A NUESTROS CICLISTAS. Por: Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP)

 

Con esa sencillez que les aflora en su hablar jadeante y en medio de su sudor y su fatiga, nuestros ciclistas han representado y siguen representando a esa Colombia que jamás ha debido dejar de ser lo que era.

Si no, que lo digan las palabras de Darwin Atapuma el pasado 20 de julio, luego de cruzar la meta en segundo lugar: “Me imagino que estaba paralizada toda Colombia con la etapa. Estoy feliz por mi actuación, pero estaba soñando con regalarle un bonito triunfo a Colombia en nuestro día 20 de julio. No se pudo. Lo intentamos hasta el final, pero estoy muy feliz, muy contento. No me dejaron ganar, pero lo intentaremos más veces en el futuro“.

Los ciclistas de antes, entrevistados en plena meta, decían acezando: “¡Un saludo a mi ´amá, a mi ´apá, a todos allá en la casa, que estoy bien”.

Había uno que siempre llegaba de último: Alfaro. No recuerdo el nombre. Corría por la Virgen del Carmen. Portaba un inmenso escapulario que le cubría pecho y espalda. Cuando la Vuelta a Colombia de cierto año llegó a Pamplona, en la radio entrevistaron al obispo de la diócesis. “Monseñor: qué mensaje le envía al corredor Alfaro, que corre por la Virgen del Carmen”. Y el prelado respondió: “Bueno, Alfaro, eso está muy bien, te felicito porque es una gran demostración de fe el que corras por la Virgen del Carmen. Pero, ¡pedalea, hijo, pedalea!”.

Inolvidables las emociones que cuando todavía éramos niños nos dejó la Vuelta a Colombia en Bicicleta, que entonces se corría por departamentos, no por marcas comerciales. De cada departamento se destacaba alguno, no solo en lo deportivo, sino también en el afecto de su gente: Martín Emilio “Cochise” Rodríguez por Antioquia, Carlos Montoya por el Valle, Pedro J. Sánchez por el Tolima, Severo Hernández por Santander, Miguel Samacá por Boyacá. Después empezaron los triunfos internacionales. Primero, fueron en competencias no profesionales: la Vuelta al Táchira, los Campeonatos Bolivarianos de Ruta, la Vuelta de la Juventud Mexicana. En 1967, esta competencia fue ganada por Álvaro Pachón (ciclista de Cundinamarca), con segundo lugar de “Cochise” Rodríguez.  Colombia también ganó por equipos (Álvaro Pachón, Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, Severo Hernández, Pedro J. Sánchez, Asdrúbal Salazar y Albeiro Mejía).  Y el título de la montaña también fue para Colombia con “Cochise”. El santandereano Severo Hernández, luego de una emotiva y larga escapada en solitario, ganó la última etapa, corrida entre Zitácuaro y Ciudad de México. El país literalmente se paralizó. Nuestro corredor fue recibido por una multitud que colmó la carrera 27; iba a bordo de un carro de bomberos y lucía un sombrero de charro.

Lamentablemente y como siempre, la hipocresía aflora en el trato a nuestros ciclistas. Si no que lo diga lo acontecido este año con Nairo Quintana. Bastó con que este joven campesino boyacense y excelente ciclista no quedara este año en el podio del Tour de Francia para que se desencadenaran contra él las más descomedidas críticas provenientes de los mismos de siempre: los jinetes de tribuna, los futbolistas de tribuna, los que desde su asiento le gritan al jinete que temple las riendas hacia la izquierda, que le gritan al delantero que dispare ya desde ahí, pero dictan sus cátedras porque no están, desde luego, ni montando el caballo, ni frente al arco contrario. Son los mismos que cuando Nairo Quintana estaba buscando apoyo -incluso en esta Bucaramanga de donde también salen ahora las críticas en su contra- jamás hicieron nada para dárselo o por ayudarle a encontrarlo.

Andan pifiados, por supuesto. Se les olvida que Nairo no está corriendo por los colores de Colombia, que el Tour de Francia no es una carrera por países, que Nairo es un empleado, un trabajador de Movistar, que trabaja de ciclista, así como otros trabajan en los talleres, o en las oficinas y que, por consiguiente, no es él quien decide en qué competencias participa y en cuáles no. Por lo demás, Nairo sabe, y lo sabemos todos, que cuando ya no esté en condiciones de rendir, la poderosa empresa multinacional lo botará del empleo sin contemplaciones, como se bota al trabajador enfermo o que ya no da los resultados que la empresa exige. Algo así como esos empleados bancarios a los que se les imponen cuotas y cuando no son capaces de conseguirlas, los echan del puesto. No fue, entonces, él quien incurrió en el error de participar en el Giro de Italia, en el que no participó Froome. Ni tampoco Urán.

Es inconcebible que en comentarios sarcásticos publicados en algunos foros haya leído cosas como que Nairo Quintana “quedó entre los coleros, pero de todos modos fue un “triunfo moral””. En la clasificación general final, Nairo Quintana quedó ubicado en el puesto DOCE (12) mientras que el último, Rowe Luke, de Team Sky, quedó en el puesto CIENTO SESENTA Y SIETE (167). Ni por asomo, entonces, quedó “entre los coleros”; por el contrario, quedó ENTRE LOS PRIMEROS. De la noche a la mañana se ignora, de otro lado, la excelente participación que tuvo el ciclista colombiano en el Giro de Italia donde quedó subcampeón luego de perder la camiseta de líder en la última etapa, que era una contrarreloj. Aparte de Nairo Quintana -que yo sepa- ninguno de los restantes ciento sesenta y seis competidores del Tour de Francia 2017 había participado en el Giro de Italia. Es decir, ninguno había sufrido el desgaste físico que había sufrido Nairo. Todos llegaron al Tour frescos, como una lechuga.

Eso de alabar a las personas cuando están arriba y destruirlas cuando tienen un mal momento es una actitud hipócrita. Infortunadamente no solo se da en el deporte, sino en la vida académica, en el ejercicio profesional, en los negocios y en los demás aspectos de la vida, donde -como dice la columna de la Fundación Participar sobre este mismo tema (Las lecciones de Nairo, Vanguardia Liberal, julio 26 de 2017)- unas veces se gana y otras veces se pierde. El que Nairo Quintana no haya abandonado el Tour de Francia a pesar de las malas condiciones en que se hallaba y, antes por el contrario, lo haya terminado entre los primeros lugares, demuestra su valía como deportista y merece nuestro reconocimiento.

El psicólogo Juan José Cañas Serrano no pudo ser más preciso y elocuente en sus informes de prensa sobre el caso del ciclista norteamericano Lance Armstrong, convertido de héroe en villano, de ejemplo de superación en vergüenza deportiva, sin que ningún análisis crítico se les hiciera a la empresa US Postal, a su entrenador, a su médico, a la Unión Ciclística Internacional (UCI), ni al Tour de Francia, ni a nadie, a pesar de ser todos ellos los responsables de que en una competencia deportiva se establezcan y se mantengan unos estándares de exigencia literalmente inhumanos, que conducen a la búsqueda de métodos para doparse.

Rigoberto Urán es ahora el héroe; hasta es posible que lo condecoren con la Cruz de Boyacá. Vivimos en una sociedad de hipócritas, que al que triunfa lo eleva a los altares con adulación y al que pierde lo bota a la caneca de la basura con desprecio: este estupendo ciclista antioqueño había sido echado al olvido y nadie daba por él un peso. Ahora todos quieren tomarse con él la foto de la victoria.

Carlos Vives aparece con una canción, que seguramente será un éxito; es un bambuco dedicado a los ciclistas. En el video viste una ruana. Le quedó puesta al revés, con la V sobre los hombros y no sobre el cuello. Eso, sin embargo, es secundario. Yo vengo diciendo desde hace rato que a la música andina colombiana le hace falta un Carlos Vives, un artista joven y carismático que cante bambucos y resucite la música andina colombiana dentro de la juventud. Lo vengo planteando, porque, como igualmente reitero siempre, todo lo que se separa de la juventud, necesariamente envejece y muere. Hay una anécdota por contar: un día estuvo almorzando en mi hogar Pablito Bernal, el baterista de Carlos Vives, y con él le envié al famoso artista samario mi disco “El campesino embejucao”. Les ha llamado la atención a amigos míos que una parte de su nueva canción se le parece; para mí sería un honor, aunque, la verdad sea dicha, en lo personal percibo que las melodías no coinciden. En todo caso, me alegraría saber que el reconocido artista se inspiró en mi bambuquito guasca.

Carlos menciona en su canción a varios de los ciclistas que nos han dado tantas alegrías. Estoy de acuerdo con la mención de todos ellos. Echo de menos, sin embargo, a otros pioneros que también nos son muy queridos, especialmente a los santandereanos, como Alfonso Flórez y Severo Hernández. Pero, claro: es muy difícil sintetizar en cuatro minutos toda la historia del ciclismo nacional.

A propósito de Severo Hernández, que tantas emociones y satisfacciones nos dio a los oriundos de esta tierra en aquella inolvidable década de los años 60, cuando muchos de nosotros todavía prácticamente éramos niños, estaré dedicado en las próximas semanas a la preparación de un libro con el que pienso exaltar aquellos recuerdos. De hecho,  en este portal está publicada una poesía que escribí en honor de este magnífico ciclista nuestro:

A SEVERO HERNÁNDEZ. Por Óscar Humberto Gómez Gómez.

Volviendo al presente, felicito, pues, a Rigoberto Urán por su merecido título de subcampeón del Tour de Francia y el repunte que ello significa para su carrera deportiva.

Felicito a Darwin Atapuma por su emocionante segundo puesto en la etapa del 20 de julio y por su espíritu nacionalista.

Felicito a los demás ciclistas colombianos participantes, por su pundonor deportivo y por todo lo que nos han deparado con su esfuerzo.

Y felicito a ese inmenso ciclista colombiano que es Nairo Quintana, por la hombría que demostró al no abandonar el Tour de Francia a pesar de las adversas condiciones físicas en las que se encontraba, y por haber ocupado, finalmente, un puesto de honor para cualquier ciclista del mundo en una prueba de tan extremada dureza.

¡Por delante aún queda mucho futuro, campeón!

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[FOTOGRAFÍA: De izquierda a derecha: Jarlinson Pantano, Sergio Luis Henao, Darwin Atapuma, Rigoberto Urán, Carlos Betancur, Esteban Chaves y Nairo Quintana].

 

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5 respuestas a A NUESTROS CICLISTAS. Por: Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP)

  1. Héctor Hernández Mateus dijo:

    Es realmente triste el maltrato por no triunfar o no estar en el podium nuestro verdadero embajador Nairo Quintana, que aunque corre por marca comercial, él siempre se refiere a nuestro país. Y peor haber escuchado comentario de un tal Oscar, dizque comentarista deportivo; duele cómo maltratan a quien hace algo por la buena imagen de la patria. Saludos de mi amigo Severo Hernández Tarazona.

    • Óscar Humberto Gómez Gómez dijo:

      ¡Hola, don Héctor! Hombre, muchas gracias por ese saludo del inolvidable ciclista de Guaca, Santander.

      Bueno, y a todas estas, ¿cuál es el apellido de ese tocayo mío y qué comentó que lo tiene tan molesto?

  2. Alonso Prieto Galvis dijo:

    Buenas tardes. El nombre del ciclista que corría la vuelta por la virgen del Carmen fue JOSÉ ARMANDO ALFARO.

    • Santander en la Red dijo:

      Tiene razón, don Alonso. Está equivocado, en consecuencia, el siguiente aparte de una extensa nota de EL TIEMPO: “Qué tal los patrocinadores de antes: Luis (sic) Alfaro corrió por la Virgen del Carmen; Jorge Luque, por el Plomero Morero; Cochise, con el respaldo de una eterna enamorada…” (SALAZAR RAMÍREZ, Liliana. 46 de los mil hechos de la Vuelta a Colombia. El Tiempo. Bogotá. 21 de abril de 1996).

      En “VUELTA A COLOMBIA. ANECDOTARIO” lo llaman “Jorge (sic) Armando Alfaro, el Ciclista de la Virgen del Carmen”.

      En “ANTENA 2″sí se habla de “el famoso José Armando Alfaro”, de quien se dice que “siempre corrió ‘patrocinado’ por la Virgen del Carmen”. (CHÁVEZ, Jairo. Cuando Medellín enloqueció de gozo. Noviembre 19 de 1914. Nota a propósito del fallecimiento de Ramón Hoyos Vallejo).

      Empero, en “GEOGRAFÍA CULTURAL DE BOYACÁ. Primera vuelta a Colombia”, dice que “José Armando Alfaro” corría por “Ferrocarriles Nacionales – Facatativá”. (BERNAL DUFFO, Eufrasio. GRANDES COMPETENCIAS NACIONALES. VUELTA A COLOMBIA EN BICICLETA”).

      Muchas gracias por el aporte.

  3. Ufff, qué bonito relato, Dr Gómez. Felicitaciones.

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