LA CONTAMINACIÓN DEL AIRE EN BUCARAMANGA. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas

OSCAR HUMBERTO GOMEZ

 

Hace ya algunos años, me le medí a una tarea quijotesca: comencé a utilizar el derecho de petición, consagrado en el artículo 45 de la Constitución Nacional de 1886 y en el artículo 23 de la Constitución Política de 1991, en procura de lograr la adopción de campañas estatales encaminadas a ejercer la presencia disuasiva de eso que llaman las autoridades “competentes” en las calles de Bucaramanga con el fin de intimidar a quienes campantemente circulaban al frente de vehículos contaminadores.

En síntesis, lo que hice fue entregarles la lista de las placas de buses, busetas, taxis, volquetes, camiones, camionetas, camperos, automóviles y hasta motocicletas a las que habíamos visto expeliendo la estela de humo negro por el tubo de escape.

 

VOLQUETE CONTAMINADOR

 

Aunque se supone que la autoridad conoce sus funciones mejor que nadie y sabe qué medidas debe adoptar, me metí de asesor de oficio y sugerí que se instalaran retenes sorpresa en diversos sitios de la ciudad con participación de la Policía Nacional, la Dirección de Tránsito de Bucaramanga, la CDMB y la Secretaría Municipal de Medio Ambiente, y se les impusiera a los conductores el comparendo correspondiente. Incluso, como la contaminación ambiental es un delito, insinué que se estudiara la posibilidad de arrestar y poner a órdenes de la Fiscalía General de la Nación a los contaminadores sorprendidos en flagrancia (pues la Constitución permite la captura sin orden judicial de quien sea sorprendido cometiendo un delito). De igual manera, indiqué que debían presentarse las denuncias penales correspondientes contra los dueños de los vehículos.

Sobra decirles que en su respuesta cada entidad sacó el cuerpo diciendo que a ella no le correspondía hacer eso, sino a otra, y la otra dijo que no, que no era a ella, sino a otra, y esta a su vez dijo que tampoco, que no era a ella a la que le tocaba, sino a otra. De suerte que, al final, nadie hizo nada.

 

BUS CONTAMINADOR

 

Años después, la CDMB instaló en el parque Guillermo Sorzano, o sea en el mal llamado parque San Pío, concretamente en el costado oriental del parque, o sea frente al templo que sí se llama San Pío, pero no solo Pío, sino San Pío X, unos medidores de la contaminación del aire, medidores que poco después quitó, seguramente cuando descubrió el agua tibia, vale decir, cuando se enteró de aquello que todo el mundo ya sabía: que el aire de ese sector de la ciudad estaba, efectivamente, contaminado.

De resto, los vehículos contaminadores siguen circulando sin que se haga nada de nada.

 

VOLQUETE CONTAMINADOR

 

Claro que, en cambio, y sin que nadie lo haya pedido, la Dirección de Tránsito de Bucaramanga se la pasa instalando retenes a ver a quién sorprende, pongamos por caso, violando el pico y placa.

Hace poco, la CDMB y el Área Metropolitana de Bucaramanga se agarraron en los estrados judiciales con el fin de que la justicia determinara cuál de las dos entidades era la que verdaderamente tenía a su cargo la protección del medio ambiente en Bucaramanga y, de paso, se quedara con el jugoso presupuesto destinado a eso.

Existe, además, en el orden nacional —o “a nivel” nacional, como dicen ahora— el Ministerio del Medio Ambiente (al que ahora le dicen solo “de Ambiente”), un ministerio que uno no sabe a qué se dedica exactamente.

 

AUTOMOVIL CONTAMINADOR

 

La escalofriante noticia de que Bucaramanga es una de las ciudades más contaminadas de Colombia —al lado de Bogotá, Cali y Medellín— y que, según el propio Ministro del Medio Ambiente (o de Ambiente, como dicen ahora) Carlos Costa, nada más ni nada menos que SEIS MIL PERSONAS (¡¡¡ 6.000 seres humanos, como usted o como yo !!! ) mueren al año en Colombia debido a la contaminación del aire. no puede pasar desapercibida. Las enfermedades pulmonares derivadas de la contaminación del aire literalmente agobian a los residentes de la capital de Santander y no podemos aceptar que el Estado se siga desentendiendo de un problema tan grave de salud pública.

Pero lo primero por lo que tenemos que luchar es porque se le ponga fin a la DISPERSIÓN del Estado en esa delicada materia. Debemos exigir que exista UNA SOLA ENTIDAD, poderosa, eficiente y seria, que se apersone, de una vez por todas, de la enérgica defensa de nuestro medio ambiente.

Esperamos que el alcalde electo sí nos escuche.

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Fotografías: Vanguardia Liberal.

 

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