Discurso de Humberto Martínez Salcedo en el sepelio de José A. Morales. Por Óscar Humberto Gómez Gómez

OSCAR HUMBERTO GOMEZ

 

Con motivo del aniversario de la muerte del excelso compositor santandereano José A. Morales, nuestro portal reproduce el texto completo de las palabras pronunciadas ante el féretro del maestro por ese otro magnífico artista santandereano, el humorista Humberto Martínez Salcedo.

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azucenas

 

 

JOSE A. MORALES

 

“Ahí está…, con su altivez inmaculada y la serenidad que deja el canto; con las manos tranquilas después de haber dejado inquieto el aire, luego de haberlo llenado de trinos y emociones; con su ancho corazón comunero, yacente, detenido, como un tremendo volcán apagado. Lo ha dejado todo aquí…, sin escrituras, salido de sus insondables alforjas musicales, para nuestro constante patrimonio. Con su humilde “Soberbia” nos convoca para que repitamos su fe, para que lo acompañemos en este duro compromiso de amar a Colombia campesina, de mantenerla intacta y diáfana como sus bambucos solitarios.

No fue un accidente su cantar: tras de él venía en aluvión, entre pentagramas y batallas, la voz total de un pueblo; una comunidad de pífanos, y caracoles, y tambores, que despertó las serranías en la infancia indígena; un tropel de cuerdas de guitarra que se vino en el océano, en carabelas, a parir leyendas y caminos; y un mestizo indomable que convirtió en tiple la tristeza de su esclavitud y el campanazo de su rebeldía.

Aquí sí que queda historia: la simple y casta historia de las quebradas y las chozas, sin condecoraciones ni medallas; la garganta de los arreboles y la luz adormecida de los amaneceres. No le viene a mancillar en el momento póstumo la mano impura de quienes traicionaron la guabina y pretenden convertir su pecho en dividendos, porque está entre un cerco de amigos que seguiremos tarareando sus canciones y que vinimos a acompañarlo, cuando se ha callado, para agrandar en coro sus palabras.

Cuando nos indaguen nuestros hijos este dolor que traemos —como una copla sangrada— entre los ojos, por la muerte de este inmenso trovador, les diremos: “Nos duele su ausencia, porque su mano de comunero ya no volverá a consentir la patria revendida; porque con él parece que enterráramos los tiples y la honestidad; porque devolvemos a la tierra los bambucos para que nuestras eras se llenen de guitarras eléctricas y alaridos; porque fue nuestro hermano en la crianza de los sueños y de las quijotadas”.

Lo devolvemos puro al infinito, entre el llanto de las montañas y los hombres; en medio de su funeral de luceros; con el luto apretado de los campesinos, que frente a este féretro ven apagados sus fogones; con su gigantesca lección de patriotismo, que desde su reingreso a las entrañas de la tierra colombiana, va a convertirse en credo y en leyenda.

Hasta luego, “hijuepuerquita””.

HUMBERTO MARTÍNEZ SALCEDO

Sábado 23 de septiembre de 1978

 

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