ARROGANCIA. Por El Diablillo del Parnaso

DIABLO

 

Un hombre muy poderoso,
en poder y economía,
cometió el error un día
de dárselas de gracioso.

Por supuesto que hizo el oso,
pues buen humor no tenía,
y obtuvo con su osadía
un rechazo clamoroso.

Una actriz muy admirada
le criticó, en voz pausada,
un descache tan visible,

Y en reacción previsible,
le hizo el cargo, risible,
de ser “sobrevalorada”.

Al hombre que no es sencillo
Le gusta solo el cepillo.

 

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