{"id":49557,"date":"2024-12-21T15:25:17","date_gmt":"2024-12-21T20:25:17","guid":{"rendered":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49557"},"modified":"2025-01-06T12:29:49","modified_gmt":"2025-01-06T17:29:49","slug":"el-pito-del-tren-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49557","title":{"rendered":"EL PITO DEL TREN. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-12326\" title=\"tren\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-300x199.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La fila de los ciudadanos que, desafiando el sol canicular del mediod\u00eda, se empecinaba en ejercer el derecho a sufragar en aquellas dif\u00edciles elecciones, cargadas de una manifiesta y creciente hostilidad pol\u00edtica y de una pesada atm\u00f3sfera de violencia que manten\u00eda el pa\u00eds en vilo, empezaba en el extenso patio del \u00fanico establecimiento educativo con que contaba el populoso barrio y se extend\u00eda por casi tres cuadras m\u00e1s all\u00e1 de su anchurosa puerta de aluminio, de manera que parec\u00eda m\u00e1s una hilera de beneficiados con alg\u00fan regalo especial ofrecido por manos caritativas, de esas que ya escaseaban por todas partes, o por pol\u00edticos en trance de ser elegidos, de esos que abundaban por doquier, que un enjambre de hombres y de mujeres con alto esp\u00edritu c\u00edvico y no poco valor civil, dispuestos a arriesgar la vida con tal de defender las hilachas que quedaban de democracia en aquella naci\u00f3n desventurada. Marco Vinicio de la Espriella jugueteaba con su pl\u00e1stica c\u00e9dula de ciudadano y s\u00f3lo de vez en cuando extra\u00eda el pa\u00f1uelo de cuadros verdes para enjugarse el sudor del rostro. Lo hac\u00eda siempre que la sal se le met\u00eda en los ojos y le generaba no s\u00f3lo un lagrimeo involuntario, sino el tener que arrugar la cara enrojecida. Tambi\u00e9n por momentos abr\u00eda la boca y dejaba ver los dientes apretados, formando un gesto mezcla de desesperaci\u00f3n y de risa sin ganas que ir\u00eda a ser el \u00faltimo recuerdo de aquel ciudadano an\u00f3nimo en la memoria de Luchita Mutis, la adolescente que lleg\u00f3 esa ma\u00f1ana e ingres\u00f3 a la hilera con el orgullo de estrenar su mayor\u00eda de edad contribuyendo a decidir qui\u00e9n deb\u00eda ser el siguiente presidente de la rep\u00fablica. En alg\u00fan momento le sonri\u00f3 a Marco Vinicio, creyendo corresponderle lo que ella entendi\u00f3 como su propia sonrisa t\u00edmida, pero casi en seguida comprendi\u00f3 lo equivocada que estaba porque en la siguiente enjugada de sudor \u00e9l dej\u00f3 escuchar su voz de protesta contra la inclemencia del clima y la falta de agilidad del sistema electoral, con lo cual Luchita Mutis cay\u00f3 en la cuenta de que la supuesta sonrisa de su vecino de formaci\u00f3n no era otra cosa que su peculiar mueca idiosincr\u00e1sica de impaciencia:<br \/>\n\u2013\u00a1Qu\u00e9 infierno!\u2013exclam\u00f3\u2013. A este paso, antes de que votemos, ya estaremos derretidos.<br \/>\nLuchita Mutis guard\u00f3 silencio, aunque asinti\u00f3 con la cabeza.<br \/>\nEl votante achic\u00f3 a\u00fan m\u00e1s su reducida estatura agach\u00e1ndose un poco, como si tratara de protegerse de los rayos inmisericordes del sol poni\u00e9ndole su espalda a manera de infructuoso escudo protector, y se coloc\u00f3 adem\u00e1s la mano derecha en la frente a modo de cachucha prodigada por la naturaleza. Luego dispers\u00f3 la vista por el entorno.<br \/>\n\u2013Hace falta instalar m\u00e1s mesas\u2013dijo\u2013. Este ambiente tan adverso lo que logra es alejar a los sufragantes e incrementar la abstenci\u00f3n.<br \/>\nDespu\u00e9s opt\u00f3 por intentar un comentario jocoso.<br \/>\n\u2013Para enfrentar la abstenci\u00f3n electoral, deber\u00edan repartirle al pueblo gaseosa bien helada.<br \/>\nLuchita volvi\u00f3 a sonre\u00edrle, pero se mantuvo firme en su conducta de no hablar.<br \/>\nFue entonces cuando varios hombres llegaron al sitio, se acercaron hasta la mesa de los jurados, algo hablaron con ellos y en seguida parecieron tomar posiciones al lado izquierdo de la mesa, por donde los ciudadanos abandonaban el lugar despu\u00e9s de haber votado. Marco Vinicio los mir\u00f3 con alguna curiosidad mientras charlaban con los jurados y hasta lleg\u00f3 a pensar que se trataba de capitanes de alg\u00fan grupo pol\u00edtico interesados en reclamar por algo o acaso sugerir la comisi\u00f3n de alg\u00fan delito electoral. Lo que lo dej\u00f3 perplejo fue que se quedaran al lado de los jurados, escudri\u00f1ando a las personas de la fila con actitud de inquisidores.<br \/>\nLas mesas de votaci\u00f3n se hallaban instaladas, al igual que todos los a\u00f1os, en el colegio oficial Juan Nepomuceno Gonz\u00e1lez Fonseca, un personaje del que nadie sab\u00eda nada, ni nadie explic\u00f3 jam\u00e1s la raz\u00f3n para que la instituci\u00f3n fuese bautizada con su nombre, hasta que se supo que se trataba del padre de un pol\u00edtico gris del cual unos dec\u00edan recordar su paso por el congreso nacional y otros, su paso por la c\u00e1rcel como consecuencia de una sarta de peculados, sin que se le conociera, en todo caso, relaci\u00f3n alguna con el mundo acad\u00e9mico. Por el contrario, cuando se propuso cambiar el nombre del plantel, tentativa que sufri\u00f3 una derrota aplastante en el seno del concejo municipal, uno de los argumentos que con m\u00e1s fuerza se esgrimi\u00f3 a favor de la iniciativa fue el de su analfabetismo pedestre y su carencia de buenas maneras. Cualquiera que fuera la realidad, lo cierto era que ah\u00ed, en el mismo patio gigantesco, de piso de tierra, estaba otra vez la hilera interminable y paquid\u00e9rmica de todas las elecciones. Pero esta vez el persistente elector Marco Vinicio de la Espriella, padre de familia, jubilado, sesenta a\u00f1os de edad, uno con sesenta y dos de estatura, que se aproximaba con lentitud al momento de su turno, apreciaba, pese a los problemas de orden p\u00fablico registrados en todo el pa\u00eds, un mayor inter\u00e9s de la comunidad en atender el clamor gubernamental de demostrar con su voto el respaldo al sistema democr\u00e1tico. As\u00ed lo expres\u00f3 a viva voz, sin mirar a nadie:<br \/>\n\u2013Este a\u00f1o la gran derrota electoral la va a sufrir la indiferencia.<br \/>\nCuando todav\u00eda faltaban por votar diecis\u00e9is personas antes de \u00e9l, se apareci\u00f3 en el sitio una ni\u00f1a con una botella de gaseosa roja en la mano y se la entreg\u00f3 a Marco Vinicio.<br \/>\n\u2013Toma, nono\u2013le dijo\u2013. Mi mami te la manda.<br \/>\nMarco Vinicio sonri\u00f3 satisfecho.<br \/>\n\u2013\u00a1Huy, mi amor!\u2013le dijo a la peque\u00f1a, luego de besarla en la frente perlada de sudor\u2013. Llegaste como ca\u00edda del cielo\u00bb.<br \/>\nLa ni\u00f1a empez\u00f3 a retirarse. Sin embargo, se detuvo unos instantes para amarrarse el cord\u00f3n de uno de sus zapatos.<br \/>\nAntes del primer sorbo, Marco Vinicio quiso ser galante y le ofreci\u00f3 la botella a Luchita Mutis.<br \/>\n\u2013Comi\u00e9ncela usted, se\u00f1orita\u2013le dijo en tono amable\u2013. No podr\u00eda tom\u00e1rmela en presencia suya con semejante calor.<br \/>\nLuchita Mutis agradeci\u00f3 el ofrecimiento con una sonrisa, pero lo declin\u00f3 con la mano.<br \/>\nMarco Vinicio vio alejarse a su nieta y de inmediato se bebi\u00f3 todo el refrescante contenido del envase.<br \/>\nTodav\u00eda manten\u00eda en su mano la botella vac\u00eda y la c\u00e9dula de ciudadano cuando qued\u00f3 de primero en la fila. Antes de depositar la papeleta en la urna, le hizo una broma al presidente del jurado.<br \/>\n\u2013Ven\u00eda sacudi\u00e9ndola \u2013manifest\u00f3 refiri\u00e9ndose a la c\u00e9dula, que acababa de entregarle\u2013 para que no se me derritiera. Definitivamente en este pa\u00eds hasta el sol se volvi\u00f3 enemigo de la democracia.<br \/>\nPero el presidente del jurado no le celebr\u00f3 el comentario. Al contrario, lo detall\u00f3 con la mirada, le regres\u00f3 el documento, algo cuchiche\u00f3 con sus dem\u00e1s integrantes y todos se quedaron observ\u00e1ndolo fijamente y muy serios. El presidente, adem\u00e1s, les hizo un gui\u00f1o disimulado a los hombres apostados al lado de la mesa. Marco Vinicio lo not\u00f3, pero no entendi\u00f3 la raz\u00f3n del gui\u00f1o y pens\u00f3 que la seriedad de los jurados se deb\u00eda al cansancio generado por la jornada y a lo inoportuno que resultaba para algunas personas quisquillosas el buen humor a pleno rayo del d\u00eda. \u00abEl sol es tambi\u00e9n enemigo de la risa\u00bb, reflexion\u00f3. Deposit\u00f3 la papeleta dentro de la urna, se meti\u00f3 la botella vac\u00eda debajo del brazo derecho, guard\u00f3 la c\u00e9dula en el bolsillo de la camisa, se sacudi\u00f3 las manos, dijo \u00abgracias\u00bb al impert\u00e9rrito jurado, que no le apartaba la vista, volvi\u00f3 a coger la botella con la mano derecha y empez\u00f3 a caminar hacia su izquierda para retirarse.<br \/>\nEntonces principi\u00f3 el calvario.<br \/>\n\u2013\u00bfMarco Vinicio de la Espriella?\u2013, le pregunt\u00f3, con actitud inamistosa, uno de los hombres que se hab\u00edan apostado junto a la mesa electoral. Los jurados se quedaron mir\u00e1ndolo. Luchita Mutis extendi\u00f3 su c\u00e9dula, pero nadie se la recibi\u00f3. As\u00ed que tambi\u00e9n dirigi\u00f3 la mirada hacia el grupo de hombres que acababa de abordar a su circunstancial y amigable compa\u00f1ero de hilera.<br \/>\n\u2013S\u00ed, se\u00f1or\u2013respondi\u00f3 Marco Vinicio sorprendido\u2013. Yo soy.<br \/>\nEl hombre del grupo que le dirigi\u00f3 la pregunta le exhibi\u00f3 una placa y lo que parec\u00eda ser un documento judicial. Marco Vinicio no ley\u00f3 nada.<br \/>\n\u2013Somos del Servicio Estatal de Seguridad\u2013le dijo mientras agitaba un par de esposas\u2013. Usted queda arrestado por orden judicial, se\u00f1or De la Espriella.<br \/>\nMarco Vinicio sonri\u00f3 asustado, tratando de parecer amable. Pero se estrell\u00f3 contra una atm\u00f3sfera g\u00e9lida. As\u00ed que dej\u00f3 de hacerlo y su semblante cambi\u00f3 por completo.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 pasa?\u2013pregunt\u00f3\u2013. \u00bfCu\u00e1l es el problema?<br \/>\n\u2013Eso se lo explicar\u00e1 el juez\u2013le contest\u00f3 el otro\u2013.Extienda las manos al frente.<br \/>\nMarco Vinicio obedeci\u00f3, pero lo hizo con tal torpeza que dio la impresi\u00f3n de no querer hacerlo.<br \/>\n\u2013Pero si yo no he hecho nada\u2013se defendi\u00f3.<br \/>\n\u2013Eso tambi\u00e9n def\u00ednalo con el juez\u2013le respondi\u00f3 el hombre mientras lo esposaba.<br \/>\nEn unos segundos, ya se hab\u00eda formado alrededor un gent\u00edo y Marco Vinicio crey\u00f3 que se estaba derritiendo. La hilera no se desbarat\u00f3, pero los jurados a\u00fan no reiniciaban su labor. Varios polic\u00edas uniformados llegaron hasta la mesa y respaldaron a los otros hombres. Marco Vinicio comprendi\u00f3 que el asunto era muy serio.<br \/>\n\u2013Pero d\u00edganme al menos de qu\u00e9 se trata\u2013insisti\u00f3\u2013. De qu\u00e9 se me acusa.<br \/>\nEntonces oy\u00f3 una lista de delitos y sinti\u00f3 que la tierra se mov\u00eda debajo de sus plantas sin que \u00e9l tuviera de d\u00f3nde agarrarse para evitar caer en el abismo que acababa de abrirse debajo suyo.<br \/>\n\u2013Narcotr\u00e1fico, se\u00f1or De la Espriella \u2013dijo el individuo\u2013. Cultivo, procesamiento y distribuci\u00f3n nacional e internacional de coca\u00edna, soborno a funcionarios antidrogas, conspiraci\u00f3n para traficar estupefacientes, lavado de activos, enriquecimiento il\u00edcito, tenencia de armas y municiones, falsificaci\u00f3n de moneda y, como si fuera poco, asesinato, incluso el de dos agentes de la DEA, y ocultamiento de los criminales.<br \/>\nLucha Mutis olvid\u00f3 a qu\u00e9 hab\u00eda ido. Uno de los jurados tuvo que record\u00e1rselo inmediatamente despu\u00e9s de que los hombres, la polic\u00eda y Marco Vinicio comenzaron a caminar, con este \u00faltimo esposado.<br \/>\n\u2013\u00bfVa a votar, se\u00f1orita?\u2013le dijo.<br \/>\nElla no respondi\u00f3, pero entreg\u00f3 su c\u00e9dula mientras continuaba mirando al grupo que se retiraba. Entonces decidi\u00f3 irse detr\u00e1s de ellos, apenas termin\u00f3 de votar. Pero no se atrevi\u00f3 a inmiscuirse. Tan s\u00f3lo memoriz\u00f3, y para siempre, la palidez del rostro de Marco Vinicio de la Espriella, el asomo de sus primeras l\u00e1grimas y su voz quebrada por la emoci\u00f3n, empe\u00f1ada en una defensa in\u00fatil.<br \/>\n\u2013\u00bfPero por qu\u00e9 yo? \u00bfPor qu\u00e9?&#8230;Yo no he hecho nada. Detective, h\u00e1game un favor: pasemos por mi casa para avisarle a mi familia&#8230;Mi casa est\u00e1 a tres cuadras de aqu\u00ed, oficial&#8230;Mi nieta me acababa de llevar esta botella de gaseosa&#8230;Yo no he hecho nada, agente&#8230;No entiendo qu\u00e9 pasa, se\u00f1or&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-12326\" title=\"tren\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-300x199.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2013Pap\u00e1, \u00bfqu\u00e9 est\u00e1 pasando all\u00e1?<br \/>\n\u2013Yo no lo s\u00e9, mi amor. No tengo ni idea de qu\u00e9 es esto. Estoy totalmente confundido. Eres la primera persona con quien me han dejado hablar.<br \/>\n\u2013Pap\u00e1, me dice uno de los polic\u00edas que hoy mismo te van a sacar de la ciudad; que te llevan para la costa atl\u00e1ntica y que de ah\u00ed posiblemente salgas ma\u00f1ana para los Estados Unidos. Dice que te van a extraditar.<br \/>\n\u2013Eso mismo me dijo aqu\u00ed otro polic\u00eda, mi amor. Pero,<br \/>\n\u00bfpor qu\u00e9 yo? Si yo no he hecho nada.<br \/>\n\u2013Nosotros tampoco entendemos nada, pap\u00e1. El jefe del SES nos dice que \u00e9l s\u00f3lo est\u00e1 cumpliendo una orden judicial. Que \u00e9l no cree en lo de la extradici\u00f3n, que a \u00e9l de eso no le han dicho nada, que s\u00f3lo te llevar\u00e1n a la costa atl\u00e1ntica y que el problema es all\u00e1.<br \/>\n\u2013\u00bfY ya hablaron con alg\u00fan abogado, mijita?<br \/>\n\u2013S\u00ed, pap\u00e1. Fuimos donde el doctor Carrillo, pero \u00e9l nos explic\u00f3 que eso corresponde a otra rama del derecho; que \u00e9l s\u00f3lo trabaja con hipotecas y cosas de esas.<br \/>\n\u2013\u00bfY entonces, mijita?<br \/>\n\u2013Nos fuimos donde el doctor Mart\u00ednez. \u00c9l nos dijo que s\u00f3lo atiende casos de divorcios y l\u00edos de familia.<br \/>\n\u2013\u00bfY entonces, mijita?<br \/>\n\u2013Estuvimos hablando con la doctora Rivera. Ella nos manifest\u00f3 que estos problemas son muy graves; que ella conoce a un doctor Guzm\u00e1n que dizque s\u00ed sabe de este tema; que ella directamente no nos puede ayudar porque s\u00f3lo se dedica al derecho laboral.<br \/>\n\u2013\u00bfY entonces, mijita?<br \/>\n\u2013No hemos podido hablar con \u00e9l todav\u00eda porque est\u00e1 fuera de la ciudad. Pero Juanca le estuvo hablando acerca de \u00e9l a un amigo suyo de la universidad, sin precisarle nada sobre ti, claro est\u00e1, no te preocupes, y \u00e9l le dijo a Juanca que a ese doctor Guzm\u00e1n lo conocen bastante y es experto, s\u00ed, pero en embriagarse, pap\u00e1. Imag\u00ednate: dizque es un borracho de siete suelas. Yo no s\u00e9 si sea la persona indicada. Por ese aspecto estamos muy preocupados.<br \/>\n\u2013\u00bfY entonces, mijita?<br \/>\n\u2013No s\u00e9, pap\u00e1, no s\u00e9. Yo, en todo caso, estoy alistando la maleta, porque me voy contigo.<br \/>\n\u2013No, mi amor. T\u00fa no puedes ir conmigo. No creo que te dejen.<br \/>\n\u2013Es que no viajar\u00e9 contigo y los agentes, claro que no, pap\u00e1. Me ir\u00e9 en el bus que salga para la costa a la misma hora o en el primero que salga despu\u00e9s de ustedes.<br \/>\n\u2013\u00bfY la ni\u00f1a, qu\u00e9?<br \/>\n\u2013Ella se quedar\u00e1 con la vecina, pap\u00e1. Juanca ir\u00e1 a recogerla tan pronto regrese de clases. \u00c9l dice que si no es porque est\u00e1 en ex\u00e1menes, se ir\u00eda conmigo. Pero t\u00fa no te preocupes. Todo va a salir bien.<br \/>\n\u2013\u00a1C\u00f3mo no voy a preocuparme, mijita. T\u00fa no te imaginas c\u00f3mo es esto de horrible. Me tienen mezclado con tipos a los que en la sola cara se les ve que son hampones de vieja data.<br \/>\n\u2013Me lo imagino, pap\u00e1. De eso siempre se ha comentado: que a la hora de una captura, todos somos iguales, pero igualados por lo bajo.<br \/>\n\u2013Todos no, mi amor. Aqu\u00ed se ven unas cosas&#8230;hay algunos a quienes los tienen detenidos jugando billar en el casino de oficiales.<br \/>\n\u2013\u00a1Ah, no, s\u00ed, claro, pap\u00e1. Eso tambi\u00e9n me lo imagino. Somos los pobres los igualados de abajo. Para las autoridades, un pobre honesto preso no es sino otro hamp\u00f3n m\u00e1s del mont\u00f3n. Pero ten fortaleza, pap\u00e1. Esto no va a ser por mucho tiempo. T\u00fa no debes nada y pronto tendr\u00e1n que soltarte.<br \/>\n\u2013Tengo que colgar ya, mijita.<br \/>\n\u2013Tranquilo, pap\u00e1. Yo ya voy para all\u00e1. Estar\u00e9 ah\u00ed afuera. El polic\u00eda que me dio la informaci\u00f3n me dijo que estar\u00e1 de guardia toda la noche. Te llevar\u00e9 los \u00fatiles de aseo y una muda de ropa. No dejan entrar nada m\u00e1s.<br \/>\n\u2013Bueno, mi amor&#8230;<br \/>\n\u2013No llores, pap\u00e1. Ten paciencia y fortaleza.<br \/>\n\u2013&#8230;<br \/>\n\u2013\u00bfPap\u00e1?<br \/>\n&#8230;<br \/>\n\u2013\u00a1Pap\u00e1&#8230;pap\u00e1&#8230;\u00bfya colgaste?&#8230;s\u00ed, ya colgaste&#8230;\u00a1Ay, Dios m\u00edo&#8230;Ay\u00fadanos!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-12326\" title=\"tren\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-300x199.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A las once y catorce minutos de la noche del 16 de diciembre de un a\u00f1o bisiesto y sin memoria, un hombre sumido en la tristeza parti\u00f3, esposado y vigilado de cerca por hombres armados con sub-ametralladoras, pistolas y carabinas, con destino hacia la costa atl\u00e1ntica de su pa\u00eds, el mismo pa\u00eds que \u00e9l hab\u00eda recorrido a lo largo de muchos a\u00f1os trepado en un ferrocarril, due\u00f1o absoluto del mundo ex\u00f3tico que iba pasando a trav\u00e9s de las ventanillas, amigo de toda la gente que viv\u00eda en las m\u00faltiples estaciones donde se deten\u00eda el gusano mec\u00e1nico para dejar pasajeros y recoger a otros, amo y se\u00f1or de su libertad y de su incontenible alegr\u00eda, consumidor de pescado frito y bebedor consuetudinario de limonada helada en el mediod\u00eda c\u00e1lido y sopor\u00edfero, pero inolvidable, de aquellos tiempos irrepetibles. Esta vez iba a bordo de un veh\u00edculo enorme, fr\u00edo y taciturno cuyo color verde oscuro y su carencia de distintivos, adem\u00e1s de sus severas rejas internas, aumentaban la imagen diab\u00f3lica que hizo estremecer a Marco Vinicio de la Espriella tan pronto lo vio detenido frente a las instalaciones del SES, esper\u00e1ndolo como si se estuviera riendo con perversidad de su incertidumbre y su desdicha. Lo primero que \u00e9l hizo al ingresar fue comparar la enormidad del sombr\u00edo espacio interior con la precaria estatura y la inveterada delgadez de su cuerpo fr\u00e1gil. Se sinti\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s infeliz e insignificante. Luego detall\u00f3 el derroche de armamento y lo encontr\u00f3 innecesario y extravagante. \u00abPara un hombre honrado al que apresen deber\u00eda bastar la amenaza de una mirada intimidatoria\u00bb, pens\u00f3. Se sent\u00f3 en una silla melanc\u00f3lica, que le trajo a la memoria la \u00fanica imagen que conoc\u00eda, por la televisi\u00f3n, de la silla el\u00e9ctrica. Casi en seguida lament\u00f3 no haber podido realizar ese viaje antes en condiciones m\u00e1s dignas. Por primera vez extra\u00f1\u00f3 no conocer el mar. Descubri\u00f3 que estuvo siempre tan absorto en su trabajo y lo disfrut\u00f3 tanto, mientras la juventud lo iba abandonando y la vejez se le ven\u00eda encima sin contemplaciones, que jam\u00e1s pens\u00f3 que pudiese existir otro mundo distinto al de los rieles interminables, las estaciones pobres pero dicharacheras y el pito del tren cuando se alejaba o se aproximaba cargado de mercader\u00edas, de personas y de esperanzas. La mente le vol\u00f3 fugaz hasta encontrar en el recuerdo el rostro de su esposa, la mujer que le dio aquellos dos hijos y que m\u00e1s tarde lo dej\u00f3 para irse a perseguir ilusiones al lado de un asi\u00e1tico an\u00f3nimo y, seg\u00fan dec\u00edan, rico, y de quien lo \u00fanico que hab\u00eda sabido \u00e9l, o cre\u00eda saber, en quince a\u00f1os de ausencia, era que formaba parte del harem sin porvenir de un jeque yemenita. Que estuviera llorando en esos momentos de soledad sin l\u00edmites no hubiera podido asegurarlo porque a pesar de tener los ojos secos ya sab\u00eda de muchos a\u00f1os atr\u00e1s que para llorar no hacen falta las l\u00e1grimas. Que extra\u00f1ara a su esposa desleal tampoco lo ten\u00eda claro, incluso a estas alturas del abrupto rompimiento, cuando hab\u00eda terminado de recorrer todas las etapas de adaptaci\u00f3n y de superaci\u00f3n del duelo, de las que tantas veces le habl\u00f3 el psic\u00f3logo en esas sesiones rutinarias que terminaron aburri\u00e9ndolo. Que tuviera hambre, sed o fr\u00edo, encerrado dentro de ese monstruo met\u00e1lico y con ruedas al que acababan de meterlo, como si fuese una fiera peligrosa, no podr\u00eda afirmarlo con certeza, pues si, en lugar de aquel caldo aguado e ins\u00edpido en el que los pedazos m\u00edseros de papa se disputaban con los de pan tostado el predominio de la nada, le hubieran tra\u00eddo hasta el calabozo, antes de partir, un pavo al horno, tambi\u00e9n se hubiera puesto a llorar, como lo hizo sobre aquel plato deste\u00f1ido y triste, mezclando la sopa miserable y tibia con su copioso llanto de derrota. En todo caso, lo \u00fanico que ten\u00eda cierto en este momento de su vida era el par de esposas que le un\u00eda las mu\u00f1ecas, los pesados grillos que le imped\u00edan mover los pies, las tenebrosas armas de fuego que le apuntaban a la cabeza m\u00e1s all\u00e1 de la expresa voluntad de quienes las portaban en hacerlo, a juzgar por la charla insulsa y vulgar en la que se manten\u00edan embarcados, y la esperanza deste\u00f1ida de que su pobre par de hijos asustados pudieran salvarlo de la hecatombe contratando abogados de tercera categor\u00eda, \u00fanicos asesores jur\u00eddicos que a su deprimido presupuesto familiar le era posible contratar. Su hija le hab\u00eda dicho por tel\u00e9fono, en la \u00fanica llamada que le permitieron hacer, que ella se ir\u00eda tambi\u00e9n para la costa atl\u00e1ntica con \u00e9l, y por eso se la imaginaba all\u00e1 afuera, en la carretera, desplaz\u00e1ndose a bordo de un autob\u00fas sin m\u00e1s comodidad para el pasajero que el evitarle la opci\u00f3n de irse a pie, y v\u00edctima, como \u00e9l, de la m\u00e1s apabullante incertidumbre. Sab\u00eda que su hijo no pudo hacer lo mismo, porque se encontraba en plena \u00e9poca de ex\u00e1menes finales en la universidad oficial, donde la calamidad dom\u00e9stica como causal de justificaci\u00f3n hab\u00eda sido desterrada de los estatutos acad\u00e9micos al comprobar las directivas que todos los estudiantes viv\u00edan en una permanente calamidad hogare\u00f1a, signada unas veces por la violencia intrafamiliar, otras por el desempleo de los progenitores, y las m\u00e1s de las veces por el hambre de todos los componentes del hogar. Ella se llamaba M\u00f3nica Luc\u00eda y acababa de sobrepasar la edad n\u00fabil de los veinticinco a\u00f1os sin casarse, sin cumplir el sue\u00f1o sugerido en los juegos de infancia cuando se vest\u00eda con toallas blancas en la cabeza simulando un traje de novia y la casaba, con el ni\u00f1o menor de la casa vecina, un cura de mentiras representado por su hermano mayor, pero en cambio s\u00ed hab\u00eda llegado una tarde de tormenta, empapada de pies a cabeza, p\u00e1lida de hambre y de miedo, y le hab\u00eda confesado, sin m\u00e1s rodeos que el pedirle antes que la perdonara y no le exigiera irse de la casa igual que el padre de su mejor amiga lo hizo con aquella dos meses antes, que estaba embarazada, aunque no quiso decirle de qui\u00e9n, ni \u00e9l se lo pregunt\u00f3 tampoco, pues en verdad tampoco le interes\u00f3 saberlo en aquellos instantes de desencanto y desesperanza. La beb\u00e9 naci\u00f3 en el viejo hospital del Estado, una tarde sopor\u00edfera de s\u00e1bado, auxiliada por una enfermera inexperta que casi le provoca la muerte por asfixia mec\u00e1nica, pues el m\u00e9dico ginec\u00f3logo, las tres veces que lo llamaron a su casa, anunci\u00f3 que saldr\u00eda de inmediato para el centro asistencial, pero jam\u00e1s lo hizo, y no lo hizo porque la prostituta envejecida y regordeta con la que estaba retozando en su propia casa, aprovechando que su esposa se hallaba fuera de la ciudad, en el sepelio de una vieja amiga, funeral al cual \u00e9l se excus\u00f3 de asistir invocando la pesada carga laboral que lo agobiaba, no le permiti\u00f3 abandonar el lecho nupcial envilecido durante toda la tarde, hasta que, ya al filo del anochecer, \u00e9l accedi\u00f3 a su pegajosa insistencia y le gir\u00f3 un jugoso cheque de propina extra por sus servicios lac\u00f3nicos y rutinarios, en los que el seducido crey\u00f3 equivocadamente encontrar la dicha sin par que exhib\u00edan ante sus ojos lascivos las pel\u00edculas sical\u00edpticas. La bautizaron con el nombre de Juana In\u00e9s, con el argumento poco comprendido de que la mam\u00e1 aspiraba a que fuese h\u00e1bil para las letras. Marlon de Jes\u00fas se llamaba el hijo. Era un muchacho flaco, bastante m\u00e1s alto que el padre, inteligente y despierto. Gracias a sus excelentes calificaciones, hab\u00eda sido premiado, a partir del segundo semestre acad\u00e9mico, con una beca, en virtud de la cual no tuvo que abandonar la carrera reci\u00e9n empezada, vapuleado por las dificultades econ\u00f3micas. De su rendimiento depend\u00eda que la beca no le fuese retirada y retornara para \u00e9l la obligaci\u00f3n general de pagar las cada vez m\u00e1s elevadas tarifas de matr\u00edcula como cualquier otro alumno. Por eso, su aplicaci\u00f3n al estudio era tan absorbente, que a Marco Vinicio le tocaba no pocas veces rememorarle las cosas cotidianas, como sentarse a almorzar en la tarde o acostarse a dormir en la madrugada. Estaba estudiando astronom\u00eda y lo que m\u00e1s preocupaba al padre era la perspectiva laboral poco halag\u00fce\u00f1a que ofrec\u00eda esa carrera en un pa\u00eds donde el estudio cient\u00edfico de los astros no hab\u00eda vuelto a ser prioridad desde la \u00e9poca lejana en que un famoso sabio astr\u00f3nomo y patriota fue fusilado por la potencia extranjera que ten\u00eda invadido el territorio nacional con todo el poder colosal de su invencible fuerza militar. Estaba imaginando c\u00f3mo ser\u00eda un viaje a la Luna con su hijo, cuando sinti\u00f3 que lo invadi\u00f3 el sue\u00f1o porque los ojos se le pusieron pesados y le fue imposible seguir manteni\u00e9ndolos abiertos. Entonces empez\u00f3 a viajar por el espacio sideral en una nave sin dimensiones, esquivando las estrellas, los sat\u00e9lites y los asteroides que se le cruzaban en el camino, hasta que comprendi\u00f3 que se estaba acercando poco a poco hacia los lejanos confines del universo.<br \/>\nFue cuando despert\u00f3, diez horas despu\u00e9s, que comprendi\u00f3 d\u00f3nde se encontraba y vio que no era, claro est\u00e1, el lindero de galaxia alguna, sino la fachada envejecida de un edificio l\u00f3brego y sucio en cuya entrada se le\u00eda un aviso seg\u00fan el cual se llamaba Pan\u00f3ptico Nacional de la Vaca Vieja. No le hizo falta tampoco sentir la brisa en el rostro cuando se baj\u00f3, con las piernas entumecidas, y mucho menos ver las aguas del mar desconocido, para darse cuenta de que ya estaba en el destino programado y que ahora s\u00ed tendr\u00eda la oportunidad de preguntarle al juez que orden\u00f3 su captura por qu\u00e9 raz\u00f3n lo hizo.<br \/>\nEmpero, para su desdicha, no ir\u00eda a ser \u00e9l propiamente quien formulara las preguntas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-12326\" title=\"tren\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-300x199.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2013Ma\u00f1ana me toca rendir la indagatoria, mijita.<br \/>\n\u2013Todo va a salir bien, pap\u00e1. No est\u00e9s preocupado.<br \/>\n\u2013Estoy m\u00e1s preocupado que nunca, mi amor. T\u00fa no sabes c\u00f3mo me siento de los nervios y del est\u00f3mago.<br \/>\n\u2013\u00bfEs que has estado enfermo?<br \/>\n\u2013No s\u00e9 si ser\u00e1 que me comenz\u00f3 alguna enfermedad o que me cay\u00f3 mal el viaje, mijita. Pero me empez\u00f3 una diarrea horrible. Tengo muchos c\u00f3licos. Las manos, a pesar del calor tan infernal que hace aqu\u00ed, no se me calientan ni frot\u00e1ndomelas. Me permanecen todo el tiempo heladas y sudorosas. Igual me pasa con las axilas, mijita. Siento que huelo a feo.<br \/>\n\u2013Yo te traje un desodorante nuevo, pap\u00e1.<br \/>\n\u2013Eso no es suficiente, mijita.<br \/>\n\u2013\u00bfY qu\u00e9 te est\u00e1n dando para el c\u00f3lico y la diarrea? \u00bfya te vio el m\u00e9dico?<br \/>\n\u2013Aqu\u00ed no hay m\u00e9dico, mi amor. Lo que hay es un enfermero engre\u00eddo al que todos llaman doctor.<br \/>\n\u2013T\u00fa tambi\u00e9n dile, as\u00ed, pap\u00e1. \u00bfEso qu\u00e9 importa?<br \/>\n\u2013Claro, mijita. Yo le dije as\u00ed desde el principio. Pero el tipo es insoportable. Le rogu\u00e9 que me diera un antidiarreico y se disgust\u00f3 en seguida. Me pregunt\u00f3 de un grito que qui\u00e9n era el doctor aqu\u00ed, si \u00e9l o yo.<br \/>\n\u2013\u00bfPero te dio algo?<br \/>\n\u2013Me dio una pastilla de Lomotil, una sola. Entonces le rogu\u00e9 que tambi\u00e9n me diera algo para el c\u00f3lico.<br \/>\n\u2013\u00bfY te lo dio?<br \/>\n\u2013No, mi amor. Ni siquiera me contest\u00f3. Simplemente me ignor\u00f3 y se dedic\u00f3 a formular a otro preso. Creo que le caigo mal.<br \/>\n\u2013Yo voy a traerte algo para el dolor.<br \/>\n\u2013No, mijita. No dejan tomar medicamentos diferentes a los que da el doctor.<br \/>\n\u2013Ya ver\u00e9 c\u00f3mo hago para que te tomes un antiespasm\u00f3dico. Vuelvo en seguida. El guardia de la puerta me dej\u00f3 entrar a cambio de un billete. Tendr\u00e9 que darle otro, pero no importa. Lo que interesa realmente es que puedas tomarte algo para el c\u00f3lico.<br \/>\n\u2013Gracias, mijita. No sabes c\u00f3mo me est\u00e1 doliendo. Y ese sanitario&#8230;\u00a1Oh, Dios!&#8230;es horrible&#8230;<br \/>\n\u2013Me lo imagino, pap\u00e1.<br \/>\n\u2013No, mijita. Cr\u00e9eme que no te lo imaginas; cr\u00e9eme que nadie es capaz de imagin\u00e1rselo.<br \/>\n\u2013Ya vuelvo con el medicamento, pap\u00e1.<br \/>\n\u2013Bueno, mi amor&#8230;<br \/>\n\u2013No llores, pap\u00e1&#8230;pap\u00e1, por favor&#8230;<br \/>\n&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-12326\" title=\"tren\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-300x199.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2013Aqu\u00ed est\u00e1 el antiespasm\u00f3dico, pap\u00e1. Como lo tem\u00eda, el guardia me exigi\u00f3 otro billete, y m\u00e1s grande que el anterior.<br \/>\n\u2013Ay, mijita, menos mal que lo pudiste entrar. D\u00e1melo, ya no soporto este dolor.<br \/>\n\u2013Hay un problema, pap\u00e1.<br \/>\n\u2013\u00bfCu\u00e1l problema, mi amor?<br \/>\n\u2013No te lo dejan tomar adentro. S\u00f3lo permiten las drogas que el doctor ordena por escrito. Lo que t\u00fa dijiste es cierto.<br \/>\n\u2013\u00bfY aqu\u00ed afuera, mijita?<br \/>\n\u2013No me permitieron entrar agua. Imag\u00ednate: que dizque es una medida de protecci\u00f3n. Quise pedirle el favor al guardia que me saca dinero, pero se hizo el distra\u00eddo y se retir\u00f3. Tampoco hay un grifo cerca.<br \/>\n\u2013\u00bfY entonces, mijita?<br \/>\n\u2013S\u00f3lo hay una soluci\u00f3n, pap\u00e1: t\u00f3matelo sin agua. Ten, aqu\u00ed est\u00e1.<br \/>\n\u2013Es muy grande, mijita&#8230;Bueno, pero si no hay m\u00e1s remedio, me lo tomar\u00e9 as\u00ed, en seco&#8230;A ver&#8230;\u00a1carajo!, no me pasa&#8230;no, no me pasa, ay Dios&#8230;<br \/>\n\u2013R\u00e1pido, pap\u00e1, t\u00f3matelo pronto porque si se dan cuenta nos lo incautan y yo tendr\u00e9 problemas para poder volver a ingresar. El guardia me lo advirti\u00f3.<br \/>\n\u2013Se me atasca, mijita. Ay, Dios, ay\u00fadame.<br \/>\n\u2013Rel\u00e1jate, pap\u00e1. P\u00e1satelo, p\u00e1satelo r\u00e1pido, que ah\u00ed viene un agente.<br \/>\n\u2013No soy capaz, mijita. \u00a1Maldita sea!<br \/>\n\u2013R\u00e1pido, pap\u00e1, que el tipo ya viene hacia ac\u00e1. Algo sucede. Creo que me van a sacar.<br \/>\n\u2013No me pasa, mijita, no me pasa.<br \/>\n\u2013Rel\u00e1jate. Afloja los m\u00fasculos de la cara y del cuello. Afloja los hombros. Llena la boca de saliva. Ll\u00e9nala todo lo que puedas. Luego s\u00ed tr\u00e1gatela, tr\u00e1gatela de una vez.<br \/>\n\u2013Ya, mijita, ya pas\u00f3, ya me la com\u00ed.<br \/>\n\u2013\u00a1Magn\u00edfico, pap\u00e1! Ahora s\u00ed entra de nuevo, busca un grifo y t\u00f3mate el agua. No te dejes la pastilla en el est\u00f3mago as\u00ed no m\u00e1s, en seco, porque vas a tener l\u00edos con la gastritis.<br \/>\n\u2013Gracias, mi amor. Voy para adentro.<br \/>\n\u2013\u00bfViste? El agente acab\u00f3 de pasar por nuestro lado y no nos dijo nada.<br \/>\n\u2013De eso me di cuenta, mijita.<br \/>\n\u2013Ah\u00ed viene de nuevo. Mejor me voy.<br \/>\n\u2013Adi\u00f3s, mijita&#8230;<br \/>\n\u2013No llores, pap\u00e1, que eso te causa da\u00f1o&#8230;pap\u00e1, hazme caso, no llores m\u00e1s&#8230;todo va a salir bien.<br \/>\n\u2013\u00bfSabes una cosa, mi amor?<br \/>\n\u2013Dime, pap\u00e1&#8230;Ya salgo, se\u00f1or agente.<br \/>\n\u2013Soy inocente, mijita. No he hecho nada. No vayas a dudar de mi inocencia.<br \/>\n\u2013Ay, pap\u00e1. Esas aclaraciones sobran. Ya voy, se\u00f1or agente, ya voy. Pap\u00e1&#8230;todo va a salir bien. Hasta luego.<br \/>\n\u2013Adi\u00f3s, mijita.<br \/>\n\u2013Pap\u00e1, no llores&#8230;\u00a1carajo!, deja de llorar ya&#8230;Si, se\u00f1or agente&#8230;me retiro ya, disculpe.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-12326\" title=\"tren\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-300x199.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La primera raz\u00f3n por la cual no pudo preguntarle nada al juez fue muy obvia: no hab\u00eda juez. Una voz macabra proveniente de un altoparlante ubicado en la parte superior comenz\u00f3, m\u00e1s que a interrogarlo, a lanzarle acusaciones espantosas. Marco Vinicio de la Espriella, sentado en una inc\u00f3moda silla de tres patas, una de ellas a punto de quebrarse, raz\u00f3n por la cual le tocaba contribuir con la posici\u00f3n de sus pies a guardar el equilibrio, observ\u00f3 la charca de sudor en el piso y comprendi\u00f3 que morir\u00eda en los siguientes minutos, derretido por el calor y la angustia. Hasta su voz se negaba a brotarle de la garganta. \u00abEl miedo a hablar es el peor enemigo que tiene la inocencia\u00bb, pens\u00f3 en el \u00fanico momento en que el interrogador guard\u00f3 silencio.<br \/>\nSe asust\u00f3 con su propia lucidez, porque ya cre\u00eda haberse vuelto demente y ser incapaz, por tanto, de hilvanar una sola frase con sentido l\u00f3gico. La voz del parlante lo instaba a admitirlo todo para que se viera beneficiado con una jugosa rebaja de la pena: que \u00e9l era el mismo Marco Vinicio de la Espriella que sol\u00eda viajar en helic\u00f3ptero a una finca a orillas del R\u00edo Grande de la Magdalena en la cual las autoridades antinarc\u00f3ticos hab\u00edan descubierto un gigantesco laboratorio destinado al procesamiento de coca\u00edna; que \u00e9l era el mismo Marco Vinicio de la Espriella que comandaba una cuadrilla de asesinos a sueldo; que \u00e9l era el mismo Marco Vinicio de la Espriella que mand\u00f3 asesinar a dos agentes de la DEA y le dio albergue en aquella finca de su propiedad a la pareja de criminales que ejecut\u00f3 el crimen; que \u00e9l era el mismo Marco Vinicio de la Espriella cuya solicitud de extradici\u00f3n estaba en camino, el mismo individuo que ya iba a ser condenado como reo ausente por la justicia penal a cuarenta y cinco a\u00f1os de prisi\u00f3n y a quien, por lo tanto, s\u00f3lo le hubiese faltado cumplir la pena en su pa\u00eds para luego irse extraditado a los Estados Unidos a responder por un alud de cargos, de no haber sido porque alguien, a cambio de una recompensa, hab\u00eda llamado al SES para informarle que el peligroso criminal ir\u00eda a votar en las elecciones presidenciales a un lugar que ubic\u00f3 y describi\u00f3 con precisi\u00f3n matem\u00e1tica. En otras palabras, que \u00e9l era el mismo Marco Vinicio de la Espriella al que le tocar\u00eda pasar el resto de sus d\u00edas encerrado en una c\u00e1rcel porque, dijera lo que dijera, el alud de pruebas de cargo contra \u00e9l era tan abrumador, que no lo salvar\u00edan ya de la condena ni todos los abogados penalistas del mundo puestos a su servicio.<br \/>\n\u00ab\u00bfO es que no es usted Marco Vinicio de la Espriella, se\u00f1or Marco Vinicio de la Espriella?\u00bb, pregunt\u00f3 la voz, con un dejo s\u00f3rdido y c\u00ednico.<br \/>\n\u00abS\u00ed, se\u00f1or, yo soy\u2013respondi\u00f3 el acusado temblando.<br \/>\n\u00ab\u00bfNo es Hinestroza su segundo apellido?, repregunt\u00f3 la voz elevando el \u00e9nfasis.<br \/>\n\u00abSi&#8230;s\u00ed&#8230;\u00bb, contest\u00f3 el interrogado confundido.<br \/>\n\u00ab\u00bfNo naci\u00f3 usted en el lugar y en la fecha que aparece en la pantalla?\u00bb, recab\u00f3 la voz.<br \/>\nMarco Vinicio mir\u00f3 hacia la pantalla del televisor, que estaba instalado al frente suyo, pero en la parte superior.<br \/>\nS\u00ed, claro&#8230;\u00bb, dijo aturdido y con voz casi inaudible.<br \/>\n\u00abNo lo escucho\u00bb, enfatiz\u00f3 la voz.<br \/>\n\u00abDigo que s\u00ed se\u00f1or\u00bb, repiti\u00f3 el reo.<br \/>\n\u00ab\u00bfY no trabaj\u00f3 usted en los Ferrocarriles Nacionales hasta que se jubil\u00f3?\u00bb, interrog\u00f3 la voz.<br \/>\n\u00abS\u00ed, se\u00f1or&#8230;claro que s\u00ed&#8230;\u00bb, confes\u00f3 el reo sin comprender nada.<br \/>\n\u00ab\u00bfEntonces acepta los cargos?\u00bb, le pregunt\u00f3 la voz.<br \/>\n\u00abPero si yo no he hecho nada&#8230;\u00bb, se defendi\u00f3 el reo, sin esperanzas.<br \/>\n\u00abO sea, que no los acepta. \u00bfC\u00f3mo explica que todos lo se\u00f1alan a usted?\u00bb, interrog\u00f3 el inquisidor.<br \/>\n\u00abDebe haber una confusi\u00f3n, se\u00f1or&#8230;\u2013aleg\u00f3 el prisionero\u2013. Debe ser otra persona con mi nombre\u00bb.<br \/>\n\u00abNo, se\u00f1or De la Espriella\u2013lo refut\u00f3 la voz\u2013. No es ninguna homonimia. Se trata de usted mismo\u00bb.<br \/>\n\u00abYo no he hecho nada&#8230;\u00bb, insisti\u00f3 tr\u00e9mulo, retract\u00e1ndose en segundos de la inicial intenci\u00f3n que tuvo de preguntar qu\u00e9 significaba esa palabra.<br \/>\nY fue ah\u00ed cuando el interrogador prepar\u00f3 el zarpazo final, que ir\u00eda a causarle a su v\u00edctima el v\u00e9rtigo y la p\u00e9rdida del conocimiento al que lo llev\u00f3, en los instantes siguientes, la presi\u00f3n ps\u00edquica y f\u00edsica que no le permit\u00eda respirar.<br \/>\n\u00ab\u00bfEs esta su fotograf\u00eda, se\u00f1or De la Espriella? \u00bfO tiene usted un hermano mellizo con su mismo nombre!\u00bb, pregunt\u00f3 la voz, exclamando.<br \/>\nMarco Vinicio vio, entonces, con los ojos desorbitados por el horror, proyectada ante \u00e9l, en la pantalla del televisor, una inmensa fotograf\u00eda suya, que fue apareciendo por partes, pues toda no cab\u00eda en el monitor.<br \/>\nAunque no pod\u00eda negarlo, tampoco dijo que esa fuera su fotograf\u00eda. M\u00e1s bien formul\u00f3 una pregunta que daba a entender su aceptaci\u00f3n.<br \/>\n\u00ab\u00bfDe d\u00f3nde la tomaron?\u00bb, inquiri\u00f3 asustado.<br \/>\n\u00abDe su c\u00e9dula de ciudadan\u00eda, se\u00f1or De la Espriella\u00bb, contest\u00f3 la voz.<br \/>\nMarco Vinicio todav\u00eda no ca\u00eda en la cuenta de lo que pod\u00eda haber sucedido.<br \/>\n\u00ab\u00bfDe mi c\u00e9dula?\u00bb, pregunt\u00f3. \u00abPero c\u00f3mo llegaron a mi c\u00e9dula&#8230;por qu\u00e9 mi c\u00e9dula&#8230;no entiendo nada&#8230;\u00bb.<br \/>\n\u00abSu c\u00e9dula apareci\u00f3 en el allanamiento practicado a su finca&#8230;\u00bb, dijo la voz.<br \/>\n\u00abPero, cu\u00e1l finca, se\u00f1or\u2013pregunt\u00f3 Marco Vinicio\u2013. Yo jam\u00e1s he tenido finca alguna&#8230;\u00bb.<br \/>\n\u00abNo se haga el inocente, se\u00f1or De la Espriella\u2013le grit\u00f3 la voz\u2013. Usted es el propietario de la finca donde se refugiaron los asesinos de los agentes de la DEA&#8230;\u00bb.<br \/>\n\u00ab\u00bfQue soy el propietario de d\u00f3nde? Yo no tengo nada\u00bb, insisti\u00f3.<br \/>\n\u00ab\u00bfY por qu\u00e9, entonces, figura como propietario en los documentos?\u00bb, replic\u00f3 la voz.<br \/>\n\u00abQue figuro d\u00f3nde?, pregunt\u00f3 el reo.<br \/>\n\u00abEn la escritura p\u00fablica notarial por medio de la cual se celebr\u00f3 el negocio de compraventa entre usted como comprador y otro sujeto de su misma cala\u00f1a como vendedor, se\u00f1or De la Espriella\u2013dijo la voz\u2013. Y, por supuesto, en el registro de instrumentos p\u00fablicos, donde esa escritura fue inscrita. No juegue m\u00e1s al ignorante, porque para usted va a ser peor\u00bb.<br \/>\n\u00abPero, \u00bfc\u00f3mo puedo aparecer comprando algo que yo nunca he comprado? \u00bfEs que aparece mi firma en esos documentos, acaso?\u00bb, interrog\u00f3 angustiado.<br \/>\n\u00abNo exactamente su firma. Pero igual da. En la escritura p\u00fablica notarial, se\u00f1or de la Espriella, firm\u00f3 otra persona a ruego por usted, pues usted, se\u00f1or De la Espriella, se encontraba imposibilitado para firmar porque ten\u00eda su mano derecha enyesada como consecuencia de un accidente&#8230;\u00bfya se le olvid\u00f3?\u00bb.<br \/>\n\u00ab\u00bfUna mano enyesada por un accidente?\u2013pregunt\u00f3 asombrado el sindicado\u2013. Yo jam\u00e1s he sufrido accidentes en mi mano&#8230;\u00bb.<br \/>\n\u00abEst\u00e1 bien, se\u00f1or De la Espriella, est\u00e1 bien\u2013grit\u00f3 la voz\u2013. Eso quiere decir que usted no va a colaborar. Que usted ha decidido hacerse el est\u00fapido, creyendo que con eso se va salvar. Lo prepararon bien. As\u00ed que no continuemos perdiendo el tiempo. Al\u00edstese a pasar el resto de sus d\u00edas tras las rejas. Adi\u00f3s\u00bb.<br \/>\n\u00abEspere, espere, se\u00f1or\u2013suplic\u00f3 el reo\u2013. Yo tengo derecho a un abogado&#8230;no pueden condenarme as\u00ed no m\u00e1s.  yo<br \/>\nno he hecho nada. \u00bb.<br \/>\n\u00abClaro que tiene derecho a un abogado, se\u00f1or De la Espriella\u2013dijo la voz\u2013. Ma\u00f1ana ser\u00e1 su indagatoria oficial y en ella conocer\u00e1 a su abogado\u00bb<br \/>\n\u00abPero, \u00bfy es que yo no puedo nombrar uno?\u00bb, pregunt\u00f3.<br \/>\n\u00abYo soy una persona muy pobre, pero quisiera poder escoger a mi abogado, al menos a uno que pueda pagar\u00bb.<br \/>\n\u00abUsted no es ninguna persona pobre, se\u00f1or De la Espriella. Y menos, como dice, una persona muy pobre \u2013contradijo la voz subrayando la palabra \u00abmuy\u00bb\u2013. Sin embargo, todo lo que usted posee proviene del delito. Por esa raz\u00f3n, usted no tendr\u00e1 la oportunidad de nombrar al abogado que quiera, pues el pago de sus honorarios provendr\u00eda de dineros mal habidos. El Estado, por consiguiente, le proveer\u00e1 uno\u00bb.<br \/>\n\u00abDel delito no\u2013refut\u00f3 Marco Vinicio\u2013. Lo que tengo lo he comprado con mis ahorros. \u00bb.<br \/>\n\u00abDejemos las cosas de ese tama\u00f1o, se\u00f1or De la Espriella\u2013 dijo la voz\u2013. Nos volveremos a hablar en la indagatoria. Pensamos que usted iba a actuar con m\u00e1s sensatez.<br \/>\nMarco Vinicio no habl\u00f3 m\u00e1s. La voz no volvi\u00f3 a despedirse de \u00e9l. Simplemente, el largo, el prolongado, el eterno silencio subsiguiente del parlante le indic\u00f3 al acusado que ya no tendr\u00eda con qui\u00e9n hablar. Ni siquiera con un fantasma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-12326\" title=\"tren\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-300x199.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La indagatoria, a la que asisti\u00f3 pensando que ser\u00eda un demoledor interrogatorio, fue apenas una diligencia rutinaria, de preguntas gen\u00e9ricas de parte del interrogador, de respuestas obvias suyas en defensa de su inocencia, y al final de ella Marco Vinicio, a pesar de haber recordado las circunstancias en que muchos a\u00f1os atr\u00e1s extravi\u00f3 su c\u00e9dula original y hubo de obtener un duplicado, qued\u00f3 convencido de que lo condenar\u00edan. El abogado de oficio estuvo el d\u00eda anterior en la c\u00e1rcel y, sin mostrar un m\u00ednimo de escr\u00fapulos, le plante\u00f3 como \u00fanica tabla de salvaci\u00f3n que consiguiera una elevada suma de dinero para sobornar al juez y a su secretario. Le dijo que aplazar\u00edan las audiencias y decisiones que fueran necesarias y acudir\u00edan a la causal de vencimiento de t\u00e9rminos con el fin de obtener una excarcelaci\u00f3n provisional bajo fianza, y que una vez abandonara la prisi\u00f3n tendr\u00eda que irse del pa\u00eds. Le hizo unas cuentas perversas acerca de los a\u00f1os de prisi\u00f3n que les esperar\u00edan al juez y a su subalterno por dejarlo libre, de lo que tendr\u00edan que gastar ambos en su propia defensa, y de lo que aspirar\u00edan a salvar para s\u00ed mismos, suma que consignar\u00edan en una cuenta bancaria del exterior, la cual s\u00f3lo podr\u00edan empezar a disfrutar cuando cumplieran su condena. Eso explicaba, dec\u00eda \u00e9l, por qu\u00e9 la cantidad pagada ten\u00eda que ser considerable. \u00abNadie, se\u00f1or De la Espriella \u2013le sentenci\u00f3 con actitud salom\u00f3nica\u2013 se sacrifica en estos tiempos dif\u00edciles a cambio de nada\u00bb.<br \/>\n\u00abLo \u00fanico que yo tengo, doctor\u2013le dijo Marco Vinicio\u2013 es la casa donde vivo con mi familia y un viejo taxi con el que me gano la vida desde que sal\u00ed pensionado de los Ferrocarriles Nacionales\u00bb.<br \/>\nNo se lo dec\u00eda al corrupto abogado porque tuviera la intenci\u00f3n de acceder a sus insinuaciones. Pero el perverso asesor jur\u00eddico as\u00ed fue como lo entendi\u00f3. Entonces esboz\u00f3 una sonrisa c\u00ednica.<br \/>\n\u2013Es cuesti\u00f3n de hablar de negocios\u2013le dijo\u2013. La casa y el carro podr\u00edan servir.<br \/>\n\u2013Yo no he dicho que vaya a entregar mi casa, doctor\u2013 aleg\u00f3 el reo\u2013. \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00eda de hacerlo si yo no he cometido delito alguno? Adem\u00e1s, es lo \u00fanico que podr\u00e9 dejarles a mis hijos.<br \/>\n\u2013El solo carro no es suficiente, se\u00f1or De la Espriella\u2013, le ripost\u00f3 el abogado, tergiversando la intenci\u00f3n de sus palabras.<br \/>\n\u2013Es que tampoco he dicho que vaya a darles el carro, doctor\u2013 aclar\u00f3 el preso, irritado.<br \/>\n\u2013\u00bfO sea, que usted prefiere una prisi\u00f3n perpetua? \u2013le pregunt\u00f3 el abogado.<br \/>\n\u2013Mire, doctor \u2013le dijo Marco Vinicio, sorprendido de su propia reacci\u00f3n\u2013. Yo sab\u00eda que los abogados de oficio eran una farsa. Pero usted super\u00f3 mi imaginaci\u00f3n. D\u00e9jeme en paz.<br \/>\n\u2013Como guste, se\u00f1or De la Espriella\u2013dijo el abogado sin inmutarse\u2013. Pero luego no diga que fue a prisi\u00f3n por a\u00f1os sin haber tenido la oportunidad de defenderse.<br \/>\n\u2013\u00bfY a esto lo llama usted defenderse, doctor?, pregunt\u00f3 salido de casillas.<br \/>\n\u2013Uno se defiende como puede\u2013, le adujo el abogado.<br \/>\n\u2013Ya ver\u00e9 c\u00f3mo lo hago yo solo\u2013, dijo el reo.<br \/>\n\u2013A usted no le permiten que se defienda a s\u00ed mismo\u2013 le dijo el abogado.<br \/>\n\u2013En ese caso, doctor\u2013le dijo Marco Vinicio con los ojos enrojecidos de ira y de tristeza\u2013, que me lleve el diablo.<br \/>\nMarco Vinicio contuvo el llanto hasta que el abogado desapareci\u00f3 de su vista. Entonces sinti\u00f3 que el mundo se le desplomaba encima de la cabeza y lo aplastaba con todo su tonelaje. Se recost\u00f3 en la sucia pared carcelaria donde acababa de suceder la entrevista con quien ir\u00eda a defenderlo, se escurri\u00f3 a lo largo de la pared hasta quedar sentado en el piso de la reclusi\u00f3n y se qued\u00f3 all\u00ed sin saber qu\u00e9 hacer, llorando sin darse cuenta de las l\u00e1grimas, pensando en la absurdidad de su situaci\u00f3n y evocando a sus seres queridos, hasta que lo sac\u00f3 de su moment\u00e1neo mutismo la brusquedad de la orden que le imparti\u00f3 uno de sus carceleros.<br \/>\n\u2013De la Espriella: \u00a1ret\u00edrese a su celda!<br \/>\nSe levant\u00f3 despacio, apoyando las palmas de las manos en el suelo, deseando en el fondo que lo apuraran a patadas, para tener la excusa de revirar, de gritar, de forcejear, de pelear, y que debido a ello lo sancionaran remiti\u00e9ndolo al calabozo. Pero nadie lo hizo. Se dio cuenta, entonces, de lo inmensa que se estaba volviendo su soledad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-12326\" title=\"tren\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-300x199.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Recibi\u00f3 la notificaci\u00f3n de que acababa de ser condenado a cuarenta y cinco a\u00f1os de c\u00e1rcel sin inmutarse. Tampoco llor\u00f3 esta vez, como pens\u00f3 que inevitablemente suceder\u00eda si llegaba ese momento. Le anunciaron, adem\u00e1s, que los Estados Unidos hab\u00edan presentado la solicitud formal de extradici\u00f3n y que la Corte Suprema de Justicia ya ten\u00eda en su poder el expediente. Su hija segu\u00eda llam\u00e1ndolo, cada vez con menos frecuencia y s\u00f3lo para corroborar las malas noticias. Lo atormentaban en la celda el cinismo de los rufianes y el tr\u00e1fico de influencias, indigno y sucio, pero constante y notorio: que influencias para recibir protecci\u00f3n contra los violadores que merodeaban por doquier, que para introducir marihuana desde la calle, que para lograr entrar grabadoras, tel\u00e9fonos m\u00f3viles, televisores y otros electrodom\u00e9sticos, que para pasar chuzos, armas o proyectiles, que para cambiar de patio, que para tener el turno m\u00e1s r\u00e1pido de entrada a las regaderas, que para obtener el ingreso de prostitutas, que para poder instalar un caspete, que era como llamaban los ventorrillos de comidas y bebidas, y hacerse acreedores a sustanciosas rebajas en la pena con s\u00f3lo vender gaseosas y fritangas, que para una cosa y para la otra. Descubri\u00f3, en fin, y hasta se hasti\u00f3 con la evidencia, que en la c\u00e1rcel no impera la ley, sino el dinero. Presenci\u00f3 palizas, insultos, humillaciones, escenas espeluznantes de violaciones flagrantes de los derechos humanos contra presos que no le importaban a nadie, sin que nadie, como era l\u00f3gico que ocurriera, dijera nada. Vio sacar los cuerpos de varios reclusos asesinados a pu\u00f1aladas, inclusive a tiros, sin que las autoridades penitenciarias explicaran c\u00f3mo entraron las armas y las balas, a pesar de las requisas. A otros los condujeron a la enfermer\u00eda cuando ya el veneno les hab\u00eda despedazado las v\u00edsceras. Como siempre, las investigaciones, adelantadas de mala gana y con apoyo probatorio tan s\u00f3lo en la prueba testimonial, jam\u00e1s arrojaban resultado alguno, pues nadie se mostraba dispuesto a hablar. Lo indign\u00f3 el caso de un recluso enfermo que se muri\u00f3 suplicando la presencia de un m\u00e9dico. Dijeron que un infarto del miocardio termin\u00f3 con su vida, pero \u00e9l sab\u00eda de sobra que no era cierto. El m\u00e9dico del pan\u00f3ptico tambi\u00e9n lo sab\u00eda, a juzgar por el comentario que hizo, sin siquiera cuidarse de que no lo escucharan: \u00abAqu\u00ed todo el mundo se muere del coraz\u00f3n para que yo pueda seguir viviendo\u00bb. La trabajadora social, por su parte, no era sino un personaje oscuro y sin horizontes, dedicado apenas a repartirles a los ni\u00f1os de los presos, durante las escasas fiestas que se celebraban, juguetes de p\u00e9sima calidad, que ya estaban desbaratados e inservibles aun antes de terminar el jolgorio dentro del cual los hab\u00edan recibido. A la hora de la salida, era impresionante el reguero en el suelo de regalos desechados gracias a su fabricaci\u00f3n defectuosa, pero muchos ni\u00f1os se llevaban para sus casas las mu\u00f1ecas sin brazos o sin piernas, los carros con las llantas desprendidas o los balones reventados, con la ilusi\u00f3n de poderlos reparar y tener con qu\u00e9 jugar en la siguiente Nochebuena, sabedores como eran de que Pap\u00e1 Noel no parec\u00eda gustoso de visitar a ni\u00f1os pobres hijos de presidiarios.<br \/>\nUna tarde de viernes, como a las cinco, sinti\u00f3 que se ahogaba, que el aire se negaba a introducirse en sus pulmones, y lo condujeron a la enfermer\u00eda. All\u00ed, de pie frente a un espejo enorme y desportillado, se dio cuenta, por primera vez, que estaba m\u00e1s peque\u00f1o y m\u00e1s flaco que cuando ingres\u00f3. \u00abEl sufrimiento es inversamente proporcional a la apostura\u00bb, pens\u00f3.<br \/>\nLa enfermera, a quien todos llamaban doctora, como suced\u00eda con aquel otro sujeto del SES, le puso el estetoscopio en la espalda y le orden\u00f3 que tosiera, que contara de uno a diez, que respirara, que no respirara, que una cosa y que la otra. Al final, se retir\u00f3 a su escritorio y le anunci\u00f3 con voz de or\u00e1culo: \u00abUsted, se\u00f1or De la Espriella, no tiene nada, excepto unas evidentes y explicables ganas de joder\u00bb. Marco Vinicio iba a ripostar, pero ella no se lo permiti\u00f3. \u00abRegrese a su celda\u00bb, le orden\u00f3. El guardia que lo acompa\u00f1aba la respald\u00f3 de inmediato. Marco Vinicio sinti\u00f3 en el camino hacia la celda que se asfixiaba.<br \/>\n\u00abYo estoy enfermo&#8230;\u00bb, le insisti\u00f3 al guardia con voz suplicante.<br \/>\n\u00abEl m\u00e9dico no soy yo\u00bb, le respondi\u00f3 \u00e9l.<br \/>\nMarco Vinicio sac\u00f3 fuerzas de lo profundo de su alma para exhibir el \u00faltimo resto de dignidad.<br \/>\n\u00abEsa se\u00f1ora tampoco lo es\u00bb, arguy\u00f3. El guardia sonri\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-12326\" title=\"tren\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren-300x199.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/tren.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue llevado varias veces a la enfermer\u00eda en los d\u00edas subsiguientes. La \u00faltima vez anunciaron que vendr\u00eda el doctor. Apareci\u00f3, en efecto, un hombre viejo, gord\u00edsimo, calvo y con aspecto bonach\u00f3n y risue\u00f1o. La forma como lo interrog\u00f3, sin embargo, lejos de causarle gracia, lo indispuso peor.<br \/>\n\u00ab\u00bfQui\u00e9n es\u2013indag\u00f3 al llegar\u2013 el que est\u00e1 alistando maletas para el cementerio?\u00bb.<br \/>\nMarco Vinicio no contest\u00f3.<br \/>\n\u00ab\u00bfO sea\u2013repregunt\u00f3 el m\u00e9dico\u2013 que aqu\u00ed todo el mundo est\u00e1 sano? Entonces me voy, porque estoy sobrando\u00bb.<br \/>\nMarco Vinicio no tuvo m\u00e1s remedio que hablar.<br \/>\n\u00abDoctor\u2013le dijo\u2013, no puedo respirar\u00bb.<br \/>\n\u00abAh, o sea que usted es el que est\u00e1 alistando maletas para el cementerio\u00bb.<br \/>\nMarco Vinicio se reserv\u00f3 la protesta in\u00fatil contra la insolencia. Desde ese momento entendi\u00f3 que tambi\u00e9n en la medicina carcelaria lo que importa no es la ciencia, sino el dinero.<br \/>\nCuando el m\u00e9dico termin\u00f3 de examinarlo, con inocultable desgano, m\u00e1s preocupado en hacer chistes flojos que en lograr un buen diagn\u00f3stico, tir\u00f3 el estetoscopio dentro de su malet\u00edn.<br \/>\n\u00abUsted, se\u00f1or De la Espriella\u2013le anunci\u00f3 entre ceremonioso y burl\u00f3n\u2013 no tiene nada, excepto unas irresistibles ganas de joder\u00bb.<br \/>\nA Marco Vinicio no lo sorprendi\u00f3 tanto la macabra coincidencia de la respuesta, sino el presagio s\u00fabito de que se iba a morir en una c\u00e1rcel lejana sin auxilio alguno. Incluso sinti\u00f3 que no llegar\u00eda vivo a la celda.<br \/>\nPero lleg\u00f3. Entonces se sent\u00f3 en el piso, derrotado por la falta de aire y de recursos econ\u00f3micos para elevar exigencias. Le hab\u00edan dicho que su abogado de oficio hab\u00eda decidido no apelar, pero que si \u00e9l lo hac\u00eda tendr\u00edan en cuenta su memorial. Sab\u00eda que en la prisi\u00f3n exist\u00edan los llamados \u00ababogados de lapicero\u00bb, unos reclusos poseedores de c\u00f3digos viejos y de libros pasados de moda, que, con semejante apoyo log\u00edstico, les redactaban a los reclusos pobres los escritos que \u00e9stos deb\u00edan presentar ante los jueces y tribunales que conoc\u00edan de sus causas. Revis\u00f3 sus bolsillos y comprob\u00f3 lo que ya hab\u00eda comprobado antes, muchas veces: que el dinero se hab\u00eda terminado. As\u00ed que se resign\u00f3 a que nadie asumir\u00eda su defensa y a que la condena ni siquiera ser\u00eda impugnada. Su hija, seg\u00fan lo que le dec\u00eda, estaba empe\u00f1ada en hipotecar la casa o en pignorar el carro para conseguir recursos y proveerle una buena defensa. Pero eran tiempos dif\u00edciles, rememoraba ella, sin que hubiera necesidad de que lo hiciese, y nadie parec\u00eda dispuesto a comprar nada, menos una casa de tercera categor\u00eda mal ubicada y peor construida, o un autom\u00f3vil vetusto lleno de problemas mec\u00e1nicos, que terminaba convertido en un lastre para su conductor a causa de sus constantes varadas. Desde ese d\u00eda, Marco Vinicio no quiso volver a comer, no porque hubiese declarado una huelga de hambre, como alguien lleg\u00f3 a suger\u00edrselo para presionar el reexamen de su caso, ya que la muerte, sin pena ni gloria, de otro recluso que lo intent\u00f3 en vano le demostr\u00f3 que eso tampoco significaba nada para quienes detentaban el poder de decisi\u00f3n. \u00ab\u00bfQu\u00e9 sentido tiene que un pobre haga huelga de hambre\u2013reflexion\u00f3 en medio de la debilidad que empez\u00f3 a minar su voluntad\u2013 si de por s\u00ed la ha hecho toda la vida?\u00bb. Lleg\u00f3 a sorprenderse de lo pronto que se acostumbr\u00f3 a la falta de alimentos. El plazo que ten\u00eda para impugnar se venci\u00f3 sin que sucediera nada. Las llamadas de su hija cesaron. \u00c9l supuso que el silencio se deb\u00eda a la falta de dinero para costear la cuenta del tel\u00e9fono. Su hijo jam\u00e1s lo llam\u00f3 ni fue a visitarlo. \u00c9l siempre justific\u00f3 su ausencia. La falta de ox\u00edgeno y la palidez de su rostro eran cada vez m\u00e1s intensas. Ya no ten\u00eda claro si era producto de la enfermedad o del hambre. O, acaso, de una diab\u00f3lica combinaci\u00f3n de ambas cosas. Algunos d\u00edas despu\u00e9s, empez\u00f3 a tomar conciencia de que para \u00e9l ya no exist\u00eda m\u00e1s futuro que la muerte. Hasta que una tarde de viernes, a las mismas cinco de la tarde en que, poco tiempo antes, hab\u00eda regresado desesperanzado de la enfermer\u00eda, volvi\u00f3 a escuchar n\u00edtido el pito estrepitoso y alegre del tren, sonri\u00f3 con el esp\u00edritu acariciado por la nostalgia y de una vez decidi\u00f3 morirse ese d\u00eda y a esa hora, antes de que la desilusi\u00f3n volviera a apoderarse de su esp\u00edritu. Entonces se recost\u00f3 resignado en el piso asqueroso de la celda, oyendo con mayor concentraci\u00f3n el silbo del ferrocarril que se acercaba y el trepidar de los vagones al deslizarse sobre los rieles; escudri\u00f1\u00f3 el techo gris y sin vida, las paredes melanc\u00f3licas y horribles, los barrotes oxidados y sin humanidad alguna, el m\u00e1s all\u00e1 libre del cielo que ya no era para \u00e9l, la bombilla da\u00f1ada que ya no prend\u00eda en las noches; percibi\u00f3 el penetrante olor de los orines; escuch\u00f3 a lo lejos, en medio del insistente rumor del tren y de los gritos jacarandosos del maquinista que lo invitaba a subir a bordo, los otros rumores que lo torturaron durante muchos d\u00edas: los de los gritos de los presos sin futuro que les exig\u00edan justicia a o\u00eddos sordos y sin deseos de prestarles atenci\u00f3n alguna; le llegaron las risotadas de los guardianes, que se entrecruzaban chistes vulgares o comentarios de baja estofa y los \u00faltimos aromas de la fritanga que se qued\u00f3 sin vender en los caspetes; hasta que empez\u00f3 a dolerle la cabeza, a dorm\u00edrsele el cuerpo, a resec\u00e1rsele la boca, a enfri\u00e1rseles las manos, a darle vueltas el mundo y a escap\u00e1rsele la vida. Entonces entendi\u00f3 que el final de sus penurias ya estaba rondando encima suyo y que no le quedaba sino la opci\u00f3n honorable de pasar a ser de inmediato otro inocente m\u00e1s destruido por la injusticia. Se sorprendi\u00f3, sin embargo, de no sentir en aquel momento culminante un \u00e1pice de miedo.<br \/>\nA las siete y catorce de la noche, un guardia le ilumin\u00f3 con una linterna el rostro l\u00edvido y los ojos abiertos, vidriosos y tristes.<br \/>\n\u2013Aqu\u00ed est\u00e1, mi sargento\u2013grit\u00f3\u2013, y un tropel se precipit\u00f3 sobre el sombr\u00edo lugar.<br \/>\nLo hab\u00edan estado buscando por todas partes, pues no se report\u00f3 a la formaci\u00f3n del conteo de las cinco. El guardia que pas\u00f3 revista por su celda report\u00f3 que no estaba en ella porque, inexplicablemente, no lo vio tendido en el piso taciturno, a pesar de que incluso fue hasta el ba\u00f1o para verificar que no se hubiese colgado de un lazo, empleando la regadera como horca, igual que la semana anterior lo hizo un preso viejo, enfermo, olvidado y sin esperanzas, que opt\u00f3 por ponerles fin, m\u00e1s que a los insoportables dolores del c\u00e1ncer, como sentenci\u00f3 el m\u00e9dico, a los todav\u00eda m\u00e1s insostenibles embates de la soledad y la desesperanza. El facultativo calcul\u00f3 que Marco Vinicio muri\u00f3 un poco despu\u00e9s de las cinco de la tarde y por ello supuso que hab\u00eda alcanzado a escuchar, a manera de despedida, el graznido del pavo real venido a menos que siempre cantaba a esa hora mientras se paseaba orondo por el vergel donde los prisioneros de las brigadas de bot\u00e1nica sembraban tomates y zanahorias con miras a descontar los d\u00edas de encierro y de abandono, acogi\u00e9ndose a las normas del derecho penitenciario que hablaban de redenci\u00f3n a trav\u00e9s del trabajo, cuando todos sab\u00edan que ya nada ni nadie ir\u00eda jam\u00e1s a redimirlos. El galeno se equivoc\u00f3 al escribir en el certificado de defunci\u00f3n, cuando hizo la descripci\u00f3n de los labios, que ten\u00edan un rictus sonriente, como si hubiese muerto feliz, porque el gesto que esbozaban era el mismo de impaciencia advertido por Luchita Mutis en la formaci\u00f3n donde se aprestaba a estrenar su ciudadan\u00eda y que ella, igual que el m\u00e9dico, confundi\u00f3 con una sonrisa. Con el dinero de la hipoteca de la casa, sus hijos costearon el traslado del cad\u00e1ver a su tierra natal y una inhumaci\u00f3n decente, sin discursos pero con un apresurado responso y un penetrante olor a sahumerio.<br \/>\nFue el \u00faltimo d\u00eda del novenario cuando lleg\u00f3 a la casa hipotecada el oficio del Ministerio de Justicia, con el escudo nacional incorporado en el membrete de colores, precisando que Marco Vinicio de la Espriella Hinestroza acababa de ser capturado en una isla de enso\u00f1aci\u00f3n brotada del mar en la mitad del Caribe y trasladado sin miramientos a los Estados Unidos para ser juzgado en una corte federal por sus m\u00faltiples delitos. La nota no presentaba excusas por el monumental error, pero ni a sus hijos ni menos a Marco Vinicio de la Espriella le hicieron falta. Una segunda comunicaci\u00f3n, m\u00e1s lac\u00f3nica que la anterior, la \u00faltima que recibir\u00edan, precisaba que el sujeto extraditado ten\u00eda otro nombre, pero hab\u00eda podido suplantar durante a\u00f1os el del difunto, gracias a que cualquier d\u00eda uno de sus lugartenientes compr\u00f3 aquella ignota c\u00e9dula ajena en una exhibici\u00f3n policial de documentos extraviados, hallados y entregados a la instituci\u00f3n oficial por personas con esp\u00edritu c\u00edvico.<br \/>\nM\u00f3nica Luc\u00eda y Marlon de Jes\u00fas otorgaron poder a un jurista capitalino para que presentara una demanda contra el Poder Jurisdiccional del Estado a fin de exigirle indemnizaci\u00f3n por los da\u00f1os morales sufridos, los cuales ellos reclamar\u00edan en nombre de su progenitor, dada su calidad de herederos. El apoderado la entabl\u00f3, pero la corte competente la rechaz\u00f3 en forma rotunda con el p\u00e9treo argumento de que el \u00fanico legitimado para ejercer la acci\u00f3n por esos da\u00f1os era el propio reo y que \u00e9ste al morir se hab\u00eda llevado a la tumba tal derecho. \u00abEl dolor moral \u2013dijo la corte\u2013 no tiene sucesores. Ni siquiera vale la pena tramitar un juicio de varios a\u00f1os para terminar concluyendo en la sentencia lo mismo que podemos aseverar de una vez\u00bb. La decisi\u00f3n judicial, por lo ins\u00f3lita, fue publicada en los peri\u00f3dicos al igual que la fotograf\u00eda de Marco Vinicio de la Espriella.<br \/>\nVarios a\u00f1os despu\u00e9s, el d\u00eda de la conmemoraci\u00f3n de su deceso, los dos hijos de Marco Vinicio, ya casados y con prole, y Juana In\u00e9s, su nieta, acompa\u00f1ada de su novio, y \u00e9ste de su guitarra el\u00e9ctrica, llegaron hasta el cementerio para visitar, por fin, la tumba olvidada del inocente presidiario y se sorprendieron al ver sobre ella un fresco, gigantesco y hermoso ramillete de azucenas.<br \/>\nNunca supieron qui\u00e9n lo puso all\u00ed.<\/p>\n<p>Domingo, 6 de agosto de 2006<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* <a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-28792\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-300x300.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg 730w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a> <strong>Derechos Reservados de Autor<\/strong>. 2009<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-49450\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"938\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/la-emboscada-parte-1-699x1024.jpg 699w, 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