La jurisprudencia errónea o injusta —¿puede haber una jurisprudencia errónea que sea justa?— causa, por supuesto, un inmenso daño a los derechos de las personas.
No otra cosa es lo que viene sucediendo en Colombia, país en el cual los magistrados y los jueces se perpetúan en el mismo cargo y, por consiguiente, sus formas de pensar, sus simpatías y sus antipatías personales, su carácter, etc., se perpetúan igualmente por años y años, sin la más mínima opción de cambio.
Pero si, además, se prevé que ella tendrá una vigencia a futuro indefinida, sin que exista posibilidad alguna de que se rectifique, lógicamente se constituye en fuente de profundo desaliento para los hombres y las mujeres que luchan en el foro por el imperio del derecho y de la justicia.