
I
Para cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y para cuando este espantoso conflicto bélico terminó no existían ni Corea del Norte ni Corea del Sur, existía solamente Corea.
II

Pero Corea se hallaba bajo el dominio de Japón, precisamente uno de los perdedores, y entonces, tal y como sucedió con otras naciones, ciudades y lugares geográficos, los ganadores procedieron a repartirse el botín de guerra. Fue así como a Corea la fragmentaron en dos partes, el norte de Corea y el sur de Corea, la primera zona para la URSS y la segunda para los Estados Unidos.
III

En 1948, es decir, tres años después de la finalización de la guerra y con el propósito de crear un instrumento jurídico y político internacional que previniera el que volvieran a repetirse dentro de la humanidad las terribles atrocidades que llegó a cometer el régimen nazi y las espantosas escenas de la guerra, los estados del mundo, que ya habían creado la Organización de las Naciones Unidas, ONU (1945), expidieron la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
IV

Pero no se había secado aún la tinta de esta declaración, y todavía lucían como nuevos los atriles y las butacas de la ONU, cuando ya la humanidad estaba regresando a la guerra.
Fue así que en el caso de Corea, el norte de Corea, alegando que poseía la representación legítima de toda la nación coreana, se dispuso unificar el país y entonces se dio inicio al desplazamiento de las tropas norcoreanas sobre los territorios de Corea del Sur y consiguientemente a la resistencia surcoreana a la invasión de su territorio, lo cual se tradujo en los primeros combates, mismos que, como era obvio, empezaron a dejar un terrible saldo de muertos y de destrucción.
V

Cuando las tropas norcoreanas prácticamente tenían asegurada la victoria definitiva, Corea del Sur recibió un segundo aire gracias a la intervención de la ONU, que bajo la clara influencia de los Estados Unidos aprobó el envío de tropas a enfrentar el avance norcoreano sobre Corea del Sur.
Curiosamente, el único país latinoamericano que apoyó militarmente a las tropas estadounidenses enviando un batallón a luchar a favor de Corea del Sur fue Colombia, gobernada en esos momentos por Laureano Gómez, paradójicamente un antiestadounidense declarado.
VI

La intervención militar extranjera en suelo coreano pudo detener el avance de las tropas de Corea del Norte, pero no logró que estas se replegaran y fue así como finalmente se declaró un armisticio para suspender las hostilidades (1953), fijando el paralelo 38, ya ampliamente conocido para ese momento, y las zonas contiguas de ambos lados desmilitarizadas, como el límite territorial que a partir de ahí ninguna de las dos Coreas podía sobrepasar.
Aunque este armisticio no ponía a fin a la guerra, en la práctica terminó dejando en el aire sin definir la misma, de manera que hasta el día de hoy, en teoría, los dos países continúan en guerra.
VII

En varias oportunidades se han celebrado conferencias binacionales de alto nivel entre las dos Coreas, tanto en la zona desmilitarizada como en la capital del Corea del Norte, para sostener diálogos acerca de la paz y suscribir acuerdos. Empero, mientras el jefe de Estado de Corea del Sur ha viajado a la capital de Corea del Norte con tales fines, jamás el jefe de Estado de Corea del Norte ha viajado a Corea del Sur con similar propósito.
VIII

Bajo la vieja filosofía comunista, Corea del Norte ha proseguido su vida política, militar y social, a su manera. Igualmente a su manera, inspirada en una moderna concepción de la filosofía capitalista occidental, Corea del Sur ha orientado su propio decurso vital.
IX

Corea del Sur, con capital en Seúl, es hoy por hoy uno de los países más importantes del primer mundo, aunque con unas características muy particulares.
X

No se observan en las calles de Seúl fenómenos sociales que como la pobreza extrema y la mendicidad son evidentes en la capital de Colombia y en ciudades como Bucaramanga. Esto, sin embargo, no significa que no haya pobreza extrema en la capital surcoreana, sino que se encuentra relegada a unos sectores citadinos muy específicos donde estas familias paupérrimas sobreviven en condiciones muy difíciles sin que los turistas lo vean.
No se permite tampoco en el transporte público de Seúl el fenómeno social que se observa en Bogotá y en ciudades colombianas como Bucaramanga con personas pidiéndoles dinero a los pasajeros o cantando para recoger algunas monedas. Tales actividades están absolutamente prohibidas en el transporte público surcoreano.
XI

Así mismo, se aprecia en Seúl un aseo impecable de las vías públicas.
Tampoco se observan por lado alguno los horrorosos chorros de humo negro que contaminan el aire en la capital de Colombia, particularmente en su convulsionado centro.
No se padecen tampoco los interminables trancones o atascos bogotanos. Por el contrario, la circulación es por lo general fluida y se conduce a bastante velocidad.
XII

En fin, hay sentimientos que son inevitables.
Es inevitable, por ejemplo, que los colombianos nos sigamos preguntando qué es exactamente lo que le hace falta a Colombia para aproximarse a ser una Corea del Sur.
Y, por supuesto, es también inevitable que los bumangueses sigamos preguntándonos qué es exactamente lo que le hace falta a Bucaramanga para acercarse siquiera —así sea en pequeño— a ser otra Seúl.

FOTOGRAFÍAS: Arq. Sergio Andrés Gómez Sandoval.
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ÓSCAR HUMBERTO GÓMEZ GÓMEZ: Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP). Miembro de Número de la Academia de Historia de Santander. Miembro de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (SAYCO). Miembro del ilustre y desaparecido Colegio de Abogados de Santander.
SERGIO ANDRÉS GÓMEZ SANDOVAL : Arquitecto de la Universidad de los Andes. Bogotá. Secretario General de la Sociedad Colombiana de Arquitectos (SCA) Regional Santander.