ELECCIONES PRESIDENCIALES EN COLOMBIA. LAS RAZONES DE MI VOTO. Por Óscar Humberto Gómez Gómez

GENERAL FRANCISCO DE PAULA SANTANDER, EL HOMBRE DE LAS LEYES // Acevedo Bernal.

 

El sistema democrático colombiano ofrece este domingo únicamente dos opciones para que los ciudadanos votemos por quien queramos con el fin de proveer por mayoría el cargo de presidente de la República. Que es como decir que entre solamente dos opciones decidiremos quién será investido de la dignidad que en los albores de esta nación enaltecieron patriotas ilustres como el general Simón Bolívar o el general Francisco de Paula Santander. Que es como decir que entre tan solo dos opciones escogeremos quién será el nuevo inquilino de la casa donde en aquellos albores vivía otro de nuestros más connotados patriotas, el general Antonio Nariño.

Al menos en teoría, todo ciudadano tiene derecho a votar por quien quiera. Empero, en mi caso particular, y dado que no milito ni en la agrupación política de un candidato ni en el movimiento político del otro, consideré que antes de decidir por quién votar, debía llevar a cabo una rigurosa investigación personal sobre cada uno de los dos aspirantes y, además, analizar con ponderación los pros y los contras de sus planteamientos.

Pues bien: adelantada esa investigación, a la que me movió también mi antigua inclinación hacia la historia, he definido el sentido que tendrá mi voto este domingo.

 

EL GENERAL SIMÓN BOLÍVAR ALCANZÓ A HACER REALIDAD SU SUEÑO DE UNA GRAN NACIÓN AL LOGRAR UNIR EN UNA SOLA REPÚBLICA A LAS ACTUALES VENEZUELA, COLOMBIA Y ECUADOR. LA GRAN COLOMBIA DURÓ ENTRE LOS AÑOS 1821 Y 1830.

 

He de precisar ante todo que, tal y como lo saben las personas que me son más cercanas, y como además lo he dejado en claro públicamente siempre que se ha pretendido involucrarme en ella, a mí realmente no me ha interesado la política colombiana actual; mi acercamiento intelectual ha sido siempre hacia las ciencias políticas y hacia la historia, tanto nacional como internacional, aunque inevitablemente ello me ha conducido, por supuesto, al estudio de prominentes figuras de la política colombiana y del mundo.

Y es que tengo profundas reservas éticas sobre la manera como se hace la política en mi país en los tiempos de hoy en día, sobre las verdaderas intenciones de quienes la ejercen y sobre el genuino interés de nuestros políticos por la solución de los grandes problemas nacionales.

Hecha esta advertencia previa, he de subrayar que la decisión final que he tomado ha obedecido a unas consideraciones que sólo corresponden a mi fuero estrictamente interno, el cual sólo tiene como jueces a Dios —que es la Verdad— y a mi conciencia, que ha sido siempre el faro orientador de mis quehaceres.

 

GENERAL ANTONIO NARIÑO, VICEPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE LA GRAN COLOMBIA, EN SU DOBLE FACETA DE MILITAR Y DE INTELECTUAL.

 

Esas consideraciones han sido, entre otras, las siguientes:

PRIMERA CONSIDERACIÓN: El profundo respeto que siento hacia el Supremo Hacedor y la gran molestia que me produjo el que se utilizara su sagrado nombre para hacer política.

Tengo el íntimo convencimiento de que quienes, buscando la satisfacción de sus intereses propios, se prestan para jugar con el nombre de Dios sufrirán consecuencias muy graves. Y por la lectura de algunos pasajes bíblicos, me asalta el temor de que no sólo las sufrirán ellos, sino también sus descendientes. En lo que a mí respecta, debo confesar que a eso le tengo mucho temor y por eso procuro apartarme siempre de quienes así proceden. La utilización de los templos y de la investidura pastoral para conducir a una feligresía sumisa a votar por determinado candidato me ha parecido una conducta temeraria, sacrílega y para mí repugnante.

SEGUNDA CONSIDERACIÓN: Mi irreductible obediencia al hermoso mandato cristiano de amor hacia mi prójimo.

«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13,34-35).

Este “mandamiento nuevo” dejado por Jesucristo a todos nosotros, sus seguidores, me obliga a no servirles de caja de resonancia a consignas que promuevan el odio y la violencia en contra de quienes piensan distinto.

TERCERA CONSIDERACIÓN: Mi plena convicción de que el odio y la violencia ya mostraron sus desastrosas consecuencias, no sólo en este país, sino en el mundo. (En Colombia: la guerra de los Mil Días, la época de La Violencia entre liberales y conservadores, etc. En el mundo: la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, y, en general, todas las atroces guerras que han ensangrentado y siguen ensangrentando nuestro planeta).

CUARTA CONSIDERACIÓN: Mi condición de católico, que me obliga a seguir la doctrina social de la Iglesia, las enseñanzas de los papas, plasmadas en sus encíclicas, cartas apostólicas y homilías, y, por supuesto, las orientaciones de la Conferencia Episcopal Colombiana, que han abogado por la mesura y el respeto.

QUINTA CONSIDERACIÓN: El haber fundamentado mi vida profesional y la formación de mi familia tanto en la práctica de valores éticos que para mí son insustituibles como en el respeto a las autoridades y a quienes no coinciden conmigo en cuestiones políticas o de cualquier otro orden.

En este orden de ideas, el dirigirse al jefe de Estado, quienquiera que sea, como “bandido”, “drogadicto”, “degenerado”, etc., y el referirse a los millones de compatriotas seguidores del otro candidato como una “plaga” a la que hay que “destripar” yo no puedo validarlo. Y no lo puedo hacer porque entonces estaría traicionando nociones de cívica y de urbanidad que de niño me enseñaron en mi casa y en mi escuela, que ya de adulto les enseñé a mis hijos, y que a estas alturas de mi existencia, cuando me encuentro más cerca del final que del comienzo, lejos de abandonar considero que debo afianzar más que nunca. De la sabiduría popular aprendí no solo eso de que “Dime con quién andas y te diré quién eres”, sino también eso otro de que “Lo cortés no quita lo valiente”.

SEXTA CONSIDERACIÓN: El haber llevado a cabo, dada mi vocación hacia la historia y apoyándome en todas las fuentes con las que me fue posible contar, una rigurosa investigación personal acerca de los dos candidatos, indagación que me permitió llegar a mis propias conclusiones íntimas, entre ellas la total ausencia de verdad en las graves acusaciones públicas hechas en contra de uno de ellos, seguramente con el fin de sembrar en la opinión pública la imagen de que es alguien proclive a la violencia.

SÉPTIMA CONSIDERACIÓN: Mi ferviente deseo de que bajo ningún gobierno sea perseguido un sector de mis compatriotas solamente por pensar distinto.

OCTAVA CONSIDERACIÓN: Mi antigua e incorregible tendencia a ponerme siempre de parte de aquellos contra quienes se forman gavillas mediáticas —o de cualquier orden— y que no cuentan con los mismos medios publicitarios para contrarrestar los ataques en su contra y exponer con total amplitud sus puntos de vista.

Al respecto, considero que cuando se lleva a cabo una contienda electoral dentro de una sociedad democrática, los periódicos deben poner a disposición de todas las tendencias sus páginas y columnas con total generosidad, cosa que aquí no sucedió. Observé, por ejemplo, que mientras el diario El Tiempo en un mismo día les dedicaba todas sus páginas editoriales a columnistas que escribían a favor de una propuesta política afín al periódico, no publicaba absolutamente ninguna columna de opinión a favor de la propuesta contraria. Eso generó mi percepción personal de que había una total desigualdad informativa y de opinión, lo que dentro de mí terminó por inclinar la balanza en favor de quien percibí como la parte más débil.

NOVENA CONSIDERACIÓN : Las inaceptables burlas y los inconcebibles aplausos con que fueron recibidas noticias muy tristes para personas y familias colombianas residentes en el exterior. La terrible persecución desatada contra los migrantes pobres arrestados en los Estados Unidos no mereció el más mínimo comentario piadoso de uno de los candidatos. En mi sentir, la pobreza no puede seguir siendo un estigma, ni un pretexto para la violencia y la humillación oficial en contra de nadie. Considero que debió haber existido en quien estaba aspirando a ser el representante constitucional de toda la nación colombiana un mínimo de solidaridad, al menos por misericordia, hacia estas familias. Mirar a las personas con desdén desde la altura social que da el dinero contrasta de bulto con la admirable virtud de la humildad, esencial en la doctrina cristiana y, en lo que a mí respecta, un verdadero adorno de la personalidad que engalana a los grandes hombres y a las grandes mujeres, y que, para ser sincero, a mí siempre me ha conquistado.

“… porque yo tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me hospedasteis;

36 estando desnudo me cubristeis, enfermo y me visitasteis, encarcelado y vinisteis a verme y consolarme.

37 A lo cual los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos nosotros hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber?;

38 ¿cuándo te hallamos de peregrino y te hospedamos, desnudo y te vestimos?,

39 o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a visitarte?

40 Y el rey, en respuesta, les dirá: En verdad os digo: Siempre que lo hicisteis con algunos de estos mis más pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis”. (Mt, 25: 35-40)

DÉCIMA CONSIDERACIÓN: El no compartir la visión de uno de los candidatos en torno a la protección de nuestros páramos, de nuestras fuentes hídricas, y en general de nuestro medio ambiente.

UNDÉCIMA CONSIDERACIÓN: El no estar de acuerdo con uno de los candidatos sobre puntos fundamentales que tienen que ver con el respeto a nuestra soberanía nacional, con la salvaguarda de nuestros recursos naturales y con nuestro derecho a contar con un servicio público de salud acorde con los adelantos de la ciencia y que refleje el carácter retributivo de los impuestos que pagamos a diario todos los colombianos hasta por tomarnos una gaseosa en una tienda.

Y

DUODÉCIMA CONSIDERACIÓN: La esperanza que abrigo de que en mi país natal, donde he vivido toda mi vida, siempre se garantice el derecho a la libertad de expresión, pilar fundamental de la democracia, de modo que todos los colombianos podamos exteriorizar libremente nuestras ideas, sin miedo a nada, ni a nadie.

 

Área metropolitana de Bucaramanga, jueves 18 de junio de 2026

 

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