanca, le pronosticaron una vida militar tan breve como poco exitosa. Aun as\u00ed, se hab\u00eda ganado una imagen de excelente persona y el aprecio de superiores e inferiores jer\u00e1rquicos, as\u00ed como de sus pares, que exaltaban en \u00e9l su buena voluntad para ser un militar honesto, a pesar de los vac\u00edos vocacionales que le eran cada vez m\u00e1s evidentes. El teniente Casablanca hab\u00eda muerto en una emboscada tendida por las fuerzas insurrectas que pululaban en el pa\u00eds y, a diferencia de \u00e9l, aquel oficial infortunado s\u00ed ten\u00eda claro su prop\u00f3sito de ascender y llegar lejos en su carrera militar. \u00abMi Dios \u2013pens\u00f3 una vez el teniente Gavil\u00e1n, trayendo a la memoria un viejo dicho popular\u2013 le da pan al que no tiene muelas\u00bb.<br \/>\nEsa noche estaba tan seguro de que tendr\u00eda \u00e9xito en el operativo, que ya imaginaba su nombre completo en el peri\u00f3dico y hasta su fotograf\u00eda con pose de h\u00e9roe. El caso de Roberto Scrimaglia era, en esos momentos, el m\u00e1s sonado caso judicial, policial y militar de la regi\u00f3n, y ser \u00e9l quien lo rescatara y diera de baja o capturara a sus secuestradores ser\u00eda el bautizo de fuego para su ingreso definitivo en la vida de las armas, m\u00e1s all\u00e1 de peros y vacilaciones.<br \/>\nNo imagin\u00f3 que la p\u00e9rdida de comunicaci\u00f3n con el coronel Manuel Bonifacio, definida como \u00abirreparable en estos momentos y en este lugar\u00bb por un sargento Jim\u00e9nez desencajado y resignado frente a la adversidad, s\u00f3lo ser\u00eda lo menos malo que iba a suceder esa noche.<br \/>\nEstaba recordando los instantes en que recibi\u00f3 la noticia de la muerte del teniente Casablanca, cuando vio a lo lejos dos luces que se mov\u00edan hacia ellos por el primer tramo de la angosta carretera destapada.<br \/>\n\u2013\u00a1Atenci\u00f3n, sargento\u2013grit\u00f3\u2013. Ah\u00ed viene.<br \/>\n\u2013Lo estoy viendo, mi teniente\u2013respondi\u00f3 el sargento.<br \/>\n\u2013A partir de este momento, silencio absoluto. Cero luces. Cero charla. Cero fuego a la entrada. Ya saben todo\u2013les repas\u00f3 a la carrera.<br \/>\n\u2013Est\u00e9 tranquilo, mi teniente\u2013dijo el sargento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El rev\u00f3lver lo hab\u00eda adquirido George Washington pr\u00e1cticamente contra su voluntad, porque jam\u00e1s fue partidario de las armas. Pero accedi\u00f3 a compr\u00e1rselo al Ej\u00e9rcito persuadido por los argumentos convincentes del coronel Manuel Bonifacio, quien le explic\u00f3 al gremio de taxistas, en reuni\u00f3n celebrada en las instalaciones castrenses, que para recuperar la paz en la regi\u00f3n era indispensable que las autoridades contaran con el decidido concurso ciudadano. \u00abEl gremio de taxistas puede convertirse en una valiosa red de informaci\u00f3n y, si anda armado, en una importante fuerza de apoyo contra la delincuencia\u00bb, expuso el coronel en aquella ocasi\u00f3n. Cuando vio el \u00e1rbol atravesado en el camino, impidiendo por completo el paso, pens\u00f3 de inmediato en que se trataba de un asalto. Le ech\u00f3 mano al rev\u00f3lver, pero se abstuvo de sacarlo porque, a pesar de la espeluznante oscuridad, lo tranquiliz\u00f3 en seco la voz inconmovible de su pasajero.<br \/>\n\u2013No se preocupen. Esto sucede por aqu\u00ed con mucha frecuencia. Los \u00e1rboles se caen de viejos, o porque los tumba la tormenta, o porque vienen los campesinos a buscar le\u00f1a.<br \/>\nEl propio Juan Espa\u00f1a se baj\u00f3 a moverlo. George Washington lo secund\u00f3 en seguida. El teniente Gavil\u00e1n y sus hombres observaron los movimientos de los dos personajes en medio de las insalvables dificultades generadas por la espesa negrura del lugar. Gloria Marina permaneci\u00f3 sentada y se sorprendi\u00f3 de no haber alcanzado en esos momentos a sentir un \u00e1pice de miedo. Despejado el camino, el autom\u00f3vil sigui\u00f3 su marcha. Los militares siguieron con la vista las luces que se alejaban y se internaban en la noche, sin haber podido determinar el n\u00famero exacto de los ocupantes del taxi.<br \/>\n\u2013Me pareci\u00f3 que eran cuatro\u2013dijo el oficial\u2013. Los dos que se bajaron y dos que se quedaron. Uno de \u00e9stos podr\u00eda ser Scrimaglia.<br \/>\n\u2013A m\u00ed me pareci\u00f3 lo mismo, mi teniente\u2013respald\u00f3 el sargento\u2013. Aunque uno de la parte de atr\u00e1s me pareci\u00f3 de una figura un poco extra\u00f1a, como deforme.<br \/>\n\u2013Pongan de nuevo el tronco\u2013orden\u00f3.<br \/>\n\u2013S\u00ed, se\u00f1or\u2013respondi\u00f3 el sargento.<br \/>\nEntonces el \u00e1rbol que les obstaculiz\u00f3 el paso a los ocupantes del viejo Plymouth 60 volvi\u00f3 a quedar atravesado en el mismo lugar.<br \/>\nLa patrulla militar permaneci\u00f3 a la expectativa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juan Espa\u00f1a le pag\u00f3 a George Washington el importe del servicio e invit\u00f3 a la pareja a pasar adelante para ofrecerles un refresco, pero Gloria Marina rehus\u00f3 la invitaci\u00f3n, dirigi\u00e9ndosele a su novio con una frase contundente.<br \/>\n\u2013Hoy no estoy con \u00e1nimo para nada. George Washington declin\u00f3 el ofrecimiento.<br \/>\n\u2013Gracias, don Juan\u2013le dijo a su pasajero\u2013, pero mi novia est\u00e1 muerta de cansancio.<br \/>\n\u2013En todo caso, por aqu\u00ed estamos a la orden\u2013, insisti\u00f3 Juan Espa\u00f1a mientras acomodaba los dos bultos en el piso de la entrada\u2013. Vengan un d\u00eda de \u00e9stos.<br \/>\nSegundos antes, le hab\u00eda quitado a uno de los bultos su sombrero. Se lo hab\u00eda puesto encima dentro del taxi, poco antes de abandonar la carretera principal, logrando que el costal repleto de mercado pareciera, entre las penumbras, el torso y la cabeza de alguien.<br \/>\n\u2013Gracias\u2013, le dijo el chofer.<br \/>\nEntonces se despidieron, el conductor dio la vuelta y enderez\u00f3 el auto en busca del regreso.<br \/>\n\u2013Result\u00f3 buena persona el tipo\u2013coment\u00f3 mientras hund\u00eda el acelerador.<br \/>\nGloria Marina guard\u00f3 silencio.<br \/>\n\u2013\u00bfEst\u00e1s cansada de verdad?\u2013, le pregunt\u00f3 George Washington sin mirarla.<br \/>\n\u2013Estoy triste\u2013, contest\u00f3.<br \/>\n\u2013\u00bfTriste?\u2013, interrog\u00f3 el novio sonriendo, al tiempo que volv\u00eda la vista hacia ella.<br \/>\n\u2013S\u00ed\u2013, dijo la acompa\u00f1ante muy seria.<br \/>\n\u2013\u00bfY triste por qu\u00e9?\u2013, repregunt\u00f3 \u00e9l.<br \/>\n\u2013Cr\u00e9eme\u2013le dijo\u2013. Con exactitud, no s\u00e9 por qu\u00e9.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2013Aqu\u00ed, Halc\u00f3n Uno a Gavil\u00e1n. Cambio\u2013, insisti\u00f3 el coronel Manuel Bonifacio, luego de dejar escapar un gesto de desesperanza.<br \/>\nHab\u00eda regresado al comando despu\u00e9s de dar una corta vuelta por cualquier parte.<br \/>\n\u2013Aqu\u00ed, Halc\u00f3n Uno a Gavil\u00e1n. Cambio.<br \/>\nEn ese momento, el teniente Gavil\u00e1n intentaba restablecer tambi\u00e9n la comunicaci\u00f3n, en voz susurrante, a pesar de la mirada esc\u00e9ptica del sargento Jim\u00e9nez.<br \/>\n\u2013Aqu\u00ed, Gavil\u00e1n, mi coronel. \u00bfMe escucha? Cambio.<br \/>\nY, por su parte, el coronel Manuel Bonifacio decidi\u00f3 proseguir con su porf\u00eda, invadido de nuevo, poco a poco, por la rabia.<br \/>\n\u2013Gavil\u00e1n, Gavil\u00e1n. Aqu\u00ed Halc\u00f3n Uno. Responda. Cambio.<br \/>\nDe modo que los dos militares, sin propon\u00e9rselo, se trenzaron en un di\u00e1logo imposible, en una comunicaci\u00f3n a distancia entre sordos, en marionetas de una pesada broma de la fatalidad.<br \/>\n\u2013Aqu\u00ed, Halc\u00f3n Uno llamando a Gavil\u00e1n. Cambio.<br \/>\n\u2013Aqu\u00ed, Gavil\u00e1n, llamando a Halc\u00f3n Uno. Cambio.<br \/>\n\u2013Teniente, \u00bfme escucha? Cambio.<br \/>\n\u2013Mi coronel, \u00bfme escucha? Cambio.<br \/>\n\u2013Halc\u00f3n Uno a Gavil\u00e1n. Cambio.<br \/>\n\u2013Gavil\u00e1n a Halc\u00f3n Uno. Cambio.<br \/>\nHasta que, en una tragic\u00f3mica coincidencia, ambos decidieron suponer que el otro lo estaba escuchando y optaron simult\u00e1neamente por transmitir al desgaire el mensaje que cada uno quer\u00eda hacerle llegar a su interlocutor.<br \/>\n\u2013Oiga, teniente. Si me est\u00e1 escuchando: el operativo est\u00e1 cancelado. Ret\u00edrese. Repito: el operativo est\u00e1 cancelado. La acci\u00f3n no es ah\u00ed, en Los Turpiales. Ret\u00edrese. Repito: la acci\u00f3n no es en Los Turpiales. El operativo est\u00e1 cancelado. Ret\u00edrese.<br \/>\n\u2013Al\u00f3, mi coronel. Por si me escucha, mi coronel: el Plymouth 60 ya entr\u00f3. Ya pas\u00f3 por nuestro puesto. Dos hombres se bajaron a retirar el \u00e1rbol. Estamos esperando que salga. Ya volvimos a poner el \u00e1rbol en su sitio. Todo se har\u00e1 conforme a lo ordenado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>George Washington y Gloria Marina vieron el \u00e1rbol de nuevo atravesado en el camino, obstaculizando el paso casi por completo, y esta vez s\u00ed no dudaron de que se trataba de un asalto.<br \/>\nLo primero que se le vino a la cabeza al conductor fue una oleada de ira por haberle hecho caso a un desconocido.<br \/>\n\u2013Uno entre m\u00e1s viejo, m\u00e1s pendejo\u2013dijo, rememorando un manido dicho popular.<br \/>\nAmbos sintieron que la sangre se les helaba. George Washington detuvo la marcha, agarr\u00f3 el rev\u00f3lver con la mano derecha y sigui\u00f3 aferrando el volante con la izquierda. Calcul\u00f3 el lado por donde era m\u00e1s probable que pudiera pasar, un peque\u00f1o resquicio que dejaba la menor longitud del tronco respecto del ancho del camino.<br \/>\n\u2013Est\u00e1n planeando salt\u00e1rselo, sargento\u2013le susurr\u00f3 el teniente Gavil\u00e1n a su subalterno inmediato.<br \/>\n\u2013El carro no alcanza a pasar por ah\u00ed\u2013le dijo el suboficial midiendo con la vista el espacio que el \u00e1rbol no alcanzaba a ocupar.<br \/>\nAcababa de darse cuenta del detalle porque hubiera jurado que el atravesamiento de la v\u00eda con el \u00e1rbol hab\u00eda sido total.<br \/>\n\u2013No me di cuenta del espacio sin llenar\u2013le dijo muy quedo el teniente Gavil\u00e1n\u2013. Creo que la cagamos, sargento.<br \/>\n\u2013El carro no pasa por ah\u00ed, mi teniente\u2013dijo el subalterno, tratando de minimizar la magnitud del error.<br \/>\n\u2013No se van a bajar, sargento\u2013pronostic\u00f3 Gavil\u00e1n.<br \/>\n\u2013Est\u00e1n dudando \u2013coment\u00f3 el sargento\u2013. Pero lo har\u00e1n.<br \/>\nEn esos instantes, un rel\u00e1mpago ilumin\u00f3 fugazmente el lugar, pero ese segundo le bast\u00f3 a George Washington para alcanzar a ver entre las sombras la figura siniestra de un hombre de negro. Entonces hundi\u00f3 el acelerador hasta el fondo y parti\u00f3 desesperado hacia la fatalidad disparando los dos primeros tiros contra la tenebrosa espesura. La luz de la centella tambi\u00e9n les permiti\u00f3 a los militares emboscados precisar que el taxi s\u00f3lo estaba ocupado en la parte delantera por dos personas, pero inexplicablemente ninguno distingui\u00f3 que una de ellas era una mujer.<br \/>\n\u2013\u00a1Cuidado!\u2013fue lo \u00fanico que alcanz\u00f3 a advertirle Gloria Marina a George Washington cuando sinti\u00f3 que el veh\u00edculo se golpe\u00f3 muy fuerte contra el tronco y se lade\u00f3 como si fuera a voltearse. George Washington manipul\u00f3 la caja de cambios con la mayor brusquedad y aceler\u00f3 sin contemplaciones hasta que logr\u00f3 superar el obst\u00e1culo, dejando en el camino pedazos de su Plymouth 60 y de su alma, mientras accionaba el gatillo por tercera vez. Entonces fue cuando ambos sintieron la espantosa balacera. El teniente Gavil\u00e1n ni siquiera tuvo necesidad de dar la orden porque la reacci\u00f3n de sus hombres fue inmediata. El sargento y sus soldados abrieron fuego contra el taxi para responder el fuego de los secuestradores que trataban de escapar abri\u00e9ndose paso a plomo. George Washington y Gloria Marina comprendieron, en la fugacidad de un segundo, que los asaltantes no estaban atrincherados all\u00ed para jugar a las escondidas y por primera vez descubrieron que iban a morir acribillados. Entonces el taxista trat\u00f3 de escapar m\u00e1s de prisa empujando el pedal con el pie una vez y otra con desesperaci\u00f3n, pero pronto se dio cuenta de que el carro ya casi no avanzaba.<br \/>\n\u2013Nos pincharon las llantas, \u00a1Dios m\u00edo!\u2013grit\u00f3.<br \/>\nPero Gloria Marina no le contest\u00f3 esta vez. Tampoco \u00e9l se volte\u00f3 para mirarla. Apenas trat\u00f3 de desentra\u00f1ar la oscuridad de espanto del lugar a trav\u00e9s del espejo retrovisor. Fue ah\u00ed cuando alcanz\u00f3 a observar que varios hombres vestidos de negro y con pasamonta\u00f1as, alumbr\u00e1ndose con linternas, se acercaban por detr\u00e1s.<br \/>\n\u2013\u00a1Ej\u00e9rcito Nacional!\u2013grit\u00f3 uno de ellos\u2013. Salgan con las manos en alto.<br \/>\nGeorge Washington, presa del terror, trat\u00f3 de obedecer la orden, pero no pudo abrir la puerta.<br \/>\n\u2013Somos inocentes\u2013grit\u00f3\u2013. No debemos nada. No nos maten.<br \/>\n\u2013Que salgan con las manos en alto o disparamos\u2013, insisti\u00f3 uno de los encapuchados.<br \/>\n\u2013No soy capaz de abrir la puerta\u2013, grit\u00f3 George Washington con la voz tr\u00e9mula\u2013. No disparen. No debemos nada.<br \/>\nEntonces se percat\u00f3 de que ya algunos de los extra\u00f1os de negro se hallaban rodeando el taxi y lo estaban enca\u00f1onando con armas de largo alcance.<br \/>\n\u2013\u00a1Salga con las manos en alto, hijueputa secuestrador!\u2013 le orden\u00f3 el sargento.<br \/>\nPor fin pudo abrir la puerta y sali\u00f3 levantando las manos, pero fue recibido de inmediato con un empuj\u00f3n que lo derrib\u00f3.<br \/>\n\u2013\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Scrimaglia?\u2013le pregunt\u00f3 Gavil\u00e1n apunt\u00e1ndole con una pistola.<br \/>\n\u2013No s\u00e9, se\u00f1or\u2013, le respondi\u00f3 George Washington aterrorizado.<br \/>\n\u2013Con nosotros no se haga el huev\u00f3n\u2013, le increp\u00f3 el sargento apunt\u00e1ndole con el fusil.<br \/>\n\u2013Les juro que no s\u00e9 de qu\u00e9 me hablan. Nosotros no debemos nada\u2013, insisti\u00f3 el taxista.<br \/>\n\u2013\u00bfY entonces qu\u00e9 hacen aqu\u00ed, malparido? \u00bfPor qu\u00e9 nos dispar\u00f3?\u2013le grit\u00f3 Gavil\u00e1n.<br \/>\n\u2013Soy taxista\u2013se defendi\u00f3 George Washington\u2013. Vine a traer una carrera.<br \/>\n\u2013Una carrera justo a este lugar y a esta hora, \u00bfno?\u00a1Qu\u00e9 curiosa coincidencia!\u2013coment\u00f3 con sorna el sargento. George Washington no entendi\u00f3 el motivo de la iron\u00eda.<br \/>\n\u2013\u00a1Hay una mujer adentro, mi teniente!\u2013, se oy\u00f3 de pronto gritar.<br \/>\nEra uno de los soldados, quien al examinar el carro se hab\u00eda topado cara a cara con los ojos de Gloria Marina que lo miraban sin parpadear.<br \/>\nEntonces George Washington volvi\u00f3 a acordarse de su acompa\u00f1ante, pero no atin\u00f3 siquiera a explicar de qui\u00e9n se trataba, sino que permaneci\u00f3 quieto, sin siquiera volver la vista.<br \/>\n\u2013\u00a1Tr\u00e1igala aqu\u00ed, soldado\u2013, orden\u00f3 el oficial sin voltear tampoco la mirada hacia el carro.<br \/>\nGeorge Washington sinti\u00f3 que el alma le abandonaba el cuerpo y toda la negra espesura del entorno se cerraba sobre \u00e9l para asfixiarlo cuando el soldado dijo, sin gritar, la frase letal.<br \/>\n\u2013Est\u00e1 muerta, mi teniente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un paro general del gremio de taxistas forz\u00f3 la liberaci\u00f3n de George Washington en las primeras horas del d\u00eda siguiente, a pesar de que en un principio lleg\u00f3 a rumorarse que los militares dejar\u00edan su caso en manos de un juez competente. El propio coronel Manuel Bonifacio present\u00f3 excusas por el error ante la prensa y fue hasta los calabozos para ordenar que dejaran salir al retenido. La radio local permiti\u00f3 que mucha gente opinara sobre lo sucedido. Todos los ciudadanos que hablaron a trav\u00e9s de las radiodifusoras cuestionaron el hecho de que el Ej\u00e9rcito no hubiese actuado de una vez cuando el automotor iba entrando a Los Turpiales. \u00abLos hubieran podido enca\u00f1onar por sorpresa y luego proceder a identificarlos\u00bb, dijo uno. \u00abSi Roberto Scrimaglia iba ah\u00ed, el rescate deb\u00eda ser inmediato. \u00bfPara qu\u00e9 diablos dejar que el carro ingresara y proceder contra \u00e9l solamente a la salida?\u00bb, interrog\u00f3 otro, apoyando al anterior. \u00abPor qu\u00e9 el Ej\u00e9rcito Nacional se encapucha, se viste de negro y act\u00faa como si fuera una banda de forajidos?\u00bb, pregunt\u00f3 alguno.<br \/>\nEl coronel Manuel Bonifacio soport\u00f3 la andanada con estoicismo, pero cort\u00f3 la pol\u00e9mica echando mano de una frase que crey\u00f3 demoledora: \u00abDespu\u00e9s de que las cosas pasan, todo el mundo se siente experto en estrategia militar\u00bb.<br \/>\nLa esposa de Roberto Scrimaglia termin\u00f3 por pagar el rescate, luego de arduas jornadas de negociaci\u00f3n con el vocero de los secuestradores. Scrimaglia, demacrado y envejecido, se reincorpor\u00f3 a su trabajo de inmediato, desoyendo los consejos de sus amigos m\u00e1s cercanos en el sentido de que deb\u00eda tomarse unas vacaciones.<br \/>\nLa investigaci\u00f3n penal militar de los hechos fue cerrada y un sobreseimiento definitivo benefici\u00f3 a los part\u00edcipes del infortunado operativo.<br \/>\nLos autores y c\u00f3mplices del secuestro nunca fueron identificados.<br \/>\nJuan Espa\u00f1a opt\u00f3 por vender Villa Espa\u00f1a y se march\u00f3 del lugar con paradero desconocido. Tan solo unos meses<br \/>\ndespu\u00e9s, nadie en Los Turpiales sab\u00eda qui\u00e9nes hab\u00edan sido los Espa\u00f1a.<br \/>\nEl coronel Manuel Bonifacio fue ascendido a general de la rep\u00fablica y llamado a ocupar un puesto en el Estado Mayor del Ej\u00e9rcito.<br \/>\nEl teniente Gavil\u00e1n pidi\u00f3 la baja y se la concedieron. De inmediato ingres\u00f3 a la universidad para cursar estudios superiores de derecho.<br \/>\nUna hermana de Gloria Marina Pugliesse decidi\u00f3 continuar con el restaurante. George Washington sigui\u00f3 siendo uno de sus asiduos clientes, hasta m\u00e1s all\u00e1 del d\u00eda en que, ya divorciado, se cas\u00f3 ante un juez, diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, con una jovencita de diecinueve abriles que pod\u00eda ser su hija y a quien conoci\u00f3 una noche cualquiera, cuando se jugaba un partido de f\u00fatbol de barriada en el sector donde ella viv\u00eda. A pesar de que nunca guard\u00f3 resentimiento contra el teniente Gavil\u00e1n, y supo que hab\u00eda sido en la Academia Militar de Cadetes gran amigo del hijo de su hermano, no consider\u00f3 correcto invitarlo a su matrimonio, como muchos llegaron a suger\u00edrselo con el argumento de que esa clase de actitudes son el mejor b\u00e1lsamo para resta\u00f1ar cicatrices. Tampoco invit\u00f3 a los Pugliesse, a pesar de que jam\u00e1s dej\u00f3 de quererlos y de que le hubiera gustado tenerlos en su fiesta de bodas. \u00c9l mismo redact\u00f3 la frase que fue esculpida sobre la l\u00e1pida de Gloria Marina, \u00e9l mismo la llev\u00f3 a la marmoler\u00eda, \u00e9l mismo coloc\u00f3 la piedra grabada en la tumba de su novia y \u00e9l mismo fue a quitarla cuando la administraci\u00f3n del cementerio inform\u00f3 que se hab\u00eda cumplido el plazo para retirar los restos de la occisa y llevarlos a un pante\u00f3n. La guard\u00f3 en su casa y no era inusual sorprenderlo dedicado a brillarla. Su joven esposa, a quien le resultaba cada vez m\u00e1s insoportable el hecho de que su marido pareciera seguir enamorado de un recuerdo, lo abandon\u00f3 cualquier d\u00eda, para irse a vivir sin matrimonio con un muchacho de su edad que termin\u00f3, a su vez, cambi\u00e1ndola por otra. El divorcio dej\u00f3 a George Washington sin su casa. Del viejo Plymouth 60 nadie volvi\u00f3 a saber nada y George Washington se neg\u00f3 siempre a confesar su paradero. El d\u00eda en que muri\u00f3, v\u00edctima de una enfermedad terminal que lejos de despojarlo de ella, le acentu\u00f3 la permanente utilizaci\u00f3n de su cachucha, le confes\u00f3 a un sacerdote carente de inter\u00e9s en escucharlo que se sent\u00eda culpable de la muerte de Gloria Marina porque, seg\u00fan su elemental raciocinio, si no la hubiera invitado a acompa\u00f1arlo esa noche hasta Los Turpiales, nada le hubiera sucedido. Tuvo que ser Nohora de los \u00c1ngeles, la hermana de Gloria Marina que se hizo cargo del restaurante, quien le asest\u00f3 el puntillazo final a esa sensaci\u00f3n injusta de culpabilidad con una frase contundente que le permiti\u00f3 a George Washington exhalar en paz el \u00faltimo suspiro:<br \/>\n\u2013Si a eso vamos, George\u2013le dijo con los ojos humedecidos\u2013 la culpa la tuvo el f\u00fatbol.<\/p>\n<p>19 de julio de 2006.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* <a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-28792\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-300x300.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg 730w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a> <strong>Derechos Reservados de Autor<\/strong>. 2009.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49451\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-699x1024.jpg 699w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-205x300.jpg 205w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-768x1125.jpg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-1048x1536.jpg 1048w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2-1398x2048.jpg 1398w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-2.jpg 1723w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong>: Para comienzos de los a\u00f1os 80 el autor de este cuento, y del libro en el cual est\u00e1 insertado, hab\u00eda iniciado el ejercicio de su profesi\u00f3n en su tierra natal.  Un d\u00eda cualquiera se presentaron unos hechos de suma gravedad en una ciudad cercana a esta. Los medios de comunicaci\u00f3n le dieron a lo ocurrido un amplio despliegue, que se prolong\u00f3 por varios d\u00edas. En medio del esc\u00e1ndalo, lleg\u00f3 a la oficina del autor la familia de la v\u00edctima de aquellos hechos con el prop\u00f3sito de contratar sus servicios.<br \/>\n&#8220;LA EMBOSCADA&#8221; lleva al terreno literario esos terribles y lamentables sucesos.  As\u00ed que el trasfondo principal de la narraci\u00f3n es real, no as\u00ed el relato, que obviamente ha sido matizado con la magia de la literatura y la libertad que ella trae consigo para el escritor.<br \/>\nDe hecho, los cuentos que forman el libro &#8220;LA EMBOSCADA&#8221; tienen como com\u00fan denominador esa circunstancia, pues todos est\u00e1n inspirados en hechos realmente vividos por su autor durante su ejercicio profesional, en este caso cuando era un joven que so\u00f1aba como posible la construcci\u00f3n de un mundo mejor a trav\u00e9s del derecho como instrumento de justicia.<br \/>\nEs de anotar que el caso que inspir\u00f3 el cuento &#8220;LA EMBOSCADA&#8221; fue llevado a los estrados judiciales con total \u00e9xito.<br \/>\nEl recuerdo de todas aquellas vivencias, aunque obviamente triste, transporta al autor a una \u00e9poca dorada y especialmente grata en la que las condiciones de dignidad que rodeaban el ejercicio de su profesi\u00f3n y la lealtad, el respeto, la gratitud y el aprecio de sus clientes terminaban siendo para \u00e9l mucho m\u00e1s gratificantes que el monto de sus honorarios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El coronel Manuel Bonifacio se dej\u00f3 caer en el sill\u00f3n, descarg\u00f3 el bate de b\u00e9isbol encima de su ca\u00f3tico escritorio y levant\u00f3 el pesado auricular. \u2013Siga, teniente. Cambio. \u2013Con la novedad, mi coronel, de que tenemos noticias en el &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49455\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' heateor-sss-data-href='https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49455'><div class='heateor_sss_sharing_title' style=\"font-weight:bold\" >\u00a1Gracias por compartirla!<\/div><ul class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i style=\"width:35px;height:35px;border-radius:999px;\" alt=\"Facebook\" Title=\"Facebook\" class=\"heateorSssSharing heateorSssFacebookBackground\" onclick='heateorSssPopup(\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?u=https%3A%2F%2Foscarhumbertogomez.com%2Findex.php%3Frest_route%3D%252Fwp%252Fv2%252Fposts%252F49455\")'><ss style=\"display:block;border-radius:999px;\" class=\"heateorSssSharingSvg 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