PILATOS. Capítulo Segundo. Por Óscar Humberto Gómez Gómez

 

Tal y como se observó en el capítulo primero de esta serie, concretamente en el texto del historiador Josefo, cuando se presentó el problema con los estandartes que Pilatos hizo poner en Jerusalén, los judíos se dirigieron a Cesarea en busca suya y fue allí, en Cesarea, donde el gobernante de la provincia los atendió y donde se desarrollaron los hechos. Es claro, pues, que Pilatos no gobernaba a Judea desde Jerusalén, sino que tenía su sede de gobierno en Cesarea. Esta ciudad costera era conocida como Cesarea del Mar o Cesarea Marítima.

Verán ahora que para cuando Jesús es arrestado por las autoridades judías, Pilatos se encuentra en Jerusalén, que se aproxima la Pascua Judía, que la sede de Pilatos en Jerusalén era el Pretorio, que el gobernante de Judea viajaba de Cesarea a Jerusalén con su esposa, pero, algo muy importante: podrán también percatarse de que ya había oído hablar de Jesús.

En efecto, conforme lo verán, es evidente que todos los cuatro evangelistas coinciden en que Pilatos de una vez le pregunta al prisionero si él “es el rey de los judíos”.

 

 

Nótese también que cuando es llevado al Pretorio, ya Jesús ha sido condenado a muerte en el Sanedrín por las autoridades judías y que si estas acuden a la autoridad romana es tan solo porque no están autorizadas para ejecutar a nadie.

Obsérvese igualmente que para Pilatos es perfectamente claro que Jesús no ha hecho nada que lo haga merecedor de la pena capital y así se lo hace saber claramente a las autoridades judías. Pilatos llega, incluso, a anunciar que va a dejar libre al prisionero. Las autoridades judías, entonces, habilidosamente convierten un problema religioso y político interno de Judea en un asunto político del interés de Roma y es cuando pasan al argumento de que al decir Jesús que era el rey de los judíos se está poniendo, ya no en contra de su Dios – que no es el de Pilatos, por supuesto – sino nada más ni nada menos que del César, el representante máximo del Imperio Romano y, por consiguiente, es claro que alguien que se ha proclamado, o ha aceptado que se le proclame, rey de un pueblo sometido bajo su autoridad necesariamente se ha puesto en contra suya. A Pilatos le recuerdan, entonces, su deber de lealtad para con Tiberio.

 

 

Hay un personaje que tiene una figuración muy pequeña en los relatos que a continuación leerán – de hecho, solamente aparece en uno de ellos -, pero que resulta muy importante en lo que está sucediendo en el Pretorio y es la esposa de Poncio Pilatos. En el texto bíblico no se da su nombre, pero, como veremos en posterior entrada de esta serie, a él se llegará por otras vías. Esta mujer, la esposa de Pilatos, interviene ante su marido pidiéndole que no se mezcle en el asunto y aduce como argumento el de que “son muchas las congojas que hoy he padecido en sueños por su causa”.

¿Qué soñó la mujer de Pilatos? No aparece explicado. De hecho, su intervención la lleva a cabo por interpuesta persona y seguramente debido a ello su mensaje es breve y concreto. Llama la atención, en todo caso, el hecho de que define al prisionero como un hombre “justo”. Esto indica que también ella, al igual que su esposo, ya ha oído hablar de Jesús y tiene de él un alto concepto.

 

 

Se observa también que a Pilatos lo exaspera el hecho de que el prisionero no se defienda, ni le responda, como si no entendiera la gravísima situación en la que se encuentra.

También es elocuente que Pilatos trata de quitarse de encima el enorme problema que los judíos han puesto sobre sus hombros. Por ello, remite al preso a Herodes – quien se encuentra, igual que él, en Jerusalén – so pretexto de que se trata de un galileo y hasta convoca a un improvisado plebiscito cuyo resultado es adverso a Jesús.

Hay un momento de especial significación cuando Pilatos le pregunta a Jesús “qué es la verdad”. Tanto la pregunta como la ausencia de respuesta por parte de Jesús han sido objeto de diversas interpretaciones.

En fin, vamos a los hechos que en apenas unos cuantos días cambiarán para siempre la Historia, narrados en los cuatro evangelios canónicos:

 

 

“1 Venida la mañana, todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tuvieron consejo contra Jesús para hacerle morir.

2 Y declarándole reo de muerte, le condujeron atado y entregaron al presidente o gobernador, Poncio Pilato.

(…)

 

 

11 Fue, pues, Jesús presentado ante el presidente, y el gobernador le interrogó diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Le respondió Jesús: Tú lo dices.

12 Y por más que le acusaban los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, nada respondió.

13 Por lo que Pilato le dijo: ¿No oyes de cuántas cosas te acusan?

14 Pero él a nada contestó de cuanto le dijo; de manera que el gobernador quedó en extremo maravillado.

15 Acostumbraba el gobernador conceder por razón de la fiesta de la Pascua, la libertad de un reo, a elección del pueblo.

16 Y teniendo a la sazón en la cárcel a uno muy famoso, llamado Barrabás,

17 preguntó Pilato a los que habían concurrido: ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás, o a Jesús, que es llamado el Cristo, o Mesías?,

18 porque sabía bien que se lo habían entregado los príncipes de los sacerdotes por envidia.

19 Y estando él sentado en su tribunal, le envió a decir su mujer: No te mezcles en las cosas de ese justo, porque son muchas las congojas que hoy he padecido en sueños por su causa.

20 Entretanto, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos indujeron al pueblo a que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.

21 Así es que preguntándoles el gobernador otra vez, y diciendo: ¿A quién de los dos queréis que os suelte?, respondieron ellos: A Barrabás.

22 Les replicó Pilato: Pues ¿qué he de hacer de Jesús, llamado el Cristo?

23 Dijeron todos: ¡Sea crucificado! Y el gobernador: Pero ¿qué mal ha hecho? Mas ellos comenzaron a gritar más, diciendo: ¡Sea crucificado!

24 Con lo que viendo Pilato que nada adelantaba, antes bien, que cada vez crecía el tumulto, mandando traer agua, se lavó las manos a la vista del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo, allá os lo veáis vosotros.

25 A lo cual respondiendo todo el pueblo, dijo: Recaiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos.

26 Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó en sus manos para que fuese crucificado“. (Mateo, 27:1-2; 27:11-26. Sagrada Biblia. Traducción de la Vulgata al castellano. Félix Torres Amat. Edición de 1825. Negrita fuera de texto. Sea la oportunidad de advertir que esta Biblia comenzó a ser traducida por el sacerdote jesuita español José Miguel Petisco, trabajo que llevó a cabo hasta su fallecimiento en 1800. Sin embargo, solamente se le empezó a dar el crédito en ediciones posteriores a aquellas en las que solamente se le dio al obispo Félix Torres Amat).

 

 

“1 Y luego que amaneció, habiéndose juntado para deliberar los sumos sacerdotes, con los ancianos y los escribas, y todo el consejo o Sanedrín, ataron a Jesús, y le condujeron y entregaron a Pilatos.

2 Pilatos le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos? A que Jesús respondiendo, le dijo: Tú lo dices.

3 Y como los príncipes de los sacerdotes lo acusaban con muchos puntos,

4 Pilatos volvió nuevamente a interrogarlo, diciendo: ¿No respondes nada?, mira de cuántas cosas te acusan.

5 Jesús nada más contestó, de modo que Pilatos estaba todo maravillado.

6 Solía él, por razón de la fiesta de Pascua, concederles la libertad de uno de los presos, cualquiera que el pueblo pidiese.

7 Entre éstos había uno llamado Barrabás, el cual estaba preso con otros sediciosos, por haber en cierto motín cometido un homicidio.

8 Pues como el pueblo acudiese a esta sazón a pedirle el indulto que siempre les otorgaba,

9 Pilatos les respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

10 Porque sabía que los príncipes de los sacerdotes se lo habían entregado por envidia.

11 Mas los sacerdotes instigaron al pueblo a que pidiese más bien la libertad de Barrabás.

12 Pilatos de nuevo les habló, y les dijo: ¿Pues qué queréis que haga del rey de los judíos?

13 Y ellos volvieron a gritar: ¡Crucifícalo!

14 Y les decía: ¿Pues qué mal es el que ha hecho? Mas ellos gritaban con mayor fuerza: ¡Crucifícalo!

15 Al fin Pilatos, deseando contentar al pueblo, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, se lo entregó para que fuese crucificado“. (Marcos, 15:1-15, ob. cit. Negrilla fuera de texto).

 

 

“1 Y levantándose todo aquel congreso, le llevaron a Pilatos.

2 Y comenzaron a acusarlo, diciendo: A éste le hemos hallado pervirtiendo a nuestra nación, y prohibiendo pagar los tributos a César, y diciendo que él es el Cristo o el ungido rey de Israel.

3 Pilatos, pues, le interrogó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? A lo cual respondió Jesús: Así es como tú dices.

4 Pilatos dijo a los príncipes de los sacerdotes y al pueblo: Yo no hallo delito alguno en este hombre.

5 Pero ellos insistían más y más, diciendo: Tiene alborotado al pueblo con la doctrina que va sembrando por toda la Judea, desde la Galilea, donde comenzó, hasta aquí.

6 Pilatos oyendo Galilea, preguntó si aquel hombre era galileo.

7 Y cuando entendió que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió al mismo Herodes, que en aquellos días se hallaba también en Jerusalén.

8 Herodes se alegró sobremanera de ver a Jesús; porque hacía mucho tiempo que deseaba verlo, por las muchas cosas que había oído de él, y con esta ocasión esperaba verlo hacer algún milagro.

9 Le hizo, pues, muchas preguntas, pero él no le respondió palabra.

10 Entretanto los príncipes de los sacerdotes y los escribas persistían obstinadamente en acusarle.

11 Mas Herodes con todos los de su séquito le despreció; y para burlarse de él, le hizo vestir de una ropa blanca, y le volvió a enviar a Pilatos.

12 Con lo cual se hicieron amigos aquel mismo día Herodes y Pilatos, que antes estaban entre sí enemistados.

13 Habiendo, pues, Pilatos, convocando a los príncipes de los sacerdotes, a los magistrados y al pueblo,

14 les dijo: Vosotros me habéis presentado este hombre como alborotador del pueblo, y he aquí que habiéndole yo interrogado en presencia vuestra, ningún delito he hallado en él, de los que le acusáis.

15 Pero tampoco Herodes; puesto que lo remití a él, y por el hecho se ve que no le juzgó digno de muerte.

16 Por tanto, después de castigado le dejaré libre.

17 Tenía Pilatos que dar libertad a un reo cuando llegaba la celebridad de la fiesta de la Pascua.

18 Y todo el pueblo a una voz clamó, diciendo: Quítale a éste la vida, y suéltanos a Barrabás,

19 el cual por una sedición levantada en la ciudad y por un homicidio, había sido puesto en la cárcel.

20 Les habló nuevamente Pilatos, con deseo de libertar a Jesús.

21 Pero ellos se pusieron a gritar, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!

22 El, no obstante, por tercera vez les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho éste? Yo no hallo en él delito alguno de muerte; así que, después de castigarle, le daré por libre.

23 Mas ellos insistían con grandes clamores pidiendo que fuese crucificado, y se aumentaba la gritería.

24 Al fin Pilatos se resolvió a otorgar su demanda.

25 En consecuencia dio libertad, como ellos pedían, al que por causa de homicidio y sedición había sido encarcelado; y a Jesús le abandonó al arbitrio de ellos“. (Lucas, 23:1-25, ob. cit. Negrita fuera de texto).

 

 

“28 Llevaron después a Jesús desde casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana; y ellos no entraron al pretorio, por no contaminarse, a fin de poder comer de las víctimas de la Pascua.

29 Por eso Pilatos salió afuera, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?

30 Respondieron, y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no le hubiéramos puesto en tus manos.

31 Les replicó Pilatos: Pues tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Los judíos le dijeron: A nosotros no nos es permitido matar a nadie; esa potestad es tuya;

(…)

33 Oído esto, Pilatos entró de nuevo en el pretorio, y llamó a Jesús, y le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos?

34 Respondió Jesús : ¿Dices tú eso de ti mismo, o te lo han dicho de mí otros?

35 Replicó Pilatos: ¿Qué, acaso soy yo judío? Tu nación y los sacerdotes te han entregado a mí: ¿qué has hecho tú?

36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi reino, claro está que mis gentes me habrían defendido para que no cayese en manos de los judíos; mas mi reino no es de acá.

37 Le replicó Pilatos: ¿Conque tú eres rey? Respondió Jesús: Así es como dices: yo soy rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo aquel que pertenece a la verdad, escucha mi voz.

38 Le dijo Pilatos: ¿Qué es la verdad? ¿De qué verdad hablas? Y dicho esto, salió por segunda vez a los judíos, y les dijo: Yo ningún delito hallo en este hombre;

39 mas ya que tenéis la costumbre de que os suelte un reo por la Pascua, ¿queréis que os ponga en libertad al rey de los judíos?

40 Entonces todos volvieron a gritar: No a ése, sino a Barrabás. (…)”. (Juan, 18:1-40, ob. cit. Negrilla fuera de texto).

 

 

“1 Tomó entonces Pilatos a Jesús, y mandó azotarle.

(…)

4 Ejecutado esto, salió Pilatos de nuevo afuera, y les dijo: He aquí que os le saco fuera, para que reconozcáis que yo no hallo en él delito ninguno.

5 (Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y revestido del manto o capa púrpura). Y les dijo Pilatos: ¡Ved aquí al hombre!

6 Luego que los sacerdotes y sus ministros le vieron, alzaron el grito, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! Les dijo Pilatos: Tomadle allá vosotros y crucificadle, que yo no hallo en él crimen.

7 Le respondieron los judíos: Nosotros tenemos una ley, y según esta ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios.

8 Cuando Pilatos oyó esta acusación, se llenó más de temor.

9 Y volviendo a entrar en el pretorio, dijo a Jesús : ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le respondió palabra.

10 Por lo que Pilatos le dice: ¿A mí no me hablas?; pues ¿no sabes que está en mi mano el crucificarte, y en mi mano está el soltarte?

11 Respondió Jesús: No tendrías poder alguno sobre mí, si no te fuera dado de arriba. Por tanto quien a ti me ha entregado, es reo de pecado más grave.

12 Desde aquel punto Pilatos, aun con más ansia buscaba cómo libertarle. Pero los judíos daban voces diciendo: Si sueltas a ése, no eres amigo de César; puesto que cualquiera que se hace rey, se declara contra César.

13 Pilatos oyendo estas palabras, sacó a Jesús afuera; y se sentó en su tribunal (…)

14 Era entonces el día de la preparación, o el viernes, de Pascua, cerca del mediodía, y dijo a los judíos: ¡Aquí tenéis a vuestro rey!

15 Ellos gritaban: ¡Quita, quítale de en medio, crucifícale! Les dijo Pilatos: ¿A vuestro rey tengo yo de crucificar? Respondieron los sacerdotes: No tenemos rey, sino a César.

16 Entonces se lo entregó para que lo crucificasen. (…)”. (Juan, 19:1; 4-16, ob. cit. Negrilla fuera de texto)

 

 

(CONTINUARÁ)

ILUSTRACIONES:

(1) a (10) Ecce Homo. 1862. Antonio Cisere. Museo de Arte de Lugano. Lugano, Suiza.
(11) Cristo bajando del Pretorio. 1867-1872. Gustavo Doré. Strasbourg Museum of Modern and Contemporary Art. Estrasburgo, Francia.

 

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