
Hoy hace cincuenta años
yo empecé a estudiar Derecho,
con una inmensa riqueza,
pese a ser alguien modesto:
el don de la juventud,
cofre de rico joyero,
más valioso que el diamante
más puro del universo.
Hoy hace cincuenta años
yo empecé a estudiar Derecho,
con dos valores guardados
a lo largo de los tiempos
en el invisible banco
de mis bolsillos secretos:
honrar la vida del otro
y no gustar de lo ajeno.
Hoy hace cincuenta años,
ni un año más, ni uno menos,
viajaba montando en bus,
no me importaba el sereno,
tocaba mal la guitarra,
con un anillo en el dedo,
y no me preocupaba
saber tan solo tres puestos.
Hoy hace cincuenta años
yo empecé a estudiar Derecho,
y dándoles serenatas
a aquellos que me quisieron,
con novedosas baladas
y con antiguos boleros,
veía salir el sol
por encima de los cerros.
Hoy hace cincuenta años
yo empecé a estudiar Derecho,
pensando que la justicia
no era tan solo un concepto
y que mi vida de entonces
cambiaría con el tiempo
si yo a las adversidades
sabía ponerles el pecho.
Hoy hace cincuenta años
yo empecé a estudiar Derecho,
consciente de los pesares
que padecía mi pueblo,
creyendo que surgirían
un país y un mundo nuevo
de entre las frases rebeldes
que escribía en mi cuaderno.
Hoy hace cincuenta años
yo empecé a estudiar Derecho,
delgado como Quijote,
leal como su escudero,
pensando que acabaría
las injusticias del mundo
y haría que este fuera
un lugar justo y honesto.
Hoy hace cincuenta años
yo empecé a estudiar Derecho,
firmando letras de cambio
en ausencia de dinero
y aprendiendo que en la vida
siempre se vive aprendiendo
y que la cometa eleva
cuando sopla en contra el viento.

Hoy hace cincuenta años,
cincuenta años completos,
viajaba en un bus urbano
escaso de pasajeros
cuando la vi que subía:
alta, pálida y sonriendo,
vestida de blusón blanco,
bluyín y cinta en el pelo;
hoy hace cincuenta años
en esta historia sin freno,
que me sedujo enseguida
el largo de su cabello
y al poco tiempo ya estaba
en mis adentros temiendo
que aquel amor por Florencia
no me cupiera en el pecho.

Hoy hace cincuenta años
que empecé a estudiar Derecho,
yo no podía creer
aquello que estaba viendo:
¡ya era universitario
¡de pluma y de fólder negro!
¡ahora solo faltaba
hacer realidad mis sueños!
Hoy hace cincuenta años,
¡cómo ha pasado ya el tiempo!
es como si mañana
Chepe Amaya, en tono quedo,
nos fuera a decir que el Derecho
de la Roma de otros tiempos
se encuentra todo copiado
por Cecilia en el tablero.

Hoy hace cincuenta años
conocí a mis compañeros:
a Mónica, y a Esperanza,
a María Adela, a Roberto,
a Álvaro, y a Vicente,
a Ángel Ovidio y a Néstor,
a Rito Antonio, a Fabiola,
a Roque Javier, y al resto.
Hoy hace cincuenta años
que empecé a estudiar con ellos.
A algunos los conocía
desde mis años pretéritos:
ya conocía a Ciro Antonio,
no así a Carlos Humberto,
pero, en últimas, a todos
yo terminé por quererlos.
Hoy hace cincuenta años,
hoy lo tengo en mis recuerdos,
que conocí a Emma Patricia
y hasta entré a su apartamento,
en el edificio Apolo,
en el corazón del centro,
donde tenía su nido
y esperaba a su polluelo.
Hoy hace cincuenta años
yo empecé a estudiar Derecho
con Luisa Fernanda al lado
combatiendo contra el sueño
y atrás una embajadora
de los riscos sangileños
de nombre Martha Cecilia
saludándome a lo lejos.
Hoy hace cincuenta años
fui primíparo y bohemio
aunque nunca seguí a Baco,
ni el tabaco me hizo fieros;
me gocé todo el humor
de María Josefa entero
y supe que la Amistad
tenía apellido Acevedo.
Hoy hace cincuenta años,
lo guardo aquí en mi cerebro,
conocí a ese amigo amable
a quien Dios le dio el talento
de resumir con sus manos
la belleza en un florero
y así entendí que en las aulas
también el mundo es diverso.

Hoy hace cincuenta años,
cincuenta años completos,
hace ya cincuenta años
que empecé a estudiar Derecho,
creyendo entonces que el mundo
sería más justo y bueno,
si yo mismo era más justo
y el mundo era más honesto.
Hoy hace cincuenta años
si alguien hablaba de esto
pensaban que estaba loco,
que el mundo sí estaba cuerdo:
los años fueron pasando
y acabamos comprendiendo
que el loco no era el que hablaba,
que era el planeta el enfermo.

Hoy hace cincuenta años
que empecé a estudiar Derecho
con unos libros prestados
y ya ajados de lo viejos
que fueron mis instructores,
profesores y maestros
y en horas de biblioteca
me enseñaron sus secretos.

Cincuenta años atrás
yo era mordaz y sincero,
decía lo que pensaba,
cantaba duro y abierto,
y en noches de soledad,
de amor, de luna y luceros
era capaz de cambiar
el mundo a punta de versos.
Hoy llevo a cuestas tristezas
y alegrías de otros tiempos,
hoy soy ya menos iluso,
quizás soy menos ingenuo,
la vida ya me ha enseñado,
sin conferencias ni previos,
lo que jamás me enseñaron
en las aulas mis maestros.
Hoy ya con mi vida a cuestas,
con el poniente a lo lejos,
después de haber conocido
injusticias y atropellos,
a jueces que no eran justos,
y leyes que no rigieron,
cuando el balance contable
me arroja saldos inciertos,
os pregunto, mi Señor:
si retrocediera el tiempo,
¿un día igual al de hoy
me hallaría en los comienzos
y en cinco décadas más
aquí estaría repitiendo:
“Hoy hace cincuenta años
yo empecé a estudiar Derecho”?
