LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA [Crónica preparatoria de la celebración del Día Nacional del Psicólogo en Colombia] [Capítulo V] Por Óscar Humberto Gómez Gómez

A Alejandra Estefanía, con mis felicitaciones por la hermosa carrera que escogió y que ejerce con igual belleza

 

 

Para el año 1950, cuando Mercedes Rodrigo llega allí, en Puerto Rico no existía facultad alguna de Psicología. La viajante ingresa, entonces, a la vida universitaria haciendo valer su otra carrera, la que había estudiado en su propio país, en España, esto es, la de pedagoga. Así que la psicóloga Rodrigo es vinculada a la Universidad de Puerto Rico, con sede en San Juan, como profesora de medio tiempo y conferenciante de la Facultad de Pedagogía.

Empero, la guerra, que siempre la ha perseguido, que le truncó su gira académica, de investigación y práctica con el estallido de la Primera Guerra Mundial; que la obligó a trabajar bajo las bombas y el sitio militar a su Madrid natal y terminó truncándole su trabajo científico con los horrores finales de la Guerra Civil Española; que otra vez se le aproximó a la vida con el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial y el ingreso de Colombia, el país donde se había exiliado, a esa nueva confrontación bélica; que nuevamente se le acercó amenazante con la violencia desbordada de El Bogotazo en la propia capital donde trataba de desarrollar su tarea; y que, en fin, había determinado, a la postre, el que, expulsada o no, tuviera que marchar otra vez al exilio, vuelve a mostrarle los dientes amenazantes en aquel Puerto Rico a donde ha llegado en busca de un ambiente más propicio para la ejecución de su labor como psicóloga y donde, aunque no ha podido empezar a desempeñarse como tal, aspiraba al menos a dedicarse de lleno y con tranquilidad a la pedagogía, al fin y al cabo el segundo y no menos importante componente de su formación profesional integralmente entendida.

 

 

Es así como ese mismo año de su llegada, esto es, en aquel mismo 1950 en el que ha tenido que abandonar el suelo colombiano para dirigirse a Puerto Rico, por un lado la exiliada catedrática ha de contemplar la marcha del contingente de soldados puertorriqueños hacia un país lejano, completamente desconocido, que incluso algunos confunden, por el parecido fonético, con Crimea, pero que realmente se llama Corea, donde por primera vez luego de la terminación de la Segunda Guerra Mundial han de medir fuerzas los Estados Unidos y la Unión Soviética, y por el otro estalla dentro de la isla misma la violencia de la insurrección popular a partir del que será llamado El Grito de Jajuya, que significará la proclamación de la República de Puerto Rico (30 de octubre de 1950) y la inmediata invasión del país por tropas norteamericanas (1 de noviembre de 1950).

La Guerra de Corea estalló el 25 de junio de 1950 cuando Corea del Norte pretendió invadir a Corea del Sur. “EEUU -rememora Maricarmen Agosto, de El Nuevo Herald- entró al conflicto el 30 de junio, por orden del presidente Harry S. Truman. Igualmente, la ONU se unió a la acción militar. Al iniciarse la guerra, EEUU inició una rápida movilización de sus Fuerzas Armadas. Una de las unidades llamadas a combate fue el Regimiento 65 de Infantería, de Puerto Rico. En ese momento, el regimiento no contaba con suficiente personal, tenía 92 oficiales y 1,895 soldados, comparado con las 4,000 tropas que se les había autorizado. Más de la mitad de los oficiales del regimiento eran anglos, mientras que todos los soldados eran de Puerto Rico”.(AGOSTO, Maricarmen. La heroica y olvidada historia de los borinqueneers. El Nuevo Herald, Miami – Florida (USA), noviembre 22 de 2014).

En octubre de 1950, fueron reclutadas las primeras tropas puertorriqueñas que serían enviadas de inmediato a combatir en la Guerra de Corea, iniciada ese año entre Corea del Norte, apoyada por la Unión Soviética y China, y Corea del Sur, respaldada por Estados Unidos y la ONU. El contingente, que habría de alcanzar casi los 45.000 soldados, recibió el nombre de “Los borinqueneers“. Acerca del trato que habrían de recibir por parte de los Estados Unidos, basta con señalar que fue racista y humillante, que fueron sometidos muchos de ellos a consejo de guerra por haberse negado a actuar militarmente en una batalla en la que era absolutamente seguro que los arrasarían, mientras que a otro contingente estadounidense puesto en similares circunstancias nada se le reprochó, pero que, finalmente, su valor habría de terminar siendo oficialmente reconocido bajo el que sería más tarde el gobierno de Barack Obama.

 

 

“Hay que preguntarse -se lee en el portal mayagüezsabeamangó.com, del Municipio de Mayagüez, Puerto Rico- si no llega muy tarde el reconocimiento a la valentía de los soldados y si no se queda corto al no ofrecerse una disculpa presidencial por la flagrante humillación a los nuestros.
El 24 de diciembre de 1950, los Borinqueneers, fueron los últimos en abandonar el puerto de Hungham “tras haberle salvado el pellejo” a la Primera División de la Infantería de Marina (Marines), en plena huida de la contraofensiva china durante la Guerra de Corea.
A pesar de los servicios meritorios al ejército estadounidense desde 1899, los honores, condecoraciones y tributos por sus ejecutorias, cientos de soldados boricuas fueron convictos por cortes marciales a condenas desproporcionadas y deshonra por negarse a pelear con el enemigo y desobedecer las órdenes de sus superiores en una operación militar en la que habrían sido masacrados. Así, las cosas, la batalla más feroz de los Borinqueneers no fue en el campo de batalla”.

Sea lo que fuere, Mercedes Rodrigo hubo de presenciar cómo aquellas tropas, integradas por muchachos que, en buena parte, jamás volverían con vida, marchaban hacia la guerra.

Pero no solo eso: también habría de saber que el único país latinoamericano que también enviaría tropas a la lejana Guerra de Corea sería, precisamente, aquel de donde ella había sido expulsada o de donde había tenido que salir forzosamente hacia su actual exilio en Puerto Rico. En efecto, el presidente Laureano Gómez será el único presidente de América Latina que atenderá la convocatoria lanzada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y mandará el que será denominado Batallón Colombia.

 

 

La voz de Daniel Santos, el reconocido cantante puertorriqueño, vuelve a escucharse a esta altura de la historia, esta vez para interpretar la canción de su compatriota Pedro Flores (Flores con s) -la “competencia” de Rafael Hernández en aquellos tiempos- titulada Despedida, que al igual que el famoso Lamento Borincano de Hernández, le dio la vuelta a América y al mundo. Aquí está, pues, Daniel Santos y el célebre tema Despedida, de Pedro Flores, con el acompañamiento —dicho sea de paso— del Cuarteto Pedro Flores, no de la Sonora Matancera, como dice en el video:

 

 

 

Empero, como anotamos, no será solamente el paso de las tropas puertorriqueñas marchando hacia la confrontación bélica internacional en Corea lo que perturbará, una vez más, el ánimo de la ilustre exiliada española, sino que también vivirá de cerca el estallido de la violencia política dentro de la propia isla.

Para contextualizar lo ocurrido en Jajuya -y en el resto de Puerto Rico, incluida San Juan- es necesario indicar, al menos, que para el año 1950, cuando Mercedes Rodrigo llega a vivir en la isla, izar la bandera de Puerto Rico está prohibido y constituye delito. Los Estados Unidos, que como consecuencia de la guerra con España y de un pacto celebrado en París han desalojado el poder español de la antigua Borinquen, la han tomado como una más de sus colonias y la única bandera que allí puede ondear es la norteamericana. Empero, la oposición a la nueva dominación estadounidense no se hace esperar y lo que antes había sido percibido de manera casi unánime como la tabla de salvación contra la dominación hispana se convierte dentro de un amplio y creciente sector de la población puertorriqueña -que habrá de llamarse nacionalista- en un terrible desencanto y en la generación de un odio visceral contra el nuevo dominador y el decidido propósito de expulsarlo de la isla para declarar la independencia de Puerto Rico e instalar en el país un gobierno manejado por los propios puertorriqueños.

 

 

En ese contexto de rechazo al poderoso país que ya es percibido por los nacionalistas como el nuevo colonizador del que antes era territorio colonial de España, se producen en 1937 los gravísimos hechos conocidos como La masacre de Ponce.

 

 

 

En pocas palabras, el 17 de marzo de 1922 había sido fundado el Partido Nacionalista de Puerto Rico por José Coll y Cuchí para luchar políticamente por la independencia del país, pero dos años después, en 1924, ingresó al partido el radical Pedro Albizu Campos, quien planteaba que esa lucha debía darse no solo en el campo político, sino también, de ser necesario, en el terreno armado. Debido a tan extrema discrepancia, el fundador abandonó el partido y, entonces, Albizu Campos pasó a ser su presidente. En los años 30 fue nombrado gobernador por los Estados Unidos Blanton Winship, quien impuso medidas severas contra los nacionalistas. En 1936 se produjo el encarcelamiento de su presidente, Albizu Campos, y de sus demás dirigentes, quienes luego de permanecer privados de la libertad en Puerto Rico fueron trasladados a una prisión norteamericana ubicada en Atlanta, Georgia. En 1937, exactamente el 21 de marzo, que era Domingo de Ramos, los nacionalistas organizaron una marcha para protestar por la prisión de Albizu Campos y demás líderes de su partido encarcelados y exigir su libertad, pero las autoridades puertorriqueñas cercaron la manifestación con hombres armados y cuando la marcha apenas comenzaba dispararon. Hubo 19 muertos y 235 heridos. El momento preciso cuando iniciaba la matanza fue fotografiado por el reportero gráfico del periódico puertorriqueño El Imparcial, Carlos Torres Morales, quien había ido a Jajuya a cubrir los pormenores de la marcha. Estados Unidos abrió, entonces, una investigación sobre los hechos y destituyó al gobernador. (Hoy en día las fotografías y demás documentos relacionados con esta masacre forman parte de un museo ubicado en Ponce y que es administrado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Es llamativa la coincidencia entre estos hechos y el desarrollo de la Guerra Civil Española, que se libraba en esos mismos momentos en la patria de Mercedes Rodrigo).

 

 

Trece años después, el 30 de octubre de 1950, estalla en Jajuya la insurrección nacionalista contra el dominio colonialista norteamericano. Los nacionalistas, que, desafiando la prohibición, izan la bandera de Puerto Rico, se enfrentan a balazos con la policía en diferentes pueblos puertorriqueños como Ponce, Mayagüez, Naranjito, Peñuelas, Utuado y Arecibo, y en Jajuya se toman el cuartel de la policía y consiguientemente todo el pueblo. En San Juan cinco nacionalistas intentan entrar por la fuerza a La Fortaleza (edificación que sirve de residencia al gobernador de Puerto Rico) y en el choque armado con la policía de guardia mueren cinco personas. En Jajuya, la líder nacionalista Blanca Canales proclama el nacimiento de la República de Puerto Rico, en lo que se conocerá como El Grito de Jajuya. Un par de días más tarde, dos nacionalistas, Griselio Torresola y Oscar Collazo, llevan a cabo un atentado contra el presidente estadounidense Harry S. Truman en el cual mueren un policía, Leslie Coffelt, y uno de los nacionalistas autores de la agresión, Griselio Torresola. Finalmente, tres días después, el ejército norteamericano, con el apoyo de su fuerza aérea, invade Puerto Rico y restablece el poder de los Estados Unidos en la isla.

Tras estos sucesos, miles de simpatizantes de la independencia resultaron detenidos. Muchos de ellos fueron procesados y recibieron sentencias condenatorias en las que les fueron impuestas penas de prisión. (Síntesis basada en Wikipedia y otras fuentes, todas de Internet).

 

 

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Pero abandonemos los terribles escenarios de la guerra, en los que Mercedes Rodrigo se ha visto precisada a desarrollar sus labores profesionales, académicas y científicas como pedagoga y psicóloga, y volvamos otra vez al decurso de la inmortal novela de Psique y Cupido, esto es, a esa joya de la literatura clásica latina que es la novela Las Metamorfosis o El Asno de Oro, de Apuleyo. Como recordamos, la vieja le está contando aquella historia a la joven doncella que ha sido hecha cautiva por los ladrones y se encuentra prisionera en la guarida de estos.

“Capítulo V

Cómo Psique, muy triste, se fue a consolar con las hermanas de la desdichada fortuna en que había caído por su consejo; y ellas, codiciosas de casar con el dios Cupido, fueron despeñadas en pena de su maldad; y cómo sabiendo la diosa Venus este acontecimiento, trabajó por vengarse de Cupido.

[26] -Cuando esto acabó de decir el dios pastor, Psique, sin responderle palabra ninguna, sino solamente adorando su deidad, comenzó a andar su camino; y antes que hubiese andado mucho camino, entró por una senda que atravesaba, por la cual yendo, llegó a una ciudad adonde era el reino del marido de una de aquellas sus dos hermanas: y como la reina su hermana supo que estaba allí, mandole entrar, y después que se hubieron abrazado ambas a dos, preguntole qué era la causa de su venida. Psique le respondió:
«¿No te recuerdas tú, señora hermana, el consejo que me disteis ambas a dos que matase a aquella gran bestia que se echaba conmigo de noche en nombre de mi marido antes que me tragase y comiese, para lo cual me diste una navaja? Lo cual, como yo quisiese hacer, tomé un candil, y luego que miré su gesto y cara veo una cosa divina y maravillosa: al hijo de la diosa Venus, digo, al dios Cupido, que es dios del amor, que estaba hermosamente durmiendo, y como yo estaba incitada de tan maravillosa vista, turbada de tan gran placer, y no me pasase de ver aquel hermoso gesto, a caso fortuito y pésimo rehirvió el aceite del candil que tenía en la mano y cayó una gota hirviendo en su hombro, y con aquel gran dolor despertó, y como me vio armada con hierro y fuego, díjome: «¿Y cómo has hecho tan gran maldad y traición? Toma luego todo lo tuyo y vete de mi casa.» Además de esto dijo: «Yo tomaré a tu hermana en tu lugar y me casaré con ella, dándole arras y dote.» Diciendo esto, mandó al viento cierzo que me aventase fuera de los términos de su casa.»

[27] No había acabado Psique de hablar estas palabras, cuando la hermana, estimulada e incitada de mortal envidia, compuesta de una mentira para engañar a su marido, diciendo que había sabido de la muerte de sus padres, metiose en una nave y comenzó a andar hasta que llegó a aquel risco grande, en el cual subió, como quiera que otro viento a la hora ventaba; pero ella, con aquella ansia y con ciega esperanza dijo: «¡Oh Cupido! Recíbeme, que soy digna de ser tu mujer, y tú, viento cierzo, recibe a tu señora.» Con estas palabras dio un salto grande del risco abajo; pero ella viva ni muerta pudo llegar al lugar que deseaba, porque por aquellos riscos y piedras se hizo pedazos, como ella merecía, y así murió, haciéndose manjar de las aves y bestias de aquel monte.

Tras de ésta no tardó mucho la pena y venganza de la otra su hermana; porque, yendo Psique por su camino más adelante, llegó a otra ciudad en la cual moraba la otra su hermana, según que hemos dicho; la cual, asimismo con engaño de su hermandad, hizo ni más ni menos que la otra: que queriendo el casamiento que no le cumplía, fuese cuanto más presto pudo a aquel risco, de donde cayó y murió, como hizo la otra.

[28] Entre tanto, Psique, andando muy congojosa en busca de su marido Cupido, cercaba todos los pueblos y ciudades; pero él, herido de la llaga que le hizo la gota de aceite del candil, estaba echado enfermo y gimiendo en la cama de su madre. Entonces una ave blanca que se llama gaviota, que andaba nadando con sus alas sobre las ondas de la mar, zambullose cerca del profundo del mar Océano y halló allí a la diosa Venus que se estaba lavando y nadando en aquel agua; a la cual se llegó y le dijo cómo «su hijo Cupido estaba malo de una grave llaga de fuego que le daba mucho dolor, llorando, y en mucha duda de su salud, por la cual causa toda la gente y familia de Venus era infamada y vituperada por los pueblos y ciudades de toda la tierra, diciendo que él se había ocupado y apartado con una mujer serrana y montañesa, y tú asimismo te has apartado andando en la mar nadando y a tu placer, y por esto ya no hay entre las gentes placer ninguno ni gracia ni hermosura; pero todas las cosas están rústicas, groseras y sin atavío: ya ninguno se casa ni nadie tiene amistad con mujer ni amor de hijos, sino todo al contrario, sucio y feo y para todos enojoso.» Cuando aquella ave parlera dijo estas cosas a Venus, reprendiendo a su hijo Cupido, Venus, con mucha ira, exclamó fuertemente, diciendo: -Parece ser que ya aquel bueno de mi hijo tiene alguna amiga; hazme tanto placer tú, que me sirves con más amor que ninguna, que me sepas el nombre de aquella que engañó este muchacho de poca edad: ahora sea alguna de las ninfas o del número de las diosas, o ahora sea de las musas o del ministerio de mis gracias.» Aquella ave parlera no calló lo que sabía, diciendo: «Cierto, señora; no sé cómo se llama; pienso, si bien me acuerdo, que tu hijo muere por una llamada Psique.» Entonces, Venus, indignada, comenzó a dar voces, diciendo: «Ciertamente, él debe de amar a aquella Psique que pensaba tener mi gesto y era envidiosa de mi nombre: de lo que más tengo enojo en este negocio es que me hizo a mí su alcahueta, porque yo le mostré y enseñé por dónde conociese aquella moza.»

[29] De esta manera, riñendo y gritando, prestamente se salió de la mar y fuese luego a su cámara, adonde halló a su hijo malo, según lo había oído, y desde la puerta comenzó a dar voces, diciendo de esta manera: «¡Honesta cosa es, y que cumple mucho a nuestra honra y a tu buena fama lo que has hecho! ¿Parécete buena cosa menospreciar y tener en poco los mandamientos de tu madre, que más es tu señora, dándome pena con los sucios amores de mi enemiga, la cual en esta tu pequeña edad juntaste contigo con tus atrevidos y temerarios pensamientos? ¿Piensas tú que tengo yo de sufrir por amor de ti nuera que sea mi enemiga? Pero tú, mentiroso y corrompedor de buenas costumbres, ¿presumes que tú sólo eres engendrado para los amores, y que yo, por ser ya mujer de edad, no podré parir otro Cupido? Pues quiero ahora que sepas que yo podré engendrar otro mucho mejor que tú, y aunque, porque más sientas la injuria, adoptaré por hijo a alguno de mis esclavos y servidores; y le daré yo alas y llamas de amor con el arco y las saetas, y todo lo otro que te di a ti, no para estas cosas en que tú andas, que aun bien sabes tú que de los bienes de tu padre ninguna cosa te he dado para esta negociación;

[30] pero tú, como desde muchacho fuiste mal criado y tienes las manos agudas, muchas veces, sin reverencia ninguna, tocaste a tus mayores, y aun a mí, que soy tu madre. A mí misma digo que, como parricida, cada día me descubres y muchas veces me has herido, y ahora me menosprecias como si fuese viuda, que aun no temes a tu padrastro, el dios Marte, muy fuerte y tan grande guerreador. ¿Qué no puedo yo decir en esto que tú muchas veces, por darme pena, acostumbraste a darle mujeres? Pero yo haré que te arrepientas de este juego, y que tú sientas bien estas acedas y amargas bodas que hiciste, como quiera que esto que digo es por demás, porque éste burlará de mí. Pues ¿qué haré ahora, o en qué manera castigaré a este bellaco? No sé si pida favor de mi enemiga la Templanza, la cual yo ofendí muchas veces por la lujuria y vicio de éste; como quiera que sea, yo delibero de ir a hablar con esta dueña, aunque sea rústica y severa; pena recibo en ello, pero no es de desechar el placer de tanta venganza, y por esto yo le quiero hablar, que no hay otra ninguna que mejor castigue a este mentiroso y le quite las saetas y el arco y le desnude de todos sus fuegos de amores; y no solamente hará esto, pero a su persona misma resistirá con fuertes remedios. Entonces pensaré yo que mi injuria está satisfecha cuando le rayere de la cabeza aquellos cabellos de color de oro, que muchas veces le atavié con estas mis manos, y cuando le trasquilare aquellas alas que yo en mi falda le unté con algalia y almizcle muchas veces.» [31] Después que Venus hubo dicho todas estas palabras, saliose fuera muy enojada, diciendo palabras de enojo; pero la diosa Ceres y Juno, como la vieron enojada, la fueron a acompañar y le preguntaron qué era la causa por que traía el gesto tan turbado, y los ojos, que resplandecían de tanta hermosura, traía tan revueltos, mostrando su enojo. Ella respondió: «A buen tiempo venís para preguntarme la causa de este enojo que traigo, aunque no por mi voluntad, sino porque otro me lo ha dado; por ende, yo os ruego que con todas vuestras fuerzas me busquéis a aquella huidora de Psique, doquier que la halláredes, porque yo bien sé que vosotras bien sabéis toda la historia de lo que ha acontecido en mi casa de este hijo que no oso decir que es mío.»

Entonces ellas, sabiendo bien las cosas que habían pasado, deseando amansar la ira de Venus, comenzáronle a hablar de esta manera: «¿Qué tan gran delito pudo hacer tu hijo que tú, señora, estés contra él enojada con tan gran pertinacia y malenconia, y que aquella que él mucho ama tú la desees destruir? Porque te rogamos que mires bien si es crimen para éste que le pareciese bien una doncella. ¿No sabes que es hombre? ¿Se te ha olvidado ya cuántos años ha tu hijo? Porque es mancebo y hermoso, ¿tú piensas que es todavía muchacho? Tú eres su madre y mujer de seso, y siempre has experimentado los placeres y juegos de tu lujo: y tú culpas en él y reprendes sus artes y vicios y amores, y ¿quieres encerrar la tienda pública de los placeres de las mujeres?» En esta manera ellas querían satisfacer al dios Cupido, aunque estaba ausente, por miedo de sus saetas. Mas Venus, viendo que ellas trataban su injuria burlándose de ella, dejándolas a ellas con la palabra en la boca, cuanto más prestamente pudo tomó su camino para la mar, de donde había salido.

Sexto libro

Argumento

Después de haber buscado con mucha fatiga a Cupido y después de lo que le avisó Ceres y del mal acogimiento que halló en Juno, Psique, de su propia voluntad se ofreció a Venus; y luego escribe la subida de Venus al cielo, y cómo pidió ayuda a los dioses; y con cuánta soberbia trataba a Psique, mandándole que apartase de un montón grande de todas las simientes cada linaje de granos por su parte, y que le trajese el vellocino de oro; y del licor del lago infernal le trajese un jarro lleno; asimismo le trajese una bujeta llena de la hermosura de Proserpina; todas las cuales cosas hechas por ayuda de los dioses, Psique casó con su Cupido en el consejo de los dioses. Y sus bodas fueron celebradas en el cielo, del cual matrimonio nació el Deleite.

Capítulo I

Cómo Psique, muy lastimada, llorando, fue al templo de Ceres y al de Juno a demandarles socorro de su fatiga, y ninguna se le dio por no enojar a Venus.

 

 

[1] -Entre tanto, Psique discurría y andaba por diversas partes y caminos, buscando de día y de noche, con mucha ansia y trabajo, si podría hallar rastro de su marido; y tanto más le crecía el deseo de hallarlo, cuanto era la pena que traía en buscarlo, y deliberaba entre sí que si no lo pudiese con sus halagos, como su mujer amansar, que al menos como sierva, con sus ruegos y oraciones lo aplacaría. Yendo en esto pensando vio un templo encima de tan alto monte, y dijo: «¿Dónde sé yo ahora si por ventura mi señor mora en este templo?» Luego enderezó el paso hacia allá, el cual como quiera que ya le desfallecía por los grandes y continuos trabajos, pero la esperanza de hallar a su marido la aliviaba. Así que, habiendo ya subido y pasado todos aquellos montes, llegó al templo y entrose dentro, donde vio muchas espigas de trigo y cebada, hoces y otros instrumentos para segar; pero todo estaba por el suelo, sin ningún orden, confuso, como acostumbran a hacer los segadores cuando con el trabajo se les cae de las manos. Psique, como vio todas estas cosas derramadas, comenzó a apartar cada cosa por su parte y componerlo y ataviarlo todo, pensando, como era razón, que de ningún dios se deben menospreciar las ceremonias, antes, procurar de siempre tener propicia su misericordia.

[2] Estando Psique ataviando y componiendo estas cosas entró la diosa Ceres, y como la vio, comenzó de lejos a dar grandes voces, diciendo: «¡Oh Psique desventurada! La diosa Venus anda por todo el mundo con grandísima ansia buscando rastro de ti: y con cuanta furia puede desea y busca traerte a la muerte; y con toda la fuerza de su deidad procura haber venganza de ti, y tú ahora estás aquí teniendo cuidado de mis cosas. ¿Cómo puedes tú pensar otra cosa sino lo que cumple a tu salud?»

Entonces, Psique lanzose a sus pies y comenzolos a regar con sus lágrimas y barrer la tierra con sus cabellos, suplicando y pidiéndole perdón con muchos ruegos y plegarias, diciendo: «Ruégote, señora, por la tu diestra mano sembradora de los panes, y por las ceremonias alegres de las sementeras, y por los secretos de las canastas de pan, y por los carros que traen los dragones tus siervos, y por las aradas y barbechos de Sicilia, y por el carro de Plutón que arrebató a Proserpina, y por el descendimiento de tus bodas, y por la tornada cuando tornó con las hachas ardiendo de buscar a su hija, y por el sacrificio de la ciudad eleusina, y por las otras cosas y sacrificios que se hacen en silencio, que socorras a la triste ánima de tu sierva Psique, y consiénteme que entre estos montones de espigas me pueda esconder algunos pocos días, hasta que la cruel ira de tan gran diosa como es Venus por espacio de algún tiempo se amanse, o hasta que al menos mis fuerzas, cansadas de tan continuo trabajo, con un poco de reposo se restituyan.»

[3] Ceres le respondió: «Ciertamente yo me he conmovido a compasión por ver tus lágrimas y lo que me ruegas, y deseo ayudarte; pero no quiero incurrir en desgracia de aquella buena mujer de mi cuñada, con la cual tengo antigua amistad. Así, que tú parte luego de mi casa, y recibe en gracia que no fuiste presa por mí ni retenida.»

Cuando esto oyó Psique, contra lo que ella pensaba, afligida de doblada pena y enojo tomó su camino, tornando para atrás, y vio un hermoso templo que estaba en una selva de árboles muy grandes, en un valle, el cual era edificado muy pulidamente: y como ella se tuviese por dicho ninguna vía dudosa o de mejor esperanza jamás dejarla de probar, y que andaba buscando socorro de cualquier dios que hallase, llegose a la puerta del templo y vio muy ricos dones de ropas y vestiduras colgadas de los postes y ramas de los árboles, con letras de oro que declaraban la causa por que eran allí ofrecidas y el nombre de la diosa a quien se dan. Entonces, Psique, las rodillas hincadas, abrazando con sus manos el altar y limpiadas las lágrimas de sus ojos, comenzó a decir de esta manera:

[4] «¡Oh, tú, Juno, mujer y hermana del gran Júpiter! O tú estás en el antiguo templo de la isla de Samos, la cual se glorifica porque tú naciste allí y te criaste: o estás en las sillas de la alta ciudad de Cartago, la cual te adora como doncella que fuiste llevada al cielo encima de un león: o si por ventura estás en la ribera del río Inaco, el cual hace memoria de ti, que eres casada con Júpiter y reina de las diosas: o tú estás en las ciudades magníficas de los griegos, adonde todo Oriente te honra como diosa de los casamientos y todo Occidente te llama Lucina: o doquiera que estés, te ruego que socorras a mis extremas necesidades, y a mí, que estoy fatigada de tantos trabajos pasados, plégate librarme de tan gran peligro como está sobre mí, porque yo bien sé que de tu propia gana y voluntad acostumbras socorrer a las preñadas que están en peligro de parir.»

Acabado de decir esto, luego le apareció la diosa Juno, con toda su majestad, y dijo: «Por Dios, que yo querría dar mi favor y todo lo que pudiese a tus rogativas, pero contra la voluntad de Venus, mi nuera, la cual siempre amé en lugar de mi hija, no lo podría hacer, porque la vergüenza me resiste. Además de esto, las leyes prohíben que nadie pueda recibir a los esclavos fugitivos contra la voluntad de sus señores.»

Capítulo II

Cómo, cansada Psique de buscar remedio para hallar a su marido Cupido, acordó de irse a presentar ante Venus por demandarle merced, porque Mercurio la había pregonado, y cómo Venus la recibió.

 

 

[5] -Con este naufragio de la fortuna, espantada Psique viendo asimismo que ya no podía alcanzar a su marido, que andaba volando, desesperada de toda su salud, comenzó a aconsejarse con su pensamiento en esta manera: ¿Qué remedio se puede ya buscar ni tentar para mis penas y trabajos a los cuales el favor y ayuda de las diosas, aunque ellas lo querían, no pudo aprovechar? Pues que así es, ¿adónde podría yo huir, estando cercada de tantos lazos? ¿Y qué casas o en qué soterraños me podría esconder de los ojos inevitables de la gran diosa Venus? Pues que no puede huir, toma corazón de hombre y fuertemente resiste a la quebrada y perdida esperanza y ofrécete de tu propia gana a tu señora, y con esta obediencia, aunque sea tarde, amansarás su ímpetu y saña. ¿Qué sabes tú si por ventura hallarás allí, en casa de la madre, al que muchos días hace que andas a buscar? De esta manera aparejada para el dudoso servicio y cierto fin, pensaba entre sí el principio de su futura suplicación.

[6] En este medio tiempo, Venus, enojada de andar a buscar a Psique por la tierra, acordó de subirse al cielo, y mandando aparejar su carro, el cual Vulcano, su marido, muy sutil y pulidamente había fabricado y se lo había dado en arras de su casamiento, hecho las ruedas de manera de la Luna, muy rico y precioso, con daño de tanto oro y de muchas otras aves, que estaban cerca de la cámara de Venus, salieron cuatro palomas muy blancas, pintados los cuellos, y pusiéronse para llevar el carro; y recibida la señora encima del carro, comenzaron a volar alegremente, y tras del carro de Venus comenzaron a volar muchos pájaros y aves, que cantaban muy dulcemente, haciendo saber cómo Venus venía. Las nubes dieron lugar, los cielos se abrieron y el más alto de ellos la recibió alegremente; las aves iban cantando: con ella no temían las águilas y halcones que encontraban.

[7] En esta manera, Venus, llegada al palacio real de Júpiter, y con mucha osadía y atrevimiento, pidió a Júpiter que mandase al dios Mercurio le ayudase con su voz, que había menester para cierto negocio. Júpiter se lo otorgó y mandó que así se hiciese. Entonces ella, alegremente, acompañándola Mercurio, se partió del cielo, la cual en esta manera habló a Mercurio: «Hermano de Arcadia, tú sabes bien que tu hermana Venus nunca hizo cosa alguna sin tu ayuda y presencia; ahora tú no ignoras cuánto tiempo ha que yo no puedo hallar a aquella mi sierva que se anda escondiendo de mí: así que ya no tengo otro remedio sino que tú públicamente pregones que le será dado gran premio a quien la descubriere. Por ende, te ruego que hagas prestamente lo que digo. Y en tu pregón da las señales e indicios por donde manifiestamente se pueda conocer. Porque si alguno incurriere en crimen de encubrirla ilícitamente, no se pueda defender con excusación de ignorancia.» Y diciendo esto, le dio un memorial en el cual se contenía el nombre de Psique y las otras cosas que había de pregonar. Hecho esto, luego se fue a su casa.

[8] No olvidó Mercurio lo que Venus le mandó hacer, y luego se fue por todas las ciudades y lugares, pregonando de esta manera: Si alguno tomare o mostrare dónde está Psique, hija del rey y sierva de Venus, que anda huida, véngase a Mercurio, pregonero que está tras el templo de Venus, y allí recibirá por galardón de su indicio, de la misma diosa Venus, siete besos muy suaves y otro muy más dulce.

De esta manera pregonando Mercurio, todos los que lo oían, con codicia de tanto premio, se aderezaron para buscarla. La cual cosa, oída por Psique, le quitó toda tardanza de irse a presentar ante Venus, y llegando ella a las puertas de su señora, salía a ella una doncella de Venus, que había nombre Costumbre, la cual, como vio a Psique, comenzó a dar grandes voces, diciendo: «Vos, dueña, mala esclava, hasta que ya sentís que tenéis señora: aun sobre toda la maldad de tus malas mañas finges ahora que no sabes cuánto trabajo hemos pasado buscándote. Pero bien está, pues que caíste en mis manos: haz cuenta que caíste en la cárcel del infierno, y donde no podrás salir, y prestamente recibirás las penas de tu contumacia y rebeldía.»

[9] Diciendo esto, arremetió a ella, y con gran audacia echole mano de los cabellos y comenzola a llevar ante Venus, como quiera que Psique no resistía la ida. La cual, luego que Venus la vio comenzose de reír como suelen hacer todos los que están con mucha ira, y meneando la cabeza, rascándose en la oreja, comenzó a decir: «Basta que ya fuiste contenta de hablar a tu suegra; y por cierto, antes creo yo que lo hiciste por ver a tu marido, que está a la muerte de la llaga de tus manos; pero está segura que yo te recibiré como conviene a buena nuera.» Y como esto dijo, mandó llamar a sus criadas la Costumbre y la Tristeza, a las cuales, como vinieron, mandó que azotasen a Psique. Ellas, siguiendo el mandamiento de su señora, dieron tantos de azotes a la mezquina* de Psique, que la afligieron y atormentaron, y así la tornaron a presentar otra vez ante su señora. Cuando Venus la vio comenzose otra vez a reír, y dijo: «¿Y aun ves cómo en la alcahuetería de su vientre hinchado nos conmueve a misericordia? ¿Piensas hacerme abuela bien dichosa con lo que saliere de esta tu preñez? Dichosa yo, que en la flor de mi juventud me llamarán abuela y el hijo de una esclava bellaca oirá que le llame nieto de Venus. Pero necia soy en esto yo, porque por demás puedo yo decir que mi hijo es casado, porque estas bodas no son entre personas iguales, y además de esto fueron hechas en un monte sin testigos y no consintiendo su padre, por lo cual estas bodas no se pueden decir legítimamente hechas; y por esto, si yo consiento que tú hayas de parir, a lo menos nacerá de ti un bastardo.»

[10] Y diciendo esto, arremetió con ella y rompiole las tocas, trabándole de los cabellos y dándole de cabezadas, que la afligió gravemente; luego tomó trigo y cebada, mijo, simientes de adormideras, garbanzos, lentejas y habas, lo cual, todo mezclado y hecho un gran montón, dijo a Psique: «Tú me pareces tan disforme y bellaca esclava, que con ninguna cosa aplaces a tus enamorados, sino con los muchos servicios que les haces. Pues yo quiero ahora experimentar tu diligencia. Aparta todos los granos de estas simientes que están juntas en este montón, y cada simiente de éstas, muy bien dispuestas y apartadas de por sí, me las has de dar antes de la noche.» Y dicho esto, ella se fue a cenar a las bodas de sus dioses. Psique, embargada con la grandeza de aquel mandamiento, estaba callando como una muerta, que nunca alzó la mano a comenzar tan grande obra para nunca acabar. Entonces aquella pequeña hormiga del campo, habiendo mancilla de tan gran trabajo y dificultad, como era el de la mujer del gran dios del amor, maldiciendo la crueldad de su suegra Venus, discurrió prestamente por esos campos y llamó y rogó a todas las batallas y muchedumbres de hormigas diciéndoles: «¡Oh sutiles hijas y criadas de la tierra, madre de todas las cosas, habed merced y mancilla y socorred con mucha velocidad a una moza hermosa, mujer del dios de Amor, que está en mucho peligro!» Entonces, como ondas de agua, venían infinitas hormigas cayendo unas sobre otras, y con mucha diligencia cada una, grano a grano, apartaron todo el montón. Después de apartados y divisos todos los géneros de granos de cada montón sobre sí, prestamente se fueron de allí.

[11] Luego, al comienzo de la noche, Venus, tornando de su fiesta, harta de vino y muy olorosa, llena toda la cabeza y cuerpo de rosas resplandecientes, vista la diligencia del gran trabajo, dijo: «¡Oh mala!; no es tuya ni de tus manos esta obra, sino de aquel a quien tú por tu mal y por el suyo has aplacido.» Y diciendo esto, echole un pedazo de pan, para que comiese y fuese a acostar. Entre tanto, Cupido estaba solo y encerrado en una cámara de las que estaban más adentro de casa: el cual estaba allí encerrado así por que la herida no se dañase, si algún mal deseo le viniese, como por que no hablase con su amada Psique. De esta manera, dentro de una casa y debajo de un tejado, apartados los enamorados, con mucha fatiga pasaron aquella noche negra y muy obscura”. (* N. del A.: “mezquina” significaba “desdichada”).

[CONTINUARÁ]

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ILUSTRACIONES:

 

(1) El Grito de Jajuya. Tropas del ejército de los Estados Unidos ingresan a las calles de Jajuya.

(2) El Grito de Jajuya. Tropas del ejército de los Estados Unidos vigilando a un grupo de nacionalistas puertorriqueños prisioneros.

(3) Soldados puertorriqueños en la Guerra de Corea enarbolando la bandera de Puerto Rico.

(4) Sello de correos de Colombia conmemorativo de la participación de tropas colombianas en la Guerra de Corea.

(5) Video de Youtube con la canción Despedida, de Pedro Flores, interpretada por Daniel Santos.

(6) Fotografía emblemática de la Guerra de Corea. Joven coreana huyendo mientras lleva en hombros a su hermanito menor. Atrás, un tanque norteamericano.

(7) Bandera de Puerto Rico. Fue prohibida durante décadas en la isla; el hecho de enarbolarla o izarla, e incluso el solo hecho de tenerla, constituía delito. Acerca del color azul existen dos posiciones: una sostiene que debe ser azul oscuro, igual que el azul de la bandera de los Estados Unidos; otra sostiene que debe ser celeste, precisamente para diferenciarla de esta.

(8) y (9) Masacre de Ponce. Instante en que comienzan los disparos. Fotografía del reportero gráfico Carlos Torres Morales para el periódico El Imparcial, de Puerto Rico.

(10) Imagen correspondiente a la insurrección nacionalista puertorriqueña de 1950.

(11) Portada del periódico El Día, de Puerto Rico, informando, desde su punto de vista, acerca de la insurrección nacionalista de 1950.

(12) Psique y dos hermanas (Alexander Evariste Fragonard (Grasse, Francia, 1780 – París, 1850).

(13) Escena de la obra de teatroPsique, dirigida por Rocío Carrillo. México, 7 de febrero de 2015. Secretaría de Cultura de México. En: Proscenio. México. Nota de Anaracelli Alvarado.

(14) Cupido y Psique (1798). Francisco Gerard (Roma, 1770 – París, 1837).

 

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