CARTAS A TOMÁS. Por: Leonardo Rodríguez V.

 

Carta VI

Querido Tomás:

He vuelto a leer la última carta que te envié hace un par de semanas. En ella te quise hablar del monje franciscano Guillermo de Ockham, mostrándote brevemente algunas de sus ideas, sobre todo las que más influencia tienen aún hoy en nuestra sociedad. Y he podido darme cuenta de que tal vez fui menos claro de lo que quería, te pido me disculpes por ello, y como siempre te digo eres libre de preguntarme aquello que no te haya quedado totalmente claro. Lo que pasa es que Guillermo de Ockham marcó una etapa importante del pensamiento medieval y sus ideas influenciaron muchas cosas de las que ocurrieron después de él, incluso hasta nuestros días, por eso aunque cueste un poco comprenderlo, vale la pena el esfuerzo.
Dicho lo anterior paso a contarte de qué te quiero hablar en esta ocasión. Cuando Ockham muere en el año 1349, estaba a punto de iniciar un movimiento cultural que marcó definitivamente el cambio de época, me refiero mi querido Tomás al famoso Renacimiento.
El Renacimiento ocurrió más o menos (y disculpa, pero la verdad es que en esto tampoco se ponen de acuerdo los historiadores), durante los siglos XV y XVI. Es decir, entre el año 1400 y el 1600. Fue una época de muchísimos cambios, mi querido Tomás, cambios de todo tipo: políticos, económicos, religiosos, culturales, geográficos, etc. Realmente fue una época en la que pasó de todo, y al leer libros de historia sobre esos años se queda uno impresionado, pues es como si de repente una avalancha de transformaciones hubieran ocurrido una detrás de la otra.

Cuando uno busca información sobre el Renacimiento lo primero que encuentra son cosas que se refieren al arte, y entonces los libros nos cuentan que por aquellos años los hombres comenzaron a hacer unas obras de arte maravillosas siguiendo los modelos que habían creado los artistas griegos y romanos. Y todo tipo de arte: pintura, escultura, arquitectura, poesía, literatura, música, etc. Y que este “renacimiento del arte” fue lo que más caracterizó a esa época.
Pero quizá, querido Tomás, te preguntarás si es que en los siglos anteriores no había habido arte. Porque cuando uno escucha la palabra Renacimiento, lo primero que piensa es en algo que estaba como muerto y de repente vuelve a la vida, renace. Y si los libros nos hablan de que en esta época renacieron las artes y la cultura en general, entonces uno se puede preguntar ¿es que no había artes ni cultura en la Edad Media? Vamos a ver.
¡Por supuesto que hubo arte en la Edad Media! Y de gran calidad, y de todo tipo: hubo escultura, pintura, arquitectura, poesía, literatura, música, canto, etc. Todas las manifestaciones artísticas existieron en la Edad Media, todas. ¿Entonces qué fue lo diferente con respecto al Renacimiento? Creo que su finalidad, su razón de ser.
En la Edad Media por supuesto que hubo pintura… pero fue pintura casi siempre religiosa, es decir, pinturas en donde el artista representaba escenas del cristianismo, de los santos, de Jesús y la Virgen, del cielo, el infierno, etc.
En la Edad Media por supuesto que hubo escultura… pero fue escultura casi siempre religiosa, es decir, esculturas que representaban a los santos, las escenas de la Biblia, de la vida de Jesús, de la vida de la Santísima Virgen, de las anécdotas de los santos, etc.
En la Edad Media por supuesto que hubo arquitectura… pero fue arquitectura casi siempre religiosa, es decir, los artistas construían hermosas e imponentes catedrales, monasterios, conventos, iglesias y por supuesto… castillos.
Y así sucesivamente mi querido Tomás. Arte hubo, y mucho, y de grandísima calidad y belleza. Pero lo que lo diferenció del arte que se comenzó a hacer en el Renacimiento fue el hecho de ser casi siempre religioso, es decir, teocéntrico. Ya te había dicho en una carta anterior que una de las características de la Edad Media fue haber sido teocéntrica; pues bien, una edad teocéntrica produjo un arte teocéntrico.
¿Y una edad antropocéntrica? Pues una edad antropocéntrica, como empezó a ser la sociedad después del Renacimiento, también produjo su propio arte: un arte antropocéntrico.
La escultura del Renacimiento ahora quería representar sobre todo al hombre, a la mujer, escenas humanas, terrenales, no religiosas. Lo mismo la pintura, que ya no solo mostraba escenas de la vida de los santos, sino que ahora quería mostrar simplemente al hombre, a los seres humanos y a la naturaleza. Ya no pintaban al santo en actitud de oración, sino al hombre común y corriente, al gobernante, al soldado, al caballero, al campesino, etc. En música ya no solo se componían melodías religiosas para ser interpretadas en las iglesias y catedrales, sino que ahora se componían canciones con otras temáticas, como los amores entre hombres y mujeres. Y así con todo.
¿Era todo este movimiento artístico algo malo? No lo creo, mi querido Tomás; el arte es la manifestación de la belleza, y donde quiera que haya belleza puede haber arte, y en las cosas humanas, terrenas, en el amor entre un hombre y una mujer claro que hay belleza, por lo tanto arte. De manera que no creo que se pueda decir que todo este arte del Renacimiento fuera malo por el hecho de estar dedicado a las cosas humanas. Además la doctrina religiosa cristiana, que fue la que inspiró el arte medieval, jamás ha enseñado que las cosas humanas sean malas o feas, al contrario, el cristianismo siempre ha defendido
la belleza de la Creación, tanto que, como ya te lo expliqué anteriormente, consideraban en la Edad Media que las cosas del universo eran una escalera para llegar a Dios, un puente para llegar a Dios, porque reflejaban su belleza y su sabiduría. De manera que no se trata de que en la Edad Media el arte fuera religioso porque se despreciaban las cosas humanas, sino que fue religioso porque creían que las cosas humanas debían ser un puente para llegar a Dios, una escalera, un medio para subir hasta la Causa primera y fundamental de todo.
¿Entonces todo fue bueno en el Renacimiento y no hay nada que reprocharles? No, mi querido Tomás, no hay épocas perfectas en la historia de la humanidad, y el Renacimiento tampoco lo fue. Te he dicho hace poco que el medieval miraba al mundo como un puente para llegar a Dios, la belleza y el orden admirable que veía en el mundo eran para el medieval un puente para subir hasta Dios. Para el hombre del Renacimiento esta idea comienza a desaparecer. En el Renacimiento las cosas de este mundo comienzan a mirarse no como puente para ir a Dios, sino como buenas y hermosas en sí mismas, como admirables y dignas de estudio en sí mismas, sin necesidad de decir que nos sirven para llegar a Dios. Por ponerte un ejemplo: piensa, querido Tomás, en un astrónomo que está trabajando en su laboratorio con su telescopio observando las estrellas. El astrónomo cuida y valora mucho su telescopio porque es una herramienta que le permite contemplar las estrellas, buscarlas, descubrirlas y describirlas. Todo el valor de ese telescopio está en que le permite a su dueño contemplar las estrellas más allá del cielo, lo que al astrónomo le interesa primeramente es contemplar las estrellas, y como el telescopio le sirve para hacerlo, lo cuida y es valioso para él. Pues bien, imagina que un buen día el astrónomo decide dejar de mirar a través de su telescopio para más bien dedicarse a mirar el telescopio. Entonces desarma su querido telescopio y analiza cada una de sus partes, describe cómo funciona, cómo es por dentro, lo mide y lo estudia con gran interés. Ya no mira a través del telescopio, sino que ahora estudia la composición del telescopio. Ya no le interesa contemplar las estrellas, ni usar el telescopio para ver más allá y descubrir nuevos planetas, sino que ahora se limita a contemplar el telescopio y describir sus partes y su funcionamiento.
Mi querido Tomás, exactamente eso fue lo que hizo el hombre del Renacimiento: ya no miraba al universo como un puente hacia Dios, como hacían los medievales, sino que ahora le interesó estudiar los ladrillos de los que estaba hecho el puente.
Por eso el arte del Renacimiento ya no fue teocéntrico, sino antropocéntrico, poco a poco el centro pasó a ocuparlo el hombre, la humanidad. Y Dios comenzó a quedar en un segundo plano.
¿Qué opinas, mi querido Tomás, de este cambio que hubo en el Renacimiento? Un cambio de lo teocéntrico hacia lo antropocéntrico.

Pero el Renacimiento no trajo solo cambios en el arte. Como ya te dije fue una época de grandísimos cambios de todo tipo, y en las próximas dos cartas te quiero hablar de dos grandes cambios de esa época: un cambio en lo religioso y uno en lo filosófico: la rebelión protestante de Martín Lutero y las ideas de René Descartes. Verás que también en lo religioso y en lo filosófico la época de la que te estoy hablando pasó a tener como centro al hombre.

Con sincero afecto,

L.R.

______

LEONARDO RODRÍGUEZ V. Psicólogo, filósofo, teólogo y escritor santandereano.

¡Gracias por compartirla!
Esta entrada fue publicada en Filosofía. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *