
Tiempos fueron de los grandes oradores
que en el foro con sus voces atronaban
y hasta a Temis, poderosa, cautivaban
explicando de los hombres sus errores.
Tiempos fueron de jueces tan señores,
que el honor del letrado veneraban
y a la par de su justicia demostraban
su ilustrada exquisitez como escritores.
Hoy al ver al inocente perseguido,
hoy al ver que verbo y pluma en el olvido
yacen tristes en un mundo sin valores,
hoy al ver tu decadencia, vida mía,
solo puedo, bella y noble Abogacía,
entregarte en estos versos mis amores.
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[ILUSTRACIÓN: Busto del gran jurista y orador romano Marco Tulio Cicerón. Museos Capitolinos. Roma].