Murió hoy el preclaro periodista e historiador santandereano Edmundo Gavassa Villamizar. Por Óscar Humberto Gómez Gómez

EDMUNDO GAVASSA VILLAMIZAR, PERIODISTA E HISTORIADOR SANTANDEREANO

 

Quintilio Gavassa Mibelli, ciudadano italiano nacido en la isla de Elba el 25 de noviembre de 1861, fue un inmigrante europeo que llegó a esta tierra para terminar muriendo en ella.

A su muerte, ocurrida el día sábado 2 de septiembre de 1922 en su casa, una anchurosa casona esquinera ubicada en la entonces calle 6a con carrera 12 (hoy calle 37 con carrera 17), había dejado el legado de haber fundado la fábrica de pastas alimenticias La Italiana, empresa que pasaría luego a convertirse en las famosas Pastas Gavassa, uno de los símbolos supervivientes de la comarca santandereana. También había fundado en Pamplona una fábrica de cigarros a la que le puso un nombre que denota aquella natural inclinación que tenía de exaltar los más caros valores que entonces dignificaban a nuestra sociedad: Fábrica de Cigarros La Honradez.

Pero, además, Quintilio Gavassa Mibelli nos dejó un legado que habría de permitirnos a las nuevas generaciones de bumangueses aproximarnos a la visión de cómo era Bucaramanga en aquellos remotos tiempos. Ese legado no fue otro que la inconmensurable riqueza de sus fotografías.

 

 

Sí: el tesoro de sus fotografías. Porque Quintilio Gavassa Mibelli fue fotógrafo. Y no cualquiera, sino un fotógrafo culto, un hombre serio y decente, que enalteció con su presencia los salones aristocráticos del Club del Comercio de aquellos años, pero que también tuvo la perspectiva histórica de retratar con su cámara la sencillez de nuestras calles, de nuestros parques, de nuestro pueblo, de nuestra gente de aquella época, y dejar así para la posteridad las imágenes de la Bucaramanga de ruana y sombrero en cuyas calles discurría su existencia de extranjero afincado en tierra lejana, una tierra donde finalmente había echado raíces y en la que había construido los cimientos de la que sería una gran familia santandereana.

 

LA FOTOGRAFÍA MÁS ANTIGUA QUE EXISTE DE BUCARAMANGA (Fotografía: Quintilio Gavassa)

 

Fotografía Gavassa, así, con la sencilla obviedad de su apellido y a qué se dedicaba, bautizó la que habría de ser el embrión del arte fotográfico en nuestro solar nativo. Y gracias a su cámara inquieta, y pese a las limitaciones técnicas de una época en la que tomarse un retrato no era cosa de poca monta, porque tanto el fotógrafo como quien se retrataba tenían que contar con la virtud que hizo famoso al Santo Job, pudimos nosotros, los que por fortuna fuimos capaces de entender que Bucaramanga no nació anoche, ni que se dio por generación espontánea, y por eso abrazamos la Historia como parte de nuestra formación personal, aproximarnos al villorrio de esos días, y hoy nos alegra haber podido imaginarnos el devenir de nuestra comarca y conocer de cerca los rostros de quienes nos precedieron en la construcción de los destinos de nuestra ciudad natal y trajeron aquí tantas maravillas de las que ya disfrutaba el mundo civilizado, desde la luz eléctrica hasta el adelanto del acueducto, desde la alegría de las notas musicales tocadas por una orquesta hasta la maravilla del agua sólida, desde el primer automóvil hasta el reemplazo de las calles empedradas por la modernidad de la brea y el asfalto.

 

EDMUNDO GAVASSA VILLAMIZAR, PERIODISTA E HISTORIADOR SANTANDEREANO

 

Pero ni yo, ni mi generación, habríamos conocido esa antigua Bucaramanga de no haber sido porque nos lo posibilitó un ilustre coterráneo, un amigo con el que ya no volveremos a platicar sobre los tiempos idos, porque nos acaba de dejar, porque, como bellamente dicen los masones, hoy ha partido hacia el Oriente Eterno, o, como decimos los cristianos con no menos hermosura, ha ido al encuentro con el Hacedor Supremo, el gran dador de la vida.

Y es que, como lo anotamos en nuestro libro Historia de Bucaramanga, luego de hacer un registro acerca del distinguido inmigrante italiano, “Edmundo Gavassa Villamizar será quien conservará y difundirá para la posteridad el rico legado fotográfico dejado por su abuelo, Quintilio Gavassa Mibelli, gracias al cual las nuevas generaciones de bumangueses podremos conocer lo que fue nuestra ciudad en aquellos años remotos e irrepetibles. El espíritu visionario y culto de Quintilio Gavassa permitirá la captura de hermosas escenas que con el paso de los años habrán de constituir las únicas referencias posibles que el inexorable paso de la historia nos permitirá conocer de esta tierra. Pero ello no hubiese sido posible de no ser por el amor de su nieto Edmundo hacia la Historia y la ausencia de mezquindad con que obró al dejar al conocimiento público lo que, de otro modo, no habría pasado de ser un tesoro privado de su familia, apenas conocible por sus allegados” (Historia de Bucaramanga, 2009, p. 210).

 

EDMUNDO GAVASSA VILLAMIZAR – Fotografía: Vanguardia

 

A mí lo primero que me causó cuando lo conocí no fue aprecio, sino desconcierto. Sabía de tiempo atrás que era un hombre prominente, presidente de la Academia de Historia de Santander y desde unos años acá talvez su figura más emblemática. Lo asociaba en mi imaginación a las retretas de la desaparecida Banda del Departamento, o a la de la Policía, o a la del Ejército, en las fiestas patrias; a las ofrendas florales al pie de los monumentos erigidos a nuestros próceres; a las copas de champaña en honor a los visitantes ilustres; a los jardines, a los bustos y a ese entorno mágico propio de la Casa de Bolívar. No ignoraba que había publicado varios libros y eso me era suficiente para tenerlo en un alto concepto, pues para mí todo aquel que había publicado un libro era merecedor de una especie de sitio de honor dentro de los destinatarios de mi admiración y mi respeto. Por eso me sorprendió la sencillez casi elemental con la que me respondió mi primer saludo: “Ala, – me dijo de entrada -, quítame el don, dime Edmundo”.

 

 

De él podría destacar muchas cosas, pero quizás la más relevante es que fue siempre fiel a sí mismo.

En efecto, desde que descubrió que era periodista y que era historiador, a eso se dedicó: al Periodismo y a la Historia.

 

 

Permítaseme que me cite a mí mismo para traer al presente las sencillas palabras – escritas con redundancia incluida, de la que solo hasta hoy me percato – a través de las cuales el día miércoles 26 de abril de 2017 me referí a él en este mismo blog a propósito de la publicación del que sería uno de sus últimos libros, lo cual iba a suceder al día siguiente:

“Don Edmundo Gavassa Villamizar nació en Bucaramanga el jueves 25 de enero de 1940, en el hogar formado por Rafael Gavassa Villamizar y Beatriz Villamizar Bautista. Fue -en la década de los años 60- redactor de la página internacional de El Tiempo, de Bogotá. En la actualidad es Miembro del Colegio de Periodistas de Bogotá (CPB). En su trasegar como periodista e historiador, ha publicado numerosos libros, siempre en procura de que nuestro devenir no quede sepultado por el polvo del olvido. Así, por ejemplo, su primera obra, Fotografía italiana de Quintilio Gavassa (Papelería América Editorial, Bucaramanga, 1982), recoge imágenes de la vieja Bucaramanga, complementadas con valiosos textos informativos complementarios.

Pues bien: fiel a esa línea de conducta, mañana jueves 27 de abril de 2017, en acto solemne que se llevará a cabo en la Casa de Bolívar, sede de la Academia de Historia de Santander, a las 6:30 de la tarde, el cual estará presidido por don Miguel José Pinilla Gutiérrez, presidente de la augusta institución, don Edmundo Gavassa Villamizar, quien funge desde hace largos años como columnista del diario Vanguardia Liberal, enriquece una vez más la bibliografía santandereana con la presentación de un nuevo libro de su autoría. Esta vez exalta la memoria de los facultativos que hicieron y siguen escribiendo con sus vidas la historia de la Medicina en este nuestro terruño después de haber un día pronunciado, con la emoción del graduando, el Juramento Hipocrático.

El nuevo libro del inquieto periodista e historiador, titulado La Salud en Bucaramanga. Reseña Histórica, será presentado por don Fabio Torres Barrera, Miembro de Número de la Academia de Historia de Santander, entidad de la cual el autor también es Miembro de Número y a la que ha presidido en varias oportunidades.

¡Felicitaciones, don Edmundo! Usted sabe que por aquí se le estima, se le admira y se le respeta”.

Mesa de las Tempestades, área metropolitana de Bucaramanga, miércoles 26 de abril de 2017“.

 

EDMUNDO GAVASSA VILLAMIZAR, MAESTRO POR EXCELENCIA DEL PERIODISMO Y DEL NOBLE OFICIO DE ESCRIBIR NUESTRA HISTORIA

 

Son, desde luego, muchas las cosas que podría añadir a aquel texto escrito ya hace más de cinco años. Sin embargo, por ahora lo único que deseo agregar es tan solo un modesto reconocimiento público de mi gratitud imperecedera.

Y es que siempre conté con su apoyo, su orientación, sus fotografías, sus consejos, incluso con su espontáneo ofrecimiento a ponerse al frente de la edición de la obra que yo intentaba publicar. Un día lo llamé a su casa para pedirle unas orientaciones relacionadas con algunos aspectos técnicos propios de la ilustración que tendría la segunda edición de mi libro sobre la historia de Bucaramanga y él – haciendo referencia a la Casa del Libro Total, donde se llevaban a cabo las tareas correspondientes – me dijo:

“Diles allá que usen las fotografías que necesiten. Y si quieres que yo baje y me ponga al frente de eso, me dices con toda confianza y yo bajo inmediatamente. Eso no es sino que me lo digas”.

Conste que nos encontrábamos en plena pandemia y ni siquiera habían empezado en Colombia las jornadas de vacunación. Por el contrario, habían advertido que los mayores de 70 años debían permanecer en sus casas.

Ese día entendí varias cosas de él, entre ellas la de por qué fue periodista.

Pero también comprendí lo que para algunos espíritus selectos significa ser amigo.

 

Mesa de las Tempestades, área metropolitana de Bucaramanga, martes 28 de junio de 2022

 

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