El viernes 22 de septiembre de 1978 murió el gran compositor santandereano maestro José A. Morales. Por Óscar Humberto Gómez Gómez

JOSÉ A. MORALES

 

El viernes 26 de mayo de 1978 hacia las 6 de la tarde yo estaba parado, en medio de una multitud, en el andén sur del parque García Rovira, frente al llamado “Palacio amarillo”, sede de la Gobernación de Santander. Al balcón del edificio, que da sobre la calle 37, asomaron el Gobernador de Santander de entonces, arquitecto Alberto Montoya Puyana, su secretario de educación, abogado Alfonso Valdivieso Sarmiento, y el insigne compositor santandereano maestro José A. Morales, a quien la Gobernación iba a homenajear antes de que partiera hacia México. Abajo, sobre el andén, a mi lado, el director de la Banda del Departamento, el maestro Alfonso Guerrero, esperaba instrucciones junto a sus músicos, rigurosamente vestidos de uniforme. Entonces el jefe de protocolo, Luis Enrique Figueroa Rey, con su habitual atuendo campechano, tomó el micrófono, leyó el orden del día y en seguida se dirigió al maestro Guerrero con su voz y con el dedo índice de su mano derecha: “¡Toquen, Alfonso, toquen!”. Segundos después sonaban —como decían antes— “las notas marciales de nuestro Himno Nacional”.

Al presentar el tema “¡Viva la fiesta!”, Figueroa dijo que, dirigiendo ese tema durante un concierto, había muerto súbitamente su compositor, el maestro Luis María Carvajal; pero varios señores de edad comenzaron a gritarle desde el andén del parque: “¡ No, no, “Soñar en un jardín”, “Soñar en un jardín”!”. Al momento me di cuenta de que estaban rectificando al jefe de protocolo. Lo que querían aclarar, en efecto, era que Luis María Carvajal no había muerto dirigiendo “¡Viva la fiesta!”, sino otro tema suyo, “Soñar en un jardín” (La verdad sea dicha, en algunas fuentes lo que he leído es que solo se estaba preparando para iniciar el concierto).

Cuando el acto finalizó, el maestro Morales salió a la calle y fue cuando pude verlo de cerca; mi mamá lo saludó y le dio la mano; él se la estrechó rápidamente, pero lo noté distraído, preguntaba por “Tomás, ¿dónde está Tomas?”. Se refería al sastre y músico Tomás Lerzundy, su amigo de juventud, aquel que tenía su casa y su taller en el costado norte del parque Bolívar, donde los caballeros que se preparaban para asistir a la fiesta del siguiente fin de semana en el Club del Comercio alquilaban el esmoquin. El reconocido artista vestía de estricto flux —como llamamos en Santander al traje de calle de los varones, es decir, vestido con saco y corbata—. No logro precisarlo bien en mi memoria, pero creo recordar que lucía chaleco y leontina.

Fue la primera vez que lo vi, y la única. Un poco menos de cuatro meses después, el maestro José A. Morales moría en Bogotá. Por coincidencia, también era viernes.

 

NOTA DEL DIRECTOR: Hoy queremos rendir un modesto homenaje de admiración, respeto y afecto a la memoria del inmortal músico santandereano José A. Morales trayendo a colación una de las más emblemáticas canciones del maestro, el pasillo lento “Soberbia”. Aquí está, en las voces del dueto Garzón y Collazos, y con el acompañamiento del maestro Jaime Llano González en el órgano.

Después encontrarán el enlace de la entrada en la cual insertamos el discurso que pronunció el maestro Humberto Martínez Salcedo durante el sepelio del preclaro compositor.

¡Bienvenidos!

 

 

http://www.oscarhumbertogomez.com/?p=17472

 

¡Gracias por compartirla!
Publicado en Música, Poesía | 2 comentarios