{"id":49802,"date":"2025-01-10T08:38:00","date_gmt":"2025-01-10T13:38:00","guid":{"rendered":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49802"},"modified":"2025-01-21T15:26:41","modified_gmt":"2025-01-21T20:26:41","slug":"un-cuento-de-mar-y-cielo-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49802","title":{"rendered":"UN CUENTO DE MAR Y CIELO. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><strong>El relato literario que se inserta a continuaci\u00f3n se basa en una tragedia realmente ocurrida y que fue informada por el diario &#8220;Vanguardia Liberal&#8221;, de Bucaramanga.<br \/>\nLos hechos tuvieron lugar cuando varios jovencitos de condici\u00f3n humilde emprendieron el que ser\u00eda su primer viaje al mar, el cual no conoc\u00edan.<br \/>\nSeg\u00fan el informe del peri\u00f3dico bumangu\u00e9s, al caer la noche los caminantes se acostaron a dormir a un lado del camino, pero lamentablemente un cami\u00f3n que transitaba por el lugar se sali\u00f3 de la v\u00eda y arroll\u00f3 al menor de ellos.<br \/>\nEl autor ley\u00f3 la noticia y la quiso presentar en forma de cuento, obviamente con las libertades propias de la literatura.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-49804\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/MAR-Y-CIELO-.jpeg\" alt=\"\" width=\"626\" height=\"417\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/MAR-Y-CIELO-.jpeg 626w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/MAR-Y-CIELO--300x200.jpeg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 626px) 100vw, 626px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El ni\u00f1o caminante iba tan cansado y ten\u00eda tanto sue\u00f1o, que se acost\u00f3 a dormir a un lado de la carretera. Sus compa\u00f1eros hicieron lo mismo. Un cami\u00f3n se fue acercando.<\/p>\n<p>Los chicos hab\u00edan decidido llegar hasta el mar a pie, despu\u00e9s de esperar durante a\u00f1os el d\u00eda feliz en que pudieran ir a conocerlo en un &#8220;viaje de placer&#8221;, como se lo o\u00edan contar a sus clientes mientras ellos les daban luz a sus zapatos. Pero los a\u00f1os fueron pasando in\u00fatilmente porque del mar s\u00f3lo llegaron a saber que era \u201ccomo un cielo\u201d, seg\u00fan les dec\u00edan sus clientes, si ellos se lo preguntaban.<\/p>\n<p>El concepto que ya ten\u00edan del mar lo confirmaron aquella tarde de s\u00e1bado cuando uno de sus clientes les lleg\u00f3, con una enorme radiograbadora encendida, a pedirles que le dejaran sus zapatos tan brillantes, pero tan brillantes, que para peinarse no tuviese que ir hasta el espejo. Fue en esa radiograbadora gigantesca donde escucharon cantar a Pablus Gallinazo la canci\u00f3n que los hizo decidir por aquel viaje emocionante a trav\u00e9s de la aventura:<\/p>\n<p>\u201cHermano: me da tristeza<br \/>\nque nunca haya visto el mar:<br \/>\nes como tener un cielo<br \/>\nque uno s\u00ed puede tocar\u201d.<\/p>\n<p>Aquella misma tarde tomaron el camino a pie y calcularon que, con un poco de suerte, el s\u00e1bado siguiente ya habr\u00edan llegado al cielo. Llevaron sus cajones de embolar, no s\u00f3lo porque planeaban conseguir con ellos el dinero que pudiera hacerles falta, sino porque adem\u00e1s siempre oyeron decir que viajero que se respetara deb\u00eda llevar equipaje. A la salida de la ciudad se detuvieron un momento en la caseta de la coja Ana Joaquina y compraron caramelos para volver a hacerle al hambre la misma jugarreta inmemorial. Luego, plenos de felicidad, ri\u00e9ndose como locos de cualquier tonter\u00eda que ve\u00edan a su paso, jugando con sus cajones de embolar, los \u00fanicos juguetes que les hab\u00eda concedido la vida, avanzaron kil\u00f3metros y kil\u00f3metros interminables, hasta que la fatiga les hizo olvidar el juego, les hizo sentir el peso de sus cajones, el efecto debilitador de su hambre triste y eterna, y entonces el m\u00e1s peque\u00f1o de todos, derrotado por el sue\u00f1o y el cansancio, fue el primero que se tendi\u00f3 boca abajo en cualquier parte, con el mar lejano, que no conoc\u00eda, inexplicablemente metido en la memoria. Empez\u00f3 a recordar las numerosas veces en que hab\u00eda ido al mar, y volvi\u00f3 a verse, sonriente, a trav\u00e9s de las ventanillas del avi\u00f3n enorme de color azul que lo hab\u00eda llevado, a \u00e9l solo, por primera vez; y luego record\u00f3 la ocasi\u00f3n en que hab\u00eda ido, pero ya no en el enorme avi\u00f3n azul, sino en un gigantesco globo verde que volaba y que volaba, y luego se vio solo, sin avi\u00f3n y sin globo, flotando en el espacio, recibido en el mar, como un h\u00e9roe, por decenas y decenas de palmeras que danzaban en el agua, y despu\u00e9s se vio a bordo de un barco sin dimensiones que navegaba, y navegaba, y navegaba. Pero ocurri\u00f3 que en la confusi\u00f3n sin fondo del hambre, y del sue\u00f1o que por fin estaba convirtiendo en realidad: el de ver por primera vez el mar aunque ya muchas veces lo hab\u00eda visto, y del fr\u00edo de la noche que le taladraba sin piedad la fragilidad de sus huesos, se le comenzaron a mezclar los recuerdos con los sue\u00f1os, y a confund\u00edrsele el mar, mil veces visitado, con el cielo, y empez\u00f3 a ver un mar con nubes y un cielo con olas, y principi\u00f3 a observar c\u00f3mo sal\u00eda el sol de lo profundo del mar y c\u00f3mo se zambull\u00edan los nadadores entre las aguas del cielo. Nad\u00f3, y nad\u00f3, y nad\u00f3, durante horas eternas, hasta que se sinti\u00f3 cansado, muy cansado, y so\u00f1oliento, as\u00ed que se acost\u00f3 a dormir sobre las arenas tibias de las playas celestiales y comenz\u00f3 a so\u00f1ar, dentro de su propio sue\u00f1o, y vio, en el sue\u00f1o de su sue\u00f1o, a unos \u00e1ngeles cantando sobre la ballena de su ajado \u00e1lbum de zoolog\u00eda, y a San Pedro, el de las procesiones, muy preocupado porque las llaves del mar se le iban a oxidar con tanta sal en el cielo.<\/p>\n<p>El que dijo ser el \u00fanico testigo presencial les cont\u00f3 a los periodistas y a la polic\u00eda que el cami\u00f3n se sali\u00f3 de la carretera y que se fue sobre \u00e9l y le aplast\u00f3 el pensamiento. \u00a1Mentira! \u00a1Falso! \u00a1As\u00ed no fue! \u00a1El que lo dijo hizo un cuento! Lo que sucedi\u00f3 fue esto, as\u00ed, ni m\u00e1s ni menos:<\/p>\n<p>Cuando ya el cami\u00f3n se sal\u00eda<br \/>\ndel asfalto duro y negro,<br \/>\ny se dirig\u00eda hacia \u00e9l<br \/>\npara cortarle los sue\u00f1os,<br \/>\nen esos instantes mismos,<br \/>\nen esos mismos momentos,<br \/>\nuna gran gaviota blanca<br \/>\nque baj\u00f3 del mar al cielo,<br \/>\nse acerc\u00f3 volando bajo<br \/>\ncon la rapidez del viento,<br \/>\nhasta la playa dorada<br \/>\ndonde dorm\u00eda el peque\u00f1o,<br \/>\ny cuando ya a las llantas<br \/>\nno les faltaba ni un metro<br \/>\npara llegar hasta \u00e9l<br \/>\ny triturarle sus sue\u00f1os,<br \/>\nen ese instante final,<br \/>\nen ese final momento,<br \/>\nla enorme gaviota blanca<br \/>\nalz\u00f3 en su pico al chicuelo<br \/>\ny lo elev\u00f3 por los aires,<br \/>\nlejos, lejos, muy lejos,<br \/>\npara que, al fin, conociera,<br \/>\nen bello paseo eterno,<br \/>\na los luceros del mar<br \/>\ny a todos los peces del cielo!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-49804\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/MAR-Y-CIELO-.jpeg\" alt=\"\" width=\"626\" height=\"417\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/MAR-Y-CIELO-.jpeg 626w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/MAR-Y-CIELO--300x200.jpeg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 626px) 100vw, 626px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* <a href=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-28792\" src=\"https:\/\/lapiedrafilosofal.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-150x150.jpg 150w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor-300x300.jpg 300w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Copyright-\u00a9-Derechos-de-autor.jpg 730w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a> <strong>Derechos Reservados de Autor<\/strong>. 1998.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este cuento (escrito en 1981) forma parte del libro de su autor &#8220;EL \u00daLTIMO DINOSAURIO&#8221; (Sic Editorial. Bucaramanga. 1998).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El relato literario que se inserta a continuaci\u00f3n se basa en una tragedia realmente ocurrida y que fue informada por el diario &#8220;Vanguardia Liberal&#8221;, de Bucaramanga. Los hechos tuvieron lugar cuando varios jovencitos de condici\u00f3n humilde emprendieron el que ser\u00eda &hellip; <a href=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49802\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n<div class='heateorSssClear'><\/div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' heateor-sss-data-href='https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=49802'><div class='heateor_sss_sharing_title' style=\"font-weight:bold\" >\u00a1Gracias por compartirla!<\/div><ul class=\"heateor_sss_sharing_ul\"><li class=\"heateorSssSharingRound\"><i style=\"width:35px;height:35px;border-radius:999px;\" alt=\"Facebook\" Title=\"Facebook\" class=\"heateorSssSharing heateorSssFacebookBackground\" onclick='heateorSssPopup(\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?u=https%3A%2F%2Foscarhumbertogomez.com%2Findex.php%3Frest_route%3D%252Fwp%252Fv2%252Fposts%252F49802\")'><ss style=\"display:block;border-radius:999px;\" class=\"heateorSssSharingSvg 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