El nuevo populismo en Europa. Por Manuel Enrique Rey Sanmiguel

 

¿Se agudiza el regreso en Europa de los nacionalismos? es pregunta que hacen con frecuencia políticos y destacados periodistas occidentales. La respuesta es que aún no se vislumbra una solución permanente a la crisis económica y financiera y que el problema podría ser aprovechado por políticos extremistas en la obtención de popularidad. Los ataques a minorías son frecuentes mientras grupos de neofascistas ganan adeptos con facilidad. El nacionalismo se encuentra en auge y es mencionado positivamente en buena parte de Europa.

El deseo de la unión europea empezó a exacerbarse luego de la Segunda Guerra Mundial, surgiendo como defensa común en contra de los totalitarismos, buscando posteriormente la redención comunitaria, económica y financiera. Hoy en día, terminado el peligro de Rusia como potencia, y sin que exista una poderosa confrontación o guerra fría entre mundos bipolares, el enemigo a quien paradójicamente hay que rendir pleitesía es la bolsa de New York, la de Frankfurt, el Banco Mundial. Dichas instituciones están poniendo patas arriba la frágil unión, que fue creada precisamente buscando la fraternidad y la estabilidad de los pueblos. La unión se ha visto trastocada por un ¡sálvese quien pueda!; incluso, hoy día se habla despectivamente de Bruselas, sede del poder económico y monetario europeo, y de su principal protagonista: el euro.

En Hungría, el gobierno de Vicktor Horban reclama la congelación de cualquier tipo de ayuda económica externa; en otros países se recrudecen los ataques a minorías; en Grecia hay protestas luego que fue aceptado a regañadientes el plan de ahorro, la congelación salarial, etc. En varios países es costumbre, cuando la gente manifiesta su inconformidad por las medidas, la quema de banderas de la Unión Europea, incluso de Alemania, considerada neo-fascista. El revolcón popular se atribuye al estancamiento económico y a los grandes déficits presupuestarios en los países. La vuelta al nacionalismo se aplica negando visas a extranjeros, a quienes difieren por religión, etc.

El fervor hacia el populismo en determinados países de la Unión Europea aparece en la medida que se controvierte parte o la totalidad de la normatividad impuesta desde Bruselas, lo que es aprovechado por políticos opositores como su mejor herramienta cuando de capturar votos se trata. Austeridad, pacto fiscal, medidas laborales negativas, falta de utilización de fondos estructurales y de promoción etc. son aprovechados por líderes populistas a favor de los nacionalismos.

Pareciera, en fin, que la Unión Europea, convulsionada en lo financiero y económico, quisiera volver de nuevo a cerrar fronteras, a proscribir religiones y costumbres diferentes de las ancestrales y tradicionales, enarbolando como tópico político ante las desigualdades que ofrece la unión de los países pobres con los ricos que se acuda de nuevo al nacionalismo como significativa panacea para lograr el desarrollo, abominando lo que comunalmente no sea nacionalismo, que puede verse afectado por los extremismos y reconvertir en poderes dictatoriales o fascistas, negando lo que precisamente motivó la existencia de una unión permanente en tan importante y tradicional conglomerado, golpeado tantas veces por las desigualdades y los despotismos.

 

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