{"id":55482,"date":"2026-03-22T08:00:00","date_gmt":"2026-03-22T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=55482"},"modified":"2026-03-29T16:23:48","modified_gmt":"2026-03-29T21:23:48","slug":"cronicas-del-ayer-pilar-angarita-capitulo-vi-por-oscar-humberto-gomez-gomez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/?p=55482","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas del ayer \/\/ PILAR ANGARITA. Cap\u00edtulo VI. Por \u00d3scar Humberto G\u00f3mez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55435\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-682x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"961\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-682x1024.jpeg 682w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-200x300.jpeg 200w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-768x1152.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA.jpeg 853w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hoy he decidido ir de nuevo a Las Acacias.<\/p>\n<p>S\u00ed, Pilar: aqu\u00ed voy de regreso al edificio donde mucho tiempo atr\u00e1s viv\u00edas, a ver si en \u00e9l consigo alg\u00fan dato que me conduzca hacia ti. Es una de esas indagaciones casi absurdas que uno hace siguiendo intencionalmente una pista borrosa que de antemano presiente que no lo llevar\u00e1 a ninguna parte, pero en las que de todos modos se empecina en aplicar el dicho popular de que \u201cla peor diligencia es la que no se hace\u201c. S\u00ed, Pilar: hoy he decidido indagar por ti en un entorno que hace a\u00f1os dej\u00f3 de ser el tuyo, a ver si, como se dice en el argot popular, \u201cme suena la flauta\u201d.  Ya tu hermana a\u00f1os atr\u00e1s me ha dejado en claro, en aquella visita triste que me hace a mi oficina minutos despu\u00e9s de la llamada igualmente triste en la que me cuenta lo ocurrido, que t\u00fa ya no vives en Bucaramanga, que te has ido a vivir a la lejana urbe donde reinan el fr\u00edo, las brumas, la lluvia, el granizo y la indiferencia; me ha dicho tambi\u00e9n que tienes una vida completamente distinta a la c\u00e1lida, feliz y esperanzadora de tu \u00e9poca colegial, en las postrimer\u00edas de la cual tengo la fortuna de conocerte; no s\u00e9 si me equivoco, pero, a juzgar por lo que me describe, tengo la desoladora impresi\u00f3n de que para ese momento eres una persona apartada del mundo, alguien que ha perdido la fe en los dem\u00e1s y hasta la confianza en la vida misma.<\/p>\n<p>En aquella oportunidad, sentado al frente de tu hermana, yo abrigo la \u00edntima esperanza de que ella me d\u00e9 un tel\u00e9fono, o incluso \u2014y mejor a\u00fan\u2014 me suministre la direcci\u00f3n donde vives en esa lejana e impersonal gran ciudad a donde te marchaste para construir tu nueva vida. Pero ella no lo hace, y yo, conocedor de que tu estado civil ya no es el mismo que te ha permitido ser libre, me aparto respetuosamente de la idea de pregunt\u00e1rselo.  A\u00fan as\u00ed, ahora, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, me estoy interrogando si acaso tu familia habr\u00e1 mantenido en su poder aquel apartamento de Las Acacias, o si al menos alguien que haya sido vecino tuyo y de tus hermanos podr\u00e1 orientarme hacia tu paradero.<\/p>\n<p>He llegado. S\u00ed: ah\u00ed est\u00e1 de nuevo ante mi vista el edificio al que una noche de fin de semana arribo por primera vez con el fin de visitarte cuando t\u00fa, que atraviesas la edad de la primavera, eres, adem\u00e1s de una hermosa y aventajada estudiante, una din\u00e1mica l\u00edder estudiantil del tradicional Colegio de la Presentaci\u00f3n, mientras que yo, por mi parte, soy un joven abogado que disfruta, con inmenso agrado, tanto el arequipe con queso que ofrece en su men\u00fa como los artistas que presenta en su peque\u00f1a tarima el tambi\u00e9n tradicional restaurante La Carreta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55435\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-682x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"961\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-682x1024.jpeg 682w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-200x300.jpeg 200w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-768x1152.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA.jpeg 853w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tal y como suele sucederle al g\u00e9nero humano en todos los aspectos de su terrenal existencia, parado ahora de nuevo frente a Las Acacias me lamento (in\u00fatilmente por supuesto, porque no hay nada m\u00e1s in\u00fatil que lamentarse de los errores del pasado, pues el pasado ya no regresa y por lo general no hay una nueva oportunidad de hacer las cosas que no se hicieron, ni un nuevo chance de ahora s\u00ed hacer bien lo que entonces se hizo mal), me arrepiento, digo, de no haber sido m\u00e1s incisivo aquella vez y haberle preguntado sin rodeos a tu hermana tu direcci\u00f3n y tu tel\u00e9fono. Empero, y quiz\u00e1s para aminorar un poco la molestia que siento conmigo mismo por no haber hecho lo que pude y he debido hacer, me pregunto si ella me habr\u00eda suministrado esos datos tuyos, o si me hubiese dicho que no los sab\u00eda, o si se hubiese negado a d\u00e1rmelos a pesar de conocerlos. Nunca lo sabr\u00e9. Lo cierto es que aqu\u00ed estoy, en este atardecer de viernes, solo, expectante, parado frente a Las Acacias, ante las gradas donde t\u00fa y yo nos sentamos tantas veces a conversar y a tejer entre charla y charla los hilos invisibles de nuestros sue\u00f1os. Estoy aqu\u00ed porque quiero preguntar por ti. A eso he venido, despu\u00e9s de haber estado cumpliendo la cita de las cinco de la tarde programada en la casa del barrio Antiguo Campestre donde a punta de sesiones de fisioterapia estoy tratando de poder volver a tocar la guitarra.  Lo que no s\u00e9 exactamente es qu\u00e9 har\u00e9 si averiguo tu paradero. \u00bfDebo llamarte, si solo logro obtener tu n\u00famero de tel\u00e9fono? \u00bfDebo escribirte, si obtengo tu direcci\u00f3n f\u00edsica o electr\u00f3nica? Cavilo durante algunos instantes en torno a que ya no es tan f\u00e1cil hacer cualquiera de esas cosas como cuando no ten\u00edas compromisos con nadie.  Moment\u00e1neamente me provoca volver a subirme a mi autom\u00f3vil, encender el motor y largarme de aqu\u00ed, derrotado de antemano por la evidencia de que cualquiera que sea el resultado de mi averiguaci\u00f3n, a la postre ser\u00e1 in\u00fatil. In\u00fatil, s\u00ed, porque lo que pienso, al menos por instantes, es que as\u00ed averig\u00fce tu paradero tampoco podr\u00e9 llamarte o visitarte, y por ello lo que debo concluir, en sana l\u00f3gica, es que, definitivamente, aquellas amenas conversaciones contigo ya no habr\u00e1n de volver jam\u00e1s a nuestras vidas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55435\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-682x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"961\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-682x1024.jpeg 682w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-200x300.jpeg 200w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-768x1152.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA.jpeg 853w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>S\u00ed, Pilar, aqu\u00ed estoy otra vez: aqu\u00ed estoy de pie frente al edificio Las Acacias; me acabo de bajar del coche y estoy parado sobre el and\u00e9n, sobre el mismo and\u00e9n por el cual aquella vez llega tu mam\u00e1 caminando hacia las gradas donde nos encontramos sentados, portando su peque\u00f1o equipaje en las manos, feliz porque viene a visitar a sus hijos. Pero hoy no s\u00e9 que pasa; hoy todo lo veo distinto: aunque ah\u00ed est\u00e1n las mismas gradas de entrada, aunque es el mismo el frontis, aunque es el mismo el color de la fachada, aunque ah\u00ed sigue inc\u00f3lume el mismo letrero que anuncia c\u00f3mo bautizaron a ese peque\u00f1o condominio de apartamentos cuando lo construyeron y aunque el atardecer debiera ser igual a esos atardeceres de arreboles en los que lustros atr\u00e1s llego a visitarte, hoy percibo que este edificio me es extra\u00f1o y que definitivamente tampoco el atardecer de este viernes es el mismo m\u00e1gico y rom\u00e1ntico atardecer de aquellos viejos y hermosos tiempos.<\/p>\n<p>Un leve repaso visual me es suficiente para confirmar que el condominio no tiene porter\u00eda y por ello me enfrento a la misma situaci\u00f3n a la que tiene que enfrentarse el visitante que arriba a uno de esos edificios de apartamentos en los que no existe una recepci\u00f3n d\u00f3nde acercarse a saludar y preguntar por alguien, ni a qui\u00e9n entregarle un sobre, o una encomienda; uno de esos edificios de apartamentos en los que un fr\u00edo cit\u00f3fono \u2014m\u00e1quina al fin y al cabo\u2014 pretende reemplazar al ser humano, como siempre al ser humano se le ha pretendido reemplazar con m\u00e1quinas en todas las diversas facetas de la vida. Y es que ahora pululan por doquier m\u00e1quinas sin sentimientos y sin calidez alguna; m\u00e1quinas inertes a las que no se les puede preguntar nada porque nada habr\u00e1n de contestarte.<\/p>\n<p>Han pasado ya tantos a\u00f1os, tantos lustros y tantas d\u00e9cadas, que la idea que indefectiblemente se me viene primero a la cabeza \u2014la de empezar a timbrar apartamento por apartamento a ver si alguien te recuerda y entonces preguntarle si sabe algo de tu paradero, ad\u00f3nde te fuiste, c\u00f3mo puedo ubicarte\u2014 me parece de inmediato absurda, casi demencial.  Reflexiono que en una sociedad cada vez m\u00e1s cerrada, donde las rejas de hierro han reemplazado los portones y los contraportones abiertos de par en par; en una sociedad en la que ya no se permite ver el interior de las casas desde la calle; en una sociedad donde se ha acabado el saludo entre los vecinos, porque ya no hay vecinos, sino seres an\u00f3nimos, casi fantasmales, que viven cerca uno del otro tan solo desde el punto de vista f\u00edsico; en una sociedad de edificios sin calidez a cuyos ascensores ingresan y de cuyos ascensores salen los residentes como aut\u00f3matas, ensimismados en sus propios pensamientos; en una sociedad donde el encanto de la conversaci\u00f3n personal ha sido reemplazada por la frialdad de mensajes de texto rutinarios que se env\u00edan hasta empleando nombres ficticios; en una sociedad donde ya ha irrumpido Internet con toda su carga de tecnolog\u00eda, de virtualidad y de informaci\u00f3n y desinformaci\u00f3n abrumadoras; en una sociedad que ha empezado a ridiculizar la memoria feliz de nuestros tiempos felices, en una sociedad en la que est\u00e1 desapareciendo el encanto sin par de la sonrisa y donde est\u00e1 muriendo el placer de escuchar la voz, de ver el rostro y de sentir la presencia y la compa\u00f1\u00eda del ser humano con el cual se conversa, en fin, en una sociedad donde a nadie le importa el otro, preguntar por alguien a quien se ha conocido a\u00f1os atr\u00e1s, lustros atr\u00e1s, d\u00e9cadas atr\u00e1s, solamente porque a\u00fan se le recuerda y todav\u00eda se le aprecia, ya no despierta el inter\u00e9s de nadie, sino m\u00e1s bien una especie de mirada de conmiseraci\u00f3n hacia la perturbada salud mental de quien hace la pregunta. Empero, pienso enseguida que quienes nos aferramos a los valores \u00e9ticos en los que fuimos formados no podemos dejar de ser nosotros mismos y precisamente en raz\u00f3n a ello me declaro convencido de que en mi caso particular, Pilar \u2014y tengo la certeza de que tambi\u00e9n en el tuyo\u2014 no ha podido ni podr\u00e1 el turbi\u00f3n irrefrenable de la modernidad hacernos olvidar lo que hemos sido desde ni\u00f1os, ni forzarnos a dejar de creer en aquello en lo que desde ni\u00f1os hemos cre\u00eddo. De ah\u00ed que todav\u00eda sigamos aferrados a sentimientos que hoy parecieran ser antig\u00fcallas, como la dulzura, la lealtad, la sinceridad y, por supuesto, el elevado valor de la amistad, don inapreciable que, al lado del amor, yo suelo decir que es una de las fuerzas c\u00f3smicas m\u00e1s poderosas del universo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55435\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-682x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"961\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-682x1024.jpeg 682w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-200x300.jpeg 200w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-768x1152.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA.jpeg 853w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>S\u00ed, Pilar: hoy, tanto tiempo despu\u00e9s, me veo nuevamente de pie sobre el mismo and\u00e9n, frente al lugar donde t\u00fa vives cuando te conozco, pero ahora, no s\u00e9 por qu\u00e9, siento el aire distinto; ahora, no s\u00e9 por qu\u00e9, me parece que el sol es otro diferente, y que es diferente la calle, y que es distinto el entorno de \u00e1rboles y jardines, y que es diferente el mundo, porque ya en Las Acacias no vives t\u00fa, ni viven tus hermanos, y porque ya s\u00e9 que aquella se\u00f1ora sencilla, alegre y jovial que una noche llega irradiando felicidad porque viene a volver a ver a sus hijos, que me saluda con singular simpat\u00eda y que termina sent\u00e1ndose en las gradas para conversar unos minutos con nosotros ha perdido la vida dentro de su propia casa, all\u00e1 en el mismo pueblo del Cesar de donde ha llegado esa noche. S\u00ed: ya soy consciente de que otra noche muy distinta a aquella c\u00e1lida noche en que la conozco, de que una oscura noche de infortunio, a su puerta ha tocado un grupo de aquellos matones desagradables que, crey\u00e9ndose el reemplazo del Hacedor Supremo sobre la tierra, niegan su existencia y su condici\u00f3n de rector supremo de las maravillas del cosmos y dador universal de la vida, al desconocerlo, con sus cobardes acciones, como el \u00fanico ser que debe decidir cu\u00e1ndo esta se acaba y comienza un nuevo ciclo en la maravilla sin par de la Creaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed estoy otra vez, Pilar, solo, de pie frente a un edificio que ya no tiene alma, que ya no irradia alegr\u00eda, ni juventud, ni esos retozos incomparables que eran nuestras conversaci\u00f3n amena, ni aquel  mutuo y sincero inter\u00e9s de aquellas otras noches por el mundo cautivador de la cultura; hoy me veo parado frente a un lugar que ya sin ti no me dice nada, excepto ser un referente de tu recuerdo.<\/p>\n<p>E indirectamente \u2014habr\u00eda que agregar\u2014 tambi\u00e9n un referente del recuerdo nost\u00e1lgico de aquellos tiempos lejanos en los que todav\u00eda yo alcanzo a verme joven y, consiguientemente, a\u00fan percibo la vida liviana, feliz y ajena por completo a los agobiadores embates del dolor, a los desalentadores golpes del desencanto y a las abrumadoras  acechanzas de la incertidumbre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-55435\" src=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-682x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"961\" srcset=\"https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-682x1024.jpeg 682w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-200x300.jpeg 200w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA-768x1152.jpeg 768w, https:\/\/oscarhumbertogomez.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/PILAR-ANGARITA.jpeg 853w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(CONTINUAR\u00c1)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>ILUSTRACI\u00d3N<\/strong>: &#8220;Se\u00f1ora&#8221;. Juan Quiroga (&#8220;Kiroga&#8221;). Edici\u00f3n: Pedro J. Vargas<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00d3SCAR HUMBERTO G\u00d3MEZ G\u00d3MEZ<\/strong>. Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP). Miembro de N\u00famero de la Academia de Historia de Santander. Miembro de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (SAYCO). Miembro del ilustre y desaparecido Colegio de Abogados de Santander.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Hoy he decidido ir de nuevo a Las Acacias. S\u00ed, Pilar: aqu\u00ed voy de regreso al edificio donde mucho tiempo atr\u00e1s viv\u00edas, a ver si en \u00e9l consigo alg\u00fan dato que me conduzca hacia ti. 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