Eras fuego, maestro, eras estrella,
luz radiante, cascada de alegría
que al pueblo cada sábado traía
el brillo y resplandor de una centella.
Eras tú inteligencia que hacía mella
entre tanta mediocre algarabía
y tu agudeza mental sobresalía
por sobre la ruindad de la querella.
Fue tu clara honradez casta doncella,
nos dejó tu talento eterna huella
y ejerciste con honor la abogacía:
la ejerciste con tu humor de antología,
pues mostraste que se es justo día a día
y que aun con sencillez… ¡también es bella!
