
A un mago burócrata ilustrísimo,
cual si fuese lo sagrado cosa nimia,
le dio por convertir, y sin alquimia,
en figura turística al Altísimo.
Todo es hoy banalidad, hecho ciertísimo,
vivimos en constante ciclotimia,
son tiempos de anorexia y de bulimia,
lo grandioso empequeñece rapidísimo.
Si no es Jesús figura tan eximia,
sino un persa, ¡qué extraña toponimia
el que quiera decir “Santanderísimo”.
Yo no creo que haya sido sinonimia:
no se coge una cereza en la vendimia
y tan solo Jesucristo es el Santísimo.