{"id":49703,"date":"2024-12-31T13:53:00","date_gmt":"2024-12-31T18:53:00","guid":{"rendered":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49703"},"modified":"2024-12-31T16:02:53","modified_gmt":"2024-12-31T21:02:53","slug":"el-usurero-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49703","title":{"rendered":"EL USURERO. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-49719\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-300x300.jpeg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-150x150.jpeg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-768x768.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo vi por primera vez una oscura tarde de abril cuando fue, respaldado por mi jefe y un enjambre de funcionarios oficiales, entre ellos un par de polic\u00edas ap\u00e1ticos, a embargar el precario taller de un humilde carpintero que no hab\u00eda podido satisfacer el pago de sus abultados intereses. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n desde el principio el color de su cara. Ten\u00eda un rostro cetrino, como si estuviera muerto en vida, algo as\u00ed como el color de la piel de un zombi. Pero tambi\u00e9n me marcaron la memoria para siempre sus colmillos amarillentos por el desaseo y su p\u00e9rfido aliento de drag\u00f3n. Jurar\u00eda que ese d\u00eda la boca le ol\u00eda a p\u00f3lvora mojada. Entr\u00f3 de primero a la casucha taciturna, resguard\u00e1ndose de la lluvia con un paraguas viejo, caminando con ofensiva jactancia, como si el ser importante se lo diera su condici\u00f3n de acreedor y como si por tal condici\u00f3n la tierra no girara alrededor del sol, sino de \u00e9l mismo y de su carga insoportable de desafiante altivez. Mi jefe ingres\u00f3 de \u00faltimo, cedi\u00e9ndoles el paso incluso a los agentes adormilados, y se hizo el de la vista gorda para evitar participar en la infame anotaci\u00f3n del inventario triste: una sierra sin marca (\u00abhechiza\u00bb, le dict\u00f3 el secuestre al secretario y \u00e9ste lo escribi\u00f3 sin \u00abh\u00bb y con \u00abs\u00bb, tecleando con los solos \u00edndices en la pesada m\u00e1quina, cargada de \u00f3xido y de pesadumbre, del juzgado municipal); un torno de similar calidad y vejez que la sierra, un serrucho agobiado por el infortunio, una garlopa envejecida, un cepillo venido a menos por el uso inveterado y la evidente carencia de mantenimiento, un billamarqu\u00edn en mal estado, una gurbia sumida en la incertidumbre, un form\u00f3n cuya presencia inspiraba l\u00e1stima, un martillo de tiempos antediluvianos, una caja de puntillas casi vac\u00eda, unos pedazos melanc\u00f3licos de lija, un tarro de pegante maloliente y, no supe si lo anotaron, un gigantesco mont\u00edculo de aserr\u00edn y de desesperanza.<br \/>\n\u00abTranquilo, que hoy no nos llevaremos el banco ni la prensa\u00bb, le dijo, sonri\u00e9ndole con cinismo, al agobiado deudor, con su insufrible voz gangosa, como tratando de parecer gracioso en aquellos instantes de desaz\u00f3n y de angustia.<br \/>\nJam\u00e1s pude olvidar la escena de nuestra llegada al lugar de la diligencia, una casa paup\u00e9rrima empotrada en un barrio de pobres ubicado en el sur de la gran ciudad. Lo que m\u00e1s recuerdo es la lluvia, que comenz\u00f3 cuando, a bordo de su carro, nos aproxim\u00e1bamos al sector, una lluvia helada que le imprim\u00eda a la calle solitaria la insoslayable imagen de aquellas nostalgias capaces de perturbarnos el alma y doblegarnos el coraz\u00f3n. La puerta de entrada se hallaba de par en par. Cuando nos vio que descend\u00edamos del coche, el ejecutado apag\u00f3 la sierra y se recost\u00f3 en el banco, mientras su \u00fanico ayudante, un ni\u00f1o, descamisado como \u00e9l, se sub\u00eda de un salto y se sentaba sobre la superficie de madera. \u00ab\u00bfSe van a llevar el taller, pap\u00e1?\u00bb, le pregunt\u00f3 el chico sin dejar de mirarnos. Su respuesta yo la hab\u00eda le\u00eddo en el libro de historia sagrada, muchos a\u00f1os atr\u00e1s, cuando a\u00fan retozaba, de pantal\u00f3n corto, entre los pasillos y el patio inolvidable de la escuela: \u00abDios proveer\u00e1, hijo\u00bb.<br \/>\nMi jefe permaneci\u00f3 callado. Yo, que lo conoc\u00eda, sab\u00eda que estaba indignado, pero se conten\u00eda por razones de conveniencia. Hasta que lo sac\u00f3 de quicio su deshumanizada intransigencia. El roce no se hizo esperar. Estall\u00f3 por la decisi\u00f3n de mi jefe de dejarle el taller en consignaci\u00f3n al pobre hombre al que acab\u00e1bamos de llegar a destruir peor de lo destruido que ya estaba. De todas formas, todo quedaba bajo embargo y en el poder jur\u00eddico del secuestre, pero por tratarse de un medio de trabajo sol\u00eda permit\u00edrsele al deudor continuar utiliz\u00e1ndolo, entre otros motivos porque as\u00ed se le brindaba la oportunidad de producir lo que necesitaba para zanjar la deuda. El juez no vio inconveniente alguno en que as\u00ed sucediese, pero advirti\u00f3 que no era suya la \u00faltima palabra sobre la cuesti\u00f3n. La ley procesal lo contemplaba como alternativa, salom\u00f3nica por dem\u00e1s, pero no como procedimiento de forzosa observancia. \u00c9l, sin embargo, se opuso con una radicalizaci\u00f3n digna de mejor causa, dejando al descubierto no s\u00f3lo la fetidez de su h\u00e1lito, sino tambi\u00e9n la perversidad de su alma.<br \/>\n\u00abNo, en dep\u00f3sito no\u2013bram\u00f3 furioso\u2013. Exijo que se lo lleven todo\u00bb.<br \/>\n\u00abYa est\u00e1 decidido\u2013le refut\u00f3 mi jefe con firmeza\u2013. Aqu\u00ed se queda todo en dep\u00f3sito\u00bb.<br \/>\n\u00abNo\u2013insisti\u00f3 \u00e9l\u2013. Si se le deja todo a \u00e9l, no tuvo sentido alguno el haber venido\u00bb.<br \/>\n\u00abPor supuesto que s\u00ed lo tuvo\u2013le rectific\u00f3 mi jefe\u2013. El taller queda embargado y secuestrado. \u00c9l queda tan s\u00f3lo como depositario. As\u00ed podr\u00e1 seguir trabajando y obtener recursos para pagarnos. Adem\u00e1s, es lo que se estila en casos semejantes. No estamos haciendo nada del otro mundo\u00bb.<br \/>\n\u00abUsted no pareciera ser mi abogado, sino el de \u00e9l\u00bb, le increp\u00f3.<br \/>\nMi jefe palideci\u00f3 con la ofensa.<br \/>\n\u00abSi eso cree\u2013le manifest\u00f3\u2013 ac\u00faseme por desleal ante el tribunal disciplinario\u00bb. \u00abEso mismo har\u00e9 si usted insiste en dejarle a este hombre su taller\u00bb, lo amenaz\u00f3. \u00abY tendr\u00e1 que hacerlo\u2013dijo mi jefe\u2013 porque el taller se queda\u00bb.<br \/>\nY se qued\u00f3.<br \/>\nMientras el juez le dictaba el cierre del acta de la diligencia al secretario, \u00e9l retom\u00f3 el paraguas, que hab\u00eda dejado tirado en el piso sin cerrar, y abandon\u00f3 la casa humilde y oscura sin despedirse de nadie.<br \/>\nAl d\u00eda siguiente, fue a la oficina para recoger las letras de cambio restantes. \u00abDecid\u00ed cambiar de abogado, doctor\u00bb, le dio como \u00fanica justificaci\u00f3n.<br \/>\nMi jefe apenas asinti\u00f3 con la cabeza.<br \/>\n\u00abEntr\u00e9guele todos los t\u00edtulos\u00bb, me orden\u00f3.<br \/>\nYo los reun\u00ed y se los entregu\u00e9. \u00c9l no dijo nada m\u00e1s y se fue.<br \/>\nEntonces comprend\u00ed que acab\u00e1bamos de quedarnos sin trabajo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-49719\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-300x300.jpeg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-150x150.jpeg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-768x768.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante casi un a\u00f1o no volv\u00ed a verlo a \u00e9l, ni tampoco a mi jefe, aunque de este \u00faltimo s\u00ed comenc\u00e9 bien pronto a leer en el peri\u00f3dico local sus haza\u00f1as dentro del complejo mundo de la abogac\u00eda y entend\u00ed que no me equivocaba cuando, a pesar de su modestia, le augur\u00e9 un futuro promisorio. Del carpintero embargado aquella imborrable tarde de lluvia supe despu\u00e9s que a la postre hubo de entregar el taller a consecuencia del remate y se march\u00f3 con su familia para los llanos orientales en busca de fortuna. Jam\u00e1s supe si logr\u00f3 encontrarla, acaso perdida entre esteros, palmas, alcaravanes, morichales, sol y uveros, pero desde el fondo de mi coraz\u00f3n atribulado con la noticia de su partida incierta le dese\u00e9, y a\u00fan hoy le sigo deseando, una mejor suerte que la que lo acompa\u00f1aba el d\u00eda gris en que lo conoc\u00ed.<br \/>\nLa vida continu\u00f3 impert\u00e9rrita su curso y de aquel jovenzuelo asustado que se rebuscaba la vida inmiscuy\u00e9ndose dentro del universo de los expedientes ajenos, en bufetes de diferente \u00edndole donde la vinculaci\u00f3n laboral jam\u00e1s era estable, no fue quedando nada desde el mismo d\u00eda en que me top\u00e9 cara a cara, por vez primera, con el sortilegio musical de la guitarra y, por conducto de ella, con el mundo m\u00e1gico, pero empobrecido, de la canci\u00f3n folcl\u00f3rica.<br \/>\nSin embargo, jam\u00e1s me imagin\u00e9 que volver\u00eda a encontrarme con aquel rostro cetrino y esos colmillos macilentos en condiciones de humillante desventaja. Las cosas no marchaban bien en casa desde mucho tiempo antes del indeseado encuentro. Mi padre hab\u00eda salido una noche cualquiera, como a las ocho, a comprarse un paquete de cigarros, y un par de a\u00f1os despu\u00e9s, todav\u00eda mi madre confiaba en su regreso, a pesar de las informaciones que lo refer\u00edan en alguna playa lejana compartiendo un refresco caribe\u00f1o con fulanas descritas<br \/>\npor unanimidad como voluptuosas y tontas. Sin embargo, entre todos le hicimos frente al infortunio y fuimos escalando la monta\u00f1a de la existencia con los escasos honores de que permite hacer alarde la pobreza. Hasta que un d\u00eda de diciembre tuve que decidirme por transitar el tortuoso camino hacia la enrejada y l\u00f3brega casa de empe\u00f1o. \u00abPrender\u00eda El Lapisl\u00e1zuli\u00bb, recuerdo que se llamaba.<br \/>\n\u00ab\u00bfQu\u00e9 traes?\u00bb, me pregunt\u00f3 el agiotista sin volver el rostro hacia m\u00ed. De todos modos, no fue necesario que lo hiciera porque lo delat\u00f3 en seguida su chocante voz gangosa. Era \u00e9l. No cab\u00eda duda. Por supuesto que era \u00e9l. Era el mismo demonio de la usura, la primera persona que llegu\u00e9 a sentir que odiaba sin siquiera haber cruzado con ella dos palabras. Era la perversidad encarnada que otra vez se cruzaba en mi camino. Camin\u00f3 hacia m\u00ed, me mir\u00f3 con una mirada ausente, como si jam\u00e1s me hubiera visto en la vida, el tabaco humedecido por la saliva, el repugnante olor a cigarro mojado con babas dispers\u00e1ndose por la peque\u00f1a estancia, y tom\u00f3 en sus manos la guitarra.<br \/>\n\u00abTrae oro, m\u00e1s bien\u00bb, me dijo con desd\u00e9n al devolv\u00e9rmela.<br \/>\nNo s\u00e9 de d\u00f3nde saqu\u00e9 la frase, y ni siquiera entend\u00ed c\u00f3mo pude hablarle de esa manera, si yo no estaba en condiciones de enfrentarlo. Pero se la pronunci\u00e9 palabra por palabra, con orgullo, a pesar de su posici\u00f3n dominante, como si no me importara que se negara a sacarme del apuro.<br \/>\n\u00abUn instrumento musical, se\u00f1or, siempre es una joya de oro\u00bb, le espet\u00e9.<br \/>\nMe prepar\u00e9 para su respuesta hostil. Pensaba decirle que eso no lo pod\u00edan entender sino los esp\u00edritus superiores, y que como el suyo distaba mucho de serlo, mejor no hici\u00e9ramos negocio.<br \/>\nPero me sorprendi\u00f3 cuando guard\u00f3 silencio.<br \/>\nY todav\u00eda me abrum\u00f3 m\u00e1s cuando me comunic\u00f3, con una sonrisa carente de alegr\u00eda, su decisi\u00f3n de acceder al pr\u00e9stamo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-49719\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-300x300.jpeg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-150x150.jpeg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-768x768.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No fue la p\u00e9rdida de la guitarra lo que acentu\u00f3 aquella antipat\u00eda profunda que ya se incubaba contra \u00e9l en mis entra\u00f1as. Fue el sonado suicidio de la madre soltera, el cual yo siempre he cre\u00eddo que pudo evitarse con tan s\u00f3lo una pizca, una maldita pizca de humanidad. No era sino retardar un poco el remate de la humilde casa de la deudora. Ella no le estaba mintiendo cuando le juraba que la indemnizaci\u00f3n por los da\u00f1os y perjuicios derivados de la muerte violenta de su marido se hallaba a punto de ser satisfecha por la entidad que ten\u00eda a su cargo el cumplimiento de la sentencia condenatoria. Nunca pude entender la raz\u00f3n de su obstinada dureza frente a las s\u00faplicas desesperadas de la pobre mujer, que lleg\u00f3 al extremo indecente de rogarle de rodillas, como si se le estuviera dirigiendo a Dios, un comp\u00e1s de espera, un peque\u00f1o comp\u00e1s de espera mientras el ministerio le pagaba el monto de la condena, si ella hasta le puso de presente una certificaci\u00f3n oficial lacrada donde constaba que sus palabras eran veraces. S\u00f3lo unos meses atr\u00e1s, la indefensa viuda se hab\u00eda visto abocada a la obligaci\u00f3n forzosa de entreg\u00e1rsele a su voracidad sin l\u00edmites ni escr\u00fapulos porque su hijo se enferm\u00f3 de un mal terminal que se negaron a tratarle dentro de la mara\u00f1a de burocracia e ineptitud que tambi\u00e9n acab\u00f3 por conducir hasta el cierre definitivo a nuestro viejo hospital del Estado, para inocultable satisfacci\u00f3n de los propietarios de las cl\u00ednicas privadas. La mujer tuvo, a la postre, que sepultar a su hijo en una remota tumba del camposanto estatal, sin pompas y sin eleg\u00edas, pero, en cambio, s\u00ed perdi\u00f3 su casa, porque \u00e9l se neg\u00f3 a tener para con ella el \u00e1pice de misericordia que tampoco se le vio m\u00e1s tarde con nadie. La casa, como pose\u00edda de una maldici\u00f3n gitana, fue vini\u00e9ndose abajo poco a poco, pues nadie la compr\u00f3 jam\u00e1s, nadie la tom\u00f3 en arriendo, nadie la permut\u00f3 por nada, a nadie le interesaron las mentirosas ofertas que \u00e9l hizo fijar a la entrada. Luego fue cay\u00e9ndose poco a poco, v\u00edctima de su desidia, y termin\u00f3 invadida sin fanfarrias por pordioseros abandonados a su suerte, que iban noche tras noche a pernoctar bajo sus techos de pesadumbre y cortaban el fr\u00edo helado de las madrugadas acurruc\u00e1ndose junto a sus muros carcomidos. El rumor de que se o\u00edan en las noches los lamentos de la viuda, y hasta los del esposo y el hijo muertos, jam\u00e1s fue comprobado, a pesar de que las autoridades eclesi\u00e1sticas llegaron al extremo de practicar un exorcismo con ignotas oraciones rezadas en lat\u00edn por cinco curas de la di\u00f3cesis que se mov\u00edan entre un torrente de sahumerio esparcido por varios incensarios y una lluvia de agua bendita regada hacia todos los puntos cardinales por un alud fren\u00e9tico de hisopos. Al final, eran tan fuertes y tan extendidos los olores nauseabundos despedidos por la casa en ruinas, que a la alcald\u00eda municipal no le qued\u00f3 sino la salida honorable de ordenar su derribamiento. Una horda de menesterosos acudi\u00f3 al llamado p\u00fablico de que se regalar\u00edan, a quienes quisieran llev\u00e1rselos, los tejados en desgracia, las vigas debilitadas por el comej\u00e9n, los canales taponados por el barro y el olvido, y todo lo que pudiera resultar \u00fatil. Los indigentes, sin embargo, consideraron que todo lo era, y si no se llevaron el suelo no fue porque no hubieran intentado arranc\u00e1rselo al mundo, como en efecto lo hicieron en una tentativa demencial que desencaden\u00f3 numerosos desgarros musculares, sino porque las autoridades fueron a notificarles que el lote pasar\u00eda, por disposici\u00f3n del derecho sucesorio, al municipio.<br \/>\nNo se pudo determinar si lo que la dama suicidada no soport\u00f3 fue la p\u00e9rdida de su techumbre, la ignominia del l\u00e1nguido trasteo en medio de las miradas curiosas de la morbosidad, la pesada carga de su destino incierto, la presencia intolerable del agiotista, que vino en persona para tomar posesi\u00f3n de lo que fue su hogar hasta ese d\u00eda, o la ira contenida frente a la injusticia social que, en \u00faltimas, la dej\u00f3 sin su hijo y sin su casa. Lo \u00fanico que concluy\u00f3 la polic\u00eda fue que el cianuro hubo de comprarlo en una joyer\u00eda de dudosa reputaci\u00f3n pues desde hac\u00eda mucho tiempo la compraventa de la peligrosa sustancia qu\u00edmica se hallaba bajo la estricta observancia de las autoridades. Yo escarb\u00e9 dentro de mis precarios conocimientos legales a fin de tratar de ubicar la posibilidad de que el joyero fuese a la c\u00e1rcel por haberle vendido la sal venenosa, a pesar de que su sola imagen desolada debi\u00f3 haberlo alertado sobre el verdadero uso que le ir\u00eda a dar al componente. Sin embargo, enterr\u00e9 mis cavilaciones debajo de un argumento que me pareci\u00f3, en ese momento, irrebatible. \u00abSi no se lo hubiese vendido \u00e9l \u2013me dije\u2013, lo hubiera sacado del fondo de la tierra\u00bb.<br \/>\nA la que s\u00ed no pude exonerar de culpa fue a ella, a la causa real de todos los males de la tierra. Por eso, la primera vez que volv\u00ed a pasar frente al lote sin encierro donde estuvo construida la casa rematada, se lo manifest\u00e9, imaginando su figura infame pase\u00e1ndose oronda por la soledad de la planicie, a trav\u00e9s del viento que mec\u00eda las hojas secas del \u00e1rbol de la entrada.<br \/>\n\u00ab\u00a1Ambici\u00f3n maldita\u2013le dije\u2013. Te abomino con todas las fibras de mi alma!\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-49719\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-300x300.jpeg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-150x150.jpeg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-768x768.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi jefe sali\u00f3 sonriendo en los peri\u00f3dicos cuando lo nombraron magistrado de la corte suprema de justicia y \u00e9l dijo que agradec\u00eda la deferencia, pero que no aceptaba el cargo. A\u00f1os m\u00e1s tarde, por cierto, ya no ser\u00eda la misma Corte la que, por cooptaci\u00f3n, designar\u00eda los reemplazos de sus magistrados idos, porque la pol\u00edtica se tomar\u00eda los altos tribunales de justicia. Por ello, el pa\u00eds terminar\u00eda priv\u00e1ndose de actos de tan elevada elegancia. Para declinar la honrosa nominaci\u00f3n, mi jefe asegur\u00f3 que prefer\u00eda continuar al frente de su oficina profesional. No mencion\u00f3 que su carrera fuera exitosa, pero todos sab\u00edamos que lo era. Lo not\u00e9 m\u00e1s joven, gallardo, alegre, seguro de s\u00ed mismo, irradiando equidad a trav\u00e9s de su sonrisa.<br \/>\nEn cambio, la siguiente vez que lo v\u00ed a \u00e9l estaba tan demacrado y amarillento que hasta tuve la firme impresi\u00f3n de que si en realidad continuaba viviendo, tendr\u00eda que estar haci\u00e9ndolo dentro de alg\u00fan sepulcro.<br \/>\n\u00abLa bondad embellece\u00bb, reflexion\u00e9.<br \/>\nTan s\u00f3lo un par de semanas despu\u00e9s, ya lo estaba observando de nuevo como protagonista central en su espect\u00e1culo preferido: el de llevarles a los pobres, no la esperanza de un pan ni de una vida digna, sino la tribulaci\u00f3n de perder ante \u00e9l sus \u00faltimos restos de decencia. Otra familia ba\u00f1ada en llanto, a la que v\u00ed sacar al hombro de la que fue su vivienda unos enseres deslucidos por la miseria, contribuy\u00f3 sin quererlo, con su desdichada partida hacia ning\u00fan lado, a acrecentar sus inmorales finanzas. Ese d\u00eda supe que su nuevo truco para eludir los controles oficiales a la usura, la misma de la cual se o\u00eda por doquier que estaba poco a poco arruinando a la naci\u00f3n, consist\u00eda en exigir en cheque los pagos hasta por el capital m\u00e1s los intereses de ley, mientras la suma restante, la del abuso, la del delito, deb\u00edan pag\u00e1rsela en efectivo para no dejar rastros. Los pocos deudores indignados que tuvieron el valor de denunciarlo porque estaba transgrediendo los topes m\u00e1ximos perdieron sus causas porque \u00e9l le demostr\u00f3 a la justicia enceguecida que nada irregular exist\u00eda en sus actuaciones, que \u00e9l s\u00f3lo cobraba lo que las leyes ordenaban que se cobrase, y que prueba de ello eran los abrumadores documentos que aportaba. La tesis consignada como premisa por el juzgado de instrucci\u00f3n criminal en la providencia que aniquil\u00f3 las esperanzas de los d\u00e9biles qued\u00f3 plasmada en una s\u00edntesis macabra, resumen de infamia emergido de sus labios y no, como se crey\u00f3, de la inteligencia filos\u00f3fica del juez, quien no hizo sino embellecerlo, lim\u00e1ndole su aspereza digna de patanes: \u00abTodo deudor ve en su acreedor a un \u00e1ngel cuando le presta el dinero, a un hombre cuando se lo paga y a un demonio cuando pierde sus bienes por no poder pag\u00e1rselo\u00bb.<br \/>\nEn la frase original, \u00e9l no utiliz\u00f3 ni la palabra \u00e1ngeles, ni el vocablo hombres, ni la expresi\u00f3n demonios, sino una amalgama de vulgaridades imposibles de repetirse, y menos de publicarse.<br \/>\nAs\u00ed que de los estrados judiciales volvi\u00f3 a salir, igual que siempre, m\u00e1s fortalecida su prepotencia y m\u00e1s hambrienta de dinero su codicia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-49719\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-300x300.jpeg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-150x150.jpeg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-768x768.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hoy, desde este rinc\u00f3n solitario de mi espaciosa residencia donde escribo mis canciones, y con ellas mis memorias; en este retozo de hogar en el que rasgueo mi guitarra de lujo y degusto el trago inmejorable de un buen vino importado, ya no me perturba su recuerdo ni siento que lo odio. Apenas me genera una r\u00e1faga de inmensa tristeza por toda la inmensa tristeza que \u00e9l dej\u00f3 detr\u00e1s suyo a su paso por la vida. Me pregunto si a eso vinimos a la tierra, a amasar fortuna sobre la desdicha de los dem\u00e1s o, si m\u00e1s bien, es misi\u00f3n nuestra contribuir para que este mundo sea m\u00e1s amable y justo. Nunca me ha interesado poseer grandes riquezas y, sin embargo, desde hace mucho tiempo, aun desde cuando era un joven so\u00f1ador que disfrazaba su pobreza detr\u00e1s del vestido con chaleco de su grado, todos me perciben como un hombre afortunado. Dicen que parezco la reencarnaci\u00f3n del Rey Midas, el mismo que le\u00ed en la inolvidable cartilla de lecturas para quinto grado de primaria cuando todav\u00eda cre\u00eda en el \u00e1ngel de la guarda, en que nadie se mor\u00eda de hambre y en que la mayor gloria de un hombre consist\u00eda en poder beberse solo una gigantesca gaseosa helada. S\u00ed, eso dicen: que soy el personaje aquel que todo cuanto tocaba lo convert\u00eda en oro. De pronto, es cierto. S\u00ed, soy un hombre rico. Lo soy, porque tengo la riqueza colosal de una familia inmejorable que me ama; porque poseo la riqueza fant\u00e1stica de una gente que me quiere; porque pertenezco al grupo selecto de quienes a\u00fan se conmueven ante la belleza de los arpegios, ante la magnificencia de la vida, ante el gorjeo de los p\u00e1jaros, ante el sortilegio de la m\u00fasica, ante la ternura de un poema, ante las bondades del amor.<br \/>\nHace pocos d\u00edas, cuando de ma\u00f1ana me levant\u00e9 para ir a nadar en la generosa piscina de nuestro club privado, lo record\u00e9 durante una r\u00e1faga de segundos y me impact\u00f3 el darme cuenta de que alcanc\u00e9 a sentir una malsana satisfacci\u00f3n al enterarme de la \u00faltima noticia relacionada con \u00e9l. Hab\u00eda sabido de su enfermedad incurable y de que estaba sobreaguando la vida, inexplicablemente sumido en la miseria. Incluso supe que se encontraba malviviendo en un diminuto garaje de alquiler y pidiendo limosna puerta a puerta.<br \/>\n\u00abAh\u00ed tiene su merecido\u00bb, cavil\u00e9.<br \/>\nPero esta tarde volv\u00ed a verlo. Y entonces descubr\u00ed, por fortuna, que ya ni siquiera lo odio. S\u00ed. Esta tarde sent\u00ed la inconmensurable alegr\u00eda de descubrir que ya no odio a nadie. Hoy \u00e9l ya no fue capaz de seguirme intoxicando el alma, como lo hizo todos estos a\u00f1os. Hasta me sorprendi\u00f3 que hubiera llegado a sentir conmiseraci\u00f3n por su tragedia. Estaba m\u00e1s muerto que nunca. Me di cuenta de que con el paso de los a\u00f1os se convirti\u00f3 en un muerto decr\u00e9pito. Casi no era capaz de sostenerse en pie. Ten\u00eda la misma piel de zombi, los mismos ojos de zombi, las mismas manos de zombi, manos encorvadas de tanto contar dinero d\u00eda tras d\u00eda, hasta cuando se top\u00f3 con la desgracia. Estaba esperando el autob\u00fas que va hacia los barrios pobres de occidente, hacia su \u00faltima morada, mientras repasaba las monedas oscuras del pasaje. Estaba solo, como siempre. Y, como siempre, a simple vista se notaba que estaba triste.<\/p>\n<p>Jueves 10 de agosto de 2006<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-49719\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25.jpeg 1024w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-300x300.jpeg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-150x150.jpeg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/WhatsApp-Image-2024-12-31-at-14.20.25-768x768.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong>: &#8220;EL USURERO&#8221; es uno de los seis relatos que conforman el libro de cuentos de su autor titulado &#8220;LA EMBOSCADA&#8221; (2009) y, al igual que los dem\u00e1s, se basa en hechos reales que lleg\u00f3 a conocer directamente o de labios de testigos presenciales de aquellas tragedias humanas, narraciones que, a su vez, \u00e9l complement\u00f3 con su propia fantas\u00eda literaria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* <a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-28792\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-300x300.jpg 300w, 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