













GENERAL YESID VÁSQUEZ, IGNORADO COMPLETAMENTE POR LOS ESCASOS CONGRESISTAS PRESENTES DURANTE EL DEBATE SOBRE LA VIOLENCIA EN EL FÚTBOL COLOMBIANO

LOS ESCASOS CONGRESISTAS PRESENTES EN EL DEBATE ANDABAN EN OTRO CUENTO
Después de unas campañas en las que abunda el licor, la comilona, la francachela, el cierre de calles, los discursos veintejulieros, la lagartería y, por supuesto, el derroche de dinero, estos personajes – en cuya opacidad oratoria no hay que ahondar mucho porque ella salta a la vista en las escasísimas ocasiones en que dejan oír sus voces, obviamente para no decir nada- tampoco tienen al menos la cortesía de escuchar con atención a los altos dignatarios del Estado que son citados al Congreso Nacional para hablar sobre fenómenos de interés nacional.
En este caso, podrán ver ustedes -dando clic izquierdo encima del enlace- cuál fue su interés en la suerte de los numerosos colombianos que han sido asesinados dentro del contexto de esa vorágine de ordinariez, chabacanería, vulgaridad, agresividad, violencia y muerte en que se convirtió el otrora deporte del fútbol.
Fue la propia Cámara de Representantes, a través de su presidente, la que citó al general Yesid Vásquez, inspector general de la Policía Nacional, para hablar acerca de esta gravísima y delicadísima problemática, que -como lo entiende cualquier mente medianamente normal- requiere de una urgentísima respuesta por parte del Estado.
Sin embargo, como pueden ver en el video, mientras el general Vásquez hacía su exposición, los elegidos por el voto popular se dedicaban a otras cosas.
Y eso no es lo peor: lo verdaderamente peor es que, como puede leerse en la nota de EL TIEMPO, estos maleducados personajes pretenden justificar lo injustificable con argumentos tan peregrinos, que si no fuera porque este país no es serio, debería costarles la inmediata destitución.
Ha salido a la luz por estos días una versión de la Urbanidad de Carreño ilustrada con matachitos de colores, para motivar a los niños a leer esa obra.
A juzgar por lo visto, el Estado colombiano debería adquirir toda la edición y repartirla en el Congreso, a ver si, ya que no les interesan los problemas nacionales, al menos los mueven a repasar las normas de buena educación los matachitos de colores.
Cuando uno observa el “respeto” y la “atención” con que escuchan a un general de la Policía Nacional al que ellos mismos citaron para hablar sobre un tema de palpitante actualidad, se pregunta con qué interés leerán nuestros parlamentarios las cartas que les envían los colombianos del común para exponerles sus problemas.
¡Con razón Simón Firmoncito, presidente de la Cámara de Representantes en los nefastos tiempos de la Reforma a la Justicia que nos quedamos esperando, justificó el haber estampado su firma en aquel vergonzoso adefesio, con aquella histórica y memorable frase, que al lado de las de Sócrates, Platón, Aristóteles, Kant, Napoleón, Bolívar, Einstein, Wilde, Lincoln, Sartre, Churchill, Martin Luther King, etcétera, constituirá un ejemplo imborrable de agudeza intelectual y vena política para las generaciones del futuro: “Es que firmé sin leer; apenas había ojeado el proyecto por encima“.
¡Y pensar que firmó sin leer y que apenas ojeó por encima nada menos que una Reforma a la Constitución Política de la República de Colombia!